La más reciente realización del consagrado director Milos Forman, Larry Flynt, el nombre del escándalo, es una obra que resalta varios aspectos interesantes: preocuparse por exponer la vida de personajes que intentaron luchar contra la censura es un tema que todo artista está tentado a analizar, ya que es una de las grandes limitantes contra las que se enfrenta. El discurso utilizado por Forman para tratar este tema es muy claro, además de ser el hilo conductor de la película. Las discusiones en las cortes de justicia, el análisis de la época donde se desarrolla la historia, las relaciones humanas y la escena capital en la Suprema Corte engarzan la lucha del hombre como individuo, aunque líder, con el aparato estatal y moral que se empeñan en obstaculizar toda propuesta nueva. Todo esto es abordado por Forman inteligentemente, aunque algo opaco por el lenguaje utilizado para rellenar.
Lo esencial en el arte no es qué se cuenta sino cómo se cuenta, y ese es el principal problema de la película. Los elementos narrativos están desequilibrados. Si bien la música, como siempre en Forman (Amadeus, Hair, Ragtime), es un logro y hace que algunas escenas se conviertan en impresionantes; las actuaciones: Harrelson y Love, justos y muy conscientes de la degradación, tanto moral como física, de sus personajes recreando con precisión, la vida de dos personas inmersas en el libertinaje; la fotografía precisa y sin excesos, existen varios elementos que provocan que la película sea un trabajo mal concluido. El guión tiende a ser, a menudo, confuso y caricaturesco en la crítica a ciertas estructuras sociales. En toda la cinta nos enfrentamos a escenas o demasiado largas o inconclusas, muchas actitudes de los personajes son inverosímiles y la discusión planteada por los contrarios a Flynt, que es criticada por el director, aparece demasiado obvia y hasta caricaturesca. Las huestes moralistas que pululan en los estados sureños de Estados Unidos y que siempre atacan como respuesta pavloviana a los avances sociales que se proponen como frenos distractores de la sociedad; la Iglesia protestante, violenta devoradora cuando se siente atacada y hasta la justicia estadounidense que ha demostrado su inoperancia en los últimos años cuando se enfrenta a casos que prefieren ser grandes éxitos comerciales y no jurídicos.
Como siempre, Forman se introduce en temas polémicos, o de una manera polémica, pero esta vez lo ha hecho superficialmente. Como le sucedió a Altman, y parece ser una constante en ciertos directores en Estados Unidos, Forman cayó en la crítica evidente, la que siempre se ha hecho, y nos topamos con una exposición banal y seriamente confusa de este tema. No obstante, Forman logra fraguar escenas de calidad expresiva, al principio y al final de la cinta, que permanecen en la memoria de quien asiste a la sala
Larry Flynt, el nombre del escándalo (The people vs. Larry Flynt). Dir: Milos Forman. Con Woody Harrelson, Courtney Love, Edward Norton. EU, 1996