Hoy estuve triste. Cuando me pongo así vegeto frente a la tele (oh, creo, sin querer, haber copiado una línea de la película Mujer bonita) Lo mejor es siempre recurrir a una buena amiga para que se siente a tu lado y las dos mudas se acompañen bajo los efectos de la hipnosis teleadictiva. Mi amiga Milagro es una virgo como yo. Ambas nacimos en septiembre y aunque soy escéptica en cuanto a la astrología, consulto a diario el horóscopo. Si lo olvido, Milagro me advierte: -cuídate Regina, dijo el horóscopo que una virgo se embaraza, mira que no puedo ser yo estoy ligada -susurra discreta- no dejes de tomar tu pastilla. Yo sonrío y me conmuevo ante su constante preocupación por mí. Ella dice que yo soy su parte osada y yo aseguro que de ella copio la mesura. La conocí hace poco, pero los afectos contradicen al tiempo, a veces vienen comprimidos como esos muñecos de goma que con sólo echarles agua crecen diez veces su tamaño. Nosotras hemos llorado juntas varias veces, eso explica el agua y la expansión afectiva, por supuesto. Juro que desde la primaria no tenía una amiga así. Ambas pensamos que tenemos vidas paralelas, no son idénticas ni antagónicas, sólo paralelas. Las dos nos casamos a los 19, ella tiene niños y yo niñas, ella es española, yo mexicana, las dos maestras que parecen hermanas.
Foto: Gustavo Guevara
Nos gusta pensar que éramos protagonistas de un programa en canales diferentes, algo así como Ventaneando y la Botana; Hechos y Primero Noticias; Cristina y Carmen Salinas (no, eso es un exceso). Inventamos que un día y gracias a López Obrador, los horarios se cuatrapearon y con ello las señales, por eso se trenzaron nuestras tramas o dramas, según el ánimo. Compartimos el estelar, unos días ella es mi psiquiatra otros le cedo el diván. En nuestra tele se proyectan los destinos y a veces pensamos que el título ideal para la serie sería Dos mujeres una tele. Nuestras terapias consisten en risa abundante, monólogos reiterativos escuchados con paciencia, un abrazo certero cuando se acaban las risas y las palabras (muy pocas veces) y altas dosis de televisión. Lo que demuestra que aun mudas somos compañeras, cuando la luz de otras historias recorta nuestros perfiles atentos y compartimos cada episodio con el entusiasmo de haber empezado chicas a vivir deprisa y traer el entusiasmo alborotado, al igual que el cariño. Por eso festejamos y bailamos como cuando niñas hasta que se nos acaba la cuerda o se apaga la pantalla. -Deja de escribir -me grita- ya va a empezar El milagro de nacer ¡Y que lo digas amiga Milagro!