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Antulio Sánchez

Antulio Sánchez

Atrapados en la red del amor

Concebidos como un perenne espacio de iluminación existencial, los chats desempeñan la función múltiple de un paraíso secular, son un campo celestial laico y un espacio intangible sin tiempo.

Antulio Sánchez hace un recorrido sobre esos espacios de plática, que son a la vez refugios de la soledad o el ansia de encontrar el amor y el placer; son también ventanas donde se acortan las distancias, gobierna lo infinito y se desarrollan heterogéneas e inagotables expresiones.

El chat es la promoción no explícita de la fantasía; una cadena de sonidos que nunca llega al concierto total. Con su horario eterno que anula el sentido del tiempo y su carácter de metáfora, es la región que fascina pero atropella cualquier deseo de realidad. El chat es el lugar que deja sentir que ahí sólo tiene vida el tiempo libre.

El exterior es la zona avulnerable que aniquila y da la sensación de que comprometerse en el intercambio efectivo puede ser fatal. La paradoja es que, al ser reflejo de la sociedad, el chat replica lo que preocupa y alegra a las mentes de los usuarios. Los individuos no están desprovistos de gravedad, los nicks por muy neutros que sean transportan afectos y sentimientos. Pasear por el chat de ninguna manera es el camino para que la identidad individual y colectiva se diluyan.

Navegar ahí es correr el riesgo de perderse en un torbellino de elementos binarios. Distinguir las diferencias no es fácil, sobre todo porque en ocasiones se tiene la sensación de estar inmerso en remolinos de signos similares: los laberintos ocultan y muestran; son un campo de sombras e imágenes claras; un terreno para neófitos y expertos. El chat es un mosaico o rompecabezas lleno de figuras, clones humanos, ideas, pasiones, ardientes y locas expresiones psicológicas, héroes y villanos, inocentes y delincuentes, cuerdos y orates. Es un universo donde lo elitista se refugia en una provisional, y en ocasiones erudita, acción práctica y sentimental.

Los chats técnicamente son conocidos como Internet Relay Chat (IRC); se usaron por primera vez en 1988, en Finlandia, y de inmediato obtuvieron una amplia aceptación, sobre todo de los estudiantes. La flexibilidad del chat se debe en gran medida a su estructura de canales heredada de los radioanimadores, con lo cual el usuario se conecta de forma sencilla.

En un chat se vive una aventura desenfrenada por los contactos humanos. Es vía adecuada para ligar y hacer amistades, pero es un lugar que gracias al anonimato imperante los sentimientos se vuelven transparentes y frágiles; estas simulaciones afectivas se traducen en ritos, mitos y fanatismos. Como ahí lo íntimo adquiere niveles increíbles de diafanidad expresiva, es fuente ad hoc para que psicoanalistas y estudiosos de los aspectos relativos a la conducta humana tengan un venero inagotable de entrenamiento.

La experiencia sexual en el chat

En los chats lo descabellado tiene certificado de naturalización. Cuando se quiere hacer el sexo virtual, sólo hay que poner en marcha los artilugios de la imaginación. Así, la pantalla se vuelve alcoba, playa, mesa, alberca, silla, alfombra o cualquier objeto que favorezca la práctica sexual. Mientras la invención camina a pasos veloces por el mundo de la excitación, el monitor recibe los impulsos de los dedos que descargan lo que la mente carbura. El monitor se vuelve, entonces, en la piel del otro. El anonimato y la factibilidad de asumir personalidades, de multiplicar el yo, fomentan un diálogo y una interacción en la cual destaca la desinhibición. De tal forma, las chicas pueden decir: "¡Estoy ardiendo!"; "muñeco, siento que me muero por ti" o "mi vagina está húmeda esperando tu pene". Mientras los individuos refieren: "Tienes un hermoso chochito" o "tu panocha es la más hermosa que he conocido". No es disparatado imaginarse eyaculaciones y orgasmos inexistentes en la vida real.

Sin embargo, habrá que establecer que esta modalidad no es similar a la que el video, el cine porno o la literatura erótica son para sus cultores. Este es un nuevo género de prácticas que continúa por los caminos ya experimentados con las hot lines, pero se enfila a constituirse en un mecanismo globalizador de las interacciones humanas. Pensar si lo dicho por el otro es verdad no importa tanto en los chats, ellos son sólo una posibilidad para autoexplorarse; también es una forma de adaptación a la variedad sexual típica de esta era. Aunque tampoco se pase por alto que muchos descargan enfermizamente toda su vida erótica sólo por este medio.

Si bien no todo es sexualidad en los chats, es cierto que tampoco los de corte científico proliferan. Lo lúdico, la seducción por la amistad, es lo que tiene más cabida. Pero más allá de esto, debe dejarse constancia que una tendencia significativa sigue siendo el bricolage sexual, el trasvestismo de personalidades eróticas. Un hecho revelador: las charlas que gozan de una preferencia nada despreciable en el ICQ son las referentes al sexo.

Muchos y contradictorios signos son los que concentran el cuerpo y la sexualidad, tal vez los más alucinantes sean los de la revolución sexual de los años 70. Cabe recordar que a través de la experiencia sexual se deseaba resolver casi cualquier problema humano: era la puerta mágica para acabar con las contradicciones de clases. Entre más sexo y orgasmo se desencadenara, más factible era concretar la llegada del nuevo hombre.1

En el chat no se expresa el deseo de alcanzar una revolución sexual, es ante todo el camino para adherirse al juego de las idealizaciones. Puede objetarse que una gran cantidad de los practicantes del cibersexo lo hacen obligados por ciertas condiciones (Sida, herpes, contagios virales, escaso contacto entre géneros), pero tampoco se debe descartar que esta experiencia constituye un ensanchamiento de las prácticas sexuales.

La estafa y la sensación de manipulación tampoco faltan. Existen los defraudados que después de perderse en la ilusión erótica, se enteran que el otro era de su mismo sexo. Hasta hace poco –más allá de que las mismas preferencias sexuales se desenvuelvan en la red de forma notoria– era una realidad que ahí la participación por género, y por ende en los chats, era desequilibrada (las mujeres ocupaban un porcentaje ínfimo respecto a los hombres), pero las cosas han cambiado en los últimos tiempos, al grado que las participaciones se homologaron velozmente.

El sexo virtual es un aspecto ya tratado por diferentes estudiosos de las nuevas tecnologías y la sexualidad. Incluso algunas feministas lo consideran como una oportunidad para superar las diferencias de género.2 La indefinición sexual o androginia digital se ven como una disposición psicológica que facilita la adaptación del individuo a diversos contextos sociales.3 Un individuo andrógino se adecua a situaciones, características y disposiciones del otro sexo. Se piensa, así, que el individuo tiene opiniones y comportamientos más igualitarios. Es más, los individuos son educados así bajo un mayor margen de tolerancia, porque con sus prácticas rechazan la dependencia de contextos que implican roles específicamente masculinos o femeninos: se accede a un momento más amplio de comportamientos y actitudes, se deriva en una mejor estima de sí. Puede imaginarse que con la realidad virtual se amplía drásticamente la cibersexualidad. Pero aún no se conoce un mecanismo que permita viajar de manera real con el cuerpo por la red.

Amores y desamores en bits

Giddens menciona que existe una relación directa entre los procesos de globalización de la modernidad y la intimidad o, mejor dicho, aquélla altera o afecta la vida cotidiana y el ámbito privado.4 Esto se refleja en Internet. A lo largo de la historia se ha comprobado que en los procesos eróticos y de enamoramiento no es requisito que los protagonistas se conozcan previamente o medie entre ellos algún intercambio verbal.

A diferencia de lo que muchos difunden, las comunicaciones en la red son bastante sinceras, al menos más de lo que se podría pensar. Si se entiende por esto lo que se siente en privado, tal vez muchos de los dialogantes en Internet digan lo que en la vida social nunca mencionan o sólo lo hacen con los más cercanos.5 Es cierto que los cuestionamientos a estas formas de interacción abundan, se dice que acabarán con la cultura, la tradición; son expresiones, pues, de cómo los enemigos de la cultura y el desenvolvimiento social cambian conforme los contextos históricos.

En relación con la situación amorosa, no cabe duda que la vida en la red desencadena las interacciones más increíbles. Abundan las historias más disímbolas, en buena medida alimentadas por la mercadotecnia y la fantasía. Se habla de una hermosa chica que se enamoró en el chat, que después de frecuentarse con su amante virtual decidieron verse, pero el desengaño ocurrió con el contacto en vivo: decidió ir a verlo a su país, frente a ella se encontró con la misma cara que conocía en forma digital, pero con la estatura de un enano. Se habla de una chica seducida por la palabra digital de un usuario, que terminó por trasladarse a California para conocerlo y terminar perdiendo la vida en brazos de quien resultó un psicópata. También está la historia de aquella mujer que se dedicaba a embaucar a los chateros, les pedía dinero para ir a conocerlos, pero después de obtenerlo desaparecía y se ramificaba en otros espectros binarios.6

En su agobiante minimalismo, por la displicencia y brevedad como se multiplican los intercambios, los navegadores en los chats dan vida a una de las más genuinas expresiones de cómo se organizan los afectos de una parte significativa de los seres humanos de fin de siglo, quienes a través de estos intercambios reconfiguran la estructura emocional. Este nuevo ordenamiento del mapa amoroso se expresa en que los clones virtuales relatan cómo su entrada en contacto con determinado chat los llevó a trastocar las relaciones con sus parejas reales y su vida emocional en general. En el chat se vuelve normal que relaciones aparentemente estables y reales se derrumben de la noche a la mañana; que mujeres y hombres que en apariencia tenían una relación sólida descubran una pareja virtual que las lleve a la separación de la real. El chat hace menos problemático el enamoramiento o la convivencia erótica, se parte de que lo ajeno en lo doméstico puede ser encontrado en la red y el ciberespacio. El inconveniente es que ese sucedáneo puede llegar a convertirse en una necesidad vital para la existencia.

Hay quien dice que, si se prolongan, los amoríos virtuales ya no resultan tan interesantes, que tratar de asirse al amado por el recuerdo y los escritos del otro en la pantalla no es suficiente para mantener una relación. Sin embargo, esto no echa abajo la idea de que la comunicación y los símbolos eróticos se combinan para hacer que la memoria de lo sensual y la delicia de lo corporal retornen no como meros actos de remembranza, pues es factible que las caricias virtuales de inmediato desemboquen en aproximación real. Si el placer y el amor están marchitados, el estímulo y el torrente de signos son capaces de dar paso a una nueva primavera de sentimientos amorosos. Esto muestra que los chats pueden ser un recurso para el amor, pero también ejemplifica que las relaciones amorosas y los afectos en general se vuelven globales: muchos chateadores flirtean y traban relaciones amorosas con personas de distintas partes del mundo. Es expresión de ese imparable proceso de trastrocamiento entre lo público y lo privado propio de las sociedades y la era contemporánea. El mundo cotidiano del cual forman parte los clones baña los monitores, pero también la vida real se ve alterada por las coordenadas del ciberespacio.

Es cierto que no es nueva la simulación en forma de estímulo amoroso. En el pasado tórridos romances nacieron a través de lo epistolar (incluso en este siglo, los desaparecidos Elena Garro y Bioy Casares llevaron una relación amorosa sólo por vía del intercambio de escritos). Parejas que no se conocían, llegaban a dar paso al amor y a construir el objeto amoroso a través del barroquismo escrito, el manejo de la metáfora, el intercambio de pañuelos con perfume y/o diversos objetos. Sin embargo, hoy la diferencia se hace en tiempo real y en una atópica zona que se vuelve tan real como cualquiera de los sitios exteriores a la red. De esta forma, más que hablar de la desaparición de la escritura, se evidencia un énfasis por la simultaneidad y la capacidad de un novedoso procedimiento para estimular el contacto interpersonal.

A pesar de que el trueque de fotos sea una regla o los diálogos por la red se den a través de modalidades telefónicas o por interfases videointeractivas, lo cierto es que se anuncian modificaciones y plantean otros escenarios. Pero lo que se constata es que la comunicación mediada por bits no limita o empobrece, es una modalidad que tiende a potenciar las cualidades no visibles del enamoramiento. Lo que se confirma es que la supresión del cuerpo para entablar relaciones amorosas ya no es cuestión descabellada. La gramática de las interacciones y los afectos traducidos a signos y bits constituyen una sintaxis expresiva, pues el contexto virtual es apto para el minimalismo; así como ladrillos similares sirven para dar paso a casas distintas, diálogos parecidos llegan a estructuras psicológicas y emocionales diferentes. Es cierto que ahí sobresale la sustitución, pero el sentido se construye porque el reemplazo no trastoca el corazón de la realidad. Expliquemos: si el término amor tiene significación en el chat, es porque en ciertas circunstancias el concepto forma pasiones afectivas entre determinados usuarios, porque se traduce en prácticas emotivas concretas.

Para unos es simple pasatiempo, para otros una forma de entrenamiento para la vida afectiva,7 lo cierto es que los chats se han vuelto una fuente inagotable de modificación de la conducta y constituyen una de las formas más florecientes donde las amistades se construyen, donde el auxilio y la solidaridad marchan de forma prolífica, donde el reconocimiento y la autoestima caminan.

El juego amoroso y la seducción que ponen en camino hombres y mujeres en la red es parte de la tendencia que los denominados sectores progres llevan en su vida amorosa y externa a la red. Las parejas ya no se conciben como inmortales, prefieren el riesgo a perecer bajo la rutina. Por eso los amores, aunque sean apasionados, ya no se ven como perennes. Como no se puede ser serio en las emociones, se es frívolo en la relación con el tiempo. Así, amarse diariamente en la red es reflejo de que las parejas ya no miran en la misma dirección, ante todo se niegan a pensar en proyectos de largo aliento (o, al menos, los ponen en entredicho). Los amantes sueñan con la seducción, lo imprevisto, por eso esperan la llegada del otro.

Pero no todo es alegría y felicidad en los chats, muchas mujeres han visto pulverizados sus sentimientos por quienes sólo deseaban que la relación virtual fuera un complemento de lo real o una manera de matar tiempo. Por lo regular estas roturas de corazón las sufren mujeres y hombres con más de 30 años, pues la mayoría de los jóvenes se dedican a estimular sus fantasías sexuales y dar vida a los juegos más descabellados.8 Tan real es la vida en los chats, que en ocasiones las personas se ponen celosas al saber que sus compañeros andan con alguna pareja virtual. Para las parejas que pasan por estos trances, no cabe duda que los sentimientos –e incluso la cuestión sexual– son en gran medida un baluarte para la vida amorosa. Esto lleva a plantear cuál es la relación de las emociones y el cuerpo.

Para ubicar algo como pasatiempo, debe ser colocado en una dimensión en donde lo afectivo e íntimo no se altere, pero en la red no sucede así: muchos usuarios se embarcan en situaciones dolorosas. De ahí que los chats lo mismo auxilien en el crecimiento personal, en paliar los efectos de una vida sin reconocimiento, que asesinen los sentimientos. Al lado de eso caminan las hordas de pederastas, narcotraficantes y delincuentes, que ahí encuentran la fórmula más adecuada para poner en marcha sus delirios.

Así pues, lo expuesto refiere que los chats (e Internet en general) gestan un nuevo orden amoroso, tanto en el sentido de que cada vez más los espacios virtuales se tornan zonas para concretar el amor y lo pasional, como en la perspectiva de que revolucionan las costumbres: acaban o vuelven más laxa cualquier tentativa de poner en marcha en dicho espacio costumbres y tradiciones que forman parte de otro contexto: el de fuera de la red. Esto no debe confundirse y hacer pensar que las personas no parten de la referencia cultural que los ha moldeado, la de su cultura real. Sin embargo, sus concepciones sobre la vida y muchas cuestiones relativas a lo íntimo, son rápidamente puestas en entredicho por la dinámica virtual. Es cierto que los jóvenes son quienes de manera destacada asumen como juego (y, por ende, más en serio) las interacciones en los chats, mientras que los adultos evitan iniciar la seducción al primer diálogo, similar a como se da en la vida diaria. No obstante, varios de estos últimos después de un tiempo ven cómo se modifican sus creencias sobre las interacciones virtuales. Por eso el uso de la red se refleja en términos generacionales, pero es cierto que la duración de la relación que se traba con las máquinas es la que determina el accionar en dicho mundo virtual.

Si se compara al chat con el correo electrónico –que se considera más privado, más confiable y menos confuso– las relaciones que se dan con el segundo no tienen nunca ese sabor y ese calor que se vive en los diálogos y las interacciones en vivo. Con el texto como vehículo único de sensaciones y sentimientos, los enamoramientos mediados por bits se establecen fácilmente, la intimidad se logra rápido y las personas sueltan la lengua para expresar pensamientos que ocultarían en cualquier encuentro de carne y hueso. Se desarrolla un tono privado ardiente que para ser eficaz echa mano de una jerga de neologismos. Pero la relación virtual no se da tan fácil, es cierto que inicialmente es muy lúdica, incluso se pueden describir escenarios con altas temperaturas, pero si la química no fluye los mensajes entre la pareja se espacian, se pierde la intensidad de los primeros contactos. Lo que empezó siendo la promesa de una relación apasionada, tórrida y explosiva, se enfría irremediablemente. En algunos casos termina convirtiéndose en una afable amistad, en otros, sencillamente fenece como cualquier camaradería circunstancial que se llega a tener en la vida diaria.

Es curioso, pero los sectores medios –a los cuales pertenecen los usuarios de estas comunidades virtuales– viven en su vida diaria una dinámica "artificial". A la paulatina tendencia de hacer del chiste, la broma sexual, una cuestión que debe desaparecer de los diálogos y las interacciones entre hombres y mujeres por no afectar las condiciones de género con palabras duras, los chats y todas las áreas de tertulias electrónicas reproducen las bromas de grueso calibre. Hasta las mismas feministas fuera de la red se sienten ofendidas cuando alguien las intenta seducir, pero en los chats parecen tener un margen de tolerancia más amplio.

El desamor también está presente en la red cuando la mentira y el atropello de los sentimientos se desatan. Por la misma situación del sector al que pertenecen (y las alteraciones que ha ocasionado la industrialización y los cambios que la misma mujer ha generado en favor de su reconocimiento) las mujeres y hombres separados se multiplican en esta zona.

Eficacia y transformación

El chat es eficaz porque transforma a quienes intervienen ahí. El caudal de significantes que circula por los chats tiene como rasgo definitorio reestructurar el proceder de quien navega por sus espacios. Entrar a un chat y agarrarle sabor puede ser el camino para que de inmediato la televisión, la lectura y los amigos reales paguen las consecuencias.

La eficacia de los chats es extraordinaria, llegan a obtener lo que ningún político contemporáneo consigue: formar grupos de apasionados, de locos y entusiastas por su forma de operar. Pero también genera sus propias víctimas, pues únicamente se pertenece a dicha comunidad si se acepta su lógica y su forma de operar, se posee el mismo imaginario y, por ende, se comparte la idea de conformar agrupaciones mudando las características sentimentales y sensoriales al ciberespacio.

La interacción en los chats resulta de la construcción relacional, son contactos entre clones que orientan sus prácticas con base en criterios afectivos, que generan encuentros no sólo virtuales, pues muchos de ellos desembocan en situaciones carnales. Son relaciones que se vuelven factibles porque en gran medida se dan entre iguales. Más allá de ser estudiante, profesor, profesionista, ama de casa, empresario, amante del sexo virtual, degustador de determinada música... se es chatero, el producto de una "clase planetaria", un amante desenfrenado de dichas prácticas.

Desde lejanos tiempos el espacio se ha concebido como indispensable para dar vida a las interacciones. Pero lo contactual se ha dado de distintas formas, lo epistolar lo inició y Gutenberg lo llevó a la multiplicación. Pero hoy uno se da cuenta que la red es la radicalización de ciertas tendencias inauguradas por la misma modernidad, la velocidad se vuelve el patrón del contacto, lo efímero y la intensidad se dan la mano con el anonimato y la publicidad de la intimidad. Como nueva vía de socialización, de contactualidad, los chats (y la red en su conjunto) son la estructura más cambiante y alucinante que la modernidad tardía ha visto.

En la red, la denominada globalización se convierte en algo real, personas de diferentes nacionalidades suprimen el espacio y lo temporal: en tiempo real interaccionan y deconstruyen la personalidad de quienes traban relaciones. La simultaneidad de los diálogos, el número de ventanas o privados que se confeccionan, impulsan intensidades distintas. En los chats se puede participar en una zona pública desde el ámbito privado, desde el teclado de una computadora que está instalada en una habitación del usuario. De esta manera, la construcción de la amistad no está signada en términos de espacio tangible, sino como la conjunción de medios virtuales y reales, de estructuras de comunicación globales, locales y regionales. Sin embargo, por paradójico que sea, el espacio sigue siendo el lugar en donde se da vida a la interacción, aunque ahora él se inventa y se construye en la mente, en el ciberespacio.

El chat es eficaz porque facilita salir de la experiencia de la vida diaria, suministra un proceso donde diversas cuestiones se ponen en práctica: recordar, evocar, imaginar, jugar, simular, pasar a otros lugares y mundos emocionales. Esto no sólo altera la noción de las diferencias entre lo interno y lo externo, sino que hechiza por lo que acontece en los corredores virtuales. Su eficacia remite a una energética de los afectos que descansa en la separación de las imágenes y lo corporal. Sentimientos, pasiones, conjuntos de relaciones, nuevas vías para las relaciones y las identidades sociales se transcriben y se colocan a la par de los sentimientos más abocados a lo anticomunitario. Los símbolos eróticos y amorosos son ante todo escritos y los usuarios usan como señales los símbolos, de esta forma dan paso a un objeto de deseo multimodal con atributos multisensoriales.

El chat es una selva de apariencias, un nodo de emociones que se gesta en lo invisible, la puesta en operación de un sistema simbólico donde los impulsos electrónicos se vuelven significativos para los navegadores: signos iguales (ceros y unos), dan paso a significaciones disímiles: se traducen en peleas, intercambio de pareceres, estimulación de afinidades, reconocimientos del otro, palabras de amor, pasiones... en giros expresivos que tan conocidos son en la vida fuera de la red. Pero eso no quiere decir que el cuerpo sea diluido por el bit9 sino que se redimensiona de acuerdo con el contexto; aunque si aquí se insiste en usar el calificativo de virtual, no es tanto por estar de acuerdo con que eso suceda, sino porque la novedad de los tratamientos afectivos así lo obliga.

Nuevas pautas de interacción

Sin embargo, esto también está a punto de cambiar con las nuevas peculiaridades de interacción, las cuales se presentan para un sector de amantes del ciberespacio en una modalidad novedosa y más cercana: favorece la articulación de los mecanismos tradicionales. Todo esto inició con el programa ICQ (I seek you = yo te busco), que se convirtió en un éxito y fue producto de una empresa israelí exitosa (Mirabilis LTD) que lo lanzó a fines de 1996. En el segundo semestre de 1998 lo adquirió America Online, el PSI más importante de Estados Unidos. A pesar de su modesto tamaño, Mirabilis creó este soporte lógico de mensajería instantánea, que se ha convertido en un gran suceso en el planeta. Su nacimiento no estuvo precedido de campañas publicitarias, pero ya cuenta con un porcentaje nada despreciable de usuarios.10 Lo destacable de este programa es que en el momento en que los textos aparecen en el monitor, pueden de inmediato ser leídos por las personas a quienes se les envía. El único requisito es que las dos personas estén en línea.

Pensado como un instrumento para conformar comunidades de interés, las tribus de entusiastas por las cuestiones afectivas, amistosas y amorosas, han sido los que ocupan la franja mayor de usuarios del ICQ. Debido a la facilidad para transferir archivos en tiempo real,11 simplifica a los enamorados y amigos intercambiar fotos, archivos, hasta el grado de conformar adictos en esta modalidad de comunicación.12 La posibilidad de saber si las personas están conectadas, lo hace apto para establecer reuniones entre afines y enamorados. Sin embargo, sucede que este programa refuerza la lógica de las mismas tecnologías: a diferencia de lo que se piensa, el ICQ y los mismos chats en vez de constituir un descenso de las interacciones telefónicas convencionales, ocasionan que las personas se embarquen en continuas llamadas telefónicas a los amigos y amores que se encuentran en diversas partes del mundo. En vez de transformarse en un factor de ahorro, se vuelve un medio de derrama económica.

El arribo de las nuevas versiones de los sistemas operativos, de las máquinas multimedia, de la generación de nuevos programas de telefonía en Internet, parece poner en entredicho esto. Los programas de telefonía por la red se extendieron a partir de 1997, incluso el texto puede ser acompañado por un video del emisario del mensaje.13 Pero el ICQ se apoya en gran medida en el chat, pues para engrosar sus contactos y entablar nuevos lazos afectivos las personas deben acudir a los chats en donde más usuarios les proporcionan los números de registro o de ICQ. Lo que ha dado razón de existencia al chat, y eso a pesar del surgimiento de una nueva oferta en la interacción como la telefonía en Internet o el mismo ICQ, no acabará en el futuro cercano. La experiencia demuestra –a través del surgimiento y desarrollo de los BBS, Muds, chats...– que la convergencia de espacios y modalidades de comunicación es lo que se presenta en el ciberespacio

___________________________________
Notas

1 Para un mayor acercamiento ver, entre otros, a Wilhem Reich, La lucha sexual de los jóvenes, México, Roca, 1974; Theodore Roszak, El nacimiento de la contracultura, Barcelona, Kairós, 1976; Keith Melville, Las comunas en la contracultura, Kairós, 1977; Alain Finkielkraut y Pascal Bruckner, El nuevo desorden amoroso, Barcelona, Anagrama, 1989; José Agustín, La contracultura en México, México, Grijalbo, 1996; Kate Millet, Política sexual, Aguilar, 1975; Marvin Harris, La cultura norteamericana, Madrid, Alianza, 1988.
2 El caso más extremo es el de la neomarxista Donna Haraway (Manifiesto Cyborg. Donne, tecnologie e biopolitiche del corpo, Milán, InterZone, 1995), para quien la androginia es una cuestión necesaria para superar la dualidad masculino-femenino.
3 Ver S. L. Bem. "Androgyny and gender schema theory: a conceptual and empirical integration", en Sonderegger (ed.), Psychology and gender, University of Nebraska Press, 1985.
4 Ver Anthony Giddens, The consecuenses of modernity, California, Stanford University, 1991.
5 Sobre la cuestión de la intimidad, Richard Sennett (El declive del hombre público, Barcelona, Península, 1978) ha hurgado con calidad y profundidad. Su propuesta es que ante la falta de contactos carnales –debido a factores como el crecimiento de las urbes– lo público se acaba.
6 Pueden consultarse algunas de las historias sobre el chat: Ricardo J. Guerr, "Historias en el chat", El Norte, Monterrey, 27 de julio de 1998.
7 Pero la red ha sido un lugar en donde las bodas están a la orden del día. En octubre de 1998 contrajeron matrimonio a través de la red 14 parejas de Singapur. Esto se extiende por diferentes regiones del planeta. "14 parejas se casan vía internet", Diario tecnologías de la información, España, 7 de octubre de 1998 (www.pmpress.com/noticias/oct98/not981007d.htm).
8 Sobre las edades de los usuarios, StartMedia indica lo siguiente: 68% oscila entre los 18 y 34 años; 27% está entre los 35 y los 54 años, y 5% entre los 55 y los 99 años. En español la página de esta empresa está en: cbstelenoticias.startmedia.com. Margarita Aguilera Flores, "Startmedia crece en su universo virtual", Universo de la computación, El Universal, 12 de octubre de 1998.
9 Esta es la tesis que sostiene Mark Derey (Velocidad de escape. La cibercultura en el final del siglo, Madrid, Siruela, 1998), para quien las relaciones humanas y el mismo trabajo se hacen no sólo efímeras sino que diluyen lo biológico y corporal.
10 La página de Mirabilis está en www.mirabalis.com. Lo interesante de esta interfase es que más de medio millón de usuarios están juntos en una sesión y más de tres millones en promedio se conectan al día; en mayo de 1998 eran más de 12 millones de personas que ya lo usaban.
11 ICQ permite enviar un archivo (file), páginas de dirección Web, listas de contactos a otros usuarios (contacts), correos electrónicos (e-mail), poner en marcha sesiones chat, tener una agenda de números telefónicos, juego y conversaciones sonoras en Internet, mandar mensajes grabados.
12 Ver "Es posible que sea adicto al ICQ", members.xoom.com/tlongln/misa/icqsin.html.
13 Ver al respecto la información de promoción de este producto en www.sony.com.

Antulio Sánchez es director de la revista Topodrilo, editada por la UAM-Atzcapotzalco.

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