Soborno, mentiras y video
La peor crisis en la historia del PVEM resultó de un video filtrado por alguien que participa en la
disputa interna de ese partido y quiso obtener dividendos. Los obtuvo al principio, al difundirse las imágenes sin
la opinión de la otra parte involucrada y sin un trabajo periodístico que fuera más allá de la edición, una
labor tan elemental como la tarea omitida de verificar los sitios que un supuesto empresario canadiense
habría propuesto para sus negocios y de saber también el impacto ambiental que esos proyectos significarían.
En ausencia de los antedichos patrones periodísticos, el medio que obtuvo la primicia es lo de menos.
Como se sabe, el lunes 23 de febrero en la tarde, el audio y la nota estuvieron primero en el portal de
El País y horas después, cerca de las diez de la noche, el video fue transmitido en
Noticias Canal 52. El tema tuvo
dimensión nacional cuando, al filo de las 23 horas de ese día, Televisa difundió la copia de la postproducción hecha
por Canal 52 al recibirla de Santiago León y Sebastián Carducci (el equipo del 52 no selló esa copia).
El martes, con excepción de
El Economista y Excélsior que no informaron del asunto, de
Crónica que le dedicó una pequeña nota de portada y de
El Financiero que publicó la información en interiores, los
diarios colocaron la noticia en ocho columnas y el tema estaba en las principales televisoras y estaciones de radio.
La obra de las fuentes se había consumado.
El engendro
El 26 de febrero, en El
Independiente, Javier Solórzano Zinser, director de ese diario y, junto con
Carmen Aristegui, conductor de Noticias Canal
52, dijo que la edición del video se hizo con una "mirada
estrictamente periodística" y que "nunca ha sido objetivo ni motivación del equipo convertirse en ministerio público".
Sin embargo, al presentarse el video con las omisiones informativas que hemos señalado, no pudo
contenerse el efecto indeseable de los medios erigidos en ministerio público.
El video exhibió (y también fue resultado de) la disputa por un negocio familiar disfrazado de
partido, mostró la ruindad ética y moral de la política vuelta tráfico de influencias y enfatizó en que el Verde es
un emblema sin ideas ni programas ni propuestas. Entre otros efectos más, destapó las trapacerías del
Partido Verde, tanto del dueño de las siglas como de sus impugnadores, las fuentes informativas que suscitaron
el escándalo y que casi de inmediato exhibieron sus también deleznables intereses. En relación con los
medios, también mostró la ausencia de investigación y de equilibro informativo por lo que, al menos al principio
y aunque esa no hubiera sido la intención, se favoreció a una de las partes involucradas.
Las imágenes mostraron la miseria del PVEM a la que han aludido no pocos analistas, incluso desde
su fundación, pero no resultaron de una investigación periodística ni le significaron a los medios, al menos
hasta el cierre de esta edición, el reto de escudriñar más, con criterios estrictamente periodísticos, en ese
engendro del sistema político mexicano. En cambio, y luego del primer impacto del video, han sido (casi) sólo
receptáculos de las declaraciones suscitadas por esa vergonzosa disputa.