Del chupacabras al chupasangre
La historia parecía lo que efectivamente resultó ser, una leyenda urbana, al estilo de aquella del famoso chupacabras. Aun así, el rumor que comenzó a circular hace 12 años en EU a través de un fax -y que ahora lo hace vía Internet- tuvo amplios espacios y difusión en los medios que contaron la historia de una pandilla guatemalteca llamada Sangre.
En la mañana del 27 de octubre, Carlos Loret de Mola daba cuenta del
modus operandi de este grupo delictivo: "como prueba para aceptar nuevos integrantes a esta banda se les pide que aborden un vehículo, que no prendan
sus faros y que simplemente asesinen a todos los tripulantes del coche que les haga cambio de luces".
El conductor aclaró para quienes, incrédulos, escuchaban la información: "Las autoridades han dejado claro
que no se trata de una simple broma de Internet, el asunto es para tomarse en serio. Éste -dijo Loret mientras enseñó
a cuadro un documento- es un oficio en el que la Procuraduría General de la República da aviso que incluso la
policía internacional, la Interpol, considera una amenaza la existencia de esta pandilla".
La alerta se encendió debido a que el citado comunicado de la Interpol advertía que el último fin de semana
de octubre, Sangre tendría su rito de iniciación en el DF y Estado de México. Esa misma mañana,
Milenio y El Universal advertían de la existencia de esta pandilla en su sección metropolitana.
La información fue retomada por la mayoría de los noticieros en el transcurso de la tarde, máxime cuando
el vocero de la Presidencia, Rubén Aguilar, admitió que la PGR ya estaba al tanto del asunto.
Aunque el borrego comenzó a declinar al paso de la noche, cuando los informativos radiofónicos vespertinos
ya ponían en duda lo que hasta unas horas antes era una incuestionable realidad, todavía Adela Micha -quien
había hablado del tema desde el miércoles 26- prevenía a los automovilistas de no encender las luces, pues "es la
única forma de protegerse".
El viernes 28, aunque sin un desmentido contundente, la noticia de la llegada del grupo Sangre a México
se convirtió para los titulares de los noticieros en un "rumor de mal gusto" que puso en alerta y ridículo a
ocho procuradurías estatales y, sin duda, a los medios también.
etcétera