Mario A. Campos Cortés
¿Eres de las personas que no saben qué hacer con su vida? ¿Sientes que has perdido el rumbo? Pues sufres
porque quieres. Basta con que te sientes durante una hora frente de un televisor para que encuentres todas las respuestas,
incluso aquellas que no sabías que estabas buscando. Tan sólo con la programación de un domingo cualquiera, tienes para eso
y mucho más.
¿No estás a gusto con tu cuerpo? Bien puedes reconfortarte viendo cómo reconstruyen a una persona que está en
tu misma situación. Desde cirugías de alto riesgo, hasta los pantalones que dan forma a los glúteos, todo en función de tu
presupuesto y disposición al riesgo. Si no te convence, tampoco te agobies que ya hay una marca que reivindica la
"belleza real", nada menos que un grupo de apoyo en cápsulas de 20 segundos.
Desde el cuidado de tu cuerpo hasta el equilibrio emocional, todo al alcance del control remoto. ¿Mucho estrés?
Nada que no se pueda arreglar en "la zona Sabori", una línea de productos embutidos que casi encarna al ying-yang. Nada
mal para un jamón, aunque aún está muy lejos de ofrecer la tranquilidad que se obtiene al ser una buena persona. Apoyar a
un sueño antes de dormir, ¿qué político puede competir contra eso? Desde tu recámara, cada semana puedes ver desfilar
ante tus ojos a una serie de tragedias que pelean por tu atención. Ya se ganaron la
dedicación del
Perro Bermúdez y el amor de Galilea Montijo, ¿y tú le vas a
negar tu apoyo? Mira que rechazar a la niña que tiene un tumor y
requiere de tu voto, es como elegir tu propia desgracia.
La televisión lo puede todo. Construye el significado de la nacionalidad "Celebremos México", separa a los
políticos decentes de los corruptos, y en el
inter, entre bloque y bloque, te acerca a aquellas marcas que
pueden darte autoestima, pertenencia, estatus, sentido de
trascendencia, y todo aquello que te haga falta. No cabe duda, la
televisión está en su mejor momento.
Mientras los partidos políticos se desprestigian y las iglesias pierden fieles, la televisión se consolida como la
generadora de significados más grande que
haya existido en la historia. ¿Y pensar que algunos han dicho que la tele está sólo
para entretener? ¡Herejes! ¡Cómo se ve que quienes más la critican son quienes menos la ven! "¡Embrutece!", dicen, como
si con eso descalificaran a una extraordinaria fábrica de contenidos; 24 horas al día, siete días a la semana, de todo y
para todos los gustos.
Lástima que ya haya muerto Pierre Bourdieu, aquel que hace unos años proponía que nos preguntáramos si tenía
sentido salir en la televisión. ¿Se imaginan la respuesta de los damnificados del mundo, aquellos que reciben recursos en
función de su presencia mediática?, ¿o la sonrisa irónica de Arturo Montiel, que ni chistó cuando
Proceso denunció su
patrimonio, hasta que vio su caso en televisión?
Si en su momento la pregunta del francés ya era atrevida, hoy parecería completamente fuera de lugar. De las guerras
al futbol global, de los ataques terroristas a la
inminente pandemia, de la naciente
superstar a la siguiente temporada de la moda, todo enmarcado en la pequeña pantalla que no se cansa de mostrarnos su poder.
En un mundo en el que lo efímero se impone, y los temas y los actores desfilan unos tras otros, no podemos dejar
de reconocer la constancia de esa "caja idiota" que ha venido a cambiar el mundo, y que hoy como nunca demanda
nuestra atención aunque sea para discutir si es en éste, el Planeta TV, en el que deseamos vivir.