Día 10
Regina Freyman
Querida caja de imágenes, en defensa tuya hoy tengo mucho que decir. Se te acusa de manipular; de fomentar el consumo y la enajenación; de atarantar la abstracción mental; de reducir el seso. Antes que a ti, se condenó a la palabra,, primero expresada oralmente. Así en boca de Sócrates y hasta de Jesucristo, la retórica fue un recurso subversivo y corruptor. Después la palabra escrita plasmada en los libros que actualmente tanto defendemos fue perseguida por la Santa Inquisición. Baste recordar: hogueras condenatorias de valiosos volúmenes; al insensato clérigo y necio médico, amigos de Don Quijote, que atribuyeron a los libros la magnífica demencia de Don Alonso Quijano, Huxley imaginó un futuro donde leer era un delito.
Hoy es contra ti querida televisión. Tu culpa y único pecado: proyectar al hombre.. Al culparte te otorgan un poder sobrenatura, aun cuando en el mismo nombre llevas la disculpa: medio.
Si lo piensas, absurda es la inscripción que en letra minúscula llevan cientos de productos "el exceso en el consumo de este producto es nocivo para la salud". Todo exceso es nocivo, sino fíjate en la medicina que en desmedida es droga. Pero para advertir a los incautos tendremos que colocarte esa leyenda.
Eres hija del cine y la radio, nieta entonces de la pintura y el teatro. Tus exceso no son los tuyos son los de aquellos que en ti quedan prendados, delante y detrás, los que te miran y los que te usan en su provecho. Por ti viajo sin moverme, por el mundo y por el tiempo, por la realidad y sus comarcas fantásticas, espejo eres de mi historia, de mi tiempo y sus acontecerse, espejo eres al fin de mis excesos.
Posdata y punto no tan aparte.
He leído y escuchado la apología de Samuel del Villar, quien atribuye el fallo del juez Santana contra los implicados en el caso Stanley, como un ingrediente más en una campaña de desprestigio a su persona promovida por Televisión Azteca. La enemistad entre las partes es evidente y tiene su historia. La culpabilidad o no de los ahora liberados, a ciencia cierta, sólo ellos la saben, pero más allá de sentimentalismos, de campañas o espectáculos, existe una prueba irrefutable: la falta de pruebas.
Anteriores
- Día 1 - La niña de Poltergeist
- Día 2 - Hormigas electrónicas
- Día 3 - Nostalgia por mi tío
- Día 4 - El esperpento
- Día 5 - Vivir en la pantalla
- Día 6 - Pulgas, golosas
- Día 7 - Hoy platiqué con mi tele
- Día 8 - Cuando hay amor, el nombre sobra
- Día 9 - Carita de ángel
Siguientes