La nueva alfombra mágica

Raúl Trejo Delarbre


Capítulo IV
Estado y liberalización.
El crecimiento desigual y desmesurado
en el ciberespacio

Buenos Aires: reconocer crecimientos desiguales

Asuntos como esos hacen de especial necesidad el intercambio de experiencias. Así, en marzo de 1994 se reunió en Buenos Aires la Conferencia para el Desarrollo de las Telecomunicaciones que aprobó una Declaración dedicada, especialmente, a proponer políticas para la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Se trata de uno de los muy escasos intentos para construir, si no políticas compartidas, al menos marcos de referencia comunes. Aunque esa reunión se efectuó en un país latinoamericano, sus efectos fueron poco sensibles en nuestros países. De cualquier manera lo que allí se dijo es rescatable, igual que ocurre con diversos cónclaves y declaraciones de encuentros internacionales. Los expertos suelen estar de acuerdo tanto en el potencial enormemente transformador, como en los riesgos de las nuevas comunicaciones cibernéticas, entre los cuales destaca la desigualdad entre las naciones. Sin embargo, esas convicciones no suelen trasminarse ni al resto de las élites gubernamentales o académicas ni mucho menos a las sociedades de cada país.

En la Conferencia de Buenos Aires se hizo una advertencia útil respecto de la colaboración entre naciones: "Cualquier cooperación estratégica para el desarrollo de las telecomunicaciones, debe reconocer los diversos niveles de crecimiento de los países en desarrollo. En tanto la convergencia entre naciones que tienen media y alta teledensidad resulta recomendable, todavía hay una creciente divergencia entre los de media y baja teledensidad. Este hecho subraya la necesidad de poner especial atención a los requerimientos de los países menos desarrollados".49

Las alianzas, o los acuerdos por lo menos entre naciones con afinidades históricas y/o culturales parecen prudentes, especialmente a la vista de la hegemonía de Estados Unidos en la ocupación y el fomento de redes como la misma Internet. Al mismo tiempo que los usuarios, actuales o posibles, de las redes electrónicas en todo el mundo --Latinoamérica dista de ser la excepción-- miran hacia Estados Unidos en busca de nuevos desarrollos, desde países como ése las miradas de los empresarios de la informática y la comunicación se dirigen insistentemente hacia el mundo de habla española.

"Pensamos que América Latina es una de las grandes oportunidades",50 han dicho funcionarios del sector privado refiriéndose al desarrollo posible de la computación y las redes electrónicas. Pese a las vicisitudes económicas y a la desigualdad que prevalece en nuestros países, existe un impulso hacia el desarrollo que permite prever el consumo de cada vez más productos informáticos.

En cada una de las naciones de la región existen élites interesadas y con capacidad para propiciar que la expectativa de inversionistas antes mencionada, pueda cumplirse al menos en el empleo intenso de computadoras, programas y desde luego de la comunicación cibernética. Otro factor que impulsa el desarrollo de la informática en América Latina es la presencia de empresas estadounidenses y el surgimiento de algunas de capital doméstico, para las cuales el empleo de tales recursos ahorra capital y moderniza la producción y los servicios.

Una opción que parecería natural para Latinoamérica sería el acercamiento informático con España, como puente hacia el resto de Europa. Ya, al menos, entre los españoles dedicados a estos menesteres parece haber algún interés para aprovechar e impulsar, con criterios y valores iberoamericanos, las nuevas opciones de intercambio, coutilización y propagación de información electrónica. Por ejemplo, apenas a mediados de noviembre de 1994 el entonces vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra, presentó entre uno de los puntos estratégicos para una política española de telecomunicaciones, el desarrollo de un mercado audiovisual hacia Latinoamérica. De esta manera, decía la información periodística, se lograría "aprovechar al máximo la ventaja cultural que supone ser la cuna de una de las lenguas más habladas del mundo".51

El vicepresidente Serra se refería al Acuerdo Estratégico en materia de telecomunicaciones, aprobado un mes antes por el Consejo de Ministros. Allí se consideraba que el principal valor de las telecomunicaciones no está en los componentes ni en las redes, sino en la programación y en los derechos de autor. La apuesta española por una presencia singular en las autopistas de información se desplegaría por tres ejes: "Las comunicaciones móviles de voz y datos; la generalización de la informática a distancia; y la liberalización o la apertura a la competencia de mercados tradicionalmente situados en régimen de monopolio".52

El idioma español sería un elemento de identidad para una participación aventajada, de ese país, en el mercado de las naciones en donde se comparte dicha lengua. Sin duda, en estrategias como ésa, si se traducen en proyectos específicos y conjuntos, hay un amplio campo dentro del que se puede avanzar. Sin embargo, la mencionada nota periodística apunta que el vicepresidente Serra habló de "la necesidad de desarrollar el mercado audiovisual español con proyección hacia Latinoamérica" (el subrayado es nuestro). No dijo con Latinoamérica.

¿Es exagerado hablar de una posible nueva colonización? ¿Nuestras siempre erizables susceptibilidades latinoamericanas podrían considerarse violentadas por esa eventualmente agresiva y nueva incursión de la cultura y el comercio españoles, ahora a través del cable coaxial o la fibra óptica, capaces de llevar en directo la señal de la madre patria hasta nuestras computadoras? Si reconocemos que en Madrid nos llevan ventaja en materia de atención a estos temas, podemos encontrar motivos de preocupación no por el interés de los españoles sino por la indolencia de muchos gobiernos y estados latinoamericanos.

Pero, desde otro punto de vista, es posible reconocer una presencia latinoamericana, cultural y empresarialmente agresiva, en algunos espacios de la comunicación en Iberoamérica. La firma mexicana Televisa, por ejemplo, hace tiempo ha buscado propalar sus mensajes y hacer negocio entre los españoles. No lo ha conseguido, nos parece que en buena hora para ellos y para su cultura. Si hemos de aprovechar juntos mensajes y recursos, en este mundo de redes crecientemente entrelazadas, será pertinente que elijamos qué compartir. Es deseable que los mensajes que intercambiemos no sean los subproductos más baratos, en todos los sentidos, que tienen nuestras respectivas subculturas.

Desde otra perspectiva, es necesario reconocer que los instrumentos para la circulación de ideas, enseñanzas y culturas, como la superautopista de la información, tienden a estrechar al mundo. Un mensaje en Internet, dirigido por los afluentes adecuados, puede llegar de manera instantánea a centenares o millares de destinatarios, deliberados o casuales, más allá de cualquier otra frontera. Las posibilidades que así tiene la propagación de la cultura son literalmente incontables.

Pero, ¿de qué cultura hablamos, entonces? Al difuminarse por estas nuevas vías, la cultura deja de ser nacional, por lo menos en los términos convencionales. Según los parámetros conceptuales que usemos, puede considerarse que en la superautopista informativa las culturas nacionales tienden a ser influenciadas de tal manera que se desdibujan. Entonces, tendemos a construir una sola cultura universal que ahora se manifiesta en ese espacio, por definición amplio, que constituyen Internet y sus afluentes.

El papel de los organismos internacionales en la promoción de proyectos comunes, capaces de ahorrar recursos y propagar con mayor racionalidad (o con una racionalidad tal que combine intereses nacionales con requerimientos regionales, tendencialmente universales) parece cada vez de mayor importancia, en ese contexto de información que cruza fronteras de manera instantánea y cotidiana. Tales organismos, entre otras tareas, pueden crear bancos de información con criterios, metodologías y fuentes de interés peculiares, promover pautas y medidas de capacitación, así como servir de espacio para la evaluación de experiencias nacionales y el intercambio de propuestas. Entre otros rubros, resulta útil el contraste y enriquecimiento de experiencias sobre la regulación legal, y administrativa, de los recursos que facilitan la existencia de la superautopista informativa.

Después de todo, las redes son esencialmente globalizadoras. Sería absurdo (pero puede ocurrir) que los gobiernos, en este caso latinoamericanos, no hicieran nada para afrontar, conjunta o al menos coordinadamente, los desafíos que imponen estos nuevos cauces de intercambio y beneficio, pero también aturdimiento y vasallaje, que pueden ser las redes cibernéticas.

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Notas

49"Buenos Aires Declaration on Global Telecommunications Development for the 21st Century", Intermedia, Vol. 22, No. 3, Londres, junio/julio de 1994. Por "teledensidad", ese documento se refiere a la concentración de recursos en materia de telecomunicaciones.
50Michael T. Masin, vicedirector de la empresa GTE. Citado en "The Global Free for All", Business Week, Nueva York, september 26, 1994.
51J.F.B., "Serra destaca el valos español en las 'autopistas de la información'", El País, Madrid, 15 de noviembre de 1994.
52Ibidem.

 


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