Javier Lozano
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Ilustración: Maureen Maki |
Un ruido totalmente innecesario es el que ha generado la posibilidad de que el gobierno federal otorgue nuevas
concesiones de radio en Frecuencia Modulada (FM).
Primero se habló de las "combos", que son estaciones de FM, que se conceden a quienes ya operan emisoras en
Amplitud Modulada (AM), en la misma plaza, con la misma programación y sin la posibilidad de comercializar doblemente.
De hecho, esa fórmula tan ingeniosa fue la que permitió que, en 1994, se concedieran 83 estaciones más de FM, de
manera selectiva y discrecional. Más aún, la fórmula que se siguió, si bien avalada más adelante por la
autoridad judicial
federal, no deja de ser cuestionable.
En efecto, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se sirvió del artículo 22 de la Ley Federal de Radio
y Televisión (LFRT) para la entrega de esas "combos". Tal precepto señala que "no podrán alterarse las características de
la concesión sino por resolución administrativa en los términos de esta ley o en cumplimiento de resoluciones judiciales".
Y la interpretación de la autoridad fue en el sentido de que una nueva FM, a la misma persona, en la misma ciudad y con
la misma programación era, simplemente, un mero cambio dentro de las características de la concesión de la AM.
Luego vino, como dije, la versión de que, desde Los Pinos, se había cocinado la
entrega de más de 350 nuevas FM,
con dedicatoria expresa para ciertas personas. Se armó un escándalo y la industria agremiada en torno a su propia
cámara (CIRT), exigió al gobierno federal que, primero, se atendiera el rezago tecnológico que sufren las 855 estaciones de
AM, particularmente las más pequeñas y que, además, se avanzara en la adopción del estándar tecnológico para la radio digital.
El problema es mayor si se considera que las
negociaciones tendientes al nacimiento de una nueva ley en la materia
están empantanadas por no tenerse, hasta el momento, un proyecto
moderno y sensato que aglutine a los actores involucrados en el tema. Y
mientras no tengamos un nuevo marco legal, que transparente desde el
punto de vista técnico, económico y procesal la entrega de nuevas
concesiones, el fantasma de la discrecionalidad seguirá ahí.
Cabe señalar que, durante toda la administración del presidente Zedillo y en lo que va de ésta, no se ha vuelto a
otorgar una sola concesión de radio o televisión, pues el régimen de la LFRT genera hoy sospechas fundadas por cuanto al
método de selección de los posibles interesados.
Lo peor de la historia es que, dentro de ese círculo vicioso de no avanzar en una nueva ley y no entregar
nuevas concesiones con base en la vigente, hay plazas enteras con poca o nula presencia de la radiodifusión; se tienen más
AM que FM en el país; vivimos con un marco legal de 1960, en plena era de la convergencia, y no se ha tenido ni el
talento político ni la audacia regulatoria
para avanzar, aun con la ley vigente, en el otorgamiento de más concesiones.
Por si fuera poco, invito al lector a revisar el apartado 1.1.2, dentro del capítulo de los servicios de radio y
televisión, del Programa Sectorial de Comunicaciones y Transportes 2001-2006, mismo que plantea como línea de acción
"establecer el Programa Nacional de Concesiones y Permisos para el segundo semestre de 2002, con objeto de garantizar la
certidumbre y transparencia necesarias para el inicio de los procesos correspondientes". ¿Hay alguien ahí?