La persistencia de la memoria
Desde el 1 de diciembre a la fecha han quedado claras las omisiones y las inconsistencias de la minuta resuelta por la Cámara de Diputados pero, sobre todo, ha quedado de manifiesto que no es una iniciativa de ley de medios sino un plan de negocios de Televisa que la empresa promovió en San Lázaro -con tanto éxito que ni sus propios directivos lo creían- y que ahora intenta hacer lo mismo en la Cámara de Senadores. No pasará, creemos.
Durante dos meses, múltiples voces provenientes de diversos circuitos e intereses han dejado testimonio de que la función social de los medios es el centro para una reforma integral y que, entonces, ésa es la razón de Estado que determina el marco legal para el desarrollo de las expectativas comerciales de los medios. Sólo así tienen sentido términos como frecuencias, bandas, convergencias o espectro y no al revés, que es como han querido hacer creer, sin éxito, quienes aseguran que es fundamental primero establecer bases para la certidumbre financiera y el desarrollo tecnológico que necesitan las empresas mediáticas. Es la faramalla de los expertos del negocio, de los empleados del consorcio o de quienes quisieran adquirir tal estatus (otra cosa es que, en efecto, aquellos aspectos sean imprescindibles para instrumentar el desarrollo de los medios).
La mayor insuficiencia de la ley Televisa está en el origen de sus motivaciones, por eso no se plantea la ya dicha función social de los medios, al contrario, al amparo de la ausencia de regulación de su actividad es como ha desarrollado su extraordinario poder -y por eso no planteó ya no digamos el derecho de réplica o la forma de garantizar la eficacia en la prestación de servicios de telecomunicación y de radiodifusión. Fijó la posibilidad de que los empresarios de la radiodifusión incursionen en las telecomunicaciones pero no al revés.
La televisora no admite, ésa es la palabra, ni competencia en el mercado ni esquema de interlocución política que establezca acuerdos para incorporar, por ejemplo, a los medios públicos y las radios comunitarias, ni siquiera para dejar claro en su proyecto que la subasta es un criterio de desempate, como pregonan sus detentadores. No, para la empresa es una afrenta que su iniciativa regrese a Cámara de origen porque, en realidad, su óptica está en apropiarse del espacio que deje la transición análoga a la digital lo que, en efecto, significaría un despojo a la nación. Así lo hemos documentado aquí y más aún en las siguientes páginas con el ensayo de Fernando Mejía Barquera.
El proyecto financiero de Televisa ni siquiera tuvo la amplitud de miras para convocar al interés de los empresarios, al contrario, suscitó el rechazo de algunos industriales del ramo y de varios que quisieran participar ahí. Es decir, la minuta afianza la concentración de medios e inhibe la participación en el mercado de otros actores y eso es lo que explica la postura que, al respecto, han tenido el diario El Universal, Núcleo Radio Mil o Radio Fórmula, además de los llamados radiodifusores independientes. (Habrá que ver si el acuerdo de la CIRT para apoyar la minuta incluye a las dos radiodifusoras mencionadas y por qué.)
Las voces que se han expresado sobre la minuta tendrán repercusión en la Cámara de Senadores no sólo porque confiamos en que la mayoría de los legisladores tenga vergüenza, sino porque han sido lo suficientemente sólidas tanto en sus argumentos como en su representatividad social. Tendrá eco sí, y la minuta será regresada a la Cámara de Diputados. Porque, además, hay que tener memoria y mirar el riesgo de que el poder público se someta al poder de los medios. Hay que tener memoria y persistir en ella.
MLT