El trabajo de Villamil no fue un reportaje, como creyeron varios comentaristas que aludieron a éste durante
el mes, sino la trascripción casi textual del documento referido, incluso con algunas consideraciones que hizo el
personaje anónimo que lo entregó, pero sin citarlas como tales. Por ejemplo cuando la "fuente anónima" dice que ese
convenio "insultante" es por una cantidad que es casi la tercera parte de lo que "se requiere para reparar los
daños causados por el huracán Stan sólo en Veracruz", parece como si el reportero fuera quien lo afirmara. Más
importante aún, en el texto al que apenas alude Villamil, no hay forma de asegurar que el convenio de publicidad hubiera
sido firmado por el gobierno de aquella entidad, como también creyeron algunos comentaristas en la prensa. A pesar
de ello, en la edición siguiente, el trato informativo de
Proceso lo da como si fuera un hecho.
A propósito del convenio que firmó Televisa con el IFE el 3 de octubre, valdría la pena adicionar
información relacionada con los contratos de publicidad que firma su vicepresidente de Comercialización con varias entidades
y con personalidades de la política. De poco sirve conocer lo que gastan los partidos en
spots si
ignoramos lo que erogan por esos "conceptos". Naturalmente,
etcétera verificó la información. El señor Quintero ofrece varios
servicios, la venta de información entre otros, que algunos actores políticos le han contratado. Fue el caso de Santiago Creel
a quien, poco antes de la segunda ronda de votaciones en el proceso interno del PAN, Alejandro Quintero
consideró derrotado por sus errores de campaña.
Observar a los vigilantes
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Ilustración: Rafal Oblinski |
Las gacetillas electrónicas no son novedad en el país (ni en el mundo) pero tienden a expandirse con todos
los riesgos que eso representa, por eso el asunto citado fortalece la idea de que la revisión de la calidad de los
medios está en el centro de la información que recibimos. Los
observatorios que evalúan su oferta son muy
importantes como advierte en esta edición Ignacio Ramonet y José Carreño Carlón quien, por cierto, alude a la constitución de
un observatorio de medios en México en el que, además de la Universidad Iberoamericana, algunas empresas y
otros organismos internacionales, también participará
etcétera con entusiasmo y confianza en sus insumos
éticos, intelectuales y profesionales. Observatorios de medios, señalamos, no instrumentos de ocasión y menos
brazos electorales de apoyo o denuesto a tal o cual candidato, sino mecanismos de revisión escrupulosa de los medios que se consolidarán poco a poco conforme madure la democracia mexicana, y no sólo en procesos electorales.
La política, sometida
En octubre asistimos también a otra constatación de lo que
durante estos años hemos sostenido cuando aludimos
al sometimiento de los políticos al imperio de los medios electrónicos y al enorme poder no regulado de estos
últimos como uno de los principales desafíos de la democracia.
A principios del mes Televisa reprodujo otra filtración que, en estricto sentido periodístico y, más aún,
legal, carece de sustento para acusar como lo hizo al ex gobernador del Estado de México Arturo Montiel con datos
que, además, no eran novedosos pues la revista
Proceso ya antes había proporcionado varios. Como se sabe, la
magnitud del golpe fue tal que, días después, Montiel renunció a ser candidato del PRI a la Presidencia de la República.
Con ese desplante mediático al que se prestó uno
de sus empleados para hacerlo pasar como oferta
periodística, Televisa enseñó una vez más su poder sin control y ejemplificó lo que puede suceder con algún político si éste no
le resulta de su agrado. Junto con esas expresiones del poder sin control que tienen los medios debiéramos
considerar la denuncia de Gustavo Enrique Madero, presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, que
a principios de octubre advirtió de una campaña intimidatoria de TV Azteca sobre los legisladores para impedir
la aprobación de la Ley del Mercado de Valores. Incluso diversas versiones periodísticas aseguraron que la bancada
del PRI actuó en colusión con la televisora del Ajusco a efectos de que esa ley no fuera aprobada.
El
huracán informativo
Todo esto nos remite, claro está, al poder de la pantalla (y a la forma como apantalla la televisión al poder). Y esto
es así porque si las imágenes dicen que algo es cierto, entonces es cierto aunque no sea verdad. Y esa
sentencia contundente se muestra no sólo en aquellas estampas "informativas" que vimos promovidas por Víctor Trujillo
para sentenciar al ya mencionado Montiel. Algo similar sucedió con el tratamiento informativo del huracán Wilma
que irrumpió durante varios días desde el 21 de octubre.
Advertimos antes para evitar cualquier equívoco que no coincidimos con la postura que, al principio, mostró
el gobierno federal, que desestimó los efectos del meteoro. Pero también advertimos que los medios,
particularmente los electrónicos, sobredimensionaron las consecuencias del huracán y luego escamotearon el reconocimiento a
la labor del gobierno. Casi todos se refirieron al panorama ominoso de la "destrucción" y narraron según dijeron
ellos mismos, lo "inenarrable": la "devastación", el "colapso" y el "desastre" desde, por ejemplo, la "ciudad
fantasmagórica" que para ellos era Cancún.
Apocalipsis ahora
Devastar, dice el diccionario de la Real Academia, se refiere a un territorio destruido, arrasados sus edificios
o asolados sus campos; el término alude a la destrucción, a la reducción a pedazos o a cenizas de algo. ¿Eso pasó
allá con el huracán Wilma? No.
Vimos las imágenes, y éstas no mienten. Pero fueron situadas como en un set para transmitir lo más dramático,
el sufrimiento, las calles inundadas, el paraíso socavado, oscuro, pestilente. Negro. Y al micrófono, el
Apocalipsis: "Cancún es un desastre inimaginable porque nadie pensó jamás en la vulnerabilidad de esta costa esmeralda
del Caribe mexicano", "Cancún es un desastre inimaginable por la magnitud de los daños aún incalculados,
aún incalculables", "No hay luz desde hace cinco días y no la habrá en muchos más".
Un par de días después, no exageramos, esos medios no podían explicar cómo es que las inundaciones
fueron controladas y restablecidos los servicios paulatina pero
consistentemente, como los de agua y luz, por citar
algunos casos, además del funcionamiento, en dos días, de 35% del servicio hotelero dañado, porque, como dijeron
varios funcionarios, los estropicios en esa estructura habían sido cosméticos. Y como los milagros no existen o al menos
no los de ese tipo, los mexicanos vimos y escuchamos los apuros de aquellos periodistas para explicar el
restablecimiento paulatino de la zona.