Cuando un director irrumpe en la escena cinematográfica mundial con un estilo maduro desde el principio, una sólida propuesta, tanto visual como narrativa, y un personalísimo tratamiento de la psicología humana, básicamente libre de concesiones, entonces, está condenado a que siempre se le exija mantener el mismo nivel creativo.
Justo como le ha sucedido a Clint Eastwood, quien desde Los imperdonables, pasando por las otras cuatro cintas que componen su producción, no había tenido un solo tropiezo… hasta ahora.
En True Crime asistimos al encuentro entre los momentos finales del sentenciado a muerte Frank Beachum (Isaiah Washington), un hombre negro recluido en San Quintín y condenado a la inyección letal por el asesinato de una joven blanca, y la investigación periodística que sobre su caso lleva a cabo el veterano, cínico, mujeriego, alcohólico y astuto reportero de The Oakland Tribune, Steve Everett (Clint Eastwood). A éste se le asignó de emergencia la cobertura de la muerte de Beachum –hecho marcado por encendidas polémicas en la sociedad– a las doce del día, exactamente 12 horas y un minuto antes de que ocurra el fatal desenlace. Pero su bien entrenado olfato periodístico lo lleva a intuir que algo no va bien, y es muy probable que el reo sea inocente. El problema es que tiene menos de 12 horas para probarlo…
Pero esta vez Eastwood falla. A pesar de que presenciamos un filme con los mejores atributos del director, tales como la presencia de un humor socarrón, la intensa construcción de la trama y la personalidad ambigua de los protagonistas, en un momento dado acabamos por descubrir que hemos asistido a la más complaciente de sus cintas. Y la sorpresa es todavía mayor porque apenas unos minutos antes de que esto ocurra pudimos haber apostado que todo se consumaría en una obra de arte
Crimen verdadero (True Crime). Dir. Clint Eastwood. Con: Clint Eastwood, Isaiah Washington y Denis Leary.