Francisco Báez Rodríguez
La reacción inmediata de medios de comunicación, actores políticos y gente de la calle ante el asesinato del conductor televisivo Paco Stanley tiene tantas aristas que se podría hacer una tesis de grado sólo con el material de los primeros tres días (que es con el que trabajamos). Van, entonces, sin intenciones omniabarcantes, algunas reflexiones y opiniones.
1) La rabia popular desatada por el crimen contra el comediante no es un invento de los medios electrónicos de comunicación. Se dio porque, al menos en la ciudad de México, la población ha sido obligada a vivir en la zozobra permanente, debido a los altos índices de inseguridad. El hecho de que se haya tratado de una ejecución y no de un acto de delincuencia común es secundario en términos de los reflejos inmediatos de la gente. La lógica de un primer momento (preanalítico) es: "Si le pudieron hacer esto a Paco, ¿qué no podrán hacerme a mí y a mi familia?". Como todo mundo en la ciudad ha sido víctima de la delincuencia o conoce de cerca a alguien que lo haya sido, la conclusión se refuerza.
2) Sin que hayan inventado el enojo popular y su natural direccionamiento en contra del gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, las dos principales cadenas de televisión se encargaron, a conciencia, de atizarlo. Si bien Televisa "ganó" la noticia por varios minutos –al grado que Azteca cometió el error imperdonable de matar a Gil, el patiño de Stanley, por una información recogida por la competencia–, quien llevó la batuta en términos políticos y de sensacionalismo fue la televisora del Ajusco. El color amarillo subido de Azteca fue crecientemente imitado por Televisa en una competencia nada ajena al rating, pero tampoco a las ganas de influir sobre la sociedad.
3) La impresionante lentitud de reacción del gobierno capitalino contribuyó al deterioro de su imagen. Cárdenas, desocupado como está del pulso de la ciudad y desatento como es del auténtico sentimiento de masas, no se dio cuenta, al principio, de la enorme popularidad del asesinado. Tras calificar ese asesinato como "otros muchos que desgraciadamente ocurren en la ciudad", dijo que la capital "está bien", se quejó de la ciudad que le dejaron... y mandó a Del Villar a dar una conferencia de prensa especiosa y a Gertz a un largo viacrucis en los medios. Cuando el gobierno del DF despertó, el daño estaba hecho.
Muy distinto hubiera sido si Cárdenas mismo, dándose cuenta del enojo ciudadano contra él, y del probable costo político del asesinato, hubiera llamado personalmente a las televisoras, dado el pésame, admitido que la inseguridad está del cocol, explicado que ese tipo de ejecuciones son una cosa distinta y prometido una investigación a fondo. Pero Cárdenas no es un estadista.
4) Tanto Televisa como Televisión Azteca se rasgaron las vestiduras y compitieron sobre quién era más paquista (a sabiendas de que el pueblo lo es), utilizaron a muchas de sus figuras para crear un ambiente de mayor encono (nunca vi, entre ellas, a José Ramón) y lucharon por hacerse de audiencia ganando la noticia (normalmente la ganó Televisa). La Secretaría de Gobernación, otra de las áreas encargadas de la seguridad, dormía, en tanto, el sueño de los justos.
5) Un momento estelar del manejo informativo fue la intervención de Ricardo Salinas Pliego, presidente de TV Azteca, durante el noticiero Hechos. En ella, comentando la ineptitud del gobierno del ingeniero Cárdenas, soltó cuatro frases: "¿Para qué pagamos impuestos? ¿Para qué tenemos elecciones? ¿Para qué tenemos tres poderes? ¿Para qué tanto gobierno cuando no hay autoridad?".
Son cuatro frases que van más allá, mucho más, del reproche vivo y razonado a un gobierno local incapaz de cumplir lo que prometió y de dar seguridades mínimas a sus gobernados. Si pensamos mal y suponemos que el significado de esas frases no se distorsionó al calor de la indignación, sino que fueron meditadas y revisadas, entonces tenemos que preocuparnos por algo más grave que la delincuencia explosiva.
El silogismo es sencillo: si no hay autoridad, la democracia no sirve; en estos momentos no hay autoridad, ergo...
6) Varios analistas han dicho que durante el día de la muerte de Stanley la televisión tuvo una actitud histérica; tal vez el párrafo anterior insinúe que hay algo de malevolencia programática en esa histeria. En todo caso, no fueron los únicos: ese mismo día, el dirigente nacional del PT, Alberto Anaya, declaró alegremente que se trataba de un "crimen político" y que podría ser con la intención de dañar la imagen del candidato petista, Cuauhtémoc Cárdenas. El propio jefe del DF se dijo víctima de un linchamiento y, como de costumbre, el PRD cerró filas alrededor de su figura señera.
Pero quien se lleva las palmas de la histeria es el diario La Jornada, convertido de una manera cada vez más clara en el periódico oficioso del PRD (o de la corriente cardenista en el mismo): tomó el concepto de linchamiento de manera literal: sus moneros dibujaron a los personajes de la tele blandiendo hachas, televisiones con cañones en vez de antenas y sus editoriales atacaron a las televisoras con muchos adjetivos y pocas razones.
7) La mejor defensa es el ataque: el positivo en cocaína y los exámenes toxicológicos practicados a Stanley, semivoltearon la tortilla política y han obligado a TV Azteca –la principal promotora de la campaña Vive sin drogas– a ponerse a la defensiva... pero sólo en el terreno de la opinión pública más enterada, la que lee el periódico y escucha la radio informativa con regularidad.
Más de la mitad de los mexicanos se enteran de lo que sucede en México y en el mundo exclusivamente por la televisión. Estos tenderán a creerle al único medio quen usan para informarse. El gobierno del DF tendrá que remar mucho contra la corriente.
Adicionalmente, el ambiente de desconfianza sobre cualquier versión oficial en casos policiacos sonados (que, por cierto, el PRD y sus medios afines se encargaron por años de alimentar) se reproduce también en el de Stanley, sólo que con los perredistas como voces oficiales. Así, la vox populi inventa ya un florilegio de versiones, una más absurda que la otra: que a Paco lo mandó matar Cárdenas; que fue –por quién sabe qué razones– Raúl Velasco; que en realidad no murió, por eso los balazos fueron a la cara; que fueron la CIA y la DEA para terminar con la campaña Vive sin Drogas.
8) México y sus actores políticos han recibido una probadita del "quinto poder". Y debemos asumir que sí es poderoso. Pero también, que nadie es capaz de llevar de paseo político y emocional a la población si no hay en ella terreno fértil. Esta ocasión lo hubo. Y nada nos indica que no lo siga habiendo.