Día 26
Regina Freyman
Día de tele. Hay mañanas que simplemente decides conmemorar un día de tele, pudo haber sido un día de campo, un día de compras o un día de fiesta, pero la mañana gris, el cansancio de la semana y la dulce temperatura de las sábanas pronostican: día de tele. Lo único que se necesita para realizar esta actividad es tener un baño cerca, el teléfono para llamar a las pizzas y el control que determinará las dosis de tal o cual programación.
Interesante es ver de nueva cuenta la sanguinaria película Seven o los siete pecados capitales. Lo que ocasiona que mi mente en descanso se traicione. Pienso en el pecado y su percepción en las distintas épocas. Si el italiano Sartori afirma que paulatinamente nos hemos transformado de homo sapiens (hombre conceptual que otorga prioridad a la palabra, es decir, a lo inteligible) en homo videns (hombre que confiere relevancia a la imagen sobre la naturaleza simbólica de la palabra), la naturaleza del pecado o la incorporación de nuevas faltas son dignas de consideración. Así pues, la nueva generación de teleadictos somos víctimas de un nuevo televicio, desconocido para mí hasta hace poco, la televideocracia (Ahora tomo como referencia el ensayo Sobre la televisión de Pierre Bourdieau) He aquí los nueve puntos que integran este gordo vicio moral:
1) Ambigua actitud de los intelectuales hacia la televisión, que, a pesar de condenar, mueren por salir en ella paraauto promocionarse. Narcisismo moderno, donde el diáfano cristal refleja la imagen por la que hemos de perecer.
2) La falta de profundidad en la información “sumisión a la urgencia y al relieve en detrimento del fondo y el desarrollo” ocasionada por el alto costo del tiempo televisivo.
3) Censura directa como subliminal sobre los contenidos, actuantes y programas, ejercida por los propietarios de los medios.
4) El famoso gusto amarillista por el sexo, la sangre y el drama.
5) Monopolio educativo de la televisión sobre una considerable parte de la población.
6) El “editig informativo” que consiste en ocultar mostrando.
7) La fe ciega en el rating como índice de calidad y preferencia.
8) El “efecto realidad” que provoca la imagen, conduce al auditorio a creer en todo lo que proyecta la televisión. “La televisión que pretende ser un instrumento que refleja la realidad, acaba convirtiéndose en un instrumento que crea la realidad”.
9) La competencia entre los medios ha generado un efecto nivelador y uniformador en vez de conducir a la diversidad.
¡Pecadora! Grito a mi tele sin piedad. En un atentado por no verla, recurro al periódico, mas todo es espectáculo, desfile zapatista que se acerca, conciertos y desconciertos por una paz sin guerra, políticos que ya no saben cómo salir en la foto. Decido entonces armar mi propio show, me monto en la televisión y al ritmo de las imágenes ejecuto un teledance, quién quita y descubro una nueva modalidad que agrupa, el gusto por el sexo y por la imagen (para ser honesta las mujeres de Naked news se me adelantaron), mientras yo me quito la ropa, ella, mi tele se desprende de figuras y sonidos que se clavan en la mente del que mira.
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