“¿Estrellas? En el Blanquita” / Raúl Sánchez Carrillo
Primera época, 16 de julio de 1998
Susana Alicia Rosas
El andar de Raúl Sánchez Carrillo es presuroso, al igual que su hablar. De un desayuno a la entrevista, de la entrevista a una reunión —justo en el mismo lugar de partida—. El conductor de Hechos de fin de semana viste traje negro y camisa beige con filos negros, lo mismo el pañuelo que destaca del bolsillo del saco. Este apenas deja ver una esclava dorada que tímida asoma cuando las manos del periodista se mueven sin cesar y muestran dos anillos en cada una.
¿El periodismo para ser objetivo debe ser sobrio?
El periodismo debe ser serio, la noticia per se debe tener un grado importante de seriedad en quien la cuenta. El comunicador, es decir, el conductor de noticias, debe estar muy bien ubicado entre el sujeto que produce la noticia y la opinión pública, para ser el testigo que le da un valor agregado a la información. Pero sobre todo nunca debe pretender ser ni protagonista ni actor de las cosas.
¿Cómo percibe a la opinión pública, como un ente abstracto?
La opinión pública es la audiencia, muy clara y más demandante que antes. Ahora la gente está mejor informada que hace diez años, salvo en algunos asuntos de política, de finanzas o muy especiales. Lo vemos en los números del rating. Nosotros debemos enfrentarnos a un crudo termómetro, que es la realidad de quien lo escuche y lo ve. Una sociedad que se informa es una que busca cauces de un mejor servicio informativo, serio, ligero el tema de la noticia, pero proyectado con respeto a la audiencia.
¿Qué habilidades debe tener un reportero?
Primero, saber que todos los días debe empezar de cero para buscar la mejor información. Debe tener curiosidad y la menos autocensura posible. La mejor preparación, las mejores relaciones en las fuentes para poder tener acceso a las cosas. Ser respetado y respetable. Tener la disposición de salir por lo que sea. El reportero debe estar en la calle buscando cosas, preparándose, leyendo mucho. Pero la mayoría de las veces, uno ve mucho vedetismo, lo que le hace perder el tiempo. El respeto y el reconocimiento que le tiene la sociedad debe ser por su confiabilidad.
¿Basta con levantarse temprano para ganar la exclusiva?
El reportero debe tener ganas y suerte. Cuando tiene lo primero, lo segundo es lo menos difícil. A un reportero que recibe la nota por teléfono o se la pasa un compañero se le llama mediocre.
¿Qué hace para cultivar las buenas relaciones?
Trabajar. Si a mí me encargan asuntos que no son de fuente, es decir, si a mí me dicen: "Vea si puede entrar a la habitación donde se está muriendo Salvador Novo en el Centro Médico Nacional", pues voy y entro a esa habitación. Así lo hice. Inventé ponerme una bata y un estetoscopio y entré a la habitación, diez minutos porque el médico de piso llegó. Me presenté como reportero y él dijo: "Me van a correr". "No, porque yo no voy a decir que usted me dejó pasar. Voy a decir que pude colarme hasta esta habitación y voy a describir cómo está el maestro Novo. Dígame, como médico, si se puede salvar". "Difícilmente pasará la noche", me respondió. Así lo escribí y esa madrugada murió.
¿Este es uno de sus éxitos memorables?
El periodismo tiene muchos encantos, pero quizá el más intenso es que nosotros somos testigos de las cosas. Cuando logramos una gran entrevista o crónica, queda sólo en nosotros la satisfacción.
¿Cuándo descubrió que sería reportero?
Desde los 14 años. Quería ser músico, saxofonista tenor, pero mi papá —Arturo Sánchez Medina (q.e.p.d.)— me dijo: "Músico así nomás a los 14 años. No, los genios nacen, no se hacen. Te me vas a la escuela". "Papá, mejor quiero ser periodista". "Andale, pues". Mi padre, siendo un obrero de taller (linotipista) alcanzó lugares muy importantes en Excélsior, como el de presidente del Consejo de Administración, lo que me dio la facilidad de entrar al diario a esa edad, como office boy; era "hueso". Por eso me sé todos los pasos de la elaboración de un periódico.
¿Para ser periodista no se necesita ser genio?
Se necesita un carácter especial, yo lo tengo. Hay que ser paciente, observador, inquieto, curioso.
¿Extraña el olor de la tinta?
¡Cómo no! No tardo en hacer una columna, por lo menos. El periodismo escrito es el más importante porque es el único que deja testimonio.
¿Cuál es el atractivo de la televisión?
La televisión es atractiva no sólo por el reto de convertir una cuartilla en un minuto, sino por la gran penetración. Televisión y radio son, hoy por hoy, los medios que más impactan a la audiencia.
¿No es una gran tentación salir a cuadro y tratar de ser estrella?
Fíjese que no. La palabra "estrella", la he definido muy bien. Las estrellas están en el Blanquita y en el cielo, y como en el cielo no las vemos por la contaminación, a veces escasean hasta en el Blanquita. Que un periodista se sienta estrella me parece de lo más irresponsable y frívolo. Un periodista es tan mortal y humano como cualquiera que lo ve, eso sí, con una gran responsabilidad.
¿Le extraña si no lo reconocen?
Me pasa algo curioso, salgo a cuadro desde 1979. Cuando empecé en Canal 13 a invitación de López– Dóriga en el noticiero Primera edición con Gina Batista. He salido por mucho tiempo y, créame, que no lo reconozcan a uno, a veces, es más a gusto. La gente es cálida y muy amable y uno tiene que entender que el trabajo que uno hace, por el cual lo reconocen lo debe obligar —además yo soy así— a ser sencillo.
Siempre se ve impecablemente vestido.
Tengo claro que vestirse bien da seguridad, de ahí el que "como te ven, te tratan". A veces no crea, ¿corbata con estos calores? A mí que me encanta andar en motocicleta, me gustaría andar de jeans y con un saco; a veces así ando, no se crea que soy como figurita. Es un estilo personal que no está reñido con una costumbre que a la gente le gusta. A veces hablan por teléfono —y les agradezco mucho que me lo comuniquen— para decir: "Oiga, dígale que qué bonita corbata". "Esa corbata parece de Tin Tan", me da mucha risa y procuro ya no ponérmela.
¿Es de los caballeros que abren la puerta del coche a una dama?
Como dice la canción, de los chapados a la antigua. Ahora se aprecia más eso porque ya no hay. Estaba en una comida, llega una dama y me levanto. Me dice el anfitrión: "¿Qué?, ¿ya te vas?". "No, es que está llegando la dama". Entonces todos se levantaron.
¿Cómo consiente a su esposa (Marisa Escribano)?
Más bien, qué hace ella para consentirme a mí. Y no porque sea un macho mexicano. Lo que tenemos es mucha comunicación, ella también es comunicadora y eso nos ha ayudado a conservar nuestra relación. Tenemos 15 años de casados, tres maravillosos hijos. (Además) tengo un hijo de mi anterior matrimonio de 21 años.
¿Es papá regañón o consentidor?
Soy papá amigo: honesto, respetuoso, exigente y cuando me fallan, sí me ofende. Eso da un gran margen de maniobra en cuestión de comunicación, ésta es mejor que la corrección.
¿Qué es lo que le aplaude a su esposa?
Ella tiene un tesoro: la inteligencia; es una mujer cariñosa, franca. Con esas tres cualidades, el resto viene detrás.
¿A lo largo de su vida se ha procurado tener una buena sombra que lo cobije?
Cobijarse suena muy feo, es decir, arroparse de alguien o de algo. No, la carrera que yo he llevado durante 31 años es lo que a uno le va dando como testimonio de su paso por esta vida, un prestigio que en determinado nivel le "facilita" acceder a otros niveles de periodismo, los de decisión o los de conductor titular. Un hombre que previene, elige desde luego el ahorro y la organización. Porque el periodista tiene una vida muy intensa y uno tiene para elegir, sin descuidar el trabajo, entre la fiesta y la bohemia.
¿Usted ha elegido la bohemia?
No, elijo la Tecate o la Corona, pero nunca con exceso. Tuve suficiente recreo de soltero como para estar muy tranquilo a mis cuarenta y meses que tengo.
¿Prefiere las comidas o las cenas?
Todo lo hago desayunos. Procuro comer en casa con mis hijos, lo que me parece sagrado. No asisto a cenas, ya no soy bueno para desvelarme.
¿Ha llegado a casa a preparar la comida?
¡Ah, cómo no! Un periodista debe ser completo, debe saber lavar ropa, coserse un botón, hacerse de comer, planchar la camisa. ¿O qué?, ¿va a traer a la señora todo el tiempo de la mano cuando sea enviado especial?
¿Cuáles son las reglas para ser un buen comensal?
Un buen comensal es el que gusta de comer bien, aunque sea frijoles. Como en una mesa limpia, aunque sea pobre, con un gran gusto por la comida, no por gula ni por "atascarme".
¿No se molesta si le omiten los cubiertos?
Yo soy bueno para hacer conitos, le bailo en un ladrillo y me sobra terraplén. Soy muy versátil. Sé comer bien y me gustan los tacos, le puedo recomendar las mejores taquerías y torterías; los mejores sopes, tamales y el mejor menudo que hay en México. Todo es bueno en la vida, pero con medida. Yo ya pasé por eso de consumir pura vitamina T, cuando fui reportero de guardia.