“Goza la vida sin consecuencias” Es el nuevo slogan de la campaña de Coca-Cola light. En la pantalla se muestra una bella joven manejando un auto a gran velocidad. La mujer hace alarde de su gran habilidad al volante saliendo ella y su acompañante ilesos de las peligrosas acrobacias. La connotación, altamente erótica parece equiparar la situación a una relación sexual, y ante un grupo objetivo ( target group en el argot publicitario) básicamente femenino, se nos concede a una mujer con el volante en las manos. Por demás está narrar los gestos y ademanes de la modelo que, como se puede esperar, son de franca actitud gozosa. La historia no termina ahí, al abrir la puerta del vehículo, un camión mutila la puerta del hasta entonces íntegro coche. La chica indiferente entrega las llaves a su compañero- que ahora descubrimos como un simple vendedor-al tiempo que ella le dice que siempre no comprará el auto. Ella se aleja tomando su Coca (desde luego la chica tiene un cuerpo maravilloso).El anuncio se remata con la frase que encabeza nuestro escrito y tan tan. En apariencia el anuncio funciona, se rompe con el tradicional y ya obsoleto modelo femenino que se sustituye por el aspiracional, cumpliendo con la máxima hedonista de evitar el dolor y procurar el placer. Como filosofía de vida me encanta, mas temo contrariar desde la frase a los distinguidos creativos que nos venden una no tan innovadora forma de vida entre burbujas gaseosas. Empecemos con la asociación léxica gozar sin consecuencias, misión: imposible. El gozo es en sí la consecuencia de un acto placentero. Es más, si lo llevamos por el camino filosófico, el gozo es la fruición que los hombres tienen de Dios como fin último. Por lo tanto, gozar sin consecuencias equivale a no sentir, en cuanto al refresco y su promesa de venta, que consiste concretamente en poderlo beber sin la consecuencia de engordar, la idea es visualmente efectiva aunque la frase resulta ilógica. Confieso que el anuncio me deja desilusionada, por un momento piensas sí, sí eso quiero, vivir sin consecuencias negativas, pero empezando por los placeres meramente corporales, todo lo bueno de la vida engorda: La comida, la bebida (doce lights y a ver si no) y hasta los hombres. No es esto un canto a la desilusión por el contrario, si lo piensas un poco vivir tiene consecuencias en cada esquina, pero cuando ya te has hecho bastante amigo de Epicuro descubres que el gozo se esconde tras cada acontecimiento, tras el dolor inclusive. Vivir sin consecuencias es una aberración, somos un cúmulo de sensaciones, sabernos vivos es el sentido de la existencia. Ahora yo en lo personal obedezco a mis veteranos ídolos (John, Paul, Ringo y George) hago el amor y no la guerra y me despido coreando: “Carnaval, la vida es un carnaval y las penas se van cantando.”