La nueva alfombra mágica Raúl Trejo Delarbre
Capítulo IV
Estado y liberalización.
El crecimiento desigual y desmesurado
en el ciberespacio
Variedad y disparidad en América Latina Ese panorama, aunque sea en parte, ha venido cambiando. Una expresión, a la vez que un vehículo de la civilidad, es el acceso más oportuno y sencillo a los medios de comunicación. Por ejemplo en México, para seguir con el mismo caso, tan sólo en el transcurso del gobierno del presidente Carlos Salinas (de 1988 a 1994) la cantidad de poblaciones con servicio telefónico aumentó de 6 mil 195, a 20 mil 828 y el número de líneas conectadas, de 4 millones 381 mil, a 8 millones 449 mil.5
En el terreno de la computación, la capacidad instalada en los países latinoamericanos ha sido creciente, aunque notoriamente desigual. También lo es, respecto de otras zonas del mundo. El siguiente cuadro ofrece una idea de la disparidad en las posibilidades de cómputo, en comparación con la existencia de teléfonos, en una selección de once naciones, cinco de ellas de América Latina.
El cuadro muestra, en la primera columna por cada país, la cantidad de habitantes por computadora y, en la segunda, la cantidad de teléfonos por cada cien habitantes.
Fuentes: Periódico Reforma, México D.F., 30/XI/94, con datos de The World Competitive Report, y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Informe Sobre el Desarrollo Humano 1994, México, 1994.
El cuadro anterior es, nos parece, muy explícito. En los países latinoamericanos seleccionados para este ejercicio estadístico hay, en comparación con los otros, más habitantes por cada computadora y menos teléfonos por cada cien habitantes. La relación es inversamente proporcional en las naciones más industrializadas. Así, frente a las 143 personas por cada computadora en Brasil, en Estados Unidos había solamente tres; en tanto, existían 9.2 brasileños por cada cien teléfonos y 79 estadounidenses por cada centenar de aparatos telefónicos. Se encuentran casos peculiares como el de España: muchos teléfonos y, comparativamente, pocas computadoras. O el de Chile, en donde las proporciones entre ambos recursos eran muy similares.
Como sucede en estos casos, en los que se contraponen paradigmas drásticos, lo mismo en la orientación del desarrollo que para su análisis, el problema puede verse con un cristal pesimista, o uno optimista. El primero, como ya apuntamos, puede llevarnos a una actitud exclusivamente denunciatoria, que sea paralizante tanto en términos intelectuales como políticos. El segundo, si no considera las limitaciones de la visión anterior, puede ser tan voluntarista que deje de reconocer el entorno en el que se producen esas desigualdades. Después de todo, es imposible juzgar con eficacia crítica y sólo con un lente maniqueo, a la relación entre las bondades que ofrecen las nuevas tecnologías y las dificultades para acceder a ellas debido al costo y a la brecha del conocimiento.
Una muestra de la vertiente optimista es la siguiente: "Debería reconocerse, además, que habrá un creciente intercambio de información y servicios en dos direcciones. Con el impetuoso caudal de información desde el mundo industrializado, hacia el resto del mundo, también habrá oportunidades para nuevos canales desde el sur, hacia el norte. La población del norte industrializado ahora puede tener contacto con gente y culturas en países en desarrollo, logrando un mayor conocimiento de muchas más regiones del mundo. Se puede esperar que esta oportunidad propiciará el conocimiento de las desigualdades del mundo, llevando a una creciente cooperación".6
Sólo que la cooperación no surge de manera espontánea. La buena voluntad, suele ser buscada, propiciada y construida. Eso vale tanto para el trato entre las naciones, como para las relaciones económicas y políticas dentro de una misma nación.
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Notas
5Carlos Salinas de Gortari, Sexto Informe de Gobierno. Anexo. México, 1994, pág. 278.
6Tom McQuaide, "Digital communications: channels to new worlds, not a collapse of culture", texto en torno a la Conferencia Anual del Instituto Internacional de Comunicaciones en Tampere, Finlandia, en Intermedia, Vol. 22, No. 5, Londres, octubre-noviembre de 1994.
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