Una ventana al Mundo de los Medios
Asaltaron las instalaciones de etcétera
28 de Noviembre 2008
Agradecemos todas las muestras de solidaridad que varios de nuestros amigos, colaboradores y colegas han tenido con nosotros, después del asalto que sufrimos. etcétera
01 de Diciembre 2008
Atinada estrategia de comunicación
Diciembre 2008
mediosfera
SCT: Buen manejo de crisis
Mario A. Campos,
Diciembre 2008
días de radio
Las caras de la radio
Fernando Mejía Barquera,
Diciembre 2008
intimidades públicas
No te pago para que me pegues
Fedro Carlos Guillén,
Diciembre 2008
lo que quiero decir
Como preparar una conferencia de prensa
Rubén Aguilar Valenzuela,
Noviembre 2008
política y media
Comunicación, empresa
y democracia
Efrén García García,
Noviembre 2008
textos
Los enredos de Televisa
Jorge Meléndez,
Diciembre 2008
Obsoleta ley de
radio y TV
Andrea Recúpero,
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Jack: el asesino
hecho leyenda
Roberto Saas, Octubre 2008
Obama y las grandes esperanzas
María Cristina Rosas,
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Daniel Santoro: Verificar, base del periodismo de calidad
Andrea Recúpero,
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Tengo miedo
Agosto 2008
Repertorio de pasiones
Carlos Fuentes, Diciembre 2004
Fin de un ciclo
Septiembre 2008
Carta Luis Miguel Carriedo
Septiembre 2008
Reír frente al abismo
Luis Torres Albarrán
Noviembre 2008
Con una pequeña ayuda...
Noviembre 2008
El jet set de la tragedia
Diciembre 2008
Electrizante hallazgo
Diciembre 2008
Diciembre 2008
Triste realidad
Diciembre 2008
La brújula perdida de Crónica
Noviembre 2008
Termina la aventura editorial de El Centro
Noviembre 2008
Revistas, al margen de la publicidad gubernamental
Octubre 2008
Combos, desdén por los permisionarios
Octubre 2008
Saturación mediática de los informes
Octubre 2008
agenda
mayo 2003


Sí, crisis en La Jornada


Para tener el registro de los hechos más sobresalientes de México y el mundo en los últimos 18 años, y también para comprender el papel de los medios de comunicación en el tránsito democrático del país, La Jornada es un referente indispensable. Lo es, además de otras razones, porque ese proyecto surgió a contracorriente de los viejos mecanismos de sujeción y control que dieron forma al sistema político de presidencialismo omnímodo y la tutela de un solo partido y, en consecuencia, porque La Jornada es al mismo tiempo que registro de hechos, también protagonista de los cambios del país de entonces a la fecha.

En ese contexto, La Jornada hizo una oferta de lectura distinta y distante del boletín oficial y las caravanas al Presidente y los funcionarios, gestadas en la tradicional complicidad entre el gobierno y los medios. El 29 de febrero de hace 19 años, un grupo de periodistas convocó a una empresa de enorme alcance, entre otros, quienes el 28 de noviembre de 1983 habían renunciado a unomásuno. Los convocantes expusieron sus lineamientos editoriales que fueron, al mismo tiempo, sus principales compromisos (son ahora testimonio ineludible para valorar sus realizaciones):

"La Jornada consignará en sus páginas el movimiento de la sociedad, la realidad diaria y anónima de personas y sectores. Un diario que dé voz a quienes no la tienen. Un diario moderno y plural, abierto en lo ideológico y en lo político. Un diario que convoque a las nuevas corrientes de opinión que van surgiendo del medio político y periodístico, de las agrupaciones sociales, del mundo intelectual, de los centros de investigación especializados. Un diario crítico, ajeno al desahogo y al ataque personal, atento a los procesos que marcan la realidad diaria del país y las condiciones internacionales que lo determinan, en un espíritu profesional de intensa circulación de las noticias y las ideas."

Respondieron varias centenas de personas ligadas, sobre todo, a la academia, el arte y la cultura; más de 150 accionistas constituyeron el capital para iniciar operaciones. La Jornada comenzó a circular el 19 de septiembre de 1984. El director general fue Carlos Payán Velver y los subdirectores Miguel Ángel Granados Chapa, Héctor Aguilar Camín, Carmen Lira y Humberto Musacchio. Éste es un párrafo del editorial de su primer número:

"Nace La Jornada con ánimo limpio y buena fe, con ardiente certidumbre en la preservación de México como nación soberana. Quiere ser, nuestro diario, lugar de convergencias. Por eso subrayaremos más lo que une a los mexicanos que aquello que los separa, aunque no dudaremos en hacerlo saber. Independientemente del poder político y del poder económico, no estamos contra el Estado, al que queremos democrático, ni contra la empresa privada ­formamos parte de ella­ sino cuando su acción abusiva genera padecimientos a la mayoría."

Entonces, el entorno era particularmente difícil. El país atravesaba por una severa crisis económica y la rigidez del sistema político (casi) no admitía expresiones disonantes, lo cual quiso decir que eran pocos los anuncios de publicidad gubernamental en ese diario ­"la reticencia de quienes no conocen más que dos categorías de periódicos: los sirvientes y los enemigos", dijo La Jornada en su editorial del primer aniversario­ y eran muchos los problemas para que se promoviera y circulara con puntualidad. Sin embargo, La Jornada nace en los albores de una sociedad no monolítica, sino plural, participativa y demandante, incluso el surgimiento del diario es una expresión de aquel proceso gestado por la urbanización y la educación masificada. Ahí encontró su nicho de mercado, como ahora se dice.

Espejo que comenzó a ser de una parte de esa sociedad incipiente, La Jornada subrayó una y otra vez su compromiso con la pluralidad y la difusión de ideas como el soporte básico del recuento de noticias que buscó "dar voz a quienes no la tenían". La Jornada fue testigo y promotor de eso que luego dio en llamarse como "sociedad civil", un reflejo de varios sectores de la población que ya no eran dóciles a los dictados del gobierno (los sismos del 85), a los asuntos de obvia resolución (el movimiento estudiantil del CEU y otros diversos movimientos sociales (varios, gestados dentro de la erosión del viejo corporativismo) o a las ideas monolíticas que saltaban hechas pedazos (su símbolo por excelencia, la caída del muro de Berlín).

El trabajo de los reporteros Rubén Álvarez, Víctor Avilés, Hermann Bellinghausen, Sara Lovera y Pablo Hiriart, entre otros, daba cuenta de los hechos y, al mismo tiempo, hacía un esfuerzo de investigación que sólo tenía como antecedentes a Excélsior cuando el director era Julio Scherer y unomásuno. Junto con ello, su plantilla de analistas de una indudable solidez intelectual, reflejó la pluralidad comprometida e hizo al periódico participar en el intercambio de ideas en el país, ser un referente indispensable (sus antecedentes y contemporáneos, las revistas Proceso, Vuelta y nexos). Entre ellos estaban José Carreño Carlón, Rolando Cordera, Raúl Cremoux, Olac Fuentes Molinar, Pablo González Casanova, Luis González de Alba, Miguel Ángel Granados Chapa, Carlos Monsiváis, Carlos Pereyra, Federico Reyes Heroles, Raúl Trejo Delarbre, José Woldenberg y Benjamín Wong.

Los años maravillosos

En ocasión del 15 aniversario del periódico, Carlos Payán hizo un recuento sobre La Jornada y su circunstancia. Dijo que desde el primer número se imprimieron 20 mil ejemplares, que luego de los sismos del 85 circularon 30 mil y que a partir del movimiento del CEU en la UNAM se distribuyeron 40 mil. Durante la campaña electoral de 1988 fueron, según el entonces director general, 100 mil; con la Guerra del Golfo, aseguró, La Jornada llegó a más de 120 mil. Más tarde, cuando la irrupción del EZLN se imprimieron 200 mil y cuando la muerte de Luis Donaldo Colosio, el 24 de marzo de 94, los editores hicieron circular 250 mil periódicos. Más allá de su precisión o incluso de su verosimilitud, con esos números puede tenerse una idea aproximada del crecimiento del diario. (Algo pasó después, y sobre eso opinaremos más adelante, cuando según datos de quien fuera secretaria técnica del Consejo de Administración de Demos, Patricia Vega, La Jornada, desde 1995 a la fecha, tuvo un considerable descenso de lectores. Ese año imprimió, en promedio por día, 99 mil ocho ejemplares, al siguiente 70 mil 385 y así sucesivamente hasta imprimir, en 2002, 54 mil 962 con 43 mil 086 vendidos, es decir, el año pasado imprimió menos de la mitad de lo que hizo circular en 1987).

Bosteza la "sociedad civil"

El cuadro de sucesos descrito por Carlos Payán ayuda a comprender la oferta que hizo diferente y referente a La Jornada (y también a revisar cuándo, cómo y por qué comenzó su alejamiento de los principios que animaron su origen).

Al surgir La Jornada, varios sectores de esa sociedad emergente expresaban su agravio con el tradicional discurso del gobierno y con la aguda crisis económica que, en aquel entonces, rozó el dramatismo al mostrar una de las tasas más altas de desempleo y devaluación en la historia moderna del país. Los sismos del 85 y la obsolescencia del gobierno detonaron el hartazgo. La Jornada estuvo entre los pocos medios que, al dar cuenta de los hechos y ofrecer una idea aproximada de sus consecuencias, minimizadas por el presidente De la Madrid, fue también un medio que denunció las condiciones habitacionales de amplios sectores de la población capitalina y las demandas del ánimo social expresadas entonces por los movimientos de las costureras y la Asamblea de Barrios.

Luego vino el Consejo Estudiantil Universitario que aglutinó la revuelta estudiantil más importante desde el 68. Resultó del agravio burocrático del 11 y 12 de septiembre de 1986, cuando el Consejo Universitario de la UNAM aprobó un primer paquete de medidas de reforma. El consejo resolvió en horas un asunto que consideró de "obvia resolución". Cuatro meses después, el país presenció un encuentro inverosímil, el diálogo público entre autoridades universitarias y representantes del CEU. No hubo acuerdo. La huelga en la Universidad inició el 29 de enero de 1987. Concluyó el 12 de febrero, cuando el Consejo Universitario convocó a un congreso para definir la reforma de la UNAM.

La mayoría de los medios menospreció y vilipendió los alcances del CEU. Lo hizo primero al no registrar los actos y las posturas de ese movimiento. Luego pasó a la injuria, llamó a los integrantes lesbianas y homosexuales (como si eso fuera atroz), también les dijo drogadictos, mal estudiantes y empleó un largo catálogo de denuestos que, sin embargo, fueron a contracorriente de la veracidad y, sobre todo, de la comprensión de las enormes movilizaciones que se sucedían frente al pasmo y la sorpresa de muchos, entre otros, de los mismos medios. La Jornada, otra vez, aunque no desprovisto de cierto donaire militante que se acentuaría al paso del tiempo, fue de los pocos medios que reportó con verosimilitud los acontecimientos y la discusión universitaria, incluso en el mismo diario escribieron el entonces rector de la UNAM Jorge Carpizo, varios expertos en temas educativos como Olac Fuentes Molinar y Gilberto Guevara Niebla y otros intelectuales que coincidían o no con el movimiento estudiantil, además de los propios líderes del CEU. La credibilidad y el tiraje del diario crecieron tanto como se iba cristalizando la pluralidad mexicana.

Entonces Héctor Aguilar Camín preguntó: "¿Cuántos asuntos de 'obvia resolución', de los que está lleno el país, encontrarán su CEU irremediable?".

En efecto, a la vuelta de la esquina estaban varios CEU irremediables. Uno sería decisivo para el país y para el crecimiento de La Jornada. Éste fue la Corriente Democrática del PRI, generada para cuestionar la obvia resolución de eso que llamamos dedazo y que quiso simularse con una "pasarela" para escoger al candidato presidencial del gobierno, Carlos Salinas de Gortari. Sin poder competir, prácticamente corridos, salieron del partido Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Cuauhtémoc Cárdenas y considerables franjas de militantes que ingresaron al PARM. Luego vino el Frente Democrático Nacional, donde concurrieron varios partidos y movimientos sociales, para impulsar a Cuauhtémoc Cárdenas a la candidatura presidencial al mismo tiempo que crecía la presencia del candidato del PAN, Manuel J. Clouthier. Sucedieron las elecciones más competidas y cuestionadas hasta entonces. Comenzó a crujir, oxidada, la maquinaria electoral del viejo sistema político.

La cobertura del proceso electoral privilegió, abrumadoramente, la promoción de la candidatura del PRI y, otra vez La Jornada (además de Proceso) se significó por dar un registro versátil y (medianamente) plural de los hechos y las propuestas de los contendientes. Miró con particular simpatía a Cárdenas y en torno de él estuvieron sus principales sesgos informativos, pero tuvo la ventaja (comercial y política) de que amplias capas ciudadanas compartían ese punto de vista y no lo veían reflejado en otros medios que, anodinos y aturdidos, omitían información del FDN y el PAN y, en cambio, conformaron una campaña llena de prevaricaciones sobre los opositores al régimen, en especial, contra Cuauhtémoc Cárdenas. El 20 de septiembre de 1989, Carlos Monsiváis escribió en La Jornada:

"La prensa partidista y, desde luego, la prensa manipulada por el gobierno vienen a menos en esta etapa, y se diluye el apoyo, antes tan esencial, hacia la prensa 'totémica', la que se compra no para leer sino para reafirmar con meras ojeadas, juicios y prejuicios"

Al día siguiente, también en las páginas de ese diario, Rodolfo F. Peña advirtió:

"Mal haría La Jornada en abandonar su óptica globalizante en la información y en el análisis de verdadero servicio público, para entregarse a una corriente política ­a cualquiera­ que por fuerza la obligaría a cerrar el lente."

¿Todos somos prensa partidista?

Pero no toda la prensa partidista venía a menos en esta etapa, porque en La Jornada empezó a gestarse otra prensa, ésta (circunstancialmente) exitosa por reflejar el hartazgo y el deseo de participación social.

La Jornada tuvo una posición favorable al "cardenismo" (al paso del tiempo ésta se consolidó con el PRD que, en no pocas ocasiones, fue en desdoro de la información, en denuesto de los otros partidos y en perjuicio de la credibilidad del diario). Pero en aquella circunstancia el aluvión de descontento contra el régimen y la cantidad de lectores que esto significó, pudo más que la revisión crítica del compromiso con la pluralidad que La Jornada había dicho tener. En el artículo mencionado, Monsiváis sostuvo: "De hecho, y lo acepte o no, cada uno de los compradores de la prensa crítica se siente patrocinando el desarrollo democrático y esta experiencia ya marca una gran diferencia en la índole de la lectura".

El contexto, en aquel 1988, fue favorable a La Jornada (a pesar de su persistente y cada vez más franca filia política partidista). Lo fue, entre otras razones, porque aún expresaba la resistencia a la moral inquisitorial y al verticalismo de viejo cuño. Defendió la libertad de expresión del artista Rolando de la Rosa y su exposición en el Museo de Arte Moderno que molestó a muchos, entre otros, a Provida. Mostró una postura favorable a la libre manifestación de las preferencias sexuales, enseñó fotografías de desnudos; se manifestó de acuerdo con la despenalización del aborto y se refirió abiertamente al Sida y al uso del condón, además de tener una clara postura sobre las desventajas múltiples de lo que significaba (significa aún) ser mujer en México; reseñó el surgimiento de un nuevo tipo de bandas y dio cobertura y expresó su simpatía con los diversos movimientos sociales. Además, insistió en la transición democrática en México y festejó los procesos de liberación de los llamados países socialistas y, aunque la expresión plural de las ideas iba en declive en el diario, continuó haciendo suya la proclama "pluralidad". (Todo esto y más, en el cuerpo del diario, además de los suplementos que respondían a una inédita demanda de lectura.)

Ocaso de una estrella

Según Carlos Payán, desde el 2 de enero de 1994, y durante ese año, La Jornada vivió su momento cúspide. Los medios en general, y ese periódico en particular, obtuvieron altos índices de rating y número de lectores. Baste señalar los sucesos ocurridos en ese lapso, para documentar la avidez informativa: la irrupción del EZLN, el asesinato de Luis Donaldo Colosio, las elecciones presidenciales y la ruptura entre el presidente Ernesto Zedillo y su antecesor.

El torbellino noticioso y el prestigio de La Jornada lo consolidaron como un medio imprescindible. Sin embargo, a partir de 1995 tendría un declive que no sólo se explica porque disminuyó la intensidad de los acontecimientos (y con ésta el interés de la población) sino también porque, durante 1994, La Jornada acentuó esa visión partidista que antes le había sido eficaz y, contrariamente a lo que se había comprometido, ya no convocó a las corrientes de opinión que habían documentado su pluralidad y, también en sentido inverso a sus compromisos expuestos diez años antes, subrayó más lo que, a juicio suyo, separaba a los mexicanos; en varias ocasiones pareció como si estuviera contra el Estado, particularmente, en su trato al EZLN. Para entonces, buena parte del equipo fundador ­directivos, reporteros y columnistas­ ya no laboraba en La Jornada.

Si antes fue reflejo de la sociedad que buscó la apertura democrática, entonces La Jornada comenzó a ser representativo de visiones autoritarias. El diario optó por un periodismo de filias y, más de una vez, incurrió en relevantes omisiones noticiosas, en muy discutibles definiciones editoriales y en determinaciones de censura, incluso contra sus propios colaboradores, entre otros efectos perniciosos.

Democracia o pasamontañas

La reacción inicial de La Jornada frente al EZLN fue de rechazo; en un editorial del 2 de enero de 1994 llamó a los zapatistas "provocadores" y "delirantes", además condenó la violencia contra el Estado venga de donde sea. Algo pasó, sin embargo, sus directivos no lo explicaron, pero inmediatamente después La Jornada modificó esa visión y apoyó a los insurrectos (del 4 al 8 de febrero de 1994, a Marcos le dedicó la más amplia entrevista que, en su historia, La Jornada hubiera hecho a personaje alguno.)

Primero con la exigencia al gobierno porque se restableciera la paz y luego con el grito de "Todos somos Marcos", miles de ciudadanos se manifestaban de diversas formas y, con ellos, La Jornada (uno de los cuatro medios escogidos por el EZLN para difundir sus boletines, los otros: Proceso, El Financiero y Tiempo, un diario de Chiapas. Un par de años después y de entonces a la fecha, La Jornada sería el único medio que publica, íntegros, todos los "comunicados" de Marcos.)

Cuando eso ocurrió, el país ya tenía, como resultado de un lento y complicado proceso, medios de comunicación menos proclives al boletín oficial y más dispuestos a la investigación periodística, por eso no fue el único que dio cuenta, con amplitud informativa, de la intentona del EZLN. Incluso no fue el único medio que dio por cierto un supuesto (y a la postre falso) bombardeo del Ejército mexicano contra las comunidades indígenas para aniquilar al EZLN, lo hicieron también El Universal, Reforma, Ovaciones, Radio Red, Stereorey y Televisa, entre otros. El asunto no es menor, pues aquel bulo que dio credibilidad a la denuncia de Marcos tuvo como efecto el que amplias capas sociales manifestaran su rechazo al gobierno y buena parte de ellos lo tradujeran en apoyo al EZLN. Meses después, Marcos diría que el EZLN se había encontrado con un "afortunado accidente de medios" que alentó su causa. "Entonces nos dirigimos a la gente a través de los medios", dijo el subcomandante, y éstos "se empezaron a dar cuenta de que podrían ser un vehículo para eso y que ello les traería beneficios: más lectores, más televidentes, más radioescuchas".

Con esta situación, otra vez, La Jornada contó con una favorable circunstancia para su (modificada) definición política y sus pretensiones comerciales aunque, en esta ocasión, esas circunstancias favorables no lo fueran para el país porque dentro de los afanes democratizadores, en los que, como hemos dicho, La Jornada había sido protagonista, surgió un fenómeno social que súbitamente enalteció la vía armada como método idóneo para dirimir las demandas sociales. Ese fenómeno fue conformado en buena medida por aquellos movimientos que se habían originado al fragor de la demanda democrática: sectores del CEU, el PRD y otras gestas sociales surgidas desde 1985 que expresaron un estado de ánimo difuso y confuso pero vital, actuante y operante; era un tipo de izquierda que había extraviado sus valores democráticos impulsada por su propia "obvia resolución": el gobierno es el culpable de todo y los del EZLN "un puñado de indígenas, los hombres verdaderos, los hombres del maíz" (20/II/94).

Aquel fue el contexto al que aludió Octavio Paz, le llamó festín de la violencia (y que, como expresión política, no fue privativa en México sino que también mostró exponentes en otros países, particularmente europeos como Francia, España e Italia, donde el EZLN tuvo una cantidad considerable de simpatizantes).

La Jornada se convirtió en órgano de difusión del EZLN: al unísono con las denuncias de Marcos, el diario se refirió, por lo menos una veintena de veces hasta 1998, a un inminente ataque, cuando no lo dio por hecho, del Ejército mexicano contra los zapatistas. Abordó profusamente las actividades del EZLN y dio menos relieve o en varias ocasiones omitió y distorsionó el discurso federal.

Otras veces acusó sin sustento, como ocurrió cuando a finales de 1997 hubo un crimen masivo en Chenalhó (por pleitos entre las comunidades). Sin ambages, La Jornada acusó en su editorial del 29 de diciembre: "El asesinato masivo fue un acto concebido, diseñado y ordenado desde instancias del poder público y, especialmente, del gobierno que preside Julio César Ruiz Ferro". Cuando la PGR deslindó al mandatario de esos sucesos, La Jornada no lo informó. (El tratamiento editorial ­casi­ siempre ha sido distinto con el PRD, más precisamente, con algunas fracciones de ese partido, a las que favorece con persistencia.) Tenemos en nuestras manos cerca de 100 cuartillas para documentar esa vertiente, aunque sólo recurrimos al ejemplo de cuando, el 4 de diciembre de 1997, el diario Crónica reveló los antecedentes delictivos de un par de responsables de la procuración de justicia del DF y que habían sido nombrados por el entonces jefe de gobierno Cuauhtémoc Cárdenas. La Jornada apenas informó del asunto, y cuando lo hizo el tratamiento de la información fue para favorecer al ingeniero.

Sobre Chiapas, uno de los errores más señalados ocurrió el 25 de septiembre de 1996, cuando Salvador Guerrero Chipres reseñó un supuesto documento de inteligencia de Estado que demostraría las investigaciones del gobierno contra el EZLN y el EPR. Pero el documento no era un análisis del gobierno sino el (mal hecho) compendio de unas frases extraídas y deformadas de un artículo escrito por la periodista Denisse Dresser, publicado en Los Angeles Times.

En tanto esos dislates, entre intencionados y voluntarios, La Jornada continuó con elogios a los "hombres verdaderos" y especialmente a Marcos. Alguna vez el diario estuvo entre los regañados por el subcomandante cuando éste dijo que los zapatistas no eran perfectos, que eran falibles.

Aquel trato editorial minó la credibilidad de La Jornada y la tendencia se afianzaría no sólo en relación con el EZLN, sino también con su exagerada proclividad en favorecer, tanto en 1988 como en 1994 y 2000, a la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas en desdoro de la información y no pocas veces en denuesto de los demás candidatos. La Jornada ya era el tipo de medio que Monsiváis criticara cuando, hacía una década, se refirió a la prensa del viejo régimen: una prensa partidista "que se compra no para leer sino para reafirmar con meras ojeadas, juicios y prejuicios".

En el proceso electoral de 1994 se expresaría un dato que los editores de La Jornada no valoraron: el 21 de agosto de ese año concurrieron a las urnas 35.5 millones de ciudadanos, es decir, más de 80% del padrón electoral, para expresar su asentimiento con la paz, la vía institucional y la ley como método para procesar las diferencias. Esa fue la primera constatación sólida de una sociedad plural, el universo donde La Jornada, diez años atrás, encontró su nicho de mercado y que, entonces, había extraviado a cambio de atender y defender visiones sectarias cuando no intolerantes e incluso terroristas.

No exageramos. Justo un año después de que Carlos Payán publicó en ese rotativo un texto donde dijo que "La credibilidad (es) el capital más importante de La Jornada" (6/VI/96), el diario difundió, el 16 de junio de 1997, un reportaje de Blanche Petrich que defendió a ETA. Un mes después, La Jornada publicó un texto de Fernando Savater, quien sostuvo:

"Es difícil encontrar una celebración más partidista y mendaz de un País Vasco afortunadamente imaginario y de un terrorismo desgraciadamente real que la realizada en esas páginas, lo cual no puede dejar de sorprender en un diario solvente y habitualmente fiable a otros respectos".

"(...) El lector de La Jornada que no tenga otra fuente de información, puede deducir de ese reportaje que la mayoría de los vascos, salvo algunos reaccionarios, contemplan con simpatía o al menos con comprensión la lucha armada de ETA, lo cual es rigurosamente falso tanto entre los jóvenes como en las personas de más edad (...) Por eso los vascos votan cada vez más por los partidos demcráticos y penalizan a quienes legitiman o 'comprenden' el terrorismo, votándoles cada vez menos desde hace una década."

A los lectores que expresaron su disgusto por el reportaje, y a Fernando Savater también, Blanche Petrich les llamó "irracionales" y dijo que sus "reacciones furiosas" e "intolerantes" les impedían mirar la "raíz de la violencia" como es la violación de los derechos humanos en el País Vasco. Finalmente, la reportera dijo: "El desequilibrio informativo en el tema vasco es abrumador, pero para muchos es natural y políticamente correcto. Para mí no lo es". (Casi seis años después, Petrich empleó la misma visión periodística y la misma convicción política para enaltecer al régimen de Sadam Husein, ver página 80 de esta edición.)

La Jornada entendió que dar voz a quien no la tenía significaba defender a una organización terrorista como ETA, comprenderla, llamarle organización separatista y entender que su existencia se debe a "problemas de raíz". Cuando ETA tenía como rehén al concejal Miguel Ángel Blanco, el 12 de julio de 1997, La Jornada llamó a la cordura tanto a ETA como al gobierno del País Vasco. Al día siguiente, Blanco fue muerto por aquella organización criminal.

El declive

1/VI/93
Si tomamos como referencia 1994 hasta la fecha, para documentar el declive del prestigio de La Jornada, nueve años es mucho tiempo. Aunque tenemos los datos suficientes para desarrollarlo con la rigurosa precisión que el asunto amerita, por su extensión no es posible en estas páginas (ni aunque dedicáramos el doble). Tomamos como base datos que se suman a los que hemos dado, son aislados pero importantes para explicar la pérdida de credibilidad de La Jornada y la disminución de sus lectores (porque no todo puede explicarse por la crisis económica del país, antes fue peor y La Jornada había salido adelante.)

Persecución de las ideas (y censura)

1. El 23 de abril de 1990 en La Jornada, Luis González de Alba se refiere al asesinato de dos vigilantes del diario perpetrado por un supuesto partido de los pobres. El autor discrepa de la interpretación de los directivos del periódico y de algunos comentaristas de dentro "y solidarios de fuera", quienes consideraron que eso era un ataque a la libertad de expresión. González de Alba piensa que ese fue un crimen sin sentido perpetrado por fanáticos, "como hace Sendero Luminoso con los campesinos que se niegan a sumarse a sus filas". De inmediato se desató una cacería de brujas contra el autor, a quien se le acusó de orquestar una agresión contra La Jornada. Entre otros, hubo señalamientos de Humberto Musacchio y Guadalupe Loaeza, quien dijo que González de Alba sólo buscaba llamar la atención.

Los ataques contra el ahora articulista de Milenio Diario se dieron sistemáticamente. Por ejemplo, cuando en 1994 criticó a los reporteros que llamaron "hombres verdaderos" a los indígenas, como si quienes no tuvieran ese origen estuvieran impedidos de serlo y como si por esa condición todos los indígenas fueran "hombres verdaderos". En esa ocasión, reporteros como Blanche Petrich, Javier Molina y Víctor Ballinas le dijeron de todo al escritor por tener una opinión distinta de la suya.

Pero lo más significativo es lo que sucedió el 20 de octubre de 1997, cuando La Jornada censuró su columna "La ciencia en la calle" donde González de Alba solicitaba a Elena Poniatowska corregir imprecisiones en las que ella incurrió en su libro La noche de Tlatelolco. González de Alba comprobó que la escritora reprodujo varios párrafos de su libro Los días y los años, sin citarlo, pero los alteró en algunos aspectos. El texto se publicó en nexos. Poniatowska renunció al Consejo Editorial de esa revista y el autor de "La ciencia en la calle" fue despedido de La Jornada.

2. Habría otro despido importante. En una carta con fecha 12 de junio de 1998, Sara Lovera expuso a los accionistas su situación como directora del suplemento DobleJornada. Lovera afirma que el 20 de abril anterior tuvo una entrevista con la directora general Carmen Lira, a quien le informó su renuncia porque el suplemento carecía de "apoyo institucional". "Carmen me conminó a mantenerme en mi puesto" y dijo que "la publicación merecía ser apoyada por varias razones, entre ellas, el hecho de ser leída y reconocida por el público de nuestro diario. La directora consideró que era preciso reforzar a DobleJornada y ofreció establecer un diálogo con el equipo que confeccionamos en los últimos once años, a fin de mejorar su contenido, al tiempo de reconocer la importancia de mejorar las condiciones de trabajo tanto del equipo operativo como de las colaboradoras".

Sara Lovera comenta que, en medio del proceso de reestructuración acordado, el 28 de mayo recibió un oficio donde se le informó que "a partir de la fecha (27 de mayo)", "por instrucciones de la directora general", los suplementos "serán distribuidos únicamente a los suscriptores de este diario. La medida obedece al incremento en el precio del papel".

Lovera dice que intentó "una infructuosa búsqueda de entrevista con la directora" y enseguida comenta que el 1 de junio asistió a la ciudad de Chihuahua a dar una conferencia sobre la libertad de expresión. "A pregunta expresa", dice, "manifesté mi pesar por la decisión de la Dirección General" de restringir la circulación de DobleJornada. Ello, me enteré más adelante, fue tomado por la Gerencia como una acción 'antiinstitucional'". La editora comenta que, el 3 de junio, el gerente general, Jorge Martínez, "me informó que toda negociación para mejorar el suplemento producto de la decisión de Carmen Lira se había roto, pues 'usted hizo una guerrilla de internet'. Recordó que me habían dicho que no me moviera. Y acto seguido me informó que mi liquidación ya estaba en proceso". Sus intentos por hablar con Carmen Lira fueron en vano. Así finaliza la carta de Sara Lovera:

"A lo largo de once años, DobleJornada fue medio de expresión y comunicación de quienes tradicionalmente no hemos tenido voz; más de la mitad de la población ha hecho suya esa publicación. La decisión de la Dirección General desdice el espíritu y el ideario que dieron vida a La Jornada, cuya indiscutible autoridad moral, ganada a pulso no sólo entre los medios de comunicación sino, lo más importante, entre las y los mexicanos, hoy se ve vulnerada al marginar nuevamente la palabra y la acción de las mujeres."

No respetar el derecho de réplica

Entre varios episodios, uno de los más representativos ocurrió el 3 de febrero de 1995, cuando La Jornada publicó una nota de Ricardo Alemán Alemán donde éste afirma que durante una rueda de prensa, el entonces dirigente nacional del PAN Carlos Castillo Peraza ignoró cualquier pregunta que le incomodara. Ese día, Castillo Peraza envío al entonces director general Carlos Payán Velver una carta de aclaración, junto con el audio y el video de aquella conferencia de prensa. Pero la misiva no fue publicada (semanario etcétera 16/II/95 y etcétera una ventana al mundo de los medios, número 13, noviembre de 2002).

Censuras

1. Héctor Aguilar Camín es fundador de La Jornada. Desde el primer número, el historiador fue uno de los cuatro subdirectores del diario y el cargo lo ocupó hasta el 25 de mayo de 1987, cuando hizo pública su intención por dedicarse a dos libros en curso que "exigen ahora mi concentración y mi esfuerzo". Aguilar Camín se despidió valorando en La Jornada a una empresa con finanzas sanas y a un proyecto editorial que, sin dejar de tener problemas, era reconocido y referente indispensable (el 13 de septiembre de 1988, el historiador pondría a la venta sus acciones). Tiempo después, publicó en La Jornada artículos quincenales.

25/VI/87
Pero el 1 de noviembre de 1999 no se publicó su texto y el autor lo hizo notar en una carta difundida en La Jornada el 15 de noviembre. En él se refería al conflicto universitario que, por esas fechas, protagonizaba una fracción estudiantil que, mediante una huelga, secuestró casi un año a la UNAM. Por esa razón de censura, Aguilar Camín suspendió su colaboración y se despidió, "con el afecto de siempre", de la directora general.

2. Un día después, también en La Jornada, Pablo Gómez, otro articulista fundador, publicó su renuncia al diario. El motivo: "La censura contra mi última colaboración", donde afirmó "la falta de requisito constitucional de residencia de Andrés Manuel López Obrador para ocupar el cargo de jefe de gobierno de la ciudad de México, así como el contenido político que, a mi juicio, tuvo el registro del mismo como precandidato del PRD". Enseguida, Gómez comentó: "No puedo admitir la censura política, pues toda mi vida he luchado contra ella. No puedo avalar tampoco que en La Jornada se pueda opinar de los procesos internos de otros partidos, pero se censure un escrito sobre el proceso preelectoral interno del PRD. El periodismo que defiendo es otro. (...)

"Me duele mucho dejar La Jornada, a la que ayudé a nacer con todas mis fuerzas, en la que colaboré durante tantos años, la que he defendido como un espacio periodístico promotor de la democracia, en la que he sido durante años miembro de su Consejo de Administración, donde trabajé en algunas funciones cotidianas de intenso aprendizaje al lado de muchas personas entusiastas, honradas y profesionales."

Ese día, en La Jornada, Carmen Lira expuso sus "razones" para "no publicar uno de sus artículos": En el caso de Aguilar Camín, "la diferencia de opiniones se dio cuando declaró, en el inicio de su artículo, que es otro periódico el único que ha cubierto con amplitud y objetividad los acontecimientos de la UNAM y las acciones del Gobierno del Distrito Federal y del PRD". El rotativo que mencionó Aguilar Camín en su artículo fue La Crónica de Hoy, que dirige Pablo Hiriart, quien fuera reportero fundador de La Jornada.

"No nos pretendemos al margen de la crítica", dijo Carmen Lira, "hemos incluido y seguiremos incluyendo en nuestras páginas muy agudos cuestionamientos de nuestra información, pero no podemos de buenas a primeras asumir que sólo otro periódico, que además nos ha injuriado y calumniado por sistema, es el portavoz del tratamiento periodístico justo. Aguilar Camín está en todo su derecho, y seguirá estándolo, de criticar a fondo lo que juzga erróneo o falso de nuestro trabajo, pero nos resultó improcedente la descalificación tajante".

Luego, Carmen Lira comentó que el texto de Gómez, "no se incluyó (...) por causas totalmente ajenas a la censura". "El artículo no se publicó por el evidente conflicto entre el Pablo Gómez precandidato del PRD al gobierno de la ciudad de México, y el Pablo Gómez articulista de La Jornada". Finalmente, Lira expresó: "Días antes, La Jornada no publicó un artículo de otra distinguida colaboradora, porque juzgamos que, promover a alguno de los precandidatos del PRD, se apartaba de las normas editoriales del periódico. (...) no se trató en forma alguna de censurar a un articulista político, sino de no trasladar a nuestras páginas una contienda partidista. Lamentamos el incidente y le ratificamos a Pablo Gómez nuestro profundo interés de seguir disponiendo de sus colaboraciones".






Renuncias

Al paso de los años, y por diversas causas fue renunciando buena parte de los fundadores de La Jornada. Hubo quienes optaron por otros medios de comunicación ­Miguel Ángel Granados Chapa, para atender a su extinta revista Mira­, por actividades políticas ­José Carreño Carlón, quien entonces se hizo cargo de la secretaría de Divulgación Ideológica del PRI­, académicas ­Antonio Lazcano Araujo­ o como funcionarios públicos ­José Woldenberg, consejero ciudadano y luego consejero presidente del IFE. (Carlos Monsiváis, asiduo colaborador del diario, informó en una carta publicada en La Jornada el 23 de junio de 2001, que "por convenir así a los intereses de los lectores", la columna "Por mi madre bohemios" "concluye en definitiva su reaccionaria existencia". Desde entonces, Monsiváis publica en El Universal aunque, el 27 de noviembre de 2002 en La Jornada, escribió un artículo donde criticó a Marcos por sus posturas frente a ETA y por los ataques que profirió contra el juez español Baltasar Garzón. En esa ocasión, La Jornada dio el tradicional trato informativo favorable a Marcos.)

Reseñamos algunas renuncias planteadas por razones de divergencia editorial con La Jornada y que fueron expuestas públicamente:

1. El 4 de septiembre de 1989, Javier López Moreno, militante del PRI, renunció al periódico por su "franco desacuerdo con ciertos enfoques informativos y criterios editoriales de la casa que me da hospitalidad. Así no me siento bien: el colaborador semanal que soy se pelea con el lector diario que no dejaré de ser, y eso nada tiene de bueno ni de útil".

2. El 12 de n»´iembre de 1992, el panista José Paoli Bolio escribió que La Jornada, "se planteó como un proyecto que recogería los intereses de esa sociedad plural, pujante, que exige nuevas formas de organización y reproducción del poder, más justas y democráticas. Poco a poco La Jornada ha ido abandonando ese proyecto original y adscribiéndose sustancialmente al estilo del régimen autoritario. La pluralidad de sus informadores y análisis se ha ido reduciendo mucho (...) Muchos colaboradores de La Jornada han dejado ese proyecto. Otros, entre los que me cuento, se seguirán yendo. En particular he venido sintiendo cada vez más claramente que no tengo cabida, por lo cual he decidido enviar con estas líneas mi última colaboración".

El 28 de diciembre de 1999, la Cámara de Diputados aprobó el Presupuesto de Egresos. Paoli se abstuvo de votar y recibió fuertes críticas. El 30 de diciembre, en La Jornada, Rocha dibuja al legislador del PAN como una prostituta, bailándole a Arturo Núñez, legislador del PRI, quien dice "Bravo Paoli", mientras le da dinero al diputado. En los días siguientes, caricaturas de ese estilo fueron publicadas en La Jornada. Este ejemplo muestra que el diario había dejado el compromiso expuesto en su primer editorial: "Un diario crítico, ajeno al desahogo y al ataque personal".

3. El 18 de septiembre de 1996, en un artículo publicado en La Jornada, Sergio Aguayo también renunció por no coincidir con el método de elección de la directora general, Carmen Lira. Quien también fuera fundador del periódico afirma que "ya no existe el imperativo de la unidad a toda costa impuesta por el riesgo exterior" y que, en consecuencia, debió darse una elección abierta. "Cuando la respuesta que obtuve fue el silencio, y cuando mis llamadas se quedaron sin respuesta, tomé en marzo dos decisiones: cancelé cualquier aspiración a la dirección (...) y me hice a un lado del proceso para no alterar la candidatura de Carmen Lira Saade". Aguayo dijo que no estuvo contra la elección de Lira, pero aunque "no me satisfizo el procedimiento como fue elegida, lo que me resultó más ofensivo fue que dieran por terminada una comunicación de 11 años cuando solicité que se aplicaran al interior algunas reglas que exigimos a los demás. Como el silencio persistió confirmé que por respeto a mí mismo, tenía que irme."

4. El 7 de diciembre de 1996, otro fundador del diario, Daniel Cazés, renunció a La Jornada sin ser más preciso en sus razones: "En esta renovación (del periódico), los estilos varían y son incomprensibles e inaceptables para algunos (...) Esta es una despedida de La Nueva Jornada, en la que por ahora no hay sitio (ni siquiera espacio de interlocución interna) para personas como yo. Es un hasta luego porque no dejo de estar entre los accionistas y porque sé que los vientos pueden cambiar de nuevo y que tal vez pueda volver".

Septiembre de 1985
Pero unas semanas antes de la elección de Carmen Lira, Cazés hizo circular un documento entre los accionistas donde abordó los que, en su opinión, eran los principales problemas del diario. Además de los financieros y administrativos, destacó diversas "fallas profesionales", así como la falta de retribución económica al trabajo de reporteros y colaboradores y por eso "más de una vez, nuestros compañeros, colegas y socios se han visto orillados a buscar mejores horizontes sintiéndose víctimas de intolerancia y falta de espacio y de reconocimiento". "También se integran nuevas firmas, pero muchas de las que desde el principio fueron de casa se pierden aparentemente para siempre, y no es frecuente que sean sustituidas por otras de tanto valor y prestigio". Cazés propuso varios proyectos, entre otros, ampliar la hemeroteca y la edición de libros, crear un café y también sugirió que La Jornada estuviera en la radio y la televisión con espacios informativos y de análisis.

Seis meses después y al no obtener interlocución, Daniel Cazés renunció al diario.

La flor de la canela

"Que sea para bien", dijo Carlos Payán cuando, el 5 de junio de 1996, dejó la dirección general de La Jornada. La crónica de aquel día, de la Asamblea de Accionistas, la hizo el reportero Oscar Camacho Guzmán:

"Relevo terso, sin debate, natural. Que requirió de tan sólo 38 minutos para concretarse, desde el momento en que el presidente de la mesa, Miguel Concha, abrió el registro para las candidaturas hasta el instante en que fue entregada la última de las 111 papeletas con el voto secreto y directo de los accionistas..."

El método de elección excluyó el debate y éste no fue posible porque la decisión estaba tomada: "Tras la declinación del director del semanario Punto (Benjamín Wong), Rodolfo Peña hizo lo propio, al considerar que 'en términos de urna' estaba virtualmente decidida la elección".

Minutos antes, Elena Poniatowska presentó la candidatura de Carmen Lira de quien dijo "es combativa, apasionada, profesional, tres adjetivos opuestos a cualquier indiferencia o rutina", "Carmen Lira tiene mucho de llamarada y mucho de tea encendida. Carmen Lira, para mí, sabe extraer la flor de la canela". "Saber con quien se está tratando", dijo Poniatowska, "es ya una enorme ganancia en un país donde muy pocos dan la cara. Carmen la da, es una cara conocida. Es una cara redonda y asoleada, expuesta y abierta". Luego elogió a Sara Lovera y la DobleJornada, "único dentro de todo el periodismo nacional". Enseguida dijo:

"La Jornada es un periódico distinto y plural que satisface a un gran número de mexicanos. Aglutina puntos de vista, opiniones, voluntades diversas. Muchas de las visiones no coinciden, pero es Carmen Lira la que puede mejor que nadie conjuntar las distintas visiones y orientar los intereses y las tareas que hacen que La Jornada nos represente a muchos en los ámbitos sociales, políticos y económicos, y siga siendo la tribuna de los que nunca son escuchados."

Al tomar posesión del cargo, Carmen Lira dijo que "de diversas maneras ­que no excluyen la calumnia y el macarthismo­ se nos ha reprochado una de nuestras insistencias: para alcanzar el objetivo de las transformaciones democráticas, hemos procurado entender y explicar debidamente las posiciones de quienes no se resignan a la decadencia de la moralidad pública y a las deformaciones institucionales. Se nos ha acusado de arrogarnos la representatividad de un sector de la sociedad civil o de actuar como partido político, atribuyéndonos pretensiones de poder. Pero, ciertamente, La Jornada, por ser estrictamente un periódico, ha sido también algo donde un pedazo de México se ha reconocido". Y continuó:

"Ni podemos ni queremos eximirnos de la autocrítica, práctica que desconocen nuestros más severos inquisidores. Nos comprometimos a hacer un diario moderno y plural, abierto en lo ideológico y en lo político y no siempre hemos estado a la altura de nuestros propósitos (...) Sin embargo, y para mencionar una campaña ferozmente ideologizada contra nuestra publicación, nuestro radicalismo ha consistido, simplemente, en la persistencia en el tratamiento de los asuntos, sean las luchas regionales, los crímenes del poder, las causas profundas de la rebelión indígena, la emergencia de la sociedad civil."

Luego reconoció el descenso en el número de ejemplares vendidos y lamentó que muchos integrantes del diario hubieran emigrado. "Quizás no supimos retenerlos, quizás no quisieron cargar con nuestras fallas y limitaciones, de seguro es el proceso inevitable en toda publicación". Finalmente, Carmen Lira dijo que "un equipo de especialistas ha elaborado un Código de Conducta de La Jornada que pronto será dado a conocer a la comunidad para su inmediata puesta en práctica". Dijo también la señora Lira que pronto se crearía la figura del ombudsman: "A ese ombudsman le tocará mediar, si el término se aplica, entre los lectores y los editores, y por eso le toca ofrecer su lectura crítica del diario, señalando errores específicos y prácticas erróneas, repeticiones, ideologización abusiva de las notas, omisiones inexcusables, intromisiones en la vida privada de personajes públicos y sus familias, fallas evidentes en la jerarquía noticiosa, etcétera".

6/VI/96
Hasta ahora, es decir, siete años después de esos compromisos, La Jornada no ha informado sobre un Código de Conducta ni tampoco sus directivos han resuelto la existencia de un ombudsman que, sin duda, ha sido una figura prescindible frente a la necesidad de dar explicaciones a los lectores sobre las distorsiones informativas, los sesgos ideológicos ­sean moderados o abusivos, son faltos de ética­, los excesos y las omisiones, muchos producto de las definiciones políticas del diario, así como las determinaciones de censuras que hemos señalado.

Cuando a La Jornada o a cualquier otro medio se le critica o reconoce por lo que hace o deja de hacer o por lo que dice que quiere hacer y no hace, es por su función pública y el papel destacado que tuvo durante sus primeros años, antes de que abandonara, como hemos intentado demostrar, los compromisos que animaron a sus fundadores. Antes de que se convirtiera en ese "pedazo de México" que ha guiado su causa y que, entonces, en nombre de la causa, cualquier cosa es posible y las críticas sólo forman parte de una "feroz campaña orquestada en su contra".

La Jornada está en crisis, en un momento decisivo para hacer un alto en el camino, dejar de convocar a la unidad a cualquier costo aunque este sea el silencio, y revisar sin capuchas sus patrones periodísticos, convocar a lo mejor de su tradición, que es basta y provechosa para México, mirar su apuesta política, su credibilidad en declive. Sus números también, que reflejan una lenta pero persistente caída al vacío, con la cara al sol, redonda y asoleada por los destellos de una ideología que ahora deslumbra a sus principales directivos. Y no los deja ver más que conjuras


Marco Levario Turcott

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Dónde están los convocantes

Carlos Payán, director fundador de La Jornada, socio de la empresa Argos, director del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista A.C. (Cemos).

Carmen Lira, directora general de La Jornada.

Héctor Aguilar Camín, escritor, conductor del programa Zona Abierta, de Televisa, y colaborador de nexos.

Humberto Musacchio, columnista de Reforma.

Juan María Alponte, columnista de El Universal.

Guadalupe Loaeza, columnista de Reforma.

Francisco Báez, columnista de etcétera y La Crónica.

Cristina Barros, columnista de La Jornada.

Roger Bartra, investigador de la UNAM.

Hermann Bellinghausen, reportero de La Jornada.

José Joaquín Blanco, escritor y articulista de La Crónica.

Jorge Bustamante, director del Colegio de la Frontera Norte.

José Carreño Carlón, director del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, titular de la Cátedra UNESCO/UIA y columnista de etcétera.

Daniel Cazés, investigador de la UNAM y ombudsman de Milenio Diario.

Armando Cisneros, profesor-investigador de la UAM.

Miguel Concha, director del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.

Rolando Cordera, colaborador de La Jornada y nexos, presidente de la Fundación Carlos Pereyra.

Raúl Cremoux, columnista de El Universal y conductor de Otros ángulos, de Canal 40.

José Cueli, columnista en La Jornada.

Rogelio Cuéllar, fotógrafo de Reforma.

René Delgado, reportero de Reforma.

Federico Fassano Mertens, director del periódico uruguayo La República y del grupo Multimedio Plural.

Fátima Fernández Christlieb, funcionaria en la Secretaría de Gobernación.

Olac Fuentes Molinar, ex subsecretario de Educación Pública, catedrático de la UAM.

Javier Flores, editor fundador de la sección científica de La Jornada, autor del libro El paradigma sexual.

Lourdes Galaz, funcionaria de La Jornada, directora de ASIC.

Emilio García Riera, fallecido.

Leonardo García Tsao, crítico de cine en La Jornada.

Pablo González Casanova, investigador de la UNAM.

Luis González de Alba, columnista de Grupo Multimedios.

Fernando González Gortázar, arquitecto.

Sergio González Rodríguez, autor del libro Huesos en el desierto y columnista en el suplemento El Ángel del periódico Reforma.

Bolívar Hernández, profesor de Comunicación y Filosofía en la UIA.

Joel Hernández Santiago, colaborador de la revista Siempre!

Antonio Lazcano Araujo, presidente de Internacional Society for the Study of the Origin of Life.

Jorge Alberto Manrique, investigador emérito de la UNAM.

David Márquez Ayala, gerente general de la Unidad Técnica de Economía.

Ángeles Mastretta, escritora y colaboradora de nexos.

Ángel Mercado, investigador urbanista de la UAM.

Enrique Mercado, ensayista.

Luis Ángeles, economista.

Myriam Moscona, poeta.

Carlos Monsiváis, escritor y ensayista, colaborador de El Universal y Televisa.

Eduardo Montes, fallecido.

Cristina Pacheco, conductora de Canal Once y colaboradora de La Jornada.

Sergio de la Peña, fallecido.

Rodolfo F. Peña, fallecido.

Carlos Pereyra, fallecido.

José María Pérez Gay, embajador en Portugal.

Rafael Pérez Gay, escritor, subdirector editorial de La Crónica de Hoy, director de Nexos, S.A de C.V.

Elena Poniatowska, escritora y colaboradora de La Jornada y Televisa.

Iván Restrepo, columnista de La Jornada.

Federico Reyes Heroles, columnista de Reforma.

Vicente Rojo, diseñador y artista gráfico.

Octavio Rodríguez Araujo, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Enrique Rubio, publicista, figura, aunque no funge, como ombudsman de La Crónica.

Clemente Ruiz Durán, catedrático Extraordinario Jesús Silva Herzog en el Área de Economía Mexicana y Macroeconomía Global de la Facultad de Economía.

Jaime Augusto Shelley, poeta.

Raúl Trejo Delarbre, profesor-investigador de la UNAM, columnista de La Crónica de Hoy.

Socorro Valadez, encargada de "El correo ilustrado" de La Jornada.

Arturo Warman, ex secretario de la Reforma Agraria e investigador de la UNAM.

José Woldenberg, Consejero presidente del IFE.

Benjamín Wong, director del desaparecido semanario Punto.

Iván Zavala, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Clara Huacuja, columnista de La Jornada.

Antonio Gershenson, colaborador de La Jornada.

Lilia Rosbach, vive en Lisboa con José María Pérez Gay, su marido.

Luis Suárez, periodista, fue presidente de la Felap.

Fernando Ortiz Monasterio, médico cirujano plástico.

Federico Ortiz Quezada, médico, colaborador en el Imer.

Gustavo Gordillo, subdirector general y representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe.


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Dónde están los columnistas

Miguel Ángel Granados Chapa, Reforma.

Alberto Barranco, Reforma.

Francisco Martínez de la Vega, fallecido.

Heberto Castillo, fallecido.

Álvaro Ruiz Abreu, profesor-investigador de la UAM, escritor, nexos.

Jean Meyer, director de Istor y colaborador de Reforma.

Adolfo Gilly, La Jornada.

Luis Miguel Aguilar, director de nexos.

Fernando Calzada Falcón, secretario de Finanzas de Tabasco.

Fernando Benítez, fallecido.

Enrique Provencio, procurador ambiental y del ordenamiento territorial del DF.

Álvaro Cepeda Neri, La Crisis, Siempre! y Contralínea.

Carlos Fernández-Vega, La Jornada.

Ugo Pipitone, académico del CIDE, colaborador de Istor, Fractal.

Pablo Gómez, Milenio, representante del PRD ante el IFE.

Luis Javier Garrido, La Jornada.

Rosa Albina Garavito, El Universal.

Olga Harmony, crítica teatral, colaboradora de La Jornada.

Emilio Zebadúa, ex secretario general de gobierno de Chiapas y candidato a diputado federal por el PRD.

Carlos Martínez Moreno, fallecido.

Gonzalo Martínez Corbalá, miembro del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública.

Horacio Labastida, La Jornada.

Guillermo Schavelson, agente literario.

Esther Seligson, La Jornada, Fractal.

Sergio Aguayo Quezada, Reforma, dirigente de México Posible.

Bernardo Bátiz, procurador capitalino.

Arnoldo Córdova, politólogo.

Víctor Roura, coordinador de la sección cultural de El Financiero.

Oliver Debroise, escritor e investigador de artes plásticas.


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Y dónde los reporteros

Julio Hernández, columnista de La Jornada.

Sara Lovera, directora de CIMAC.

Hermenegildo Castro, encargado de la Unidad de Comunicación Social del Instituto Nacional de Migración.

Manuel Meneses, La Jornada.

Rosa Rojas García, coordinadora de Triple Jornada.

Cristina Martín, secretaria de Desarrollo Sustentable de México Posible.

Pablo Espinosa, La Jornada.

Patricia Vega, funcionaria en Conaculta.

Braulio Peralta, directivo del Grupo Mondadori (empresa editora de libros).

Emilio Lomas, La Jornada.

Carlos Vigueras, Milenio Semanal.

Fernando de Ita, crítico teatral.

Javier Rodríguez Gómez, El Financiero.

Miguel Ángel Velázquez, columnista de La Jornada.

Víctor Avilés, comunicación social del IFE.

Andrea Becerril, reportera de La Jornada.

Juan Antonio Zúñiga, La Jornada.

Víctor Cardoso, La Jornada.

Pablo Hiriart, director de La Crónica de Hoy.


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Ciudad de México a 8 de abril de 2003

Marco Levario Turcott

Director de la revista etcétera

Presente

Estimado señor Levario Turcott:

Gran sorpresa me provocó el hecho de que en las páginas 5 a 11, del número 30 de la revista etcétera ­correspondiente al mes de abril­ que usted dirige, en la sección Agenda y bajo el título ¿Crisis en La Jornada?, usted cita ampliamente un documento de carácter interno, que en el mes de Diciembre de 2002 y en estricto apego al artículo 167 de la Ley de Sociedades Mercantiles, envié a Iván Restrepo Fernández y a David Márquez Ayala, en su carácter de Comisarios de la empresa Demos, Desarrollo de Medios, S. A. de C. V., de la cual soy accionista.

Es de aclararse que dicho documento fue citado sin mi autorización y además en la redacción de algunos párrafos del texto firmado por usted, utiliza expresiones como "...Rosa Patricia Vega Salcedo dice haber conocido...", "Rosa Patricia Vega Salcedo dice que el 18 de octubre...", "Según los dichos de la ex reportera de ese diario...", "Rosa Patricia Vega Salcedo alude a prácticas que...", por mencionar algunos ejemplos, se induce al lector a pensar que también se trata de declaraciones vertidas directamente en una entrevista relacionada con el tema; hecho que, usted sabe, nunca ocurrió.

Ignoro la manera en la que la revista etcétera obtuvo un documento que sólo envié a los Comisarios de Demos, Desarrollo de Medios, S. A. de C. V., en pleno ejercicio de un legítimo derecho y apegada al marco jurídico vigente.

No es mi intención solicitarle el que usted revele sus fuentes de información, ya que, personalmente, como profesional del periodismo reivindico la validez que otorga la legislación internacional en cuanto al secreto profesional de los reporteros y de sus investigaciones periodísticas.

Sin embargo, debido a que soy la autora del documento que usted ampliamente cita sin mi consentimiento, insisto en asentarlo, tengo derecho a que se aclare públicamente que Rosa Patricia Vega Salcedo no le entregó a usted el documento que le sirvió de base para la redacción del texto ¿Crisis en La Jornada? ni hizo declaración alguna sobre el tema.

Con la atenta solicitud de que esta carta sea publicada íntegramente en el próximo número de la revista etcétera, correspondiente al mes de mayo.

Le saluda respetuosamente y en espera de la atención a esta solicitud.


Patricia Vega


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Respuesta a Patricia Vega

P r e s e n t e

Su carta confirma la veracidad de una información que obtuvimos como parte de una investigación de más largo aliento (que es lo que muestran estas páginas). En efecto, como quedó claro en la edición pasada, a usted no la entrevistamos y tampoco le pedimos autorización para publicar esa nota. El responsable de su difusión es el director de etcétera, por eso él firma la reseña de su documento y por eso también no utilizó la muletilla "fuentes que pidieron el anonimato" o frases de esa índole que, generalmente, se emplean, para evadir cualquier responsabilidad. Estamos convencidos de que, aunque se trata de un documento sesgado, es de interés público y por eso lo difundimos.


Atentamente

Marco Levario Turcott



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Entre la transparencia y el secreto


Queremos practicar la mayor transparencia informativa respecto de nuestras actividades, pues resulta paradójico que las empresas de comunicación busquen en general una discreción que parece sigilo de su hacer interno

Del editorial de La Jornada, 25 de octubre de 1988


Hasta hace poco, La Jornada acostumbró difundir el balance financiero anual de la empresa Demos, que edita al diario. Ese fue un compromiso explícito de sus editores para contribuir con la transparencia de los medios de comunicación que, en los años recientes, se ha ido desdibujando. Ahora, sin mediar explicación, los directivos no informaron sobre la asamblea ordinaria del 20 de marzo pasado. Incluso, en la asamblea más reciente, celebrada el 30 de abril, el Consejo de Administración notificó que resolvió demandar penalmente a Patricia Vega por "revelar secretos" concernientes al estado actual de la administración de Demos. También alista una demanda por difamación en contra de la señora Vega.

Como se detalla más adelante, los editores de etcétera no recibieron de Patricia Vega documento alguno, por lo que éstos, los editores y en particular su director, son responsables de la difusión que en estas páginas se hizo de aquel informe elaborado por quien fuera reportera del diario durante 18 años, así como secretaria técnica del Consejo de Administración hasta que fue suspendida del cargo y despedida como trabajadora del diario. etcétera no dará a conocer la fuente que le entregó ese documento que, por cierto, ya estaba circulando entre los accionistas.



En aras del equilibrio informativo, etcétera invitó a Carmen Lira a exponer a través de un texto sus puntos de vista. La directora de La Jornada no contestó.



Ese 30 de abril, el Consejo de Administración, entonces encabezado por la profesora Soledad Loaeza en calidad de presidente suplente, informó que, en los próximos días, se tendrá listo un documento que garantice la confidencialidad de la información contable de Demos, para que ésta no sea difundida por los integrantes del Consejo de Administración. Se trata de que nadie hable ni diga algo sobre los asuntos administrativos y contables de la empresa.

Unidad, unidad

Actualmente hay 160 accionistas de Demos. A la asamblea del 30 de abril asistieron 81 accionistas, 17 de ellos representados por carta poder. Con ese quórum, la asamblea resolvió, entre otros, dos asuntos importantes:

1. El "apoyo irrestricto" a la directora del diario, Carmen Lira Saade (Ese "apoyo irrestricto" no se haría público para no dar la impresión de que, en algún momento, se hubiera puesto en cuestión).

2. Acordó comprar las acciones de quienes ya nada tienen que ver con el diario, "en particular de aquellos que laboran en otros medios". (En 2004 se llevará a cabo la asamblea general ordinaria para reelegir o no a Carmen Lira como directora general del periódico.)

La asamblea nombró a Ricardo García Sainz como presidente del Consejo de Administración en sustitución de Soledad Loaeza (quien desde el 20 de marzo fungió como presidente del Consejo de Administración suplente, luego de que ese día fue suspendido del cargo Carlos Fernández Vega). El ex priista, ahora militante del PRD, trabajará con Alejandra Moreno Toscano, secretaria técnica, y con Mireya Cuéllar y Gonzalo Martínez Corbala, como vocales, entre otros. (A Olac Fuentes Molinar lo propusieron como vocal pero éste declinó por no estar compenetrado con la situación actual del diario.)

En relación con la crisis de venta de ejemplares de La Jornada, la asamblea conoció que, durante 2002, el tiraje fue 53 mil 85 ejemplares promedio por día, con una devolución promedio por día del 17%. Es decir, según esos datos, durante el año pasado se vendieron 44 mil 60 ejemplares por día.

Costumbre olvidada

Antes, La Jornada tuvo la encomiable actitud de "practicar la mayor transparencia informativa respecto de nuestras actividades", como dijo hace 15 años. Por ejemplo, con esa orientación, el 26 de septiembre de 1986, La Jornada difundió que la asamblea de accionistas nombró a Federico Reyes Heroles como presidente del Consejo deAdministración en sustitución de Héctor Aguilar Camín y, sobre todo, que en esa reunión se aprobaron modificaciones estatutarias para establecer que "el director general de La Jornada tendrá derecho a una reelección inmediata y, pasando un periodo de cuatro años, una tercera y última".

Informes, año con año

Cada que se renovaba la presidencia del Consejo de Administración, la información al respecto tenía una destacada difusión en la páginas del diario, al tiempo que se daban a conocer los datos más relevantes de su gestión interna. El 27 de abril de 1988, por ejemplo, luego de notificar que la asamblea de accionistas decidió por aclamación reelegir a Carlos Payán como director general para el periodo 1988-1992 y dar cuenta de los nuevos nombramientos en el Consejo de Administración, informa de la situación entre la gerencia y los trabajadores: "Con la última negociación llevada a cabo este mes, los incrementos otorgados a los trabajadores han restituido el poder adquisitivo que tenía su salario a fines de 1984..., 'comportamiento que muy pocas empresas, si es que alguna, han llegado a tener en las actuales circunstancias'".

Administración de la abundancia

El 22 de septiembre de 1989, La Jornada informa que la asamblea extraordinaria de accionistas acordó reformas a cuatro cláusulas de la escritura social que implican un incremento en el capital social fijo de la empresa. De 16 millones de pesos, el capital social fijo fue elevado a 160 millones de pesos. En esa edición también se lee que "se facultó al Consejo de Administración a que emita acciones de tesorería, para la provisión de recursos destinados al capital variable".

Los proyectos de expansión de Demos también fueron públicos. Dos ejemplos de ello fueron la publicación, el 23 de abril de 1989, de la convocatoria para construir el diario La Jornada del Noroeste, y la reseña de la presentación del semanario La Jornada de Oriente, publicada el 30 de junio de 1990.

Un año después, el 28 de noviembre de 1991, el diario informa sobre el nuevo Consejo de Administración que presidiría Rodolfo F. Peña, al sustituir a Roberto Morales. La edición da cuenta del informe financiero presentado por Morales donde se asienta "que durante 1990 Desarrollo de Medios superó su situación deficitaria registrada en 1989, y alcanzó resultados positivos durante el ejercicio del año pasado por 3 mil 744.4 millones de pesos (viejos pesos), tendencia que se fortaleció en el primer semestre de 1991". La Jornada informa que los accionistas hicieron un extrañamiento al Consejo de Administración saliente por no haber convocado en tiempos a una asamblea general ordinaria, que debió realizarse en 1990 para conocer los resultados financieros del ejercicio de 1989.

En ocasión de la asamblea ordinaria del 27 de noviembre de 1991, Carlos Payán "planteó dos puntos para que los accionistas de Demos los analizaran en los próximos meses y estuvieran en condiciones de discutirlos en una asamblea". El primer punto se refería al futuro de los periódicos mexicanos ante la entrada en vigor del TLC, el segundo "es relativo a los principios fundadores del periódico". Payán pidió reexaminarlos para que se ajusten a las necesidades, exigencias e intereses de la sociedad mexicana.

Recordó que "La Jornada se comprometió con los lectores en favor de causas que juzgábamos fundamentales y señaló que 'nuevas inquietudes' nos preocupan hoy en el dinamismo de nuestra vida pública y del orden jurídico. ¿Qué cambios apoyar y a cuáles oponerse? ¿No es preciso dotar de nuevos contenidos al concepto de soberanía nacional? ¿En qué momento dejamos de ser críticos para convertirnos en agentes pasivos del cambio, o de otra manera, cuando aun siendo críticos, nos negamos al cambio y, muy probablemente, estemos asumiendo en algunos casos una actitud, al informar y reflexionar, más que conservadora?

"Pidió a los accionistas tomar en cuenta tales inquietudes, que se reflexione sobre ellas y que en su oportunidad se aprueben los nuevos lineamientos que deben regir la vida profesional del diario."

En esa ocasión, no se informó qué curso tuvo aquella discusión, si es que se dio, a la que convocó el entonces director general de La Jornada.

Problemas financieros

Otro ejemplo que muestra que, antes, La Jornada informaba a sus lectores de la situación de su administración lo encontramos el 7 de octubre de 1994, cuando el presidente del Consejo de Administración, Rodolfo F. Peña, afirmó que hubo dificultades en 1993, que disminuyeron en 2.9% los activos de Demos, lo cual limitó las posibilidades de inversión; aunque, como informó Peña, "en 1994 se ha recuperado el ritmo de crecimiento". Para subrayar esa percepción, Payán sostuvo que La Jornada "en el último año duplicó su tiraje notariado de 65 a 120 mil ejemplares diarios. Durante este año se llegó varias veces a tirajes de 220 mil ejemplares, con porcentajes mínimos de devolución".

Esa tendencia de crecimiento continuó durante el año siguiente. El 23 de noviembre de 1995 el diario informa sobre el nombramiento de César Rodríguez Neuman como presidente del Consejo de Administración, en reemplazo de Rodolfo F. Peña. En su último informe, Peña afirmó: "No tenemos deudas en dólares, ni un pasivo exigible en moneda nacional que signifique peligro alguno para la estabilidad financiera de la sociedad". También notificó que entre diciembre de 1991 y diciembre de 1994 el capital de los socios, comunes y preferentes, creció 108% y el capital contable de la sociedad se incrementó 46.2% en el mismo periodo".

La siguiente información que se publicó sobre una reunión de accionistas fue el 6 de junio de 1996, cuando se dio a conocer el relevo en la dirección general de La Jornada, donde se designó a Carmen Lira Saade. A partir de esa fecha, la información sobre el desarrollo o no de Demos fue cada vez más escueta.

Balbuceos

El 30 de abril de 1998, mediante una breve nota, el diario publica: "(A los accionistas) se les informó que en el ejercicio fiscal correspondiente a 1997, el periódico incrementó sus ventas de publicidad, especialmente comercial, y abatió sus porcentajes de devolución de diarios, con lo que en la práctica incrementó su circulación. Además, construyó una planta industrial para la imprenta y la distribuidora del diario y, según se informó en la asamblea ordinaria de accionistas de Demos, la empresa aumentó sus activos económicos. La directora informó asimismo del inminente cambio de domicilio del diario, de sus actuales instalaciones en Balderas, a la calle de Petrarca 118, colonia Polanco".

Después, hasta el 10 de mayo de 2000, se informa de una nueva reunión del Consejo de Administración, donde se ratifica a Carmen Lira en la dirección general. La nota se refiere al balance general de las finanzas: "los activos consolidados de Demos para el periodo 1998-1999 crecieron 10 por ciento; en este periodo se publicaron

en promedio cinco planas diarias más, respecto de las 76 de 1998.

"La venta neta del periódico aumentó 6 por ciento y la circulación diaria representó un crecimiento de 16 por ciento respecto de 1998, tomando en cuenta los tres proyectos regionales de la casa editorial ­La Jornada de Oriente, editada en Puebla, La Jornada de San Luis, de San Luis Potosí y La Jornada El Sur, de Acapulco­; la asamblea aprobó este informe por mayoría." El 28 de abril de 2001 se publicó que "el año pasado se registraron 131 millones de consultas a la página de La Jornada". Se informó también que en 1999 el número de visitas había sido superior a los 104 millones.

"Lo anterior fue dado a conocer durante la asamblea ordinaria de accionistas de Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de C.V., casa editora de este diario. Durante la sesión, que contó con el quórum legal, se conoció y aprobó por unanimidad el informe con los resultados financieros del año 2000, presentado por el presidente del Consejo de Administración, Carlos Fernández-Vega (quien, meses después, sería suspendido de ese cargo).

"El informe dio a conocer también detalles de los proyectos futuros de la empresa y la marcha financiera y comercial de las diferentes empresas filiales: Agencia de Servicios Integrales de Comunicación, Imprenta de Medios, Distribuidora de Medios, Sierra Nevada Comunicaciones (editora de La Jornada de Oriente), Desarrollo Regional de Medios, Medios del Sur y Editora de Medios de Morelos.

Asimismo, los accionistas ratificaron a los miembros del Consejo de Administración y sus respectivos suplentes, y a los comisarios Iván Restrepo y David Márquez Ayala."

Crisis a la vista

Previo a la elección de la nueva dirección general, en mayo de 1996, Rodolfo F. Peña envió a los accionistas un documento donde advertía sobre serias anomalías: "Pero a la etapa heroica, la del arranque y la lucha por la supervivencia, sucedió la etapa de la generación de los recursos cuantiosos, de la burocratización y de la búsqueda, no necesariamente ilegítima ­o no en todos los casos­, de retribuciones en efectivo, en posiciones personales ventajosas o en ambas formas. Este fenómeno, que parece responder a una especie de fatalidad histórica, está afectando al proyecto de diferentes maneras, que se traducen en inseguridad respecto de la línea editorial, en pérdida de profesionalismo, en desapego de la empresa, en formación de grupos no ideológicos o políticos, lo que sería un signo de pluralidad, sino de interés, en resistencia abierta y censurable a los cambios organizativos y tecnológicos, a la productividad que nos beneficiaría a todos". Más adelante, Peña apunta las consecuencias de lo anterior: "Una traducción elocuente de ese fenómeno degenerativo, tal vez la más dolorosa, es la pérdida de lectores, la caída de la circulación de nuestro diario".

Relaciones laborales

A dos años de iniciada la circulación de La Jornada, finalizando septiembre de 1986, Demos sufrió su primer amago de huelga por parte de los trabajadores aglutinados en el Sitrajor. El 27 de septiembre de 1986 el diario informa de dicho emplazamiento y del ofrecimiento de la empresa. La nota termina con la siguiente frase: "Consideramos que una información de este tipo debe ser compromiso de nuestro periódico para con sus lectores". El 1 de octubre de 1986, el diario informa del acuerdo al que llegaron el Sitrajor y Demos.

Menos de un año después, el 6 de abril de 1987, el Sitrajor lamenta que el diario hubiera publicado una nota referente a dicha organización gremial. Bulmaro Castellanos ("Magú"), entonces secretario general del Sitrajor, escribe esta carta que fue publicada en "El correo ilustrado" de La Jornada:

"Sr. director:

"En la edición de ayer 5 de abril, en la página 10 aparece publicada una fotografía con un pie que dice: 'Los miembros del Sindicato Independiente de Trabajadores de La Jornada (Sitrajor) realizaron ayer su primer Congreso...''

"Pido a usted, en mi calidad de secretario general de dicho sindicato, publique en su sección de cartas la siguiente aclaración:

"1.- El comité ejecutivo del Sitrajor no proporcionó la información citada y tampoco se le consultó para su publicación.

"2.- Si el comité ejecutivo hubiera querido usar La Jornada para difundir ese acto sindical, habría informado que:

"3.- El primer congreso del Sitrajor fue instalado por una comisión organizadora fracturada que violentó los acuerdos de la convocatoria al Congreso. Por tanto, el acto sindical careció de validez legal y, tras denunciarlo allí mismo, el comité ejecutivo y varios trabajadores decidieron abandonar el acto negándose a convalidarlo."

De donde se desprende que puede, en su vocación democrática, indagar en los asuntos internos de otros sindicatos pero no en el suyo, pues para ello debe contar con el permiso de su comité ejecutivo.

Otro emplazamiento interpuesto a Demos ocurrió a principios de abril de 1987. El 11 de abril de ese año, La Jornada informa a sus lectores que la huelga emplazada para el día anterior quedó conjurada pues la representación sindical aceptó la oferta de incremento al salario en 15.4% (el Sitrajor había demandado 20%). En esa misma nota, La Jornada publica íntegra la propuesta que Desarrollo de Medios S.A. presentó al Sitrajor y que fue aceptada por su asamblea general.

Un año después, en un editorial del 25 de octubre de 1988, La Jornada informa que: "Esta edición de La Jornada aparece con menor cantidad de información de la habitual debido a que una breve huelga acortó anoche los plazos de elaboración del diario, huelga que concluyó al acordarse un incremento salarial del 10 por ciento retroactivo al primero de octubre. (...) El sindicato había emplazado a huelga para ayer a las 17 horas, en que se colocó la bandera rojinegra en las oficinas del diario, mientras continuaban las negociaciones, que terminaron a las 21 horas con el incremento antedicho".

Luego, el editorial subraya:

"Informamos lo anterior a nuestros lectores no sólo para justificar la parquedad de esta edición y su eventual demora, sino en ejercicio de un compromiso. Queremos practicar la mayor transparencia informativa respecto de nuestras actividades."

La Jornada dejó de circular un día. El 2 de abril de 1996 los lectores habituales de ese diario se enteraron que la amenaza de huelga que ya se ventilaba desde hacía algunos días no pudo ser conjurada. El editorial de la víspera ya anunciaba ese posible desenlace: "Mañana podría dejar de aparecer nuestro diario si el Sindicato Independiente de Trabajadores de La Jornada hace efectivo el emplazamiento de huelga anunciado con motivo de la revisión salarial 1996. Comprometida con la transparencia informativa, La Jornada quiere dar a conocer los puntos que están en juego en las presentes circunstancias". Los directivos hacen un recuento de las situación de las negociaciones entre empresa y sindicato y, en efecto, consideran inminente el paro.

El 3 de abril, reanudadas las actividades en ese medio, su editorial sostiene: "Pese a los esfuerzos de conciliación realizados y a las ofertas hechas por la empresa, se impuso la lógica propia de un conflicto de esta naturaleza y se suspendieron las actividades; así, nuestro periódico no pudo cumplir su responsabilidad de informar cotidianamente, como lo ha venido haciendo desde su inicio. La huelga sólo se extendió por 28 horas, ya que las partes firmaron un convenio que puso fin al conflicto. El acuerdo beneficia sustancialmente a los trabajadores, quienes recibirán un aumento de 12 por ciento directo a sus salarios".



* De acuerdo con el informe presentado en noviembre de 1991, "en el periodo que comprendió la Guerra del Golfo Pérsico se alcanzaron los mayores tirajes de la historia de La Jornada con ediciones ocasionales superiores a los 100 mil ejemplares diarios; el 18 de enero se tiraron 135,700". Más adelante, el mismo informe aclara: "Sin embargo, debe quedar claro que los tirajes extraordinarios fueron eso: excepcionales, ya que el diseño del taller no permite ediciones cotidianas de ese tamaño".



Otros conflictos

De acuerdo con el informe anual de actividades del Consejo de Administración por el ejercicio 2002 se encuentran en proceso:

· Juicio ordinario civil en el que Desarrollo de Medios, S.A. demanda a TV Azteca por 18 millones de pesos. Azteca, luego que en segunda instancia se confirmó la primera sentencia, interpuso recurso de revisión.

· Juicio ordinario civil por el que Ricardo Salinas Pliego demanda a Demos el pago de 17 millones 190 mil 613 pesos.

· Juicio ordinario civil por el que Ricardo Salinas Pliego demanda a Carlos Fernández-Vega, Ciro Pérez Silva y Juan Manuel Venegas.

· Juicio ordinario civil por el que Ricardo Salinas Pliego demanda a un funcionario de Demos.

· Juicio ordinario civil por el que Ricardo Salinas Pliego demanda a Marco Antonio Rascón Córdova.

· Juicio ordinario civil por el que Demos demanda a Desarrollo Inmobiliario S.A. de C.V.


Julio Chávez Sánchez

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