La nueva alfombra mágica

Raúl Trejo Delarbre


Capítulo IV
Estado y liberalización.
El crecimiento desigual y desmesurado
en el ciberespacio

Cooperación, una fórmula difícil pero imprescindible

Con frecuencia, la cooperación entre los países latinoamericanos --hay que reconocerlo-- se queda en los discursos y no trasciende a las políticas específicas. En cambio, en otras latitudes ya hay pasos para la creación de medidas comunes respecto de la información electrónica. Estados Unidos, Japón y los Tigres que se han revelado como potencias económicas en Asia, han tomado el impulso de políticas de Estado para la propagación de redes de datos, como prioridades muy destacadas. No hay alianza formal porque la competencia mutua se impone a los intentos de cooperación, pero existe un bien conocido flujo de información y sobre todo de intercambio y apropiación tecnológicos.

Europa ofrece la mejor experiencia de construcción de una política común. En junio de 1994 el Consejo de Ministros de la Unión Europea, reunido en Corfú, aprobó la creación de un Consejo especial dedicado a construir la sociedad de la información en Europa. Esta sociedad ha sido entendida como "un sistema económico-social que utilice de forma óptima los recursos fundamentales del futuro, que serán cada vez más la mente, la inteligencia y el conocimiento".45

Los países latinoamericanos podrían encontrar fuente de inspiración y sugerencias en el Informe Bangemann que el comisionado de ese apellido entregó al Consejo de la Unión Europea. En ese documento, descrito páginas atrás, se proponen políticas de cooperación entre empresarios privados y gobiernos, en diez áreas específicas de aprovechamiento de las redes de información que van de la educación a la salud, desde el tránsito por carretera hasta las interconexiones para pequeñas empresas, desde las administraciones gubernamentales hasta las decisiones en las ciudades.

Después de Corfú, en octubre de 1994 se reunieron en Madrid mil 500 expertos para revisar las conclusiones Bangeman y el Libro Blanco. La nota periodística que informaba de ese encuentro consideraba que, allí, "se esconde el proyecto más ambicioso con que Europa se propone hacer frente a la ofensiva lanzada en el campo del multimedia y de las autopistas de la información por Bill Clinton y Al Gore en Estados Unidos".46

En junio de 1995 se anunció la interconexión de diez ciudades europeas a través de un sistema de comunicación electrónica capaz de soportar información digital, pero distinto de Internet. Se trata de una superautopista propia, conformada por una red de 10 mil kilómetros de fibra óptica, a través de la cual se pueden transmitir señales de computadora pero también envíos de voz e imágenes, a una velocidad mayor a otras redes. Esta autopista Europea está pensada para interconectar escuelas de telecomunicaciones e intercambiar información diversa, pero sus utilidades podrían ser mayores. Su singularidad, que es el hecho de ser paralela a Internet, es sin embargo su principal limitación. No sustituye a la conexión de los europeos con las redes fundamentalmente nutridas desde Estados Unidos, pero constituye una opción para que ellos mismos abran sus propios espacios. Una restricción nada menor es el hecho de que los usuarios no europeos no necesariamente están contemplados en ese proyecto. Inicialmente, la Autopista del llamado Viejo Continente, enlaza a las siguientes ciudades: Madrid en España; Aveiro en Portugal; Nápoles en Italia; Bruselas en Bélgica; Basilea en Suiza; La Haya en Holanda; Linz en Austria; Lymerick en Irlanda y Londres y New Castle en Reino Unido. La Universidad de Chemnitz, en el sureste de Alemania, quedó enlazada pero a través de Internet, con lo cual se redujeron sus posibilidades de recibir información de video y audio en la calidad que tendrán las otras plazas.47

Para cualquier nación los costos de estas aventuras tecnológicas, si bien inevitables, son muy altos. Se pueden abatir, o compartir, en proyectos de cooperación. Pero esta colaboración no puede ser sólo entre gobiernos, si bien en dicho nivel resulta imprescindible. Además, las exigencias de hoy y las mismas modalidades trasnacionales de los negocios, implican que haya alianzas entre comunidades empresariales, académicas y de otros segmentos de las sociedades de cada país.

No es fácil. La falta de una cultura de la competencia empresarial, así como la extrañeza con que se suelen tomar las innovaciones tecnológicas, implican un doble rezago para el empleo de telecomunicaciones, con fines de negocios pero también en otras áreas. Dice, al respecto, la editora de una publicación especializada: "Los servicios de comunicaciones a los que sus competidores extranjeros están acostumbrados, frecuentemente son demasiado caros o simplemente no están disponibles para muchas empresas latinoamericanas. Por ejemplo, para utilizar las redes internacionales en gran parte de Latinoamérica, las empresas deben pagar tarifas prohibitivamente altas. En cambio, para sus competidores extranjeros, el uso de estas redes es barato y por eso se emplean en forma cotidiana" .48

De hecho, la cooperación internacional entre empresas llega a significar posibilidades de expansión para ellas, junto con riesgos para sus Estados y desafíos nuevos a los gobiernos. Un ejecutivo de la filial en México de una empresa trasnacional de computadoras, nos platicaba hace poco que, para su firma, la dependencia respecto del sistema mexicano de telecomunicaciones, a cargo de Teléfonos de México y con regulación del gobierno federal, era cada vez menor. "¿Para qué pagar las tarifas de Telmex, o para qué estar supeditados a la supervisión del gobierno --nos decía-- si con una pequeña antena parabólica podemos enlazarnos directamente con uno de los satélites en donde tenemos permanentemente alquilado un transpondedor para uso de nuestra empresa?".

___________________________
Notas

45Bruno Lamborghini, "Un desafío cultural y social", en suplemento "Temas de Nuestra Época", El País, Madrid, 21 de julio de 1994. Lamborghini es director de Estudios y Estrategia del grupo Olivetti.
46José F. Beaumont, "Cumbre europea en Madrid sobre las 'autopistas de la información", El País, Madrid, 20 de octubre de 1994.
47Marta Rodríguez, "Dies ciudades unidas por la primera 'autopista' europea de la información", El País, Madrid, 27 de junio de 1995.
48Karen Lynch, op. cit.

 


Regresar a Indice del Capítulo 1