Hasta el viernes 14 de marzo sólo había oído hablar del archipiélago de las Azores en los boletines televisivos
del tiempo. La convocatoria de urgencia de La Moncloa me obligó, como tantas otras veces, a realizar un
rápido recuento de material y una pequeña bolsa de viaje para cubrir el que sospechábamos iba a ser uno de los
anuncios más importantes de la historia reciente, en una cumbre con los dirigentes de los tres países que con más
intensidad solicitaban una resolución de Naciones Unidas para atacar Irak.
El comienzo no pudo ser peor pues no conseguimos plaza en el avión que trasladaba al presidente español,
y encontrar un vuelo a la Isla de Terceira -ahora sí lo sé, un trozo de tierra situada mil 450 kilómetros al oeste
del continente europeo- no es una tarea precisamente fácil.
Tras un rápido viaje a Lisboa, volamos el mismo domingo hasta el aeropuerto de Terceira entre
impresionantes medidas de seguridad. Nos trasladamos al aterrizar a la base militar que los estadounidenses tienen en la isla.
El primero en aterrizar fue el mandatario británico Tony Blair, seguido de José María Aznar. Juntos se
refugiaron en un edificio de la base militar para salir posteriormente a recibir a George W. Bush momentos después del
aterrizaje del Air Force One. Se estaba gestando la primera foto de familia antes de la reunión cuando los tres
mandatarios, acompañados por el anfitrión -el primer ministro portugués José Manuel Durao Barroso- se dirigieron a las
escaleras de acceso al edificio, donde atendieron la insistente petición de imágenes de los numerosos fotógrafos y
televisiones que estábamos agolpados a unos 30 metros de los líderes.
Teniendo en cuenta que otros dos fotógrafos de mi agencia estaban listos para cubrir la esperada
instantánea, decidí buscar un ángulo algo distinto aprovechando una escalera que los compañeros de Reuters TV
llevaban consigo por si hubiese sido necesaria. Con el teleobjetivo de 400 mm cargado, me posicioné en la parte alta de
la escalera, que me permitía una visión casi un metro por encima del resto de los objetivos presentes.
Cuando empezó la lluvia de flashes, Aznar estaba colocado entre el presidente portugués y Blair, con Bush a
la derecha de la imagen. Pero el mandatario español realizó un fugaz desplazamiento de 180 grados y, en
cuestión de segundos, se situó a la derecha del presidente estadounidense quien, nada más reparar en su presencia,
se apresuró a colocar la mano sobre el hombro izquierdo de José María Aznar.
Supe que la tenía, fue entonces cuando la noticia se materializó. Desde mi ángulo "de tiro" se podía
apreciar claramente el gesto de apoyo del líder estadounidense que, cuestión de perspectivas, apenas era perceptible
desde unos centímetros más abajo.
En mi opinión, la fotografía no sólo es testigo de un momento vital en la historia por lo relevante de las consecuencias que se desprendieron de aquel encuentro. Creo que la postura de Bush y Aznar pone de manifiesto un momento histórico en las relaciones de los dos países, combinando un gesto de agradecimiento con otro de satisfacción que, en aquel rincón en medio del Atlántico, quería dejar bien a las claras quién estaba del lado de quién.
Sergio Pérez Sanz, fotorreportero de la agencia Reuters.
* * *
Agradecemos a Sergio Pérez Sanz los comentarios realizados en exclusiva para
etcétera. Pérez Sanz fue galardonado con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2004 por su histórica imagen captada en las Azores.
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