La apuesta de Salinas Pliego
Ricardo Salinas Pliego frustró la operación para que un grupo de empresarios encabezados por Isaac
Saba invirtiera en CNI Canal 40 y se hiciera del 50% de las acciones de la Televisora del Valle de México. La frustró
porque, en lugar de honrar su palabra, no se desistió de las demandas legales contra Canal 40 y en cambio propuso a
Saba una alianza, que éste no aceptó, para hacerse de la concesión. ¿Por qué Azteca se negó a recibir el pago de
una deuda que, hace un año, fue su principal (y acaso único) alegato incluso para infringir la ley?
Lo que hizo Salinas Pliego fue muy cuestionado en varios medios como erróneo porque desdeñó 44.5
millones de dólares como pago de una deuda que los abogados de Canal 40 consideraban en 17.5 millones y, en
cambio, el empresario regiomontano apostó a una incierta resolución legal que le permita hacerse de la concesión de
Javier Moreno Valle. También se cuestionó la ausencia del gobierno como mediador de un asunto de interés público
y, junto con esto, no fueron pocas las ocasiones en las que se lamentó la probable ausencia de una opción
televisiva a las dos principales cadenas del país.
Aun con matices, los editores de
etcétera coincidimos con esos argumentos y, más aún, también pese a
algunas diferencias, simpatizamos con el trabajo periodístico que ahora hace Canal 40. Sin embargo, además de la
muy discutible probidad ética e incluso moral que ha mostrado el dueño de Televisión Azteca en este asunto, él
tiene todo el derecho de emprender las acciones empresariales y legales que considere. Como hace un año dijimos,
a propósito de la toma ilegal del Chiquihuite, esto debe situarse en los rieles de la legalidad y ahí dirimirse.
Memoria que algo queda
Sometido ante los grandes consorcios televisivos del país, hace un año Vicente Fox mostró un franco desdén
por la ley en favor de TV Azteca y en perjuicio de CNI Canal 40. El contubernio fue tan claro como la exacta
coincidencia de los discursos, las acciones y las reales o aparentes vacilaciones del gobierno con los planteamientos y los
intereses de la televisora del Ajusco.
Como entonces dijimos en
etcétera, esa colusión de intereses vulneró el Estado de derecho, pero
también desembocó en que los poderes Legislativo y Judicial mostraran más fortaleza democrática que el designio
autoritario. El gobierno y Azteca se quedaron solos, desacreditados y tuvieron que acatar el fallo legal para que le
fueran entregadas las instalaciones de CNI a su legítimo concesionario. En otro contexto la toma del Chiquihuite le
hubiera significado el retiro de la concesión a TV Azteca.
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Foto: Gregorio Cortés |
El 23 de diciembre de 2002, TV Azteca dijo públicamente que buscaría homologar en las instancias
legales mexicanas el laudo de la Corte Internacional de Arbitraje, que interpreta en su favor. Sin embargo, cuatro
días después la televisora se desmintió a sí misma, sin mediar explicación renunció a esa obligación jurídica y
resolvió asaltar la torre de transmisión de CNI. Al quitar la señal a su legítimo concesionario y al operar esa
estación televisora, Azteca buscó incrementar sus ingresos por la venta de spots en tiempos electorales y actuó sobre
dos posibilidades: apropiarse (ilegalmente) de la señal con la aquiescencia del gobierno o prolongar el conflicto
para lograr la quiebra de la Televisora del Valle de México y luego hacer efectiva la opción de compra que dice tener
en su favor. Eso es lo que busca ahora Ricardo Salinas Pliego.
Anúnciese en Canal 40
Un asunto es el acto ilegal que cometió la televisora del Ajusco y otro muy distinto es el derecho que le asiste
para disputar en los tribunales mexicanos lo que considere pertinente. Los directivos de Azteca pueden aprovechar
esa oportunidad y ganar o perder legalmente en los cauces institucionales. Ojalá, y esta es una profesión de fe,
Canal 40 continúe con las trasmisiones que lo han distinguido como otra opción televisiva.
MLT