Y lo que sigue
El Presidente de México ya tiene en sus manos el plan de negocios de Televisa convertido en ley y el secretario
de Comunicaciones y Transportes tiene en las propias los argumentos jurídicos y técnicos suficientes para sustentar
el veto del Ejecutivo. Quién sabe si lo entregue y si lo promueva de veras, pero la SCT está obligada a hacerlo y no
sólo a promover tras bambalinas el rechazo a la minuta ya convertida en ley.
Sin embargo, desde nuestro punto de vista aquella situación es más una muestra del enorme desorden que hay
en el gobierno que la existencia de una controversia en serio. Más aún, la omisión política que mostró en el debate
ha sido una postura que favoreció al consorcio de televisión, como tantas otras decisiones durante el sexenio,
como ahora mismo, en esta circunstancia, que Vicente Fox afirma que así es la democracia.
El Presidente ha resuelto no vetar el boceto empresarial de Televisa y eso no sorprende; hace lo que dice
el emporio y para ello obtuvo rápido un buen trato informativo la misma noche de la decisión en el Senado.
Decimos pese a todo que no es ingenua la definición editorial que expresamos en esta portada, que demanda el ejercicio de
esa facultad al Ejecutivo porque son razones de Estado las que justifican ese acto y además porque tiene sustento
legal, intelectual y moral, lo que no pudieron ofrecer ni los impulsores de la minuta, ni sus empleados y simpatizantes
ni los legisladores que votaron por ella, salvo muy honrosas excepciones.
No puede desestimarse ni esa ni cualquier otra vía institucional para revertir el despojo a la nación consumado
en Xicoténcatl el 31 de marzo. Aquella es una entre otras vías normativas que podrían revertir el sometimiento
del Congreso frente al consorcio. Y aunque el panorama impide documentar el optimismo, entre otras cosas también
por el sometimiento presidencial frente a los más poderosos medios electrónicos, vale la pena pensar en cualquier
forma apegada a derecho para evitar que se cristalice el despojo a la nación que implica la Ley Televisa.
Tampoco puede imperar el desánimo porque, y lo decimos de veras, esto apenas comienza. Ahora se ha
demostrado de forma dramática que Televisa es un obstáculo de la democracia y, además, en México es inédita la discusión
tan intensa que se ha generado acerca de los medios de comunicación. Ahí están en la mesa de discusión la necesidad
de evitar los monopolios, el imperioso esfuerzo de revisar sus contenidos y su función social, de reformar a los
medios públicos y de impulsar a las radios comunitarias.
A que no impere el desánimo, invitamos, más aún, convocamos, y lo hacemos sobre la base de la autocrítica
tanto de este medio especializado como a la que ha de privar en los demás actores; la idea es traducir una
estrategia incluyente y con la inteligencia para lograr avances graduales pero significativos. Con la mirada digna de
haber hecho todos, cada cual según su capacidad y convicciones, cuanto fue posible para que no ocurriera este
atropello. Reconocemos a los caballeros del honor que hasta lo último lucharon en Xicoténcatl. Y también convocamos a
la firme decisión de no afianzar la cultura de la derrota, a no pedir todo o nada, para no perder todo por nada y a
hacer aún más, mucho más todavía para no afianzar ese expediente.
MLT