La nueva alfombra mágica Raúl Trejo Delarbre
Capítulo II
Nuevas realidades.
Un perfil del poliédrico ciberespacio
3. Academia en red La investigación académica, que fue el origen de Internet, sigue siendo quizá el motivo más sólido que justifica el gasto y el esfuerzo invertidos en la red de redes. La asistencia a la biblioteca y la hemeroteca está siendo sustituida por la consulta electrónica. Hay bancos de datos e incluso redes enteras especializadas (por ejemplo en biología, que es una de las áreas en donde la academia está más entrelazada con y por Internet) a través de las cuales se consigue que la creación del conocimiento pueda ser evaluada, discutida y, simultáneamente, propagada al instante.
Hay al menos cinco observaciones que se pueden hacer al respecto. En primer lugar, resulta de enorme utilidad contar con acceso a bancos de datos nacionales e internacionales. Allí hay dos grandes opciones posibles. En la primera de ellas es posible acudir a localizadores (como, por ejemplo, el sistema Yahoo de la WWW, considerado el índice de índices) en donde mientras más específica es la consulta, más precisos son los sitios a donde se conduce al inquisitivo cibernauta. De esa manera, se obtiene el dato concreto, duro, lo cual constituye un enorme avance en comparación con las farragosas búsquedas que el investigador solía emprender en el tradicional material bibliohemerográfico.
Pero de esas indagaciones, a menudo se derivaban hallazgos no previstos, el dato serendipiti que es como se denomina al que surge en medio de la información, o a partir de la reflexión y el cotejo de otros datos, sin que haya sido buscado de manera deliberada. No tiene por qué ocurrir así, pero existe la posibilidad de que la imaginación, la creatividad y hasta la casualidad que son parte de los recursos, o de las ayudas en el proceso habitual de investigación científica, queden desplazados ante la rigidez de la búsqueda específica.
El conocimiento, así automatizado, perdería la riqueza que resulta de los procesos de pensamiento y creación que la humanidad ha practicado desde hace centurias. No queremos exagerar el riesgo de perder esa versatilidad, pero sí señalar ésa, entre las limitaciones que impone la pesquisa automatizada de datos: es posible que ganemos una extraordinaria cantidad de tiempo en el proceso para tener una información específica, pero la investigación puede volverse entonces un rastreo de datos tan concretos que entonces el conocimiento tendería a reducirse a una suma, si bien cuantiosa, de informaciones fríamente acumuladas.
La segunda posibilidad para reunir información en las redes es la búsqueda que resulta de ir expurgando en uno y otro sitio, el browsing como se le dice en el término en inglés que no tiene traducción específica. Con ese método, más lento pero más enriquecedor, el investigador tiene oportunidad de reeditar la posibilidad del dato serendipiti. Ese encuentro aleatorio es propiciado, además, por la posibilidad de brincar entre uno y otro sitio, especialmente en la WWW a través de las ligas que se establecen para acudir de un documento a otro.41
Otra consecuencia posible, en un terreno que de tan nuevo aún no tiene pautas claras, es que la tentación por incorporar conocimientos a la red, para que sean conocidos por otros colegas, lleve a propagar datos no siempre acuciosamente verificados, u opiniones apresuradas. Para un académico, publicar sus conclusiones en una revista especializada exige un proceso de preparación, a veces injusta y desesperantemente largo, pero que por ello obliga a la reflexión y la precaución. En cambio, no hay trámite alguno para sumergirse, con todo y datos e interpretaciones, en un foro de intercambio con otros colegas. Esta posibilidad de ejercicio de la comunicación y, así, de la libertad académica, quizá está por ser puntualmente evaluada en los centros de investigación en todo el mundo. En todo caso, puede considerarse que la capacidad articuladora del conocimiento que acaso tienen las redes, no se pondrá en acto si no es de manera deliberada. Hay intentos, por ejemplo, la creación de Red UNAM en la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde los principales institutos del área de ciencias básicas tienen sus propios servidores y páginas en la WWW al menos desde comienzos de los años noventa pero, sintomáticamente, no ocurre lo mismo con las dependencias académicas del área de ciencias sociales (en donde quizá por la tardanza en la incorporación a las nuevas tecnologías, muchos investigadores y profesores no estaban tan familiarizados con la computadora). Otra experiencia es el proyecto de la Fundación Nacional de Ciencias en los Estados Unidos, que hacia 1994 comenzaba a establecer una red para conectar a los bancos de datos de universidades estadounidenses con instituciones de América Latina, "así, ingenieros y científicos (de ambos sitios) compartirán información sobre la red de datos de la Internet".42
En tercer lugar y aunque sea una obviedad --tan grande que la repetimos más adelante-- hay que tomar en cuenta la disparidad de recursos que existen, también en la investigación científica, entre los países más desarrollados y los que apenas apuntan hacia esa situación. Los nuevos recursos tecnológicos, junto a sus efectos (con limitaciones) democratizadores de la información, tienen los de acentuar la disparidad que ya existe en el desarrollo del conocimiento.
Una cuarta apreciación: en las redes de información se puede divulgar el conocimiento. Pero éste no se genera allí. La SAI es un instrumento, no un sustituto para la compleja tarea de experimentar, evaluar, comparar y obtener conclusiones en el proceso de investigación científica. No hay que confundir el foro con lo que se puede decir y, en este caso, transmitir en él.
Y gracias, al mismo tiempo que pese a todo ello, es significativo cómo ha sido en las comunidades académicas en donde con mayor entusiasmo, sobre todo en su década inicial, se ha consolidado, en esta fase, la red de redes de comunicación electrónica. La mayor parte de los boletines y foros de Internet fueron creados y han sido sostenidos por estudiantes y profesores de las disciplinas más variadas. No puede decirse que en todos los casos esta compulsión comunicativa haya tenido efectos directos en la creatividad académica, artística o científica. Pero los efectos indirectos no son despreciables. Un entusiasta ejercicio para un intercambio de opiniones con una facilidad e incluso una libertad que no son frecuentes en otros espacios ha permitido un flujo de opiniones que es parte de la experiencia democrática reciente en numerosos países. Quizá esta posibilidad, con el crecimiento mismo de las redes, tienda a quedar limitada a partir de la comercialización de algunos de tales espacios.
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Notas41El maestro Juan Voutssas, del Centro de Información Científica de la UNAM, me hizo las observaciones que aparecen en este párrafo.
42Gary Stix Paul Wallich, "A digital Fix for the Third World?", en Scientific American, Special Issue. The Computer in The 21st. Century, Nueva York, 1995, pág. 43.
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