La nueva alfombra mágica Raúl Trejo Delarbre
Capítulo II
Nuevas realidades.
Un perfil del poliédrico ciberespacio
Diversidad, negocio y monotonía en la SAI Las redes privadas, ya mencionadas antes, constituyen la manera técnicamente más sencilla, aunque financieramente más costosa, para que centenares de miles de ciudadanos se incorporen a la superautopista informativa. A través de ellas es posible comercializar acciones en Wall Street o en Tokio, entrar al banco de datos de The New York Times o discutir con los editores de la CNN, reservar boletos de avión, conocer recomendaciones gastronómicas, enfrascarse en una partida de ajedrez o de Nintendo con un rival del otro lado del planeta, enviar faxes, recibir correo electrónico, participar en foros de temáticas profesionales, políticas, religiosas o de prácticamente lo que se nos pueda ocurrir, e incluso más. Los foros en estas redes, como en la misma Internet, constituyen los espacios más vitales y quizá también, en su acentuada especialización, los más ensimismados en el espacio cibernético de nuestros días.
Parodiando, pero describiendo, podría decirse que cada loco con su foro, a partir de la multifacética colección de temas que es posible encontrar en estos servicios. Y no exageramos: hay foros sobre vinos, películas o peces tropicales, meteorología, heráldica y demografía, estudiantes de nivel básico y gente de la tercera edad, literatura y aviación... Las redes se retroalimentan, y promueven así una más acentuada enajenación en torno a sí mismas y las sofisticaciones que las hacen posibles y las rodean, con centenares de foros sobre cada vertiente imaginable del uso, la comercialización y la invención de computadoras. Foros sobre sistemas operativos y ofertas laborales, software y hardware por épocas, marcas, modelos o utilidades, foros acerca de virus y laptops, manuales y consejos, multimedia y ciberprácticas se despliegan en el espacio sin embargo ilimitado, o casi, del intercambio de experiencias de usuarios, expertos, aficionados y curiosos. Se estima que, tan sólo en el foro Usenet, de Internet, hay unos 10 mil grupos de interés (newsgroups).25 Un periodista que se adentró por primera vez en el espacio cibernético consideraba que los foros son "la tierra prometida para los antropólogos aficionados: nunca ha existido una manera de obervar a la gente y a los grupos, tan acuciosa y tan entrometidamente".26
A partir de la fascinante novedad que constituye el torrente de información posible en esta colección de redes, pero sobre todo reconociendo que allí hay una interesante posibilidad para el desarrollo de la industria de la informática, el actual gobierno de Estados Unidos decidió hacer de la expansión de este sistema, o de este concepto, uno de sus proyectos estratégicos. La superautopista de la información la denominó, con calculado entusiasmo, el vicepresidente Albert Gore, quien reconoció que en estas tecnologías y sus posibilidades se encuentra "el mercado más importante, y más lucrativo, en el siglo XX".
El concepto de autopista remite a una vía con puntos de salida y llegada, a un espacio cerrado pero, también, a un canal de ida y vuelta, así como a un espacio libre, aireado. Internet y el resto de las redes de información tienen mucho de flexibilidad en tanto que no están sometidas a controles políticos, si bien la insistencia para privatizar algunos de sus afluentes resulta cada vez mayor. Quizá, más bien, es preciso hablar de un supermercado. Un espacio flexible y expandible (en constante crecimiento) de interacciones múltiples en donde hay una concurrencia amplia además de, como ya comentamos, exponencialmente creciente. Más que superautopista, todavía tenemos caminos vecinales, realmente modestos en comparación con lo que puede llegar a ser, en el mediano plazo, un enorme y cada vez más complejo sistema de intercambio de datos.
Ese mercado de la información funciona con sus propias reglas. Hay cuotas, como en cada autopista privatizada. El acceso a Internet ya puede lograrse en varios países, para particulares, a través de un cargo al que es preciso añadir el costo de las tarifas telefónicas. La conexión a través de universidades se apoya en fondos públicos o a cargo de cada institución. Las redes privadas (America On Line y otras más) tienen sus propios precios.
Pero las cuotas en la superautopista, o el supermercado de la información, son vastas y diferenciadas, a veces según los destinos específicos que elijamos, o sobre todo de acuerdo con el tiempo que mantengamos nuestro tránsito en ellos. A diferencia de la carretera lineal, en donde nuestros automóviles van de un punto específico a otro, el recorrido por el espacio cibernético suele ser divagación en direcciones múltiples. No se viaja de una coordenada a otra, sino dentro de ese mismo espacio: al interior de cada sistema, de cada foro o cada software. Y ese tránsito no es cerrado. El usuario, o cibernauta como se le ha llamado, puede viajar de un archivo a otro, de uno a otro foro electrónico.
En Estados Unidos, de acuerdo con una encuesta levantada en marzo de 1995, en 45% de los hogares había al menos una computadora, en 26% el equipo incluía módem, en 17% CD ROM y en 11% se contaba con suscripción a alguno de los servicios en línea.27 De acuerdo con esa misma fuente, 46% de los estadounidenses adultos estaban familiarizados con la superautopista de la información y 13% decía saber qué es la World Wide Web. El 69% consideró que la SAI hará que la vida sea mejor (11% dijo "peor") pero solamente 46% consideró que la superautopista hará la vida más simple (37% dijo que la vida será más complicada con el acceso a esa nueva tecnología.28
Poco después, la empresa Nielsen levantó una encuesta según la cual, 17% de los estadounidenses y canadienses mayores de 16 años habían tenido acceso a la Internet. Esa cantidad significaba 37 millones de personas. De ellas, 24 millones habían usado Internet al menos una vez en los tres meses anteriores.29 El estudio de Nielsen fue auspiciado por la empresa CommerceNet, a la cual le interesaba demostrar que una gran cantidad de adultos visita el ciberespacio, de tal suerte que ésa es una opción atractiva para la publicidad y la venta de productos.
Sin embargo, poco después otra investigación desmintió, o al menos acotó, los datos de Nielsen. La firma FIND/SVP, una empresa consultora y de estudios de mercado, señaló después de una nueva encuesta que, en realidad, los estadounidenses que usan la Internet eran, a comienzos de 1996, 9.5 millones, de ellos 1.1 millones menores de 18 años.30 En lo que sí había coincidencia era en el aumento acelerado de usuarios y recursos de acceso a las redes. El 51% de los encuestados manifestó que su primer acercamiento a la Internet había ocurrido apenas durante 1995.
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Notas25Rick Ayre, op. cit.
26Robert Wright, "Overhearing the Internet", texto ubicado en Compuserve, abril de 1995.
27Encuesta CNN/Time, "Cyberspace", 11 de marzo de 1995. Encuesta levantada entre 800 estadounidenses adultos, según una muestra representativa. Bajada del Foro CNN de Compuserve.
28Ibidem.
29Estudio de Nielsen y CommerceNet sobre la Internet, noviembre de 1995. Datos bajados del foro Journalism de Compuserve.
30"El uso personal de Internet supera el empresarial en EU", cable de Business Wires en Excélsior, México, 15 de enero de 1996 y "9.5 millones de estadounidenses usan Internet", cable de Reuter en El Economista, México, 25 de enero de 1996.
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