Rubén Aguilar Valenzuela
El 9 de mayo de 2006 la Corte dio entrada a una acción de inconstitucionalidad planteada por 47 integrantes del Senado. Un año después, la Corte ha resuelto el caso. El proceso arroja seis lecciones importantes para nuestra imperfecta democracia que avanza en su consolidación, no sin contradicciones y problemas, a pesar de quienes sostienen que el proceso democrático está estancado o retrocede. Las lecciones son:
1. Ninguna decisión legislativa es hoy irreversible. Si existen elementos para demostrar la inconsistencia de la ley o su inconstitucionalidad los propios legisladores, pero también el Ejecutivo, la pueden impugnar y hacer que, mediante el correspondiente proceso judicial, se modifique.
2. Los poderes fácticos que se construyeron en el régimen de partido de Estado tienen un enorme espacio de acción, pero ya no es absoluto. Queda claro que no solamente es necesario sino también posible acotarlos. Se les puede contener por la vía de la acción legal. Así, lo que antes parecía imposible se hace ahora realidad.
3. La Corte ha demostrado, una y otra vez, que es capaz, pese a las presiones que recibe, de garantizar el cumplimiento del texto constitucional. Esto no cancela se puedan y deban cuestionar puntos de la Constitución. A la Corte toca que la actual, por el bien de todos, se haga cumplir. Ahora no hay duda de que en la interpretación del texto la Corte fija posición y resuelve.
4. La prensa escrita ha demostrado, en este caso, que es capaz, si se lo propone, de hacer un periodismo que va más allá del escándalo, la nota roja o trivial. A lo largo de los meses ha informado de manera amplia y precisa sobre el caso. Es cierto que en muchas ocasiones los encabezados siguen siendo sensacionalistas y no expresan el contenido de la nota periodística. La prensa escrita ha realizado un esfuerzo didáctico para hacer entender a los lectores el contenido de la discusión y de lo que implica la resolución de la Corte. Necesitamos más de este periodismo que aborda los reales y grandes temas de la agenda nacional.
5. La deliberación pública ha demostrado que no es sólo útil, sino indispensable para resolver problemas fundamentales. Ha dejado también en claro que cobra significado si tienen el espacio adecuado no sólo para expresarse sino, sobre todo, para hacerse valer. La deliberación pública de los expertos en diálogo y cuestionamiento con los magistrados de la Corte es un ejemplo notable de lo que puede dar e influir si ocurren en el espacio adecuado.
6. El que la Corte haya decidido hacer absolutamente transparentes y públicas no sólo sus discusiones, sino también la votación de los magistrados (todo se pudo seguir por la televisión) demuestra lo poderosa que puede ser la transparencia como constructora de legitimación y credibilidad del ejercicio de la función pública.
Son lecciones fundamentales que pueden quedar como un hecho aislado y también heroico o convertirse en norma y tarea de todos los días. Eso depende de los poderes, de la prensa y de la ciudadanía. Lo que ahora no puede ser desconocido es que se trata de un logro de las instituciones propias de la democracia.