La nueva alfombra mágica Raúl Trejo Delarbre
Capítulo II
Nuevas realidades.
Un perfil del poliédrico ciberespacioAladino, en la película de ese nombre y en una actualización con ligeras licencias respecto de la historia clásica, encuentra la alfombra que, mágicamente, lo transporta a cualquier lugar que desee ir, de manera instantánea y sin esfuerzo. Adónde viajar, y para qué, se convierten en nuevos dilemas, secundarios ante la posibilidad que le ofrece el genial vehículo. Así también, el moderno equivalente de la alfombra de Aladino puede ser la mezcla de recursos que convergen en la nueva comunicación electrónica. Hoy en día, podemos transportarnos por el mundo sin salir de nuestra ciudad e, incluso, sin dejar nuestra casa. La computadora se ha convertido en el genio, el tapete y a veces incluso, en el destino mismo de los nuevos viajes cibernéticos.1
La información magnética, junto con los recursos de la telefonía, el video, las fibras y los lectores ópticos, el módem y los satélites, está propagando lo que se ha convertido, al mismo tiempo, en el acontecimiento cultural y en la industria de mayor expansión en el mundo, al filo del siglo. La información electrónica no es únicamente recurso de apoyo, sino una nueva forma de quehacer cultural en sí misma. Bancos de datos y foros de discusión sobre cualquier tema imaginable --o casi--, transacciones financieras y consultas educativas en donde las lejanías geográficas son sólo un dato estadístico, ejercicios del ocio y opciones laborales a distancia, películas a domicilio, videoconferencias trasatlánticas, compraventa de los más variados servicios y posibilidad de interactividad entre el usuario individual y la red a la que se encuentre conectado, complementan el panorama de una colección de opciones que trasciende ramas industriales, experiencias profesionales y fronteras nacionales. La telefonía, en simbiosis con la computación, lleva a cualquier sitio la presencia contemporánea de la información a raudales. Tecnología, negocios y cultura se articulan hoy en la construcción, aún incipiente, de la que ha sido considerada como la superautopista de la información.
Como Aladino, cuando nos conectamos al sistema de redes de información electrónica podemos divagar fascinados en nuestra alfombra mágica, pero corremos el riesgo de perder el rumbo, o de no entender para qué nos sirve tanta maravilla. También es posible que nos limitemos a navegar en la alfombra electrónica sin reparar en costos, o suponiendo casi que las bondades de la tecnología nos resultan accesibles por arte de magia.
Las nuevas tecnologías, en este caso autopropagadas por las redes cibernéticas y los medios de comunicación convencionales, se vuelven necesarias no sólo en virtud de sus utilidades peculiares sino también a partir de requerimientos específicos que ellas mismas crean, difunden y establecen. Aunque sea un lugar común vale decir (porque a veces no lo es tanto) que las tecnologías no son inocuas: tienen usos y llegan a ser vehículos de abusos. Son instrumentos de extensión y dominación, de civilidad y dilemas para cada nación y cada cultura, como hemos querido enfatizar en el capítulo anterior. Al filo del final del siglo, el empleo de las redes de información se está volviendo una necesidad --o al menos hay la tendencia a pensarlo así-- para que las naciones, las empresas y los individuos estén sintonizados con la modernidad, o con las imágenes que de ella se tienen con más frecuencia. Las nuevas tecnologías son parte del proceso de dominación-apropiación que suele existir en las relaciones económicas (y políticas incluso) en el entorno internacional que tenemos en esta era de la globalización. Sirven para usos específicos, de la misma forma que a partir de tales usos se les propaga como indispensables, aunque en ocasiones no tengan la misma utilidad práctica para todos los países o en todas las circunstancias. En los países en desarrollo es preciso tener en cuenta saber para qué sirven y para qué no esas nuevas tecnologías. Pero también, es necesario no quedarse en el discurso --catártico, más que crítico-- que al insistir en el reforzamiento de la dependencia y la imposición de criterios no necesariamente identificados con las prioridades sociales de cada nación, llega a ser paralizante al proponer una suerte de autismo tecnológico. En el caso de las redes de comunicación cibernética, en América Latina esa parálisis ya no es posible por la sencilla circunstancia de que ya se encuentran entre nosotros y, en ocasiones constituyen poderosas fuentes de atracción financiera, cultural, profesional e incluso política. En estas páginas exploramos algunas de las implicaciones que para la cultura latinoamericana puede tener el desarrollo de la información electrónica, así como varios de los muchos retos --habitualmente no atendidos-- que supone para las políticas nacionales y de eventual cooperación entre sociedades y gobiernos.
Internet, red de redes en la superautopista informativa
Merced a las redes de información electrónica podemos enterarnos, educarnos, disiparnos, arruinarnos incluso si no cuidamos nuestras tarjetas de crédito. La más amplia de tales redes, como es bien sabido, es Internet, que conecta a millares de centros universitarios (y, cada vez más, también comerciales, gubernamentales y de la más variada índole) en todo el mundo pero a la que tienen acceso, en un ritmo que aumenta geométricamente, varias decenas de millones de usuarios. Internet nació a mediados de la década de los setenta, como resultado del interés del Departamento de Defensa de Estados Unidos para interconectar varias redes por medio de satélite y radio. Se buscaba mantener una red de información, sobre todo con fines de investigación militar pero además pensando en la eventualidad de una interrupción súbita de las comunicaciones, por ejemplo, en caso de una crisis bélica. La red creció y pronto fue dominada por la información que fluía de y hacia las universidades.2 El primer paso había sido, en 1969, la creación de ARPANET por parte de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados del Departamento de la Defensa (Advanced Research Proyects Agency). La red, con el propósito de facilitar el trabajo de investigadores universitarios que estuvieran al servicio del Departamento de Defensa, conectaba a las computadoras de cuatro instituciones académicas: UCLA, el Instituto de Investigaciones de la Universidad de Stanford, la Universidad de Utah y la Universidad de California en Santa Barbara.3 La red creció, hasta que en 1983 fue denominada, aún con funciones militares, MILNET. Entonces, "sucedió algo extraño: más que una vía para enviar archivos técnicos o documentos científicos, la red se convirtió en un medio de comunicación. En sus márgenes... comenzó a desparramarse una nueva cultura". Pronto, dice una crónica de ese desarrollo, la red estuvo más dominada por "un espíritu como de Woodstock, incorporando el respeto al bien común con los derechos individuales de expresión".4 Así fue como se desarrolló no sólo una red sino, en sentido estricto, una enorme colección de ellas, todas interconectadas en lo que ha sido llamado como el sistema Internet.
Hoy en día, Internet no depende de una sola institución y su funcionamiento descansa del esfuerzo conjunto de centenares de sistemas de información que concurren en esta que, así, puede ser llamada "red de redes". Su financiamiento ha dependido sobre todo (aunque cada vez menos) de fondos públicos en Estados Unidos, si bien ya no puede decirse que sea una red exclusivamente de ese país. Al contrario, si algo ha distinguido a la red de redes en su desarrollo entre los años ochenta y noventa es su creciente diversificación lo mismo temática, que geográfica. De hecho, Internet puede ser considerada como omnitemática, en tanto que en ella caben todos los asuntos, todos los problemas, de la misma forma que es posible denominarla como a-geográfica en vista de su capacidad para rebasar fronteras y, de hecho, construir su propia topografía. El directorio de sitios destacados en la Internet, que de ninguna manera es exhaustivo, denominado The Internet Yellow Pages, tiene 800 páginas en su edición 1995. Los editores presumen de haber impreso más de 700 mil ejemplares.5
Un problema para describir a la red de redes, como también podemos llamarla, es la heterodoxia de su funcionamiento. No hay nada parecido a ella: Internet no tiene un centro que la controle ni depende de un gobierno o una institución ni cuenta con un solo eje. Sólo de manera metafórica, pero forzada, se la puede comparar con una telaraña, en vista de que no hay un punto de convergencia de sus millares de hilos invisibles. Más bien, quizá, se la podría considerar como una especie de enorme y creciente océano, en el donde confluyen numerosos riachuelos pero con la diferencia de que quien incursiona en el mar que es Internet puede quedarse con un chorrito de la información que hay allí, o empaparse, incluso hasta ahogarse, en dosis inconmensurables de datos de toda índole.
Otro problema para describir a Internet es la velocidad con que crece. Cuando se tiene un dato, comienza a ser obsoleto. La des-centralidad con que funciona, junto con la espontaneidad con que es posible que proliferen las conexiones a la red de redes, hacen de Internet, un espacio denso, concurrido y heterogéneo, a la vez que maleable y en constente crecimiento. De esta manera, podemos decir que para fines de 1994, Internet tenía al menos 12 mil redes de computadora, interconectadas en todo el mundo, aunque en esas fechas había quienes estimaban que eran 20 mil. A esas redes podían tener acceso unos 31 millones de personas, en agosto de 1994. Se estimaba que esa cantidad crecía a un ritmo de 15 por ciento ¡cada mes!6
Las tasas y los datos sobre la expansión del ciberespacio, así como del número de usuarios, suelen ser discutibles e incompletas. El crecimiento es tan rápido que no siempre los estudiosos de estos asuntos tienen oportunidad de registrar nuevas redes y sitios en la Internet. De cualquier manera, a comienzos de 1996 se calculaba que ya había más de 50 mil redes entrecruzadas en la Internet, más de la mitad de ellas de Estados Unidos.7 Una red es un sistema autónomo de computadoras interconectadas entre sí, para la transferencia de datos. La Internet, vale la pena recordarlo, es una red de redes.
La fascinación que la Red --con mayúscula-- suscita, llega a ser irresistible. Se han ponderado sus bondades para la enseñanza, los negocios y el entretenimiento, pero sobre todo se ha vuelto signo de contemporaneidad la membresía a Internet, o a alguna de sus redes similares o subsidiarias. "Usted querrá estar allí dentro, porque es la cosa más cercana que tenemos a una sociedad completamente cableada por dentro", se ha dicho.8
¿Qué es Internet? En este libro no pretendemos detenernos en la explicación de cómo funciona, o qué perspectivas técnicas tiene la red de redes, pero sí consideramos útil reconocer la dificultad que su complejidad, junto con sus singularidades en términos de comunicación y de cultura, implican para precisar qué es y qué no es. Ni siquiera los expertos aciertan, o coinciden, en una sola definición:
"Es todo y es nada. La palabra Internet es como decir 'sistema telefónico'. Veamos. Un aparato de teléfono no sirve absolutamente para nada, si no está conectado a la red pública, es decir, al sistema telefónico internacional. En forma semejante, la palabra Internet es como indicar 'el conjunto de computadoras que se encuentran conectadas alrededor del mundo' y sólo le servirá si se puede enlazar desde otra computadora... Es un concepto, más que un producto o servicio."9
Internet, para decirlo de manera de todos modos críptica, es la infraestructura en la cual se asienta, se reproduce y extiende, el ciberespacio, es decir, el espacio (o la colección de espacios) creados por la comunicación entre computadoras. Ese ciberespacio, en otras palabras, "es un término acuñado por el escritor William Gibson en su novela de ciencia ficción Neuromancer, a partir del cual se designa el espacio conceptual en donde palabras, relaciones humanas, datos, prosperidad y poder, son manifestadas por la gente empleando tecnología de comunicaciones a través de computadoras".10 Allí se relatan los viajes cibernéticos de una suerte de cowboy postmoderno.
Gibson escribió su ahora célebre novela en 1983, en Vancouver.11 Además, es autor de un relato breve llamado Cyberpunk, a partir del cual se filmó la película Johnny Mnemonic. De ese autor se ha dicho que es "uno de los primeros escritores que imaginó un mundo de redes mundiales de computadoras, piratas informáticos, virus, programas de ordenador copiados ilegalmente y dinero electrónico".12 Es decir, el panorama del que es preciso ocuparse cuando hablamos, o escribimos, acerca de Internet.
Ese concepto está significando una posible revolución en las formas de hacer cultura y en las costumbres para la educación y la información en el mundo. Es una transformación quizá menos profunda, y menos rápida, de lo que a menudo desde el llamado primer mundo se piensa. Pero, indudablemente, se trata de una serie de cambios con una importancia mayor a la que habitualmente se le confiere en los países en desarrollo, que todavía suelen llegar tarde al aprovechamiento de los nuevos recursos tecnológicos.
Sobre todo, la preocupación por el pobre y habitualmente desenterado uso que hay en los países latinoamericanos de las posibilidades de Internet, aumenta debido a dos agravantes, o ventajas, según se les vea. Una de ellas, es la aparentemente irreversible tendencia a la privatización del ciberespacio. La otra es la diversificación de los instrumentos para navegar en las redes, que constantemente aumentan no sólo la cantidad de información que se encuentra en ellas sino también las modalidades en que esa información se presenta.
Vamos por partes. La ruta privatizadora se desarrolla, por un lado, a la par que las corrientes que en todo el mundo pugnan por una desestatización en todos los órdenes (en el capítulo cuarto de esta Libro, abundamos sobre dicho tema) y en la medida en que crecen las áreas comerciales, a cargo de empresas privadas, en el espacio cibernético. Internet, como hemos dicho, surgió de un proyecto del gobierno estadounidense y luego las universidades se apropiaron de ella. Su financiamiento, en toda esa fase que hay entre, aproximadamente, 1985 y 1995, es casi completamente público; a veces gracias a subsidios directos y en otras, con apoyos indirectos, a través de instituciones académicas. Pero al mismo tiempo se han extendido áreas creadas, y administradas, por empresas comerciales.
Como partes singulares de Internet --e incluso en algunos casos como vías para entrar a esa Red de Redes--, existen redes privadas, de acceso por suscripción, como Compuserve, Delphi, America on Line, Spin y Prodigy, entre otras. Es decir, un usuario puede entrar a Internet a través de una institución pública o académica, o a través de un servicio comercial que le cobrará una cuota de acuerdo con el tiempo de conexión que mantenga y la índole de la información que requiera. Pero además, conforme los espacios en Internet se han diversificado, cada vez hay más áreas destinadas ya no sólo a intercambiar información y experiencias científicas o gubernamentales, sino a proporcionar entretenimiento, facilitar negocios o hacer compras en los órdenes más diversos.
Todo ello ha precipitado, en la práctica, la privatización de las redes. Especialmente, en Estados Unidos el gobierno reconoce que sirvió para impulsar el despliegue de las redes, pero ha emprendido una paulatina y definitiva retirada. Se trata de un proceso sin retorno: "En 1990 se decidió eliminar la obligación de contar con apoyo gubernamental para poder conectarse a Internet, dando comienzo así a un periodo de extraordinario crecimiento de la red, gracias al inicio de las actividades comerciales a través de ésta. De 159 mil computadoras que en 1990 estaban conectadas a Internet, ascendieron a un total de 3 millones 864 mil hacia finales de 1994".13
Para fines de 1994, como mencionamos antes, se calculaba que había al menos 30 millones de usuarios conectados a Internet. Se ha estimado que serán 550 millones para el año 2 000. Estos datos, como hemos mencionado, son cambiantes y difíciles de evaluar porque la Internet no tiene un centro organizador ni cuantificador. En todo caso, hay un desarrollo permanente de nuevos espacios y usuarios. Además del crecimiento en intercambio de opiniones transcontinentales y trasatlánticas, de la expansión en las oportunidades de divulgación, discusión y capacitación, así como de simple comunicación en todos los órdenes, esa expansión significa más negocios y ventas: dinero contante y sonante.
Los aproximadamente 30 millones de usuarios que se consideraba existían al terminar 1994 representaron un gasto de, se calcula, unos 150 millones de dólares. Ese sería el costo que se pagó por derechos de conexión, relativamente baratos porque en su gran mayoría fueron a servicios y a través de redes no mercantiles. Sin embargo, el mercado comercial va creciendo en la medida en que aumentan los usuarios de los servicios privados y al tiempo que, además, las redes hasta ahora fundamentalmente públicas comienzan a privatizarse.
De esa manera, se ha dicho que los posibles 550 millones de usuarios en el 2000, que está literalmente a la vuelta del calendario, quizá signifiquen erogaciones --es decir, negocios para quienes cobren gastos por conexión y servicios en red-- por unos 2 mil 500 millones de dólares.14 Eso, por lo que toca al gasto en conexión. Además, se prevé que el mercado en sistemas para estar en Internet (software y equipos de comunicación) ascienda, de 150 millones de dólares en 1994, a mil 600 en el 2000. Y el costo de suscripciones y cuotas a los servicios privados aumentaría de 60 a 750 millones de dólares en el mismo lapso.15
Sin embargo, esta evaluación tiene que ser tomada como provisional. La cantidad de ciudadanos conectados a las redes tiende a crecer quizá de manera más lenta que las previsiones de los expertos en la Internet y, por otro lado, la imaginación de los promotores de los servicios comerciales va a la par que la capacidad de dilapidación de los usuarios de tales conexiones.
Otra manera de medir el crecimiento de la Internet es el aumento de los hosts, o anfitriones, que son las computadoras que se encuentran permanente y directamente contectadas a la Red, como una parte de Internet y a través de un domicilio específico. En esa definición no se incluye a las computadoras que son parte de redes periféricas, como los servicios comerciales en línea. A mediados de 1995 se estimaba que había 5 millones de hosts enlazados con Internet. Para el otoño de ese año éstos ya eran 6.6 millones, de acuerdo con una investigación propagada por la Internet Society. Se apreciaba "una fuerte tasa de crecimiento exponencial, pero con un pequeño decremento" respecto de las mediciones anteriores. Tomando en cuenta ese aumento, así como la experiencia de años previos, se estimaba que para el final de la década podría haber 101 millones de computadoras funcionando como anfitriones de y en la red de redes.16
De la misma manera que la Red crece, también las referencias a ella en los medios de comunicación aumentan de manera vertiginosa. Ya es frecuente que se hable de la Internet en todos los círculos sociales, aunque no siempre se sepa bien a bien de qué se trata. Cada vez son más los artículos en la prensa, e incluso los espacios fijos dedicados a la cibercomunicación. En junio, julio y agosto de 1994, los principales diarios de Estados Unidos publicaron 173 relatos mencionando a Internet, en comparación con 22 del año anterior. Eso indicaba la base de datos en línea Nexis, que también forma parte del ciberespacio.17
Hasta comienzos de los años noventa, el espacio más concurrido en la Internet eran los Tableros de Noticias, o Newsgroups, en el área denominada Usenet. Esos Tableros eran el espacio más característico de Internet: centenares o millares de usuarios, coincidían en torno a un tema específico que podía ser la política exterior estadounidense, o la afición por las pipas y los puros, o alguna preferencia sexual, política o religiosa muy concreta.
La afinidad temática era el eje para que sus visitantes intercambiaran información y entablasen discusiones (a veces notoriamente vivaces y hasta enconadas) sobre el asunto que los congregaba. El texto, habitualmente breve, que un usuario ponía en el tablero era contestado por otros más y, así, se formaba una cadena casi siempre de una docena de mensajes pero, en ocasiones, de varios millares. Ese es un Boletín de Avisos, o de Noticias como también se les llama. Los lugares más concurridos, de acuerdo con un trabajo reciente, han sido de noticias para nuevos usuarios, mercadeo, ofertas de trabajo, sexo y humor.
Los diez newsgroups más populares
(número estimado de participantes)1. news.announce.newusers
280 0002. misc. forsale
250 0003. misc.jobs.offered
240 0004. news.answers
220 0005. alt.sex
180 0006. rec.humor.funny
160 0007. alt.binaries.pictures.erotica
150 0008. rec.arts.erotica
150 0009. alt.sex.stories
130 00010. alt.sex.bondage
110 000Información de Harley Hahn y Rick Stout, The Internet Complete Reference, citada por Laurence A. Carter y Martha S. Siegel, Cómo hacer una fortuna en la autopista de la información, Lasser Press, México, 1995, pág. 96.
Recursos multimedia en red. La World Wide Web
La otra novedad en la estructura de la red de redes ha sido la incorporación de datos audiovisuales. Tradicionalmente (si es que diez o quince años de funcionamiento pueden crear una tradición) Internet era una colección de foros compuestos por texto y, si acaso, gráficas muy elementales, fundamentalmente en los antes mencionados Tableros de Noticias.
Pero Internet se ha diversificado. Por un lado, la conexión de varios usuarios con un solo sistema, o servidor, permite que tengan intercambios de opiniones, o conversaciones, de manera simultánea. Es decir, ya no es preciso esperar a que alguien responda dentro de varias horas, o días, a un mensaje que hemos colocado en el Tablero de Noticias, para saber si hay o no reacciones y de qué índole. Ahora, es técnicamente posible (aunque resulta de lo más farragoso) que varios centenares de usuarios coincidan, al mismo tiempo, en la discusión de un asunto específico. Estas conferencias, ya son usuales en los sistemas comerciales de comunicación electrónica.
La abundancia de direcciones, foros, servicios y espacios cada vez más diversificados en las redes, amenazaba con volverse algo peor que un caos de dimensiones, valga el juego de palabras, inconmensurables. Cuando la Red se volvió inmanejable e incontrolable, comenzaron a surgir opciones al menos para saber que hay en ella y, sobre todo, para que los usuarios puedan hallar la información que buscan. Desde los años ochenta se han desarrollado diversos localizadores, que son programas capaces de organizar directorios, según las preferencias o necesidades del usuario. El más consolidado es el denominado Gopher. Ese es el nombre de la tuza, un primo de los topos, que avanza bajo la tierra construyendo madrigueras a través de intrincados túneles subterráneos. Hay quien asegura que la denominación es un apócope de "ir por" (go per) pero la asimilación al animalito roedor es útil para describir al gopher electrónico, que está concebido como un programa para saber, hurgando en sus cañerías, qué hay en los servidores que alimentan a las redes.
El Gopher fue creado en 1991 en la Universidad de Minessotta, cuando se buscaba articular un programa que permitiera "revisar directorios y obtener archivos mediante un sistema de menús". Ese instrumento amplió las posibilidades de tránsito por la Super Autopista de Ia Información (SAI), con destinos en diversos formatos: texto, gráficos y/o sonido. Rápidamente, el uso de Gopher se extendió por todo el mundo y diversas instituciones comenzaron a ofrecer su propio servicio, hasta formar una red mundial apoyada en Internet.18
Junto con la simultaneidad en la cibercomunicación, ahora en Internet hay nuevas facilidades para la información multimedia. Esto significa que en un solo espacio se pueden colocar mensajes con uno o varios formatos: texto, gráficos, audio e inclusive video están presentes cada vez con mayor calidad, cantidad de información y velocidad de transmisión. Esto es posible, especialmente, gracias a la World Wide Web (WWW), la red electrónica mundial que ha permitido incorporar a Internet los mensajes que, junto con el texto tradicional, incluyen información icónica y auditiva en todos los formatos (fotografías, mapas, imágenes con movimiento, música, discursos, mensajes de voz, etcétera). La World Wide Web está organizada a partir de páginas a las que el usuario acude para, en cada una de ellas, encontrar numerosas opciones de información. En términos cibernéticos, la WWW es un seleccionador de hipertexto; es decir, una manera de vincularse electrónicamente a documentos distribuidos a través de diversos sistemas.
La WWW, a diferencia de lo que a veces se piensa, no surgió en Estados Unidos sino en el Laboratorio Europeo para la Física de Partículas, en Ginebra, Suiza, en 1989. Sus patrocinadores tardaron dos años en sacar el sistema a la luz y la avidez públicas, hasta 1991, y ha tenido el desarrollo más rápido que hasta ahora haya existido en la superautopista de la información. Para enero de 1993, había 50 servidores para la triple W en todo el mundo. Pocos "meses después, su uso había aumentado en un 41 mil por ciento".19 El ministro de Ciencia de la Gran Bretaña, David Hunt, con datos más actuales, ha explicado el éxito de este sistema de la manera siguiente: "Hasta hace poco, la red era una bestia hostil e intimidatoria, a la que sólo podían controlar los expertos en computación. La World Wide Web ahora tiene las posibilidades destacadas de la Internet, disponibles para todo el mundo y el resultado es que el año pasado (1994) su uso aumentó un 350 mil por ciento".20
En todo caso aquí, como en otros datos sobre la Internet, hay informaciones contradictorias. Para mediados de 1995 había quienes calculaban que ya teníamos cerca de 200 mil páginas disponibles en la WWW.21 Evaluaciones más conservadoras, o menos optimismas, encontraban en mayo de ese año unas 30 mil páginas.22 Para fines del 95 la revista Newsweek, que consideró a ése como el Año de la Internet y le dedicó una edición especial, consideraba que el número de sitios en el Web había crecido más de 600% tan sólo en doce meses: de aproximadamente 10 mil en enero, a posiblemente casi 75 mil hacia diciembre.23 Quizá estos datos sean un tanto exagerados. Quizá no. Lo indudable es que cada día hay varios centenares de nuevas páginas en la WWW.
La nueva dimensión del ciberespacio se concentra en la triple W, con todas sus tentaciones y distracciones. Ha escrito el mexicano Carlos Chimal que, en ella, "uno no sabe si entra a una cantina, a una liga de beisbol, una mesa de terapia colectiva, un parque o una cama".24 En realidad, se entra a todo eso y a millares de sitios tan desafiantes, extravagantes o íntimos como los así señalados.
Diversidad, negocio y monotonía en la SAI
Las redes privadas, ya mencionadas antes, constituyen la manera técnicamente más sencilla, aunque financieramente más costosa, para que centenares de miles de ciudadanos se incorporen a la superautopista informativa. A través de ellas es posible comercializar acciones en Wall Street o en Tokio, entrar al banco de datos de The New York Times o discutir con los editores de la CNN, reservar boletos de avión, conocer recomendaciones gastronómicas, enfrascarse en una partida de ajedrez o de Nintendo con un rival del otro lado del planeta, enviar faxes, recibir correo electrónico, participar en foros de temáticas profesionales, políticas, religiosas o de prácticamente lo que se nos pueda ocurrir, e incluso más. Los foros en estas redes, como en la misma Internet, constituyen los espacios más vitales y quizá también, en su acentuada especialización, los más ensimismados en el espacio cibernético de nuestros días.
Parodiando, pero describiendo, podría decirse que cada loco con su foro, a partir de la multifacética colección de temas que es posible encontrar en estos servicios. Y no exageramos: hay foros sobre vinos, películas o peces tropicales, meteorología, heráldica y demografía, estudiantes de nivel básico y gente de la tercera edad, literatura y aviación... Las redes se retroalimentan, y promueven así una más acentuada enajenación en torno a sí mismas y las sofisticaciones que las hacen posibles y las rodean, con centenares de foros sobre cada vertiente imaginable del uso, la comercialización y la invención de computadoras. Foros sobre sistemas operativos y ofertas laborales, software y hardware por épocas, marcas, modelos o utilidades, foros acerca de virus y laptops, manuales y consejos, multimedia y ciberprácticas se despliegan en el espacio sin embargo ilimitado, o casi, del intercambio de experiencias de usuarios, expertos, aficionados y curiosos. Se estima que, tan sólo en el foro Usenet, de Internet, hay unos 10 mil grupos de interés (newsgroups).25 Un periodista que se adentró por primera vez en el espacio cibernético consideraba que los foros son "la tierra prometida para los antropólogos aficionados: nunca ha existido una manera de obervar a la gente y a los grupos, tan acuciosa y tan entrometidamente".26
A partir de la fascinante novedad que constituye el torrente de información posible en esta colección de redes, pero sobre todo reconociendo que allí hay una interesante posibilidad para el desarrollo de la industria de la informática, el actual gobierno de Estados Unidos decidió hacer de la expansión de este sistema, o de este concepto, uno de sus proyectos estratégicos. La superautopista de la información la denominó, con calculado entusiasmo, el vicepresidente Albert Gore, quien reconoció que en estas tecnologías y sus posibilidades se encuentra "el mercado más importante, y más lucrativo, en el siglo XX".
El concepto de autopista remite a una vía con puntos de salida y llegada, a un espacio cerrado pero, también, a un canal de ida y vuelta, así como a un espacio libre, aireado. Internet y el resto de las redes de información tienen mucho de flexibilidad en tanto que no están sometidas a controles políticos, si bien la insistencia para privatizar algunos de sus afluentes resulta cada vez mayor. Quizá, más bien, es preciso hablar de un supermercado. Un espacio flexible y expandible (en constante crecimiento) de interacciones múltiples en donde hay una concurrencia amplia además de, como ya comentamos, exponencialmente creciente. Más que superautopista, todavía tenemos caminos vecinales, realmente modestos en comparación con lo que puede llegar a ser, en el mediano plazo, un enorme y cada vez más complejo sistema de intercambio de datos.
Ese mercado de la información funciona con sus propias reglas. Hay cuotas, como en cada autopista privatizada. El acceso a Internet ya puede lograrse en varios países, para particulares, a través de un cargo al que es preciso añadir el costo de las tarifas telefónicas. La conexión a través de universidades se apoya en fondos públicos o a cargo de cada institución. Las redes privadas (America On Line y otras más) tienen sus propios precios.
Pero las cuotas en la superautopista, o el supermercado de la información, son vastas y diferenciadas, a veces según los destinos específicos que elijamos, o sobre todo de acuerdo con el tiempo que mantengamos nuestro tránsito en ellos. A diferencia de la carretera lineal, en donde nuestros automóviles van de un punto específico a otro, el recorrido por el espacio cibernético suele ser divagación en direcciones múltiples. No se viaja de una coordenada a otra, sino dentro de ese mismo espacio: al interior de cada sistema, de cada foro o cada software. Y ese tránsito no es cerrado. El usuario, o cibernauta como se le ha llamado, puede viajar de un archivo a otro, de uno a otro foro electrónico.
En Estados Unidos, de acuerdo con una encuesta levantada en marzo de 1995, en 45% de los hogares había al menos una computadora, en 26% el equipo incluía módem, en 17% CD ROM y en 11% se contaba con suscripción a alguno de los servicios en línea.27 De acuerdo con esa misma fuente, 46% de los estadounidenses adultos estaban familiarizados con la superautopista de la información y 13% decía saber qué es la World Wide Web. El 69% consideró que la SAI hará que la vida sea mejor (11% dijo "peor") pero solamente 46% consideró que la superautopista hará la vida más simple (37% dijo que la vida será más complicada con el acceso a esa nueva tecnología.28
Poco después, la empresa Nielsen levantó una encuesta según la cual, 17% de los estadounidenses y canadienses mayores de 16 años habían tenido acceso a la Internet. Esa cantidad significaba 37 millones de personas. De ellas, 24 millones habían usado Internet al menos una vez en los tres meses anteriores.29 El estudio de Nielsen fue auspiciado por la empresa CommerceNet, a la cual le interesaba demostrar que una gran cantidad de adultos visita el ciberespacio, de tal suerte que ésa es una opción atractiva para la publicidad y la venta de productos.
Sin embargo, poco después otra investigación desmintió, o al menos acotó, los datos de Nielsen. La firma FIND/SVP, una empresa consultora y de estudios de mercado, señaló después de una nueva encuesta que, en realidad, los estadounidenses que usan la Internet eran, a comienzos de 1996, 9.5 millones, de ellos 1.1 millones menores de 18 años.30 En lo que sí había coincidencia era en el aumento acelerado de usuarios y recursos de acceso a las redes. El 51% de los encuestados manifestó que su primer acercamiento a la Internet había ocurrido apenas durante 1995.
Más que el conocimiento, se desarrolla el mercado
Un volumen inconmensurable de mensajes se intercambia todos los días en el espacio cibernético. Las redes electrónicas transportan ideas, ofertas, opiniones, datos. Sin embargo, como veremos más adelante, en la llamada superautopista de la información, no es necesariamente el conocimiento lo que crece y se desarrolla, sino el mercado mismo de la información. Más que creación de ideas y datos hay propagación de ellos. Quedan, así, abiertos a un mercado creciente en donde los aspectos comerciales no son, para nada, menores. En 1991, el mercado mundial de las telecomunicaciones representaba el movimiento de unos 514 mil millones de dólares y se ha calculado que aumentaría hasta 776 mil (m.d.d.) en el año 2000, es decir, tendría un crecimiento anual de 7.2% que es más del doble del conjunto de la economía internacional.31
A propósito de un nuevo software que pemite enviar y reproducir sonidos, de tal manera que con un micrófono y un receptor la Internet pueda servir para mantener conversaciones telefónicas, la revista Time comentaba en marzo de 1995: "La propagación de estos intercambios telefónicos en Internet ha comenzado a afectar el comportamiento de la gente en línea. Muchos tipos con teléfonos ordinarios, nunca hubieran soñado en telefonear a un extraño. Pero en la Internet, en donde es fácil desplegar una lista de correspondencia, los usuarios no lo piensan para comenzar una conversación con alguien con quien nunca se han encontrado. Si esa clase de comportamientos se vuelven habituales, pueden ustedes jurar que el telemercadeo por computadoras no está muy lejos."32
Allí puede encontrarse una de las claves para el enorme interés en el impulso a la superautopista informativa. Albert Gore y otros gobernantes comprometidos con el proyecto y no sólo en Estados Unidos, han sostenido que con la superautopista mejorarán la calidad de vida de los ciudadanos y la competitividad de las empresas. Pero desde el comentario crítico, también se ha dicho que: "Los análisis más escépticos creen que todo esto se debe a que las compañías de informática y entretenimiento necesitan nuevas ilusiones que vender para salir de la crisis que padecen. Las operadoras de teléfono tienen que inventar cosas nuevas para seguir creciendo y ganar dinero; y otro tanto podría aplicarse a las cadenas de televisión por cable, deseosas de ampliar sus actividades".33
El vicepresidente Al Gore promovió en 1991 la Ley Sobre Computación de Alto Rendimiento y al año siguiente, la Ley Sobre Infraestructura y Tecnología de la Información. Con tales antecedentes, impulsó entonces la Superautopista de la Información. En un discurso en agosto de 1994 en Orlando, Florida, definía su propuesta de la siguiente manera: "Esta red de redes será un requisito esencial para la expansión de las oportunidades en el comercio, elevar los niveles de educación y salud y para un desarrollo sostenible. El presidente Clinton y yo creemos que cada aula, biblioteca, hospital y clínica de Estados Unidos debe conectarse a Internet, con la idea de crear una biblioteca digital global".34
La denominación misma que el vicepresidente estadounidense ha propagado para la red de redes remite al sistema de carreteras interestatales que se desarrolló en ese país durante la década de los cincuenta. Un entramado de caminos vecinales se articuló con una ordenada teleraña de vías entre uno y otro estado. La comparación es útil, pero no del todo exacta. Por un lado hay, como ya apuntamos, una multidireccionalidad que no existe en las carreteras terrestres. Por otro, en la superautopista que transita por el espacio cibernético la infraestructura básica fue creada con recursos gubernamentales y, de ahora en adelante, se ha previsto que su desarrollo, a cargo de financiamiento privado, esté orientado de acuerdo con las necesidades, o intereses, de las grandes empresas de la comunicación trasnacional. Se ha dicho, así, que: "El sistema de información tiene dos principales apoyos para aumentar las oportunidades y los negocios personales, así como para reducir la congestión en el tráfico informativo. Pero a diferencia del sistema interestatal de carreteras, la supercarretera de la información está siendo construida fundamentalmente por el sector privado".35 Se trata de conocidas e influyentes empresas telefónicas, de cable, de computación, hardware y software, además de todas aquellas que venden servicios para la conexión a redes, así como las que venden a través de ellos. Extrañamente, Internet sigue siendo pública en su esquema fundamental, aunque la tendencia a comercializarla está constituyendo una seria preocupación para quienes, hasta ahora, han articulado y defendido el espíritu flexible, de cooperación por encima de la mercantilización, en la red de redes. Internet ha funcionado a partir de la colaboración de sus muchos contribuyentes. Ahora el interés comercial determina que, incluso, se esté pensando en incluir mensajes publicitarios dentro de la red, al estilo de la más interesada tradición del marketing pero como una manera, también, para diversificar sus fuentes de financiamiento.36
Desde luego, la Superautopista de la Información (SAI) tiene utilidades muy variadas y si hay quienes piensan en incorporar mensajes publicitarios dentro de ella es porque cuenta con un público atento, creciente y sobre todo fiel. En primer lugar, las redes electrónicas son negocio para los servicios privados, cuyo crecimiento es quizá más alto que el de la misma Internet en su conjunto. Para fines de 1994 se estimaba que Prodigy contaba con 1.3 millones de suscriptores; Compuserve, con 2 millones; America On Line, un millón de suscriptores.37 En otro dato, America On Line aseguraba tener ya un millón y medio de suscriptores.38 Para mayo de 1995, por otra parte, Compuserve anunciaba tener ya tres millones de suscriptores en todo el mundo y se ufanaba de que alcanzaría los cuatro millones en pocos meses más.
Los servicios comerciales en línea, que además son accesos a las páginas de la WWW y los foros de noticias de Internet, ofrecen opciones de lo más diversas, que conjuntan el rendimiento financiero para esas compañías con la información y la disipación de los usuarios. Podemos ubicar, así, por lo menos, once grandes áreas en el uso de la SAI.
1. Ocio electrónico
En primer lugar, el entretenimiento. Pocos de quienes la frecuentan admitirán que, antes que nada, en la enorme colección de vías de la información electrónica, se divierten en la doble acepción del término: hacen uso amable de su ocio, pero además se distraen de otros asuntos. Y es que en el mundo del intercambio cibernético, las opciones para la disipación son tan abundantes como inagotables.
Ya se han realizado conciertos de rock que pueden recibirse a través del módem. Pronto será posible solicitar películas enteras y ya hay archivos con datos del cine de todas las épocas, incluyendo lo más reciente. Se ha vuelto costumbre la difusión, antes de sus estrenos comerciales, de stills y audio de las películas previstas para ser más taquilleras. La red de redes, en este sentido, se ha vuelto una más de las extensiones del marketing hollywoodense.
A través de Internet o alguno de los sistemas similares es posible involucrarse en juegos interactivos, desde novísimas versiones de La Guerra de las Galaxias hasta partidas de ajedrez, o de charadas. Una de las modas más difundidas ha llegado a ser la confrontación con un juego notablemente bizarro que se denomina DOOM y que es algo así como una anticipación del juicio final en una sociedad devastada por los abusos cibernéticos. Ese juego es posible importarlo directamente a la computadora de alguno de los archivos que lo ofrecen, a veces sin costo. Las actualizaciones DOOM son las que llegan a tener precios incluso muy superiores a los de otros programas de diversiones en diskette o, mejor, en CD ROM. Esa posibilidad abre nuevos problemas, de derechos de autor, como veremos más adelante.
Pero con o sin juegos cibernéticos, el espacio en las redes se ocupa con fines de entretenimiento más que de conocimiento. Como hemos insistido, en las redes es posible aprender y conversar, disiparse y divagar. Así, la cháchara, el ligue y el chismorreo son más exitosos que las noticias, las bibliotecas o las discusiones políticas o de temas formales. Cualquiera que se haya conectado a uno de los servicios en línea, sabe que los espacios más concurridos son aquellos que pudieran ser considerados como más triviales. Sin embargo, los usuarios de las redes no suelen aceptarlo de esa manera. Hay una mezcla de falsa solemnidad, junto con seriedad culposa, que lleva a muchos cibernautas a asegurar que prefieren las vertientes serias antes que la disipación morbosa.
En octubre de 1994, la revista MacWorld entrevistó telefónicamente a 600 usuarios para preguntarles por qué tipo de servicios estarían dispuestos a pagar 10 dólares al mes. El resultado fue sorprendente, pues la mayoría dijo que preferiría servicios relacionados con la participación política o la investigación bibliográfica. El juego, el entretenimiento y el cibersexo, quedaron en los últimos sitios. ¿Se debía a un repentino viraje rumbo a la responsabilidad social y a la solemnidad cívica por parte de los internautas? En realidad no, según la interpretación que poco después publicó otra revista, Wired. Lo que pasa, se decía allí, es que en la encuesta los usuarios dijeron que piensan que deberían querer. Pero otra cosa es lo que realmente querían. La lista de MacWorld, de esa manera, podía ser leída al revés, para aprehender las auténticas motivaciones de los usuarios. Originalmente se publicó en el siguiente orden:
Qué piensa la gente que quiere hacer
en la superautopista de la informaciónVotar en las elecciones
Buscar libros de consulta
Tomar cursos
Obtener información de la escuela local
Buscar catálogos de tarjetas
Participar en encuestas de opinión
Obtener información del gobierno
Pedir videos
Buscar periódicos o revistas
Buscar revistas jurídicas/ científicas/ médicas
Obtener registros de votaciones legislativas
Obtener información del crimen local
Obtener propuestas de ley o de reglamentos
Enviar video/texto o correo electrónico a funcionarios
Obtener datos sobre cumplimientos legales de empresas
Obtener registros públicos
Conducir conferencias de video teléfono
Conducir grupos de discusión en video o texto
Obtener información del mercado local
Solicitar deportes en video
Obtener estadísticas deportivas
Interactuar en juegos
Apostar
Citas por video
El orden en que los encuestados respondieron es el que aparece en el cuadro anterior. Según Wired, para saber las auténticas intenciones es necesario leerlo al revés. Es decir, en primer lugar citas por video, en segundo apostar, en tercero interactuar en juegos, etcétera.39
2. ¿Aula electrónica?
La educación a distancia es otra de las notables utilidades de la información por redes. Aquí se abren dos modalidades. Por un lado, la más frecuente aún, es la posibilidad de consultar enciclopedias, diccionarios, bancos de información especializada e incluso de manifestar dudas a operadores distantes pero a menudo dispuestos a ayudar; se trata, en tal sentido, de un formidable aunque en ocasiones poco generalizado apoyo al ejercicio del aprendizaje.
La otra vertiente es la impartición de enseñanza escolarizada, o que tienda a serlo, a través de las redes. Esta posibilidad aún es precaria, aunque ya existe. Se trata de una variedad de opciones que va desde conferencias a distancia, a semejanza de las que se transmiten por televisión pero con la posibilidad de interactividad a través de la red computacional, hasta la impartición de cursos completos por correo electrónico y otras afluentes de las redes, con modalidades que pueden incluir el examen a cargo de un profesor que se encuentra en un extremo de la red.
La incorporación de los recursos del ciberespacio es tan nueva que no siempre acaba de tener un sitio definido en el sistema de enseñanza contemporánea. Quizá ello se debe, sobre todo, a que a través de la comunicación por estas redes es posible obtener información, pero ella no es necesariamente útil ni significativa para la formación de un individuo, sobre todo la formación escolarizada. Al menos, en la idea y el diseño que siguen teniendo los curricula escolares.
Quizá la principal limitación para que las computadoras, y así las redes de información, sirvan como apoyo en el salón de clases, sea la dificultad financiera, que entonces se vuelve técnica. Todavía está lejano el día en que, incluso en los países desarrollados, se cuente con la infraestructura ideal. Una investigación sobre el empleo de Internet en la enseñanza básica en Estados Unidos, señalaba tres dificultades esenciales para tener acceso a ese apoyo:
"-Líneas telefónicas.- Las escuelas necesitan líneas de teléfono en cada salón de clases.
" -Cuentas de Internet.- Cada profesor, para ser usuario activo de Internet, necesita su propia cuenta para tener acceso a la línea.
"-Hardware.- Los profesores necesitan varias computadoras en cada salón de clases, para poder acudir a la línea como parte de la instrucción."40
La misma indagación señalaba que de acuerdo con una encuesta de la Asociación Nacional para la Educación, en Estados Unidos solamente 4 por ciento de todos los profesores tenía acceso a Internet en su escuela y nada más 22 por ciento manifestaba tener alguna familiaridad con ese recurso.
La SAI, sin duda, es muy útil como complemento, pero hasta ahora sigue discutiéndose si puede ser sustituto de la educación formal. Sin embargo, la atención a una y otra se alterna de tal forma entre los estudiantes de algunos países que, ya incluso, hay quienes consideran que si no releva al maestro, sí puede sustituir a los padres de familia, o a quienes ayudan a los niños y jóvenes a consolidar los conocimientos que adquieren en el aula. Varios servicios en línea ofrecen la ayuda de tutores especializados a quienes el estudiante con problemas para resolver la tarea puede consultar en unos cuantos segundos. Queda la duda de quién, entonces, hace los deberes escolares. Más adelante, nos referimos a otras implicaciones de la información electrónica en la propagación, que para algunos es sustitución, de la cultura tradicional.
3. Academia en red
La investigación académica, que fue el origen de Internet, sigue siendo quizá el motivo más sólido que justifica el gasto y el esfuerzo invertidos en la red de redes. La asistencia a la biblioteca y la hemeroteca está siendo sustituida por la consulta electrónica. Hay bancos de datos e incluso redes enteras especializadas (por ejemplo en biología, que es una de las áreas en donde la academia está más entrelazada con y por Internet) a través de las cuales se consigue que la creación del conocimiento pueda ser evaluada, discutida y, simultáneamente, propagada al instante.
Hay al menos cinco observaciones que se pueden hacer al respecto. En primer lugar, resulta de enorme utilidad contar con acceso a bancos de datos nacionales e internacionales. Allí hay dos grandes opciones posibles. En la primera de ellas es posible acudir a localizadores (como, por ejemplo, el sistema Yahoo de la WWW, considerado el índice de índices) en donde mientras más específica es la consulta, más precisos son los sitios a donde se conduce al inquisitivo cibernauta. De esa manera, se obtiene el dato concreto, duro, lo cual constituye un enorme avance en comparación con las farragosas búsquedas que el investigador solía emprender en el tradicional material bibliohemerográfico.
Pero de esas indagaciones, a menudo se derivaban hallazgos no previstos, el dato serendipiti que es como se denomina al que surge en medio de la información, o a partir de la reflexión y el cotejo de otros datos, sin que haya sido buscado de manera deliberada. No tiene por qué ocurrir así, pero existe la posibilidad de que la imaginación, la creatividad y hasta la casualidad que son parte de los recursos, o de las ayudas en el proceso habitual de investigación científica, queden desplazados ante la rigidez de la búsqueda específica.
El conocimiento, así automatizado, perdería la riqueza que resulta de los procesos de pensamiento y creación que la humanidad ha practicado desde hace centurias. No queremos exagerar el riesgo de perder esa versatilidad, pero sí señalar ésa, entre las limitaciones que impone la pesquisa automatizada de datos: es posible que ganemos una extraordinaria cantidad de tiempo en el proceso para tener una información específica, pero la investigación puede volverse entonces un rastreo de datos tan concretos que entonces el conocimiento tendería a reducirse a una suma, si bien cuantiosa, de informaciones fríamente acumuladas.
La segunda posibilidad para reunir información en las redes es la búsqueda que resulta de ir expurgando en uno y otro sitio, el browsing como se le dice en el término en inglés que no tiene traducción específica. Con ese método, más lento pero más enriquecedor, el investigador tiene oportunidad de reeditar la posibilidad del dato serendipiti. Ese encuentro aleatorio es propiciado, además, por la posibilidad de brincar entre uno y otro sitio, especialmente en la WWW a través de las ligas que se establecen para acudir de un documento a otro.41
Otra consecuencia posible, en un terreno que de tan nuevo aún no tiene pautas claras, es que la tentación por incorporar conocimientos a la red, para que sean conocidos por otros colegas, lleve a propagar datos no siempre acuciosamente verificados, u opiniones apresuradas. Para un académico, publicar sus conclusiones en una revista especializada exige un proceso de preparación, a veces injusta y desesperantemente largo, pero que por ello obliga a la reflexión y la precaución. En cambio, no hay trámite alguno para sumergirse, con todo y datos e interpretaciones, en un foro de intercambio con otros colegas. Esta posibilidad de ejercicio de la comunicación y, así, de la libertad académica, quizá está por ser puntualmente evaluada en los centros de investigación en todo el mundo. En todo caso, puede considerarse que la capacidad articuladora del conocimiento que acaso tienen las redes, no se pondrá en acto si no es de manera deliberada. Hay intentos, por ejemplo, la creación de Red UNAM en la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde los principales institutos del área de ciencias básicas tienen sus propios servidores y páginas en la WWW al menos desde comienzos de los años noventa pero, sintomáticamente, no ocurre lo mismo con las dependencias académicas del área de ciencias sociales (en donde quizá por la tardanza en la incorporación a las nuevas tecnologías, muchos investigadores y profesores no estaban tan familiarizados con la computadora). Otra experiencia es el proyecto de la Fundación Nacional de Ciencias en los Estados Unidos, que hacia 1994 comenzaba a establecer una red para conectar a los bancos de datos de universidades estadounidenses con instituciones de América Latina, "así, ingenieros y científicos (de ambos sitios) compartirán información sobre la red de datos de la Internet".42
En tercer lugar y aunque sea una obviedad --tan grande que la repetimos más adelante-- hay que tomar en cuenta la disparidad de recursos que existen, también en la investigación científica, entre los países más desarrollados y los que apenas apuntan hacia esa situación. Los nuevos recursos tecnológicos, junto a sus efectos (con limitaciones) democratizadores de la información, tienen los de acentuar la disparidad que ya existe en el desarrollo del conocimiento.
Una cuarta apreciación: en las redes de información se puede divulgar el conocimiento. Pero éste no se genera allí. La SAI es un instrumento, no un sustituto para la compleja tarea de experimentar, evaluar, comparar y obtener conclusiones en el proceso de investigación científica. No hay que confundir el foro con lo que se puede decir y, en este caso, transmitir en él.
Y gracias, al mismo tiempo que pese a todo ello, es significativo cómo ha sido en las comunidades académicas en donde con mayor entusiasmo, sobre todo en su década inicial, se ha consolidado, en esta fase, la red de redes de comunicación electrónica. La mayor parte de los boletines y foros de Internet fueron creados y han sido sostenidos por estudiantes y profesores de las disciplinas más variadas. No puede decirse que en todos los casos esta compulsión comunicativa haya tenido efectos directos en la creatividad académica, artística o científica. Pero los efectos indirectos no son despreciables. Un entusiasta ejercicio para un intercambio de opiniones con una facilidad e incluso una libertad que no son frecuentes en otros espacios ha permitido un flujo de opiniones que es parte de la experiencia democrática reciente en numerosos países. Quizá esta posibilidad, con el crecimiento mismo de las redes, tienda a quedar limitada a partir de la comercialización de algunos de tales espacios.
4. Correo electrónico
Los negocios constituyen otro de los motivos para que muchas personas estén suscritas a Internet o algún servicio similar. Hasta ahora, apenas comienza a ser claro en qué se puede beneficiar una empresa cuando se incorpora a la red de redes. Hoy en día los directivos u operadores de muchas firmas privadas o dependencias gubernamentales, en todo el mundo, se preguntan para qué les ha servido instalar módems y contratar uno o varios servicios en línea. La principal utilidad se encuentra en el correo electrónico que, además de instantáneo, resulta notablemente barato en comparación con los servicios postales convencionales y con las tarifas de telefonía directa.
Estas ventajas han sido reconocidas incluso por algunos de los más tenaces críticos de las grandes corporaciones. Ralph Nader, el más importante defensor de los consumidores posiblemente en el mundo entero, encontró que causas como la suya pueden propagarse con gran flexibilidad y ahorro a través de las redes. De la misma forma, otros grupos de la sociedad usan la posibilidad de comunicación accesible e instantánea para compartir datos y experiencias. Nader ha dicho:
"Me parece que los recursos de información más importantes en la Internet, no son el almacenamiento en formatos digitales o en disco duro, sino reside en las mentes de los ciudadanos que intercambian correo electrónico. Cuando centenares, millares e incluso centenares de miles de personas se organizan a sí mismas en foros para debatir importantes asuntos de políticas públicas, comparten amplias cantidades de información autorizada y especializada, creando sinergias que son más poderosas y más útiles que la mayoría de los sofisticados sistemas de bases de datos. También es importante para los ciudadanos tener acceso barato, o gratuito, a las bases de datos de la información del gobierno".43
El correo electrónico, o e-mail, ha tenido consecuencias financieras e incluso políticas, como se indica más adelante. Así es como suscita entusiasmos del estilo del que manifestaba Anatoly Voronov, director de Glasnet, uno de las primeras redes rusas, que entabló conección directa a Internet: "Aquí, usted puede enviar e-mail a Vladivostok, o a Boston, en cinco segundos. O puede esperar tres meses para recibir una revista por correo".44
Pero no todo es tan maravilloso. La Internet y cualquier tipo de comunicación electrónica son demasiado nuevas para funcionar con perfección. De la misma manera que las líneas telefónicas se descomponen, se cruzan entre sí e incluso pueden ser intervenidas, en las redes del ciberespacio --que, antes que nada, dependen de la telefonía para que sus señales sean conducidas-- también existen anomalías. Mensajes que llegan cortados o sin remitente claro, confusiones en los servidores que alimentan a las redes, tráfico intenso que propicia congestionamientos y, por así decirlo, colisiones entre los navegantes del ciberespacio, así como intromisiones de diversa índole, forman parte de los problemas cotidianos que no le quitan su gran utilidad al correo electrónico, pero sí la matizan.
"Las conexiones y los accesos de Inrernet --señala un especialista en estos menesteres-- han mejorado el proceso de conectar sistemas, pero todavía no es tan fácil como pareciera. Hay enlaces frecuentes o archivos binarios que no se transmiten adecuadamente. Las direcciones de correo electrónico (e-mail) se confunden con facilidad. A menudo recibo mensajes enviados a otro Michael Miller, y el otro Michael Miller recibe mis mensajes (pobre tipo)."45
Por ello, no salen sobrando las recomendaciones e incluso ya hay una sub-industria del miedo en las redes, que provee de software especial a quienes desean poner sus documentos en clave para que no sean leídos por cualquier cibernauta fisgón. Se llega a decir, de esta manera, con espíritu práctico pero precavido: "Cualquiera que esté interesado en hacer negocios en el Internet, ha escuchado acerca de los riesgos. No envíe e-mail de desecho. No inserte mensajes comerciales en los grupos de noticias. No confunda la transmisión de anuncios en los medios de comunicación de masas con el acercamiento persona a persona que hay en la red".46
5. Negocios y servicios financieros
Hay áreas especializadas en las que resulta posible, y cada vez más inevitable, hacer negocios a través de redes internacionales. Una de ellas es la inversión en mercados financieros, tanto en la información para tomar decisiones sobre el movimiento de capitales, como en las operaciones específicas. Sin embargo, las empresas medianas y pequeñas no tienen necesidad de saber con exacta oportunidad cómo se está moviendo el índice Dow Jones o a cuánto abrió el dólar en el mercado de Tokio. Por eso, en muchas compañías la conexión en línea, aparte del intercambio nacional e internacional de mensajes, ha servido más para la disipación de sus empleados (que son expertos cibernautas en horas de labores) que para aumentar la productividad o las ganancias. Eso sí, con el acceso a bancos de datos de toda índole, los modernos ejecutivos enlazados a uno de estos servicios tienen, acaso, una cultura general más amplia y están en condiciones de ser, por así decirlo, más contemporáneos respecto de su entorno mundial.
Pero sobre todo, al menos en una fase inicial el acceso a las redes ha sido visto como una forma de nuevo status para las empresas y sus ejecutivos en diversos países del mundo. La incorporación a los servicios en línea es paulatina sobre todo fuera de Estados Unidos. En la ciudad de México, una encuesta entre cien empresas medianas y grandes encontraba, a fines de 1995, que sólo 36 de ellas estaban suscritas a algún servicio de información en línea. Sin embargo, dos meses antes, en una encuesta similar, únicamente 18 de 100 habían respondido afirmativamente a la misma pregunta.47
Esa es la cara amable de los negocios en la red. La fachada desagradable, sobre todo para quienes la han padecido, es la animadversión que muchos usuarios experimentan, y a veces demuestran, a la comercialización del espacio cibernético. Muchos navegantes de las redes comparten una suerte de mística de cooperación y de pertenencia a un teritorio distinto que quisieran incontaminado por los criterios mercantiles. Algunos de ellos se autodenominan hackers (del origen y los significados de este término, nos ocupamos más adelante), que son una suerte de expertos en cibernética que viven para las redes más que vivir de ellas y que llegan a disgustarse con los intentos para hacer negocios en el espacio electrónico. Sus travesuras van del enojo testimonial al ilícito mercenario: desbaratan, mueven de sus sitios, entrecruzan e incluso llegan a hurtar información de diversas y a menudo poderosas compañías privadas.
Así, a los empresarios que se ilusionan con la posibilidad de hacer negocios en la red, ya sea anunciando sus productos o empleando el correo electrónico para sus mensajes de negocios, el columnista especializado John C. Dvorak les urge para que tengan cuidado: "Una vez que un hacker penetra el servidor o un documento secreto de una corporación, puede llevarlo hasta la Associated Press, así que hay que pensarlo dos veces antes de abrir un sistema para conducir negocios delicados. Cuidado: un grupo de hackers subterráneos todavía declara la guerra a cualquiera que espera explorar la Internet para uso corporativo".48
6. Teletrabajo
El trabajo a distancia es otra de las opciones que se despliegan con más rapidez en las redes. Cada vez más empleados hacen, desde sus casas, tareas que ya no hace falta que cumplan en sus oficinas. Esa situación tiene repercusiones laborales y sociales que aquí no nos detendremos a examinar, pero que ya han vuelto necesaria la modificación de las leyes para el trabajo en algunos sitios, así como la revaloración social de qué significa tener un empleo.
El teletrabajo tiene cinco efectos inmediatos.
El primero, que influye directamente sobre la economía, es el abaratamiento de servicios que se pueden realizar a distancia y que le permiten a un empleado tener contratos sólo por horas, o por tarea realizada, o de plano fungir como trabajador independiente o free lance.
Todo ello, en segundo lugar, tiende a modificar las ideas tradicionales sobre la fuerza laboral y la membresía de los sindicatos. La posibilidad de presión y hasta de negociación colectivas, el concepto de estabilidad laboral y principios como los de jornada, tiempos de descanso y prestaciones, se alteran con esta todavía sui géneris pero en países desarrollados cada vez más frecuente modalidad de empleo.
Una tercera consecuencia es la revaloración del trabajo individual, cuya evaluación ya no depende de criterios que puedan aplicarse en un centro laboral. Los free lancers tienen ventajas pero también inconvenientes que no padecen los trabajadores con un empleo más regular. Además, trabajar en soledad tiene sus gratificaciones, pero puede ser desesperantemente triste.
En cuarto término, el teletrabajo afecta la organización habitual en las oficinas; habrá empleados que sólo acudan de vez en vez para recibir instrucciones directas u otros, incluso, que nunca se paren por allí porque toda su carga laboral la cumplen desde su domicilio. La idea espacial y funcional de las oficinas puede modificarse a partir de tales tendencias.
En quinto lugar, el hecho de que el hogar sea al mismo tiempo sitio de trabajo, plantea concepciones nuevas en términos urbanos, cotidianos y sociológicos en ese nuevo contexto doméstico.
El teletrabajo, junto con el manejo de numerosos artefactos caseros a través de la computadora y, así, la presencia creciente de decisiones y acciones cibernéticas en el hogar, han conformado un nuevo entorno vital por lo menos en los países más desarrollados. Hay toda una cadena de cambios que va más allá de las innovaciones laborales. El español Javier Echeverría, le ha denominado Telépolis49 a ese entorno configurado por nuevas relaciones urbanas y domésticas, que afectan al orden de los asuntos civiles y personales. En su más reciente libro, ese autor desarrolla su visión, descriptiva y prospectiva, sobre los que denomina Cosmopolitas Domésticos:
"Los hogares han estado habitualmente cercados por su entorno, y por lo tanto encerrados. La escritura y la correspondencia fueron las primeras relaciones domésticas a distancia. El teléfono trajo consigo otra brecha abierta al exterior, que benefició sobremanera a quienes más atrapadas estaban entre las cuatro paredes del hogar: las amas de casa. Las tecnologías de comunicación a distancia que caracterizan a las telecasas han sido otras tantas líneas de fuga de los espacios domésticos, cuyos muros protegían del peligro exterior, pero también reducían el mundo al entorno local. La principal novedad de las telecasas, consideradas desde el punto de vista espacial, consiste en la apertura de múltiples líneas de conexión con el exterior sin tener que derribar las paredes ni el techo de las viviendas, que siguen siendo necesarias para descansar y dormir... Las casas se han abierto a otras culturas y se han internacionalizado. Los espacios domésticos disponen de representaciones del modo de pensar y de actuar en otras partes del mundo, y por ello se hacen más cosmopolitas."50
7. Teleservicios
Otra vertiente de los negocios, pero no como apoyo a ellos sino como la expresión más específica del carácter comercial que pueden alcanzar las redes, se encuentra en la venta de productos y servicios específicos. El primero de ellos es el alquiler de una línea y la cuota por emplearla. Ese es el negocio de America on Line, Compuserve y de algunas áreas, sobre todo en el futuro próximo, de Internet. Como el negocio es mantener al usuario en línea, cada una de las firmas privadas de ese tipo ofrece los espacios más diversos y versátiles. Al mismo tiempo las compañías telefónicas, con todo y su estructura satelital, también incrementan sus ganancias y no es casual el hecho de que tengan cada vez mayor interés por invertir en el desarrollo de los servicios en red.
La comercialización directa, también se encuentra en los numerosos espacios para que el usuario compre a distancia. Los malls electrónicos ofrecen todo tipo de productos, desde suscripciones de revistas, videos, prendas de vestir y arreglos florales que pueden ser enviados a cualquier parte del mundo, hasta equipos de cómputo, boletos de avión y automóviles. Se puede comprar casi cualquier cosa en conexión por módem, siempre y cuando se cuente con una tarjeta de crédito, o de servicios financieros, con la liquidez suficiente.
Uno de los rubros más exitosos es la venta de software. Inicialmente, era necesario pedir por correo electrónico el diskette con el programa de la preferencia del usuario. Ahora es posible bajar cualquier programa que se encuentre a la venta, o incluso a veces de manera gratuita y que es transmitido en pocos minutos o en ocasiones, si la información es mucha (por ejemplo, con una gran cantidad de gráficas, o con audio o video) en pocas horas de transmisión. La compresión de archivos, que el usuario puede descomprimir luego con un programa ad-hoc, permite ahorrar espacio en el disco duro de la computadora y, desde luego, reduce el tiempo de transmisión.
También hay utilidades para satisfacer requerimientos específicos. En algunos sistemas es posible obtener recetas de cocina, guías de hoteles y restaurantes, consejos sobre jardinería o recomendaciones para manejar la computadora --o para comprar otra-- a través de los múltiples foros especializados. Ya existe un programa de consultas médicas en CD ROM que, si el usuario tiene más dudas, permite enlazarse por módem con los especialistas de la Clínica Mayo. Y desde luego, los servicios financieros --"el banco en su casa", anuncia la propaganda comercial de algunas instituciones-- permiten mover el dinero de la cuenta de cheques personal a cualquier otra opción de inversión, o de consumo.
Al mismo tiempo, con las consecuencias comerciales y culturales correspondientes, ya hay docenas de nombres famosos en America On Line. La actriz y cantante Madonna acudió para, en busca de promoción a su disco sencillo, "leer historias de cama" en el archivo denominado Underground Music.51 Ella dice allí: "You can interact with me, but you can't touch me", puedes interactuar conmigo, pero no puedes tocarme. Tiene razón.
8. Comunidades de discusión
El intercambio de experiencias, a veces sin más restricciones que aquellas que los eventuales interlocutores estén dispuestos a conocer, forma una de las vertientes más atractivas de la información en redes. Ya hemos mencionado la enorme versatilidad de los grupos de discusión, que también son denominados foros, clubes, grupos de noticias o tableros electrónicos de boletines.
La cantidad de estos espacios crece de tal manera, que ha sido imposible construir un índice satisfactoriamente actualizado, lo mismo en Internet que en las redes privadas. Los usuarios de tales foros conforman grupos de interés específico, o se asoman a lo que les interesa a otros. La oportunidad de presenciar una conversación electrónica entre dos o varias personas sin por ello ser identificado, le da a la contemplación cibernética una sensación de chismorreo y voyerismo. Pero más allá de esa posibilidad, el hecho de que tanta gente, de tan diversas condiciones y profesiones se enlace para intercambiar puntos de vista, no deja de ser, pese a limitaciones, una forma de nuevo ejercicio democrático.
En Internet, pero sobre todo en las redes privadas, hay normas de conducta que los usuarios deben acatar a riesgo de, si no lo hacen, ser expulsados del foro o incluso de la red entera --flameados se les llama a quienes padecen ese drástico castigo--. Las reglas a observar son simples: respeto a los demás, no insultar y, en las redes más conservadoras, no referirse a asuntos de tono subido, por ejemplo, la descripción de experiencias sexuales.
En otros sitios de este trabajo, nos ocupamos de las reglas de net-etiqueta, como se le llama a las normas de comportamiento en las redes (networks), así como de los efectos sociales y políticos que está teniendo la propagación de los foros de discusión temática, que son espacios para profundizar, intercambiar y desahogar experiencias y ánimos sobre asuntos comunes, al mismo tiempo que también concentran de manera tan cerrada el interés del usuario, que llegan a ofrecer una visión limitada --extremadamente parcial a veces--, de la realidad y del mundo. Más que globalización, en muchos casos tenemos una curiosa forma de interiorización de los usuarios de las redes, en espacios como ésos.
9. Opciones personales
La libertad para expresarse y comunicarse en las redes, con limitaciones como las antes señaladas, permite que dentro de ellas se construyan espacios para los asuntos más personales. Simpatías políticas, recomendaciones profesionales, avisos de ocasión y aficiones y pasatiempos, son manifestados en millares de foros. Entre ellos se encuentran inclinaciones muy específicas, a veces señaladamente audaces o en otras ocasiones expresión de sentimientos muy íntimos. Del sexo, hasta la religión, hay toda una gama de preferencias que se manifiestan en busca de cómplices, almas gemelas o simples interlocutores, en las complejas veredas del espacio cibernético.
Una de las muchas opciones de disipación en el vagabundeo por las redes es el erotismo electrónico. En el simulador de CB de Compuserve, que imita los comandos de un radio de banda civil como el que llevan los conductores de vehículos para intercambiar avisos en las carreteras, hay dos docenas de espacios para conversaciones calificadas como de adultos. Varias de ellas son bandas específicas para asuntos de homosexuales y de lesbianas, entre otras posibilidades. Otros sistemas han desarrollado sistemas de charla personal similares, como America On Line con The People Connection. Las conversaciones allí no siempre son tan claridosas como se supondría con tales oportunidades de expresión y casi podría pensarse que no deja de haber cierta timidez, preventiva pero sobre todo solitaria, en quienes se enlazan por módem para hablar, precisamente, de sus respectivas soledades. En Internet se han creado espacios más audaces aunque no dejan de ser limitados, por monotemáticos o reiterativos.
Lo que parece indudable es que los espacios de ese tipo han llegado a ser los más atractivos para una gran cantidad de usuarios de la Internet. Un día de entre semana cualquiera se puede encontrar la siguiente asistencia en los salones de charla en dos de los más importantes servicios comerciales en red (el número máximo de participantes simultáneos que puede haber en cada espacio es de 25):
Salones creados por America On Line y Prodigy
Nombre del salón
Miembros presentesAjedrez
0Broadway
0Ferrocarriles a escala
0Fotografía
1Viajes familiares
2Telenovelas
2Tejidos
2Salones creados por usuarios
Nombre del salón
Miembros presentesCompartetuesposa
14Calabozos de Nueva York
15M calientes necesitan H
20Vestidor de hombres
22Casados y coquetos
25TeVesGuapaAtada
25Házmelo rápido
25Fuente
: Perry Glaser, "Love, sex & power on the Cyber Frontier", en The North American Review, septiembre-octubre de 1995. Reproducido en Harper's Magazine, diciembre de 1995.El cibersexo es expresión llamativa, pero sobre todo patética, de cómo las enormes redes electrónicas en muchas ocasiones, más que enlazar experiencias, comunican aislamientos. Cada quien su gusto y cada quien sus foros. Pero es innegable que, por vocación o morbo, los boletines y clubes sobre temas de esa índole se encuentran entre los más visitados en las redes.
Hace poco se conoció la demanda de un disgustado marido en Nueva Jersey que solicitó el divorcio porque, aseguraba, su esposa tenía un amante en la Internet. Cuando sospechó que la mujer le era infiel a través del módem, grabó en el disco duro de la computadora las conversaciones amorosas que ella sostenía con el presunto seductor. Ese material fue presentado como prueba en el juicio de divorcio aunque la prensa ya no informó del desenlace legal de tan picante asunto. Otra experiencia fue la de un cuarentón en Boston, que estaba seguro de haber encontrado a la pareja deseada gracias a uno de los foros de cotilleo sexual en la Internet: su interlocutora se presentaba a sí misma como una joven de 23 años, ardiente y obsequiosa. Para sorpresa del emocionado galán, resultó que del otro lado de la línea cibernética se encontraba no la muchacha de sus quimeras, sino un anciano de 80 años, recluido en un asilo en Miami.52
A partir del primero de esos acontecimientos, el periodista mexicano Fernando Mota Martínez pudo comentar, con ironía y razón: "Se entiende que no se trata de pecadores en el justo significado del término, sino sólo de un trío (los amantes y el marido ofendido) de estúpidos o, por lo menos, ignorantes acerca de que la realidad real siempre superará a la realidad virtual... El marido, cornudo-cibernético, está siendo engañado por los molinos de viento... Lejos de ser pecado, sólo es una estupidez".53
Uno de los columnistas más conocidos en el mundo de las computadoras escribió una polémica colaboración en donde revelaba, o reconocía: "La razón por la que los servicios en línea son populares, tiene mucho qué ver con el ligue virtual y con la coquetería sexy, más que con ninguna otra cosa. Nadie quiere admitirlo, pero mientras más anónimo y sexualmente explícito es el servicio, más exitoso resulta. Es un secreto sucio que nadie quiere discutir".54
En varios de tales foros, los participantes utilizan seudónimos que les permiten deshinibirse, aunque también disimular su auténtica condición personal. Se ha llegado a comentar que en muchas ocasiones, esos disfraces son engañosos. Un hombre entrado en años puede fingir que es una jovencita para atraer muchachos con quienes deseará entablar una conversación picante a distancia. Sin embargo, es posible que los tertulianos en ambos lados de la línea intercambien domicilios y números telefónicos, de tal suerte que se puedan encontrar en persona. Ya se han registrado episodios incómodos, o delictuosos inclusive, de intentos o francos hechos de abuso sexual.
"Hay un gran potencial para las perversidades, pero los escándalos verdaderos son pocos", estima el experto Dvorak quien, sin embargo, advierte que todo esto apenas se encuentra por ser conocido: "Hay una inclinación sociológica que necesita de un estudio más estrecho. ¿Existe alguna necesidad secreta para este escondrijo en nuestro inconsciente colectivo? Creo que ya es hora de que algunos sociólogos echen una mirada cercana y nos digan qué significa todo eso. ¡Quiero saberlo!".55 Pero, quizá, además de asunto sociológico éste se encuentra en el área de la sicología, social y personal.
Lo mismo puede considerarse de la interacción que algunos usuarios buscan para catalizar sus aspiraciones o convicciones religiosas. En los sistemas en línea hay espacios para discutir, compartir o recibir, opiniones y servicios religiosos. Existen foros sobre todo tipo de creencias, o casi. Ya se han realizado intentos para transmitir misas católicas en línea, aunque hay problemas litúrgicos que no acaban de quedar resueltos.
La fe entrelazada con la cibernética es una manifestación más de la expresión libre que puede haber en el universo de las redes de información. Pero llevada al extremo, esa relación pudiera derivar en situaciones que, en espera de mejores definiciones, podemos calificar como curiosas, o novedosas. Por ejemplo, se ha publicado que hay una "Máquina de Confesiones Automáticas" programada para indicar, a quien la consulte, cuál es su penitencia ante pecados de diversa índole. Por dos dólares, el creyente puede arrodillarse delante de un tablero, mirar hacia la pantalla y decir, quizá, "¡Perdóneme, computadora, porque he pecado!". La máquina muestra una lista de pecados, mortales o veniales, entre los cuales el atribulado cliente elige, para recibir un mandato instantáneo. Por ceder a la ira en cinco ocasiones, se rezan tres avemarías y un padrenuestro; por tener impulsos lascivos, 10 de cada oración; por haber robado el automóvil de un amigo para salir de paseo, 25 avemarías y la donación de cien dólares para actos de caridad. Lo más paradójico de todo es que el inventor de la máquina, Gregg Garvey, un especialista de Boston, la creó para burlarse de la enorme presencia que los aparatos electrónicos han ganado en nuestra vida privada. Sin embargo, hay quienes toman en serio al confesionario cibernético.56 Pronto, puesto que ha demostrado ser negocio, se podrán consultar los servicios de confesión electrónica, despersonalizada y de criterios siempre objetivos para establecer penitencias, a través de alguna red electrónica.57
Una opinión más sobre el aislamiento que padece el cibernauta conectado con el mundo, pero distanciado de su entorno más inmediato. Los defensores a ultranza de la comunicación por red, suelen ofenderse cuando se dice que están en riesgo de ser virtualmente autistas y sostienen que cuando integran un espacio peculiar, sobre temas de interés compartido, construyen una comunidad en casi todo el sentido del término. Casi. Un autor de temas cibernéticos manifiesta el siguiente alegato:
"Si usted frecuenta uno o más foros sobre bases regulares, especialmente si usted intercambia ideas con otros de tiempo en tiempo, comenzará a poder distinguir los gustos y fobias de la gente activa en el foro. Antes de que pase mucho tiempo, usted probablemente experimentará un sentimiento de comunidad, que es la razón por la que esos grupos son denominados comunidades virtuales. Cuando el grupo está diseminado sobre grandes distancias geográficas es posible que usted nunca llegue a comunicarse con los habituales por cualquier otro método y que nunca se encuentre con ellos cara a cara. Así que una comunidad virtual tiene todos los aspectos de una comunidad, excepto por el contacto físico entre sus miembros".58 Esa idea ha sido desarrollada extensamente por el ya citado Howard Rheingold.
Las opciones personales son, en el ciberespacio, tan infinitas como la realidad misma, aunque no se cumplan de manera idéntica. En esa proliferación de sitios, foros y páginas de los más diversos temas, hasta ahora las banalidades tienden a ser más numerosas (al menos en la expansión más reciente) que los puntos de divulgación de auténticas noticias o ideas. Ese es el rostro bufonesco, baladí, que está adquiriendo la Internet. Con razón, el polígrafo mexicano Naief Yehya ha escrito que: "Al tiempo en que corre la paranoia de que la red Internet es una cloaca infestada de muestras de pornografía extrema, una verdadera epidemia de estupidez ha contaminado el ciberespacio... Una red creada para intercomunicar a científicos y estrategas militares es utilizada intensamente por millones de personas que participan en discusiones inanes, campañas publicitarias, casinos cibernéticos e interminables relaciones-pláticas sexuales. Pero la última moda en la red entre los usuarios diestros es crear páginas personalizadas (o home pages) en la red World Wide Web. Las páginas usualmente eran un medio que utilizaban empresas, fundaciones e instituciones diversas, para ofrecer información, documentación especializada o establecer comunicación con el público. Pero ahora cualquiera puede abrir su propia página para contar qué comió, mostrar fotografías de un baño (la página de un tal Tom Jennings, visitada por lo menos 10 veces al día, muestra las modestas instalaciones sanitarias de su departamento), ojos, bocas, una variedad de sonidos digitalizados (que incluyen diversos sonidos de vómito, eructos, flatulencias y demás) o aburridísimos videos de rostros inexpresivos. Además, para los exploradores de la estupidez ya hay páginas que sirven como directorios de las miles de páginas totalmente inútiles de la red".59
Versátil y contradictoria, espejo de la realidad inclusive en esa reproducción esquemática de sus deformaciones, la red de redes sirve como conducto para mensajes de toda índole. En las páginas anteriores hemos dado cuenta de algunos de los usos estrictamente comerciales o, en otros casos, patéticamente baladíes de la Internet. Hemos dejado para el final dos opciones más, de cuyo desarrollo podría depender que la Internet sirva para propagar informaciones y discusiones civilizatorias, en el sentido más ambicioso de ese término. El auge de la presencia de diarios y revistas, aunque con notables bemoles, puede ser indicador de un retorno a la lectura y, en tal sentido, a la recuperación de los argumentos como sustentos de la cultura contemporánea. A ese tema dedicamos el décimo punto en la enumeración que estamos realizando. La utilización de las redes para hacer proselitismo político, o su reconocimiento como posibles conductoras de opiniones y hechos con capacidad de influencia política, es motivo de la undécima y última utilidad que, entre otras, tiene la Internet.
10. Prensa en línea
Para fines de 1996, según estimaciones, habrán aproximadamente 2 mil diarios, de todo el mundo, con presencia en la Internet.60 En 1995 había más de 120 diarios de Estados Unidos con alguna presencia en la red, o con planes para tenerla de manera inminente. A comienzos del 96 eran aproximadamente 450, la mitad de todos los periódicos, de diferentes países, presentes en el ciberespacio.
De los 900 diarios que ya tenían páginas propias o alguna forma de ser consultados desde la Internet, 200 eran europeos y 38 de América Latina.61 The New York Times, con un espacio fijo en America On Line y después en la WWW, fue uno de los primeros con una modalidad: ofrece un resumen diario por fax (mediante una cuota) o que puede ser bajado en red para después ser leído en un programa especial para decodificar textos. Más adelante, ese periódico comenzó a cobrar una cuota mensual para los usuarios que quisieran tener acceso a su página en el Web.
Centenares de revistas, comenzando por Time, Newsweek, US News and World Report, Rolling Stone y People, también ofrecían fragmentos de sus próximas ediciones, incluyendo fotografías. Una investigación de la Asociación de Periódicos de América realizada entre 650 publicaciones, indicaba en marzo de 1995 que 12% ya se encontraba "en línea" y que 40 más esperaban hacerlo pronto. Se calculaba que, hasta entonces, la inversión en tales proyectos se acercaba a los 100 millones de dólares anuales.62 En Europa, diarios como Le Monde, Il Manifesto y ABC fueron de los primeros en tener presencias propias en la Internet, como parte de un proceso que se intensificaría entre 1995 y 1996. Más allá de filiaciones y corrientes ideológicas, en el mundo de la prensa ha existido un interés extendido para formar parte de esa nueva experiencia de comunicación.
Pero, ¿de qué les sirve a las publicaciones impresas entrar en línea? Quizá no hay una idea muy clara al respecto, aunque los editores que han colocado a sus diarios o revistas en el ciberespacio llegan a reaccionar con un entusiasmo más cercano a la aventura que al mercantilismo. Un ejemplo de estas experiencias es la del Irish Times, que tiene un tiraje de 90 mil ejemplares y que en 1994 entró a Internet. Sus editores encontraron, entonces, que nadie se iba a hacer rico con facilidad, pero que todo el mundo estaba participando. Pocos meses más tarde, la edición electrónica de esa publicación estaba recibiendo 95 mil accesos por semana. "No hay cargos (financieros) y no hay manera de saber quién está consultando el servicio", decía el editor Joe Breen, "pero, ¿alguien piensa que podría ser la misma persona, 95 mil veces?".63
Sin embargo, la presencia de la prensa en la red no dejaba de ser simbólica, más para ganar o consolidar un perfil de modernización que en busca de sustituir al papel por el módem. Cuando una publicación entra a Internet, gana lectores adicionales pero también puede perder a los que solían comprar la edición en papel y tinta. Si el diario o la revista se encuentran en un servicio comercial, como Compuserve o America on Line, sus editores pueden esperar alguna remuneración económica, pero siempre muy pequeña, a menos que vendan sus servicios en paquete. La tarifa que un usuario ordinario paga a estos servicios es de entre 3 y 15 dólares la hora, pero en el curso de una sesión cibernética suele divagar de un espacio a otro, deteniéndose poco en el foro, o la página, del Time o de People, por ejemplo. Sin embargo, los servicios comerciales en línea pensaban pagar, en 1995, entre medio millón y un millón de dólares a los principales diarios estadounidenses por tener su presencia exclusiva, con materiales de sus ediciones del día siguiente.
Por ello, una manera de financiar estas experiencias es la colocación de anuncios publicitarios, que sin embargo las compañías comerciales de comunicación electrónica se resisten a admitir, porque los suscriptores pensarían entonces que están pagando por comprar propaganda y no servicios que valga la pena sufragar. Y si no es negocio, es posible que la novedad del ciberespacio pronto deje de interesar a las empresas periodísticas, a menos que el volumen de usuarios sea tan grande que les lleve a pensar que, si bien no quieran o no puedan sustituir con ellos a los lectores convencionales, entonces quizá valdría la pensa ofrecer en línea servicios informativos distintos a los destinados para la publicación impresa.
Mientras tanto, la lentitud de los sistemas de comunicación que tiene la mayoría de los usuarios significa un problema para que el acceso a una publicación en línea tenga en atractivo y la versatilidad incluso, que significa hojear un diario o una revista. La información gráfica (fotografías, cuadros, mapas, etc.) suele tardar mucho más que el texto en su transmisión desde el servidor comercial hasta la computadora personal del ciber-lector. Junto a ello, una ventaja es la posibilidad de transmisión de textos más largos que los que suelen aparecer en la comprimida y ascéptica prensa elaborada según el estilo periodístico estadounidense. Las notas cada vez más breves, la información directa, incluso el comentario político sintetizado en pocas frases, suelen inundar las páginas de los diarios y revistas, en un afán de parquedad que busca competir con el estilo todavía más simplificador y breve que tienen la televisión y la radio. En cambio, en el ciber-periodismo hay la posibilidad de que el lector interesado en textos largos pueda bajarlos a su computadora en pocos segundos, o pocos minutos, para leerlos e incluso trabajar sobre ellos con su procesador de palabras. Pero no está claro que el periodismo de reflexión en extenso y de mayor aliento discursivo, sea el que se vaya a beneficiar de la expansión de las letras a través de las redes electrónicas. Sobre todo porque a la mayoría de los usuarios, les cautiva más la instantaneidad y la simplificación que las formas tradicionales, más pausadas y dilatadas, del periodismo o de la discusión de ideas.
Hay otros problemas. Si un diario coloca en línea su primera plana de la mañana siguiente, lo más natural será que las publicaciones rivales la revisen para encontrar de qué noticias o asuntos se han perdido. Así que las primicias respecto de la edición impresa, estarían canceladas en la ciber-prensa. Ya se ha sabido, por ejemplo, que "el editor de The Washington Post, Donald Graham, analiza la revista Time en America on Line Inc., los domingos, para buscar artículos que el Post pudiera haber omitido".64
Quizá a largo plazo, lo que ocurra es una simbiosis, o una mutación en los formatos tradicionales de la prensa, aunque esta posibilidad tiene sus bemoles, como se dice más adelante. Todavía parece faltar largo rato para que la información electrónica sustituya a la impresa, pero sí tiende a ocurrir una convivencia que se consolida con mucha mayor velocidad de lo que a menudo suponen, o quisieran, quienes prefieren quedarse con los recursos tradicionales para el intercambio del conocimiento y de la información. De hecho, más allá de la retórica trascendentalista con la que sus promotores suelen querer elogiar a cualquier innovación tecnológica, pareciera claro que la comunicación electrónica establece una etapa nueva en la historia mundial de los medios. No sólo significa nuevas opciones, con todo y las desigualdades que ello implica, para que las sociedades y sus integrantes logren acceso a inusitadas cantidades de información. Además, la comunicación electrónica implica lenguajes, pautas e incluso pausas diferentes. De esta manera, ha podido decirse que: "Algunos expertos consideran que el plan on-line representa el cambio más grande en la industria editorial desde la invención, en el siglo XV, del tipo movible. Esto alterará la mera naturaleza del medio en formas que aún no se entienden por completo. Ya que muchos periódicos electrónicos que se actualizarán durante el día, corren el riesgo de parecerse a las estaciones de radio que transmiten todo el día noticias, donde la inmediatez se valora por encima de la profundidad y el contexto. Y ya que las ediciones electrónicas pueden ofrecer noticias específicas, los lectores podrían encerrarse en sus propios intereses estrechos, acelerando lo que algunos consideran como un descenso en el discurso público".65
En esa línea de innovación, que es al mismo tiempo nueva restricción de opciones, existe software que permite preparar periódicos al gusto. El usuario programa a su computadora para indicarle a su servicio en línea cuáles son los temas que le interesan. Si a un corredor de bolsa únicamente le atraen las noticias relacionadas con su ocupación profesional, puede tener cada mañana, confeccionada con formato de periódico, una primera plana en cuyos titulares se lean los indicadores financieros y las consecuencias de los mercados de Tokio, Londres, Wall Street o cualquier asunto relacionado con ellos. Un ama de casa que sólo tenga interés en recetas de cocina y en chismes de personajes famosos, puede ordenar su edición de periódico personal, en donde aparezcan las desventuras de la familia real británica junto con las recomendaciones de los chefs prestigiados que colaboran con los servicios en línea. Periódicos al gusto, que inclusive se obtienen sin tener que salir de casa: cada mañana, el software para el diario personal elige, de entre decenas de miles de archivos, aquellos que se ajusten a las preferencias que le hemos indicado. Cada uno de nosotros tendría, así, su periódico propio (que inclusive se puede imprimir, si es que experimentamos alguna nostalgia por el papel y la tinta) pero es difícil creer que esa sea la función de la prensa.
Hay discrepancias, y temores, al respecto. Cuando nos enfrentamos a las páginas de un periódico tradicional, allí tenemos un mosaico de las realidades recientes de nuestra localidad, nuestro país y el mundo. La economía y los deportes, el clima y la cultura, Asia y Africa, se encuentran cada uno en su espacio peculiar pero como parte de un poliedro armónico. En cambio, los periódicos por encargo que ya se ofrecen a través de los servicios en línea, presentan únicamente los fragmentos de realidad que deseamos ver. Puede decirse que siempre, de todos modos, existe el filtro de alguien: en el caso de la prensa convencional, el criterio que se expresa en las decisiones editoriales del director o el jefe de redacción de un diario. En el periódico electrónico personalizado, el cernidor es la suma de parámetros que hemos establecido. De esta manera, habrá usuarios que solamente quieran recibir noticias, por ejemplo, del Medio Oriente, sin que les importe nada de lo que suceda en otros sitios del mundo. Otros, elegirán únicamente asuntos deportivos (o, peor aún, habrá quien solicite que le envíen solamente informaciones metereológicas, recetas de cocina y los marcadores del hockey sobre hielo).
En países tradicionalmente encerrados en sus propios asuntos como, a pesar de la abundancia de medios de comunicación, ocurre en Estados Unidos, el efecto que pueden tener esos diarios personalizados sería la profundización de aislamiento y, vale decirlo, de la ignorancia en que una gran cantidad de ciudadanos de ese país viven respecto de lo que ocurre en su entorno mundial. De por sí, en esas naciones hay una perspectiva que puede ser considerada como aldeana, capaz de reconocer problemas en su propia comunidad o en una tragedia que la televisión le comunica a una distancia de varias decenas de miles de kilómetros, sin jerarquizar ni ubicar cada acontecimiento. La selección automatizada de "campos" de acontecimientos para confeccionar el diario que cada quien quiere recibir cada mañana, eliminaría la perspectiva y se convertiría en un amasijo de datos. Más que tener un diario personalizado, los usuarios de ese servicio reproducirían no sólo sus preferencias sino sus limitaciones propias.
El asunto apenas suscita discusiones. Por su instructiva claridad, reproducimos íntegra la opinión, sobre este asunto, de David Weinberger, presidente de Evident Marketing, una empresa de Massachusetts:
"La información, por naturaleza, siempre es adecuada y preparada en diversos grados. Por ejemplo, The New York Times es confeccionado de acuerdo con una serie de intereses, en tanto que The Wall Street Journal de acuerdo con otros. El seguimiento lógico de esta observación debería ser que cada persona debiera ser mejor atendida por un periódico confeccionado de acuerdo con sus peculiares intereses. Pero cada micro-confección privaría a los periódicos y otros documentos de una de sus fortalezas principales: ayudar a establecer el sentido de comunidad en un grupo.
"Después de todo, una de las razones para que leamos un periódico es para ver qué es lo que se está diciendo. El hecho de que un artículo aparezca en la página 15 en lugar de la página 1, nos dice algo acerca de cómo una comunidad (o al menos su periódico) está evaluando la importancia del artículo. Si yo fuera a indicar a mi servicio de periódico computarizado y personal que mi interés principal son las noticias acerca de Malasia, la primera plana de mi periódico personalizado estaría lleno de ellas, y entonces yo me perdería de un importante indicador de cómo mi comunidad juzga el significado de esa nación.
"Publicaciones como los periódicos y las revistas, entonces, son una importante vía que una comunidad descubre y construye en su sentido de preocupaciones compartidas.
"El hecho de que el documento que estoy viendo sea el mismo para todos los que lo reciben, tiene otros importantes efectos. Establece una base común de expectativas acerca de lo que nosotros, como comunidad, se supone que sabemos. Si, en el clímax de la Guerra del Golfo Pérsico, hubiéramos encontrado a un americano que dijera que nunca había oído hablar de la Tormenta del Desierto, deberíamos haber aprendido algo importante acerca de esa persona.
"En breve, el acto de publicar --que, en sus raíces, significa 'hacer público'-- ayuda a establecer un público, en primer lugar. Un público, una comunidad, se cohesiona en gran medida a partir de lo que se supone que sabe, y cómo evalúa el significado de los asuntos actuales. Empezamos a perder ese sentido de comunidad cuando las expresiones que compartimos de manera pública, son confeccionadas por computadoras de acuerdo a las necesidades y deseos de los individuos."66
Ese reconocimiento del papel de la prensa como cemento de las relaciones sociales es útil para, en contrapartida, pensar en la cibercomunicación no sólo como un maravilloso puente a la información en cantidades opíparas, sino además como obstáculo a las formas de socialización tradicionales. Salvo excepciones, la recepción de la información cibernética ocurre en un acto solitario. Nadie más: el usuario frente a su pantalla puede tener la sensación de que navega por el mundo, y en algún sentido así estará ocurriendo, pero ello podría ocurrir en el aislamiento personal más absoluto, con tal de que se cuente con el equipo de cómputo pertinente y una línea telefónica. Desde luego la información y las experiencias así adquiridas pueden ser compartidas, inclusive a través del mismo ciberespacio, pero esa ya es una decisión del beneficiario inicial de ellas. Después de todo, la gran mayoría de quienes navegan y consumen mensajes en la superautopista de la información reciben, contemplan y usufructúan lo que otros han confeccionado. Esto sucede especialmente en las páginas de la WWW, en donde si bien existe posibilidad de interactuación, enviando comentarios por e-mail, el atractivo --y la oferta-- principales son la variedad de mensajes, icónicos, textuales o fónicos que puede ser recuperados por los usuarios. Es decir, si bien técnicamente es posible que cada quien incorpore sus mensajes en los diversos espacios de las redes electrónicas, lo más frecuente es que quienes navegan por ellas sean consumidores, más que contribuyentes con sus propias aportaciones. En la WWW y los espacios comerciales en red, el atractivo principal consiste en tener acceso a la información allí disponible y no la contribución de los usuarios, como en los tiempos en que Internet era una colección de foros de discusión a través del intercambio de textos.
Por otro lado, la parcialización informativa es inevitable cuando se está ante tal cantidad de datos. Un amigo, recién cibernauta, nos decía entre exhausto y harto: "Lo malo en Internet es que nunca acabas. Cuando crees que ya recorriste los espacios más importantes, resulta que hay otros nuevos. Ni el tiempo ni la vida alcanzan". Quizá el error está en ese sentido de omni-apropiación, que sería ridículo en otros casos pero que en la cibernavegación resulta frecuente. Si entramos a una biblioteca importante, jamás se nos ocurriría angustiarnos por el hecho de que no tendremos años suficientes para leer todo lo que allí se encuentra. Además, es difícil que todo eso realmente nos interese, por muy abierta que sea nuestra disposición al conocimiento. Pero en la cibernavegación suele manifestarse una predisposición a la avidez, porque si no es en el contenido, al menos en la forma llega a haber algo que nos interese: la definición de una fotografía, el tipo de letra de los textos, la calidad del sonido... Quizá no hay medio de comunicación más seductor que la red de redes. Antes que nada, su capacidad de atracción comienza por el hecho mismo de que nos encontramos frente a frente con el mensaje, que viene a nosotros como resultado de nuestro llamado. Hemos tenido que solicitar un archivo específico, o una página de WWW con una dirección precisa, para que aparezca ante nosotros. Hay una respuesta específica a una acción nuestra. A menudo nuestra posibilidad de iniciativa allí termina, porque una vez que aparece el archivo debemos seguir instrucciones que no dejan lugar a un nuevo albedrío.
Los medios de comunicación convencionales son una ventana al mundo y a nuestro entorno más inmediato, a través de la cual podemos enfocar la mirada a uno u otro asunto. De por sí, esos medios pueden ser cuestionados, como ocurre frecuentemente, por su parcialidad y unilateralidad. En la comunicación cibernética, cuando es matizada por un filtro prestablecido, se acentúa esa tendencia a mirar unos cuantos árboles y no el bosque. No importa que hayamos sido nosotros quienes establecimos las pautas de ese cernidor: al pedir específicamente información sobre unos cuantos temas, nos cerramos la puerta a la actualidad en otros más. Así, a propósito de la prensa electrónica diseñada según el interés de cada cibernauta, el escritor Umberto Eco ha considerado: "Podrían morir los diarios, no los editores de diarios que venderían informaciones con costos reducidos. Sin embargo, el periódico hecho en casa podría decir solamente aquello en lo que el usuario está ya interesado de antemano y lo alejaría de un flujo de informaciones, juicios y alarmas que habrían podido reclamar su atención; le quitaría la posibilidad de atrapar, hojeando el resto del periódico, la noticia inesperada y no deseada. Tendríamos por tanto una élite de usuarios informadísimos, que saben dónde y cuándo buscar la noticia y una masa de subproletarios de la información, satisfechos con saber solamente que en los alrededores nació un becerro con dos cabezas: es lo que ya sucede en los diarios del midle west estadounidense".67
En México, en la primavera de 1995 dos diarios entraron en la WWW y al menos otro se disponía a hacer lo mismo. Desde el 6 de febrero, La Jornada colocó una página electrónica que renueva cada día, con las noticias principales de primera plana, una selección de textos de opinión y las caricaturas más populares de ese periódico. El alcance que buscó, ha sido sobre todo internacional. "La operación se hace entre las 3 y las 4 de la madrugada, lo cual significa que un lector que encienda su computadora al mediodía en París o en Madrid, podrá leer las principales noticias y opiniones antes de que el diario llegue a los puestos de periódicos de la ciudad de México".68
Los responsables de esa nueva área en La Jornada, relataron que la demanda fue tal que el servidor de la Universidad de Pennsylvannia, a través del cual se propagaba la página electrónica, se saturó rápidamente "y el 30 de marzo se hizo un convenio con una institución canadiense". De hecho, el sitio desde donde la página electrónica se ponga en la WWW no es tan irrelevante para el usuario por lo que llama la atención que los encargados de ese servicio en el diario mencionado pensaran que cambiando de servidor resolverían un problema de tránsito que no depende sólo de la fuente originaria desde donde la página se transmite, sino además de los puentes, o compuertas electrónicas, que cada posible lector emplea para tener acceso a la World Wide Web.
El mérito de ser el primer diario de la ciudad de México presente en la red electrónica, se lo quiso apropiar otra publicación, Reforma. El 6 de abril, ese diario se ufanaba, en su primera plana, no sólo de tener su propia página en la red de redes sino, incluso, de ser "el primer periódico a nivel mundial en ofrecer una versión electrónica en el formato original, incluyendo imágenes, fotografías y gráficas".69 La publicación de esa nota motivó la tácita respuesta de La Jornada, cuatro días después, con lo cual quedó claro de quién había sido la primicia para estar presente en Internet. Además, mucho antes que los diarios mexicanos otros, en Estados Unidos y Europa, deambulan por el ciberespacio. Más allá de tales detalles, durante los primeros días después de su anuncio, la página de Reforma no pudo estar presente en Internet debido a problemas técnicos, de la misma manera que la página de La Jornada con frecuencia sufría desperfectos que la sacaban del aire.
Para los diarios mexicanos, así como, eventualmente, de otros sitios de Latinoamérica, podría decirse lo mismo que respecto de la presencia de publicaciones estadounidenses en la red: por lo pronto, las posibilidades comerciales de esas experiencias son mínimas; lo más importante es el hecho mismo de que el diario pueda ufanarse de estar en la SAI. Ya se verá, luego, de qué sirve. Por supuesto, hay una utilidad clara en términos de divulgación, sobre todo para los interesados, en este caso, en las noticias mexicanas y que radican en el extranjero. Dos cotidianos de Monterrey, El Norte --socio de Reforma-- y El Diario de esa ciudad, tenían sendas páginas en la WWW. Luego, Excélsior abrió su espacios en esa pista de Internet y otros diarios, como El Economista, lo hicieron a través del servidor de la UNAM. En julio de ese año, el semanario de política y cultura etcétera abrió una página en la triple W, con lo que se convirtió en la primera publicación mexicana, en su género, en estar en el ciberespacio.
11. Política en la Red
Los usos políticos en la superautopista informativa tienden a ser muy conocidos, por sus consecuencias públicas y por la heterodoxia que significan en el quehacer proselitista o para influir en los gobiernos y/o en las sociedades. No son, por cierto, las aplicaciones más abundantes. Del incuantificable tráfico de mensajes en las redes, sin duda alguna la gran mayoría se refieren a temas personales, como los descritos en apartados anteriores. Pero el empleo deliberadamente político de la información y sobre todo la persuasión a través de las redes, pareciera ser una de las vertientes con más futuro. Ello no significa que tal uso redunde en mayor claridad, información o educación cívica de quienes pueden estar conectados a la SAI, como se muestra en los casos siguientes.
La polit