Las causas y las convicciones
Este primer lustro de etcétera ha sido, sobre todo, periodo de búsqueda para contribuir al análisis de una de
las aristas más interesantes de la actualidad de México y el mundo. Sus editores lo han vivido decididos en remontar
la visión política facciosa de cualquier signo o la propuesta académica trasnochada. No están en bloque alguno, ni
en el que somete sus conclusiones intelectuales y políticas al dictado de los medios ni al que conjura contra
ellos, además, sin más programa que el deseo.
Los compromisos del Presidente
Aquí los medios son razón de Estado,
crisol invaluable y al mismo tiempo zona oscura y turbulenta de la
transición democrática; muestra de pluralidad social y (aún parcial) diversidad informativa, también lo son de poderes
no regulados y motivo de reforma de largo alcance, con definiciones precisas e integrales. Con ese sentido de
búsqueda a fines de octubre
etcétera entregó un cuestionario al Ejecutivo quien, en esta edición, comparte sus puntos de
vista sobre varias de las definiciones que aquí hemos tenido a lo largo de cinco años. Agradecemos al Presidente
de México su disposición para responder también por escrito.
Hasta la reforma siempre
Como afirma aquí Miguel Ángel Bastenier, periodismo de calidad es no estar de un lado o de otro, pero
eso no
quiere decir ser imparciales. No estar de un lado o de otro es para nosotros estar fuera de cofradías de sus prebendas y
de sus asertos inmóviles. De ahí la crítica al periodismo de facción que se hace en el excelente ensayo de Marco
Lara Klahr con quien iniciamos una aventura de la que más abajo damos cuenta.
etcétera es parcial. Con sus definiciones y sus simpatías quiere contribuir de veras a una nueva ley de radio
y televisión. No obstante disiente con quienes desestiman o incluso vilipendian pasos paulatinos,
sistemáticos, insuficientes pero efectivos como lo es la entrega de los permisos de operación a las radios comunitarias.
Ninguna publicación como ésta ha difundido tantos artículos y ensayos sobre las radios comunitarias cuyos permisos
de operación han sido el avance más importante que en materia de medios hayamos tenido en México.
Aquellos permisos sucedieron en el contexto extraordinariamente complicado que generó, por un lado, el
discurso de un sector del gobierno, la SCT, que las descalificó de diversa forma y, por otro, el planteamiento que omitió
su existencia en la propuesta de ley de radiodifusión que se impulsa en el Senado desde hace un año.
La autorización legal del gobierno a las radios comunitarias que lo solicitaron es apenas el principio, como
lo hemos dicho aquí. Esperamos que la definición inequívoca que al respecto de una pregunta nuestra hizo el
presidente Fox se traduzca en el apoyo que esas radios requieren para su funcionamiento, como también lo plantea aquí
la representación en México de AMARC.
Tétricas consideraciones
Avances parciales. Para eso convocamos a construir definiciones y esa es la mística de los textos que publica
etcétera. Coincidimos, por ejemplo, con la creación de una nueva ley que le confiera características normativas a esa
amalgama amorfa y difusa que hoy llamamos Medios Públicos; no nos rechinan los oídos con la palabra combo si eso
quiere decir apoyar exclusivamente a los pequeños radiodifusores y no favorecer la concentración. Para seguir con
temas candentes en relación con el otorgamiento de concesiones, mientras no haya ley proponemos un cuadro
normativo que rija las decisiones del gobierno. Avances parciales, insistimos, aunque haya a quien eso le parezca
abandonar
la causa.
En ese contexto, naturalmente, vale la pena impulsar una nueva ley de radiodifusión, aunque el panorama
para conseguir ese fin lo miramos lúgubre en serio. No como esa fantástica y lúdica exposición de Luis Miguel
Carriedo sobre el cine de terror en México o como la espeluznante carta que le envió al director de
etcétera el despiadado doctor Hannibal Lecter. Publicados en esta edición, ambos materiales son también remanso muy a nuestro estilo,
en esta ocasión, también para subrayar que, por ejemplo, El Santo es un luchador memorable y admirable pero en modo alguno ni él ni algún otro paladín de la justicia puede ser paradigma para enfrentar los desafíos de la
sociedad mediática. Éstos son más complicados que las seductoras brujas o las mujeres vampiro a las que se enfrenta el
héroe enmascarado; ni qué decir de
los monstruos y algunos otros, los malos de siempre que si no existieran nos
dejarían sin sentido en la vida de la fantasía.
Optimismo de la voluntad
No es casual el índice de esta edición especial. No lo es el cuestionamiento que hacemos al entorno académico
del país en su escasa producción intelectual para entender rigurosamente la actualidad de los medios. El asunto,
claro está, no es privativo de México, como señala aquí uno de los conocedores más destacados del mundo, Daniel
E. Jones y que además documentamos en las varias entrevistas y en los ensayos que encargamos a expertos del tema.
etcétera no sólo ha (re)querido sustento intelectual sino también ha buscado hacer periodismo.
Sus hacedores
son amantes de la profesión como quiere Gabriel García Márquez, y no de las filtraciones, aunque a lo largo de
estos años frente a éstas hemos hecho lo elemental que es investigar, como en abril pasado, por ejemplo, cuando
denunciamos la entrega de permisos de casas de juego que hizo Gobernación a Televisa.
Estamos seguros de la utilidad pública del periodismo, a pesar del desolador panorama que dejan en estas
páginas las opiniones de Carlos Gabetta, director de
Le Monde Diplomatique en el Cono Sur y Richard A. Posner, juez de
la corte de apelaciones en EU, además del punto de vista implacable que hace de los periodistas el escritor
Sergio Ramírez. Frente a eso, volteamos a los clásicos y en este caso nuestro impulso vital es Antonio Gramsci, y
también
revisamos el pensamiento rigurosamente moderno de Daniel Santoro, prosecretario de redacción del equipo
de investigación de Clarín; "El periodismo es búsqueda", dice, y nosotros estamos de acuerdo.
Un paso adelante
A hacer periodismo también nos dedicamos, sobre la exposición nítida de propósitos. Ésta es una revista de causas
y de convicciones y una de ellas es regular el enorme poder que tienen los medios, en especial los electrónicos.
Reconocemos sin atajos verbales como un avance, si bien incipiente, el convenio que el 3 de octubre
firmó Televisa con el IFE para transparentar el gasto de los partidos en campaña y lo reconocemos por las virtudes que
en sí mismas tiene, sería
ridículo si no, cuando esta publicación ha pugnado por la claridad en las tarifas que
las televisoras dan a los partidos. Valoramos también el convenio precisamente porque enseña que Televisa es
obstáculo de la democracia pues, en un contexto legal distinto al que ahora hay en materia de medios, aquel convenio
sería innecesario.