La nueva alfombra mágica

Raúl Trejo Delarbre


Capítulo 1
Globalización por Internet

 

Nacionalismo atrofiante y
cosmopolitismo impasible

Es imposible encontrar hoy en día una sola nación en donde no haya alguna presencia del capital trasnacional. Es difícil mencionar una sola en donde los negocios articulados en la red mundial a la que alude el ya citado Robert Reich sean ajenos a los cambios sociales y políticos, o a la resistencia respecto de ellos. Ese autor identifica dos reacciones frecuentes a propósito de la internacionalización que abarca zonas más allá de la economía. Se trata de actitudes delante de la globalización, que se reproducen en la propagación de una suerte de nuevo cosmopolitismo en virtud de la exposición a las redes de comunicación.

Una de ellas, dice Reich, es el "nacionalismo de suma-cero" que pretende oponer todos los recursos de un pueblo contra el avance de fuerzas culturales y económicas externas, en un modelo maniqueo: o ganan ellos todo, o nosotros lo ganamos todo. Los fundamentalismos, antiguos y nuevos, descansan en parte en lógicas como ésa, habida cuenta de su complejidad (siempre teñida de irracionalidad) política, étnica, territorial y sobre todo espiritual o religiosa. Ese nacionalismo desenfrenado, aparentemente estaría condenado a desaparecer precisamente con la irrupción de las nuevas tecnologías de comunicación que, en pocos años, están haciendo por la internacionalización de las relaciones humanas lo que no lograron varios siglos de viajes, dominaciones, simbiosis y desaveniencias políticas y culturales.

Sin embargo, la persistencia de signos de obstinación, a veces articulados con reacciones y movimientos incluso de legítima defensa por parte de comunidades y pueblos enteros que cobijan sus reivindicaciones en banderas nacionalistas, permite suponer que a ese tipo de expresiones les resta todavía un ancho aunque tal vez desafortunado camino en el futuro inmediato. Las tecnologías de comunicación instantánea, inclusive, llegan a reforzar expresiones de dicho nacionalismo: ese es un uso que se les da a los Tableros de Noticias que, en la Internet, están dedicados a naciones y culturas muy específicas.1

La otra reacción frecuente ante la internacionalización es la de quienes Reich denomina cosmopolitas impasibles: se trata de los ciudadanos del mundo que viven tan empapados de asuntos contemporáneos que no logran tomar distancia para evaluar qué importa y qué no, o para entender algo más allá de la sucesión vertiginosa de hechos que sienten deben conocer aunque no se consideren igual de comprometidos a comprender. "Lo que compartimos con los otros, nada menos que nuestra humanidad, puede ser insuficiente para inducir un mayor renunciamiento. El consultor de management que vive en Chappaqua y viaja todos los días hasta Park Avenue, donde negocia --en un rascacielos de cristal y acero-- con clientes de todo el mundo, puede sentir un poco más de responsabilidad hacia una familia indigente que vive a 5000 kilómetros en el Este de Los Angeles que hacia una pobre familia de mexicanos que viven a la misma distancia en Tijuana, pero esta medida de la afinidad puede no ser suficiente para orientar sus energías o recursos. Un ciudadano del mundo, como este consultor de management, puede no sentir un vínculo personal con ninguna sociedad".2

Además, en la forma de acceso a las nuevas tecnologías se reproducen las diferencias que ya existen en la condición social, así como en la percepción global de quienes reciben los mensajes de los nuevos medios. Es posible, siguiendo el ejemplo anterior, que el consultor neoyorquino vea los mismos programas de televisión que la familia pobre de Los Angeles y que, incluso, esas señales sean también recibidas por los mexicanos al sur del Río Bravo. Pero la exposición de los mismos mensajes no necesariamente crea reacciones similares y, desde luego, no modifica por sí sola la condición social de los habitantes de este mundo. Por otro lado, la irrupción de novísimas tecnologías, especialmente aquellas que se transmiten por fibra óptica para conducir mensajes cibernéticos, ofrece la posibilidad no sólo de que los usuarios reciban mensajes sino de que puedan responder instantáneamente a ellos, o que estén en capacidad de elegir qué tipo de contenidos desean recibir.

Las brechas sociales que ya existen tenderán a profundizarse en la medida en que un segmento minoritario de la humanidad tenga acceso a la superautopista de la información, en tanto que el resto, si bien conectado a la industria de las telecomunicaciones, reciba solamente programas para las masas. El especialista Stewart Brand, que ha desarrollado una conocida labor para divulgar los avances en la investigación de las nuevas tecnologías, ha escrito en un libro que reseña los logros del Media Lab, el Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en donde se exploran las posibilidades de la comunicación:

"Para como se están poniendo las cosas, las naciones del Tercer Mundo están destinadas a obtener comunicaciones primarias por satélite, en tanto que las naciones opulentas estarán conectadas por fibra óptica. Las audiencias de los satélites serán receptoras más pasivas de señales más tenues, porque los satélites son casi enteramente para transmisión en un sólo sentido: hacia abajo. Las audiencias de la fibra óptica podrían ser más interactivas, en términos del Media Lab, con señales más ricas. El pasivo se volverá más pasivo, el activo más activo, en un vistazo general de cada uno. Eso podría ser motivo de violencia. Las tecnologías de las nuevas comunicaciones son dinamita política."3

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Notas

1Por ejemplo, entre muchos otros similares están los Grupos Usenet (una de las áreas inicialmente más concurridas de la Internet) con denominaciones como "soc.culture.indian.telegu", "soc.culture.romanian", "soc.culture.slovenia", "soc.culture.tamil", etc., destinados exclusivamente a discutir e intercambiar opiniones e información sobre esos pueblos o comunidades.

2Robert Reich, El trabajo de las naciones. Hacia el capitalismo del siglo XXI. Traducción de Federico Villegas. Vergara, Buenos Aires, 1993, págs. 299-300.

3Steward Brand, The Media Lab. Penguin Books, Nueva York, 1988, pág. 244. Versión en castellano: El laboratorio de medios, Fundesco, Madrid, 1989.

 


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