Día 29
Regina Freyman
Relatar es un vicio añejo como la vida misma. Lo hacían los pictogramas y los juglares. Hoy mismo yo lo hago por esta ventana y narro a través suyo, que me lo permite, mi vida entorno de otra pantalla que me ha contado el cuento de mi tiempo desde que tengo memoria.
Como antes dije, la televisión ha sido mi coartada, no sólo encubridora eficaz de batallas cuerpo a cuerpo, lo ha sido incluso cuando la tristeza se aloja y busca salida por los ojos. Uno argumenta, no me pasa nada, lloro porque Pepe El toro perdió a su Chorreada. Gran instructora de tópicos trascendentales, se aprende como diría Woody Allen Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y tuvo miedo a preguntar. De ella surgen ídolos a emular y líderes a quienes citar: aún hay más.
La televisión conmueve y aterra. Pocos acontecimientos recuerdo con tanto asombro como las imágenes del asesinato de Colosio. Ni lo admiraba especialmente ni había pensado votar por él, sin embargo, el dolor y escepticismo ante la caída y la muerte se impregnan como hedor que recuerda nuestra propia indefensión.
He acudido a una marcha desde mi cuarto cuando el CGH bloqueó el Periférico y he podido injuriarlos a mi antojo. Víctima del paro universitario y miembro común de la desorganización de estudiantes que prefieren estudiar que armar revuelo, logré desquitar un poco de la ira que me embargó en aquel tiempo. Las bajas del incidente: dos almohadas y casi una Sony.
Estuve entre las Alemanias (hoy una sola) cuando la caída del Muro de Berlín y confieso mi ausencia ante la Guerra del Golfo, en su lugar preferí jugar Nintendo, sus coloridas batallas lograron emocionarme un poco más. Acudí a votar el memorable 2 de julio y posteriormente me planté frente a la pantalla auxiliada por el teléfono en la recopilación de datos frescos. Esa historia comienza y mucho y muchos esperamos más de lo hasta ahora visto, por ello estamos atentos.
No es la primera vez que me delato infiel, y lo soy a menudo. Los libros son mi amante verdadero, a ellos los tomé por elección. Sus métodos de seducción me resultan más apasionantes y sofisticados, pero no por ello abandono a la tele. Vivimos los tres un moderno menage et trois. Cada noche mi cuidado se ve dividido entre caricias retóricas y visiones provocadoras, en ambos me reflejo y me descubro, pero uno de los dos me desnuda por completo. Me entrego y renuncio al fin a uno de ellos, desisto de lo cotidiano, me escapo con él a ese mundo quimérico que reposa plácido en las aguas tibias de la indolencia.
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