Laura Islas Reyes
Con ocho paneles simultáneos y más de 50 expositores, continuaron los trabajos de la
segunda jornada de trabajo del III Congreso Internacional de la Lengua Española. El Complejo
Cultural Parque de España, ubicado a las orillas del Paraná el padre de los ríos en guaraní, fue la sede.
Una larga fila de asistentes se formó afuera de esta segunda sede del III CILE para
esuchar ponencias sobre temas como la tradición cultural e identidad lingüística, el español y las
comunidades indígenas, el castellano y otras lenguas de España, las migraciones y la identidad,
la creación literaria hispánica en situación de lenguas en contacto y la comunicación textual en
el mundo hispánico: trasversalidad y contrastes.
Precisamente, la participación de los escritores argentinos Tomás Eloy Martinez y
Mempo Giardinelli, hizo de este último panel uno de los más concurridos. Los otros participantes de
esta mesa fueron el escritor peruano Fernando Iwasaki; el director de la revista
Cuadernos Hispanoamericanos, Blas Matamoros; el escritor español Juan José Millás; el director del Instituto
Castellano y Leonés de la Lengua, Gonzalo Santoja, y Emilia de Zuleta, miembro de la
Academia Argentina de Letras.
Giardinelli abrió la mesa coordinada por Eloy Martínez. El autor de
El décimo infierno habló sobre la manera "dramática" en que se ha empobrecido el habla en Argentina que, en
promedio, "de 84 mil vocablos no supera el millar de palabras".
Y dijo que en este sentido se debe tomar conciencia de que la lengua "no sólo es un medio
de comunicación. Todo lo que degrada a la lengua y la envilece, afecta a la nación entera".
"Hablar bien, con propiedad y corrección es el mejor camino para pensar bien."
De la importancia del buen uso del español, Giardinelli dijo que "en cualquier época cada
nación fue una lengua antes que un Estado".
Señaló también como otro de los problemas "el desconocimiento de las reglas. El
verdadero porvenir de una lengua no requiere la eliminación de sus reglas, sino su cumplimiento".
Sobre la convivencia del español con otras lenguas, el escritor argentino aseguró que ésta
se trata de "la evolución natural del idioma que se habla diariamente, (que) obliga que se
adapte. Y eso implica aceptar nuevas palabras. Hoy son anglicismos, ayer fueron latinismos y galicismos".
Como una de las soluciones más viables propuso la promoción de la lectura. "Puede
sanar exgaerado que sólo la lectura salvará a nuestros pueblos. Pero estoy convencido que no
abrá futuro si los habitantes de este país no leen".
Por su parte, Juan José Millás puso el acento de su participación en la diversidad de la
lengua española.
"La cultura se inaugura al mismo tiempo que la diferencia... Los habitantes de la torre de
Babel hablaban un idioma único, el esperanto de la época, que los mantenía patológicamente
unidos e indiferenciados como el bebé permanece unido e indiferenciado de la madre, sin saber
dónde termina él y comienza el otro, ignorante de que entre él y la realidad existe una frontera."
Y acerca de ese Babel construido sobre el ideal de una lengua única, el autor de
Dos mujeres en Praga dijo que en este caso no sería el mítico esperanto, sino el inglés.
"El inglés en el que se expresa el 90% de la población mundial que lo habla es un idioma
de aeropuerto, que sirve para averiguar dónde está el retrete y poco más. Podríamos decir que se
trata de un inglés escatológico... porque más que anunciar el principio de una nueva cultura,
amenazaba con la muerte de todas". Aunque añadió que "claro que el inglés no tiene la culpa, le
podía haber tocado a otro idioma".
Millás también se refirió a la pobreza en el uso del español. "Cada palabra que se cae
del vocabulario, como cada lengua que se pierde, equivale a la pérdida de una pieza dental. Con
esas piezas dentales que llamamos palabras masticamos la realidad para digerirla y comprenderla".
Mientras que Gonzalo Santoja opinó que el problema del español no es que existan formas
de hablar tan diferentes, ni tampoco la influencia del inglés. "El problema del español es la
miseria, la pobreza, la injusticia de muchas personas que viven y piensan en español".
Como ejemplo citó lo que ocurre a los hijos de muchos habitantes hispanos en Estados
Unidos. "Renuncian a su idioma porque lo identifican con la miseria".
En este punto coincidió Tomás Eloy Martínez, quien, durante la sesión de preguntas y
respuestas y para concluir este panel dijo que "hay un cierto vínculo entre la imagen de pobreza y hablar
y español, muchos estudiantes descendientes de hispanohablantes se avergüenzan de hablar
español en público. Sienten en efecto el español es el idioma de la subordinación y la miseria. Es
una lamentable realidad".
En exclusiva para etcétera, desde Rosario, Argentina,
Laura Islas Reyes