Día 2
Regina Freyman
Tanta televisión me está afectando, sueño en tecnicolor y pienso que tal vez un guionista distante escribe mis sueños. Antes de despertar, los ojos se me llenan de hormigas electrónicas, abro los ojos y la tele se ha encendido. Chabelo, un niño de 180 años trae a mi memoria todas las infantiles mañanas de domingo en que la catafixia y el paquete En familia representaban un tesoro casi inalcanzable. Sufríamos cada vez que en lugar de la avalancha y la sala de muebles Troncoso, el concursante recibía un burro y un montón de paja.
Chabelo con ojeras hasta el piso y una voz aguda que desentona con su cuerpo, sigue y sigue como el conejo de las baterías energizer…
Variaciones sobre el mismo tema, El cubo de Donalu y El programa de Tatiana. Mujeres vestidas de niñas complacen a los niños y a sus padres con minifaldas que revolotean por el aire, cantando canciones de Cri-Cri o nuevas composiciones no muy originales. Me pregunto qué habrá sido de Cortés, ese compositor de mi infancia que tenía canciones buenas como aquella de: el mundo es una bola de agua y tierra, y somos como polvitos así chiquitos…no cabe duda no siempre es justa la vida y los entretenedores de niñas como Andrade suelen tener mayor éxito.
En el programa de Adela Micha, Mujeres trabajando, el tema fue las dietas como propósito para el nuevo año. Lo mejor de todo fue una gorda apodada La bodoquito, que a pesar de todos los argumentos estéticos y de salud con que trataban de persuadirla de las bondades de la delgadez, insistió en aquello de barriga llena corazón contento.
¡Qué tristeza, de nada me sirvió permanecer sin camisa noventa minutos! El Toluca empató.
He pensado seriamente en la política exterior después de oír a Castañeda en Zona Abierta, aquello de frontera abierta con los Estados Unidos suena sensacional. Tal vez yo pueda hacer lo mismo con la empleada de mi casa, desde mañana le diré: Panchita, mi casa es la tuya, tienen libre paso tus quince hijos y tú, lléguenle al refri, échense un baño en la tina, etcétera.
Por cierto, qué difícil es criticar una página en blanco, ahora que todo son lindas promesas, como país de primer mundo. Ojalá al interior también tengamos vidas de primera, porque eso de limpiar la pura fachada… A Castañeda se le vio en todo momento confiado, debo confesar que su problema con las erres me inspira algo de ternura, lo que sí me sorprendió fue su constante duda sobre la acentuación de la palabra regímenes. Lamentable fue que no le hubieran puesto en la mesa a gente de la talla de Rafael Segovia, pues aunque Denisse Dresser hizo su mejor intento por cuestionarle, me dio la impresión de ser precipitada y poco profunda. La otra mujer en la mesa se llamaba Mónica (su nombre salió tan pocas veces a cuadro que no pude ver su apellido) la pobre temblaba como hoja. En fin, Castañeda habló de muchos qués, pero de muy pocos cómos (¿cómo documentarán a los indocumentados?).
Me voy a dormir, el guionista de mis sueños exhibió anoche los cortos de mis sueños de hoy, parece que seré una genio hermosa que puede cumplir todos sus deseos.
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