Día 7
Regina Freyman
Hoy vi a mi tele apagada. Me molesta verla así, ella tan ruidosa activa e ingeniosa. Tomé una silla y me senté a su lado. Le hablé de las bondades del psicoanálisis para descubrir aquello que nos aqueja en lo profundo del inconsciente. Ella mencionó que tanto sufrimiento, tanta violencia y desde luego las incongruencias del amor la tenían, francamente, aburrida. No entiendo, le dije. Entonces explicó con detalle: Tanto la violencia, como el sexo gustan al espectador pero hay quienes llegan al exceso , me tratan con tan poco respeto, combinan a su antojo de programa, pegosteando una serie de escenas de muy mal gusto. Un espantoso collage de sangre y cuerpos al desnudo que me marean y confunden terriblemente, provocando en mí problemas de identidad.
Ese recurso hoy conocido con el nombre de zapping me va llevar a la locura, se yuxtapone una trama con otra y por ello no sé quién es quién, de pronto una pareja hace el amor y al segundo un cuerpo cae al piso sin vida. Es verdad que el erotismo y la violencia tienen sus convergencias pero sólo a alguien enfermo le producen la misma excitación. Ahora lo que más aburrida me tiene es el concepto amoroso tras las telenovelas. Primero que nada resulta que sólo son ejemplares o dignas de acceder a la pantalla aquellas que muestran el romance entre seres hermosos, según entiendo, es una herencia platónica pensar que el objeto amado debe tener una apariencia bella. A veces como diría Saint-Exupéry la verdadera belleza es invisible a los ojos. Es cierto que hay una telenovela venezolana que se llama Betty la fea , pero aunque es un avance no es suficiente. Resulta que es una bonita disfrazada.
Emparejada con esa concepción de amor y belleza, va aquella que vincula la pasión erótica con la juventud. Casi todas las historias tratan amores juveniles, claro está que el deseo social y trascendental de la procreación mucho tienen que ver, pero, ya basta de los cuentos de Cenicienta. La pasión es caprichosa, no tiene momento oportuno ni pide cita por adelantado. Algunos esquemas comienzan a romperse, ejemplo de ello fueron las novelas Mirada de mujer y Todo por amor.
¡Los estereotipos me matan! la buena ingenua y tonta; la mala atractiva y sexualmente promiscua; los ricos abusivos, los pobres desvalidos; las mujeres generalmente pasivas, los hombres que detonan la acción y no puede faltar, un villano fenomenoide que encarna la fealdad del mundo y toda la infamia. Este mundo maniqueo es cada vez más predecible, aun cuando los nuevos guionistas se esfuerzan por romper estos moldes, ahora han impuesto uno nuevo: ser espejo de los noticieros.
Así pues, el narcotraficante, los secuestradores (primos de los anteriores), los políticos corruptos, los enfermos de SIDA ingresan al club del personaje telenovelero. En su afán por retratar la realidad, los guiones son cada vez más rebuscados, presentan por ejemplo una familia en donde una hermana es prostituta, el hermano drogadicto, a la menor la secuestraron; la familia para colmo, ha venido a menos porque el padre murió de un ataque cardiaco al descubrir que su mujer era amante del portero, quien encima de todo, es alcohólico.
Bueno, dije yo, háblame ahora de tus sueños. A veces sueño, comentó melancólica, que aparece un escritor capaz de matar a la telenovela, algo así como un Cervantes que con su Quijote acabó con la novela de caballería y trascendió a la novela. Ay no manches, dije sorprendida. Tu misión es entretener y si la gente quiere por quinceava vez la versión de la sirvienta y el patrón estelarizada por Thalía que por supuesto se llamará Mari algo, no te queda más que complacer. Recuerda que tú vendes tu amor a los anunciantes que a su vez seducen al comprador potencial, ni modo chula, pueblo de jodidos ya lo dijera un hombre célebre.
Algún día presentaré la alegre vida de una gorda sesentona horrenda y mandona que hace muy feliz a cinco hombres distintos que aceptan pertenecer al harem. La acción y los ambientes serán cotidianos, una comida de domingo donde no pasa nada, el peor de los sufrimientos será tener que ir a trabajar los lunes. Una venganza perfecta para todas aquellas señoras y señores que no dejan de mirarme y a pesar de ello me llaman caja idiota.
Ya no estés deprimida le dije con cariño, la prendí y juntas nos aceleramos A mil por hora.
Anteriores
- Día 1 - La niña de Poltergeist
- Día 2 - Hormigas electrónicas
- Día 3 - Nostalgia por mi tío
- Día 4 - El esperpento
- Día 5 - Vivir en la pantalla
- Día 6 - Pulgas, golosas
Siguientes