Néstor García Canclini
¿Cómo se ocupan los medios de la información cultural?
La información cultural en periódicos mexicanos
Autor de conocidas indagaciones acerca de la cultura contemporánea y sus dimensiones globales, Néstor García Canclini se pregunta cómo se ocupan los medios de la información cultural. Esta indagación en
tres diarios de la ciudad de México muestra una vocación casi provinciana
de nuestra prensa en la información sobre temas culturales, a diferencia de
la atención global a otros asuntos.
Una de las novedades que presentan los diarios en la última década es que se ha expandido el campo cultural. Hasta hace pocos años las noticias culturales eran arrinconadas en una sola sección de pocas páginas, casi siempre al final de los periódicos, que solía concentrarse en arte y literatura. A medida que los medios audiovisuales ampliaron su presencia, la prensa cotidiana ofrece más información de radio, televisión y video. De pronto, en los años 90 diarios de muchos países, en distintas lenguas, separan la sección de cultura de la de espectáculos, abren otra de informática, mientras que los temas culturales emergen en páginas de economía y finanzas, o en las nuevas secciones dedicadas a la ciudad donde se edita el periódico.
La prensa escrita es uno de los lugares donde se vuelve más elocuente esta diseminación de los asuntos culturales. En éstos se aprecia también una reformulación del concepto de cultura, asociada a su nuevo papel en procesos socioeconómicos y políticos donde no estábamos habituados a encontrarla. Sin embargo, esta expansión de la cultura no ocurre del mismo modo en distintas secciones de los periódicos. La hipótesis que voy a explorar es que las diferencias de
rivan de los modos de organizar lo local, lo nacional y lo global en diversos campos culturales.
De paso, podemos entender mejor en qué aspectos se está globalizando, más o menos, la sociedad mexicana. En tanto los diarios nacionales se publican en la capital del país, y en sus secciones culturales coexisten las noticias surgidas en el Distrito Federal con las del resto del país y las internacionales, veremos si la manera como se combinan esas diversas escalas de la información permite hablar de México como una ciudad global. Es decir: queremos averiguar en qué medida leyendo diarios mexicanos el mundo se nos vuelve más accesible o, para expresarlo de otro modo, si el periodismo cultural nos ayuda a valorar nuestra propia cultura y a la vez comprender las diferencias con otras.
Analizo estas cuestiones en tres periódicos, El Universal, La Jornada y Reforma, durante el lapso comprendido entre el 10 de junio y el 9 de julio de 1999. Seleccioné estos tres medios porque están entre los de mayor tiraje en México y sus lectores abarcan diversos niveles de ingreso y educación. Esta valoración es aproximativa, porque se carece de un instituto verificador de la circulación de publicaciones, como hay en otros países; de acuerdo con estimaciones mercadotécnicas y declaraciones de periodistas, el tiraje de los tres medios elegidos oscilan entre 70 mil y 120 mil ejemplares, con variaciones entre días de semana (lunes a viernes) y sábado-domingo, y entre diferentes épocas del año. La Jornada es el medio que cubre un espectro más amplio de lectores, desde sectores universitarios y de altos ingresos hasta algunas franjas populares (Piccini, Adcebra).
Los tres diarios concentran las noticias culturales en una sección llamada “Cultura”, donde predominan las artes y la literatura, y en otra de “Espectáculos” *que lleva ese nombre en La Jornada y El Universal y se titula “Gente” en Reforma*. Esta contiene noticias, entrevistas y críticas de cine, televisión y de espectáculos musicales y teatrales.
Reforma y La Jornada publican, además, suplementos culturales de fin de semana, que no considero ahora para simplificar el universo de análisis. Sí se tomará en cuenta el suplemento semanal de informática y la aparición de notas culturales en la sección de economía y finanzas con el fin de examinar la expansión de lo cultural a otros dominios. Cabe señalar que las cuestiones culturales se extienden hasta las cartas de lectores, sobre todo en La Jornada, que en el mes analizado recogió en “El correo ilustrado” correspondencia sobre el manejo informativo de las cadenas televisivas, inconformidades por un concierto y contra la privatización de la cultura, a veces con extensión y argumentos semejantes a los de un artículo periodístico.
Durante el periodo de estudio, El Universal mezclaba notas de agencias, gacetillas, noticias elaboradas por los propios periodistas, entrevistas y pocos artículos de opinión en las cuatro páginas que diariamente editaba de cultura y las 18 de espectáculos. La Jornada ofrecía cada día una sección de cinco a seis páginas de “Cultura”, con información más razonada, dedicada preferentemente a artes y literatura, notas escritas por periodistas especializados y algunos de los críticos e intelectuales más prestigiosos; agregaba una página diaria destinada a “Espectáculos”, que crecía a cuatro páginas los viernes y sábados. (En los meses posteriores a este estudio, La Jornada extendió su sección “Espectáculos” algunos días por semana y comenzó a ofrecer una sistematización razonada de la oferta capitalina en esta área.) Reforma tiene una estructura intermedia entre los dos periódicos anteriores, con una sección “Cultura” de cuatro páginas, y la de espectáculos (“Gente”) de diez a 16; es más flexible para combinar notas de especialistas con otras frívolas o simples rumores.
De qué se habla cuando se habla de cultura
Las cuestiones culturales amplían su espacio en los periódicos, pero su modo de hacerlo es ambivalente. Observamos que los medios y espectáculos masivos *así como la informática* reciben más atención que en el pasado, y “lo cultural” irrumpe también en las páginas dedicadas a economía y a la ciudad. Pero a la vez el hecho de que la sección denominada “Cultura” en los tres diarios privilegie la literatura, las artes plásticas, la música, el teatro y el patrimonio histórico sigue marcando una separación de las manifestaciones artísticas de élite respecto de los entretenimientos y la cultura popular urbana. En la sección cultural la literatura recibe, por lo menos, el doble de espacio que las artes visuales, la música y el patrimonio, o sea, los tres campos que siguen en importancia en los periódicos mencionados. Es decir, que no sólo se da sitio preferencial a la alta cultura, sino dentro de ésta a la producción escrita.
En el periodo analizado, Reforma publicó el mayor número de notas en su sección “Cultura” (408), en tanto La Jornada difundió 241 y El Universal 170. En los tres casos es abrumadora la dedicación a la producción de élite, según se observa en el cuadro 1, aunque La Jornada incluyó más notas sobre cultura popular, medios masivos y espectáculos que los otros periódicos. Este diario se ocupa inclusive de aspectos “menos nobles” de los medios, como la serie de notas publicadas acerca de actores y programas cómicos en televisión.
Es notable que en la sección “Cultura” predominan las actividades de la ciudad de México: en La Jornada, 119 de las 241 notas, y en El Universal, 78 de 170; sólo Reforma registra más equitativamente noticias de la capital (125), de los estados (136) y extranjeras (129). La atención preferente a la alta cultura se refiere sobre todo a la producción local, en tanto las artes y la literatura de otras sociedades aparecen en notas pequeñas, provenientes de agencias, o cuando escritores y artistas de otros países visitan México. Los diarios no tienen corresponsales de cultura en el extranjero y pocas veces envían periodistas a cubrir festivales de cine o acontecimientos internacionales.
¿Cuáles son los actores destacados en la sección “Cultura”?
Reforma y La Jornada abren más espacio a la información relacionada con organismos estatales, en tanto El Universal concede un poco más de atención a actores privados (galerías, presentaciones editoriales, acciones empresariales). Las fuentes informativas locales y nacionales predominan en proporción casi de siete a uno sobre las fuentes extranjeras. Acorde con esta concepción de la cultura y su restricción a lo que sucede en la propia ciudad y el propio país, los acontecimientos presentados ocurren habitualmente en espacios urbanos, casi nunca en circuitos mediáticos. Las noticias y entrevistas son obtenidas por reporteros en lugares específicos de la ciudad, en menor medida en otras zonas del país, y casi nunca de los medios audiovisuales.
De todas las secciones dedicadas a la producción simbólica, la de “Cultura” contiene más análisis razonados y polémicas. En el mes examinado (como en los anteriores y los inmediatos siguientes), los asuntos más debatidos fueron la propuesta de ley de patrimonio, la política del nuevo Instituto de Cultura de la Ciudad de México, los efectos culturales y científicos de la dilatada huelga de la UNAM, el conflicto de Chiapas y otros relacionados con la censura, la diversidad étnica y sexual. En las páginas culturales de Reforma y La Jornada ocasionalmente se discuten los usos de tecnologías digitales en la reelaboración y difusión de obras plásticas, teatrales y musicales, considerando la interacción entre la cultura clásica y de élite con tecnologías recientes.
Espectáculos: equilibrios entre lo nacional y lo internacional
El Universal y Reforma asignaron en su sección de espectáculos casi la misma proporción de notas a lo internacional (48% el primero, 54% el segundo) que a las informaciones nacionales. La Jornada sólo adjudicó 18% a noticias extranjeras. Este espacio *donde se habla de televisión, cine, música y, en menor medida, de teatro, radio y video* es más pequeño y menos cosmopolita en este último diario, el más atento a los debates conceptuales sobre la cultura.
Las notas de la sección de espectáculos son menos elaboradas, y no cuentan casi nunca con firmas prominentes como las de los escritores y críticos que colaboran en la sección “Cultura”. Se concentran más en la biografía de los artistas que en el significado de las obras. Las entrevistas son rápidas, las notas informativas breves, y en pocos casos se publican críticas especializadas. (Si bien esta “velocidad” de la información es más notoria en las páginas de espectáculos, Reforma ha contagiado también a su sección “Cultura”: una periodista me dijo que tenían la consigna de que las respuestas a las entrevistas tuvieran habitualmente tres o cuatro líneas.) Las páginas de espectáculos ocupan 60 a 80% del espacio con fotos y publicidad de gran tamaño, mucho mayores que en el área cultural. La cultura aparece aquí como espectáculo también en el modo de presentar la información.
Los nombres que buscan atraer la atención, desde los títulos, son los de actores y actrices de televisión y cine, no los de intelectuales ni de las empresas. Estas aparecen como fuentes de la información, más que los organismos estatales. Aunque las instituciones públicas auspician en México más espectáculos que en otros países latinoamericanos y pagan publicidad comparativamente abundante en los periódicos, su acción es menor que la de la iniciativa privada en este campo.
El importante papel de películas y programas extranjeros en los cines y la televisión explica la mayor internacionalización de las noticias en esta sección de los periódicos analizados. También el peso más fuerte de las empresas que del Estado como actor cultural y fuente de información. En la sección “Gente”, de Reforma, 96% de los personajes mencionados tiene relación con megaempresas comunicacionales. Del conjunto de las notas, 44% habla de procesos de internacionalización de actores y músicos, casi siempre a través de contratos con firmas transnacionales. Películas como La guerra de las galaxias y grupos como Spice Girls conviven con Maná (destacado porque iba a compartir escenario con Santana), Molotov (que iba a tocar con Marilyn Manson) y otros músicos latinos, reconocidos por su inserción en las redes “globalizadas”. La repercusión en las metrópolis propicia más menciones en la prensa nacional.
Entre los tres periódicos analizados, La Jornada es el que destina espacios más extensos a visiones críticas de los medios y de los espectáculos masivos. A veces lo hace a través de entrevistas que trascienden lo informativo y el chisme biográfico con opiniones argumentadas de los músicos sobre la interacción entre lo comercial y lo experimental (Armando Manzanero, Rubén Blades y Alexis Núñez). En otros casos, exploran el amarillismo televisivo en conversación con un productor de Televisa o reseñan los comportamientos de artistas y empresarios en el Mercado Internacional de la Industria Discográfica, efectuado en Miami. Sólo este tipo de notas da cuenta de que los espectáculos son, además de acontecimientos mediáticos, escenarios de negociación de derechos de propiedad intelectual, disputa sobre orientaciones estéticas de los públicos en confrontación con los intereses mercantiles.
En suma, pocas veces la sección dedicada a espectáculos hace algo distinto de lo que los medios masivos realizan cuando se publicitan a sí mismos. Hay una subutilización del tamaño de notas permitido por la prensa escrita, de su capacidad de razonar la información, para trascender el simple anuncio de nuevos espectáculos o las anécdotas recientes de los divos. Es como si los diarios adoptaran la lógica de la velocidad y del impacto visual de la televisión. La incorporación del color y el incremento de espacios para fotos en los últimos años en estos periódicos, y en los de otros países, sugiere la misma dirección en los cambios.
La cultura como negocio
Las secciones económicas de estos diarios destinan porcentajes más o menos equivalentes de sus páginas a información nacional y extranjera de carácter general. Las noticias culturales vienen conquistando un lugar, siempre escaso, no todos los días, en la medida en que crecen las inversiones, las estrategias de expansión y las alianzas entre empresas de comunicación, informática, entretenimiento y turismo. En la información sobre espectáculos y medios audiovisuales ocupan mayor espacio nombres nacionales; en las noticias de informática, aparecen casi exclusivamente empresas transnacionales. De los tres periódicos, Reforma concede mayor lugar a estos temas: de 762 notas
publicadas en el área económica durante el mes analizado, 83 se refieren a medios masivos, informática y telecomunicaciones.
Entre las noticias económicas relacionadas con actividades de información y cultura sobresalen las referidas a Bill Gates y AT&T en el ámbito internacional. Dentro de la información nacional, los debates sobre la normatividad de Teléfonos de México y sus acuerdos posibles con transnacionales. Otras notas se refieren a los beneficios perdidos por piratería de software y al incremento de compras por Internet.
Para la sección económica sólo existe la cultura en tanto está industrializada, y da particular atención a los circuitos informatizados. Una observación más amplia *referida a un periodo más largo y a otros diarios* revela que excepcionalmente aparecen notas económicas referidas a la industria editorial, las artes visuales (salvo algunas ventas de subastas artísticas a precios estratosféricos) o el patrimonio histórico (excepto cuando se asocia a inversiones turísticas). Si la noticia es que “los libros de Borges mantienen venta constante” (El Universal,15/6/99, p. 3) , las cifras que lo acreditan se publican en la sección “Cultura”. En cambio, la pérdida de 23 mil 500 empleos vinculados a la industria cinematográfica estadounidense durante 1998 y la migración de la producción fílmica y televisiva de ese país a Canadá, Australia e Inglaterra aparece en “Espectáculos” (El Universal, 29/6/99, p. 2). La sección de informática también registra noticias empresariales, dedica buen espacio a novedades tecnológicas y busca a veces ayudar a resolver problemas de acceso cotidiano a los servicios. La publicidad, en cambio, abundante en estas páginas, exhibe las ofertas computacionales, la competencia entre tiendas, cursos y centros de cómputo. Suele haber, sobre todo en La Jornada, análisis críticos o polémicos que sitúan las nuevas tecnologías en una reflexión sobre su significado en el desarrollo cultural: algunos de sus temas son “Niños y adolescentes, consumidores”, “¿Por qué legislar el ciberespacio?”.
Con frecuencia, la frontera entre las secciones de economía e informática se borra. Así como en la parte económica ocupan sitios preferentes las comunicaciones y la informática, en “Virtualia” *nombre del suplemento de cibercultura de La Jornada* aparecen notas tituladas: “Internet para buscar y ofrecer empleo”, “Litigio entre Apple y Daewoo por presunta copia del diseño de la iMac”.
Los asuntos de otros campos de la cultura se hacen presentes dentro de esta sección en artículos referidos al nuevo cine digital, la venta de libros a través de Amazon y la circulación de música por Internet.
¿Globalizados o domésticos?
Este recorrido por el modo como informan los diarios mexicanos muestra mayor énfasis en lo local en las secciones “propiamente” culturales, mientras se privilegia lo transnacional en informática y economía, y se equilibran ambas tendencias en las páginas de espectáculos. Este criterio cuantitativo no puede ser el único para evaluar el grado de globalización o localismo de la información cultural. Pero el análisis de contenido no siempre da indicadores claros en una u otra dirección. Como en todo el mundo, la palabra globalización se ha vuelto un comodín usado con poco rigor.
La Jornada, por ejemplo, publicó un artículo casi de página completa titulado “El nahuatl en el sur del D.F.,amenazado por la globalización”, aunque la lectura del texto atribuye el declinante uso de esa lengua a la desindigenización de las nuevas generaciones y a “costumbres que nos imponen a través de los medios de comunicación masiva”, y como ejemplos se mencionan el “rock, el pop y la salsa” (sic) (14/6/99). En el mismo diario, el musicólogo José Antonio Alcaraz declara en una entrevista: “No creo que la globalidad y las capacidades nacionales estén reñidas”, pero sus ejemplos de lo “no nacional” son músicos de otros países en siglos pasados, o sea, que “global” es usado como sinónimo de extranjero (10/6/99).
Veamos qué podemos concluir de la información sistematizada. Si por globalización entendemos la “intensificación de las dependencias recíprocas” entre todos los países desde la segunda mitad del siglo XX (Beck, Giddens), o la configuración de mercados mundiales que requieren circulación más fluida de bienes y mensajes, la información mediática sobre esta ampliación de la oferta es un recurso indispensable para que la globalización acontezca. ¿Qué significa que esta expansión informativa sólo suceda en las páginas de informática y economía, y un poco en espectáculos, en tanto las secciones de “Cultura” permanecen concentradas en noticias locales y nacionales? Sugieren que la literatura, las artes y el patrimonio histórico operan más en esas escalas domésticas, y que lo ocurrido en otros campos y en circuitos mediáticos les interesa poco.
A la inversa, si las secciones de economía e informática recogen las dimensiones globalizadas de las prácticas culturales dedicándose a lo que ocurre en el extranjero podemos inferir que esos campos están fuera de la competencia nacional o que los periódicos *repetidores, en estas secciones, de cables internacionales y de lo que capturan en Internet* tienen poco que decir sobre los procesos más cercanos. En rigor, los habitantes de México son interpelados en la mayoría de las notas de informática como consumidores necesitados de auxilio para utilizar los servicios transnacionales. O espectadores que siguen de lejos fusiones megaempresariales. La posibilidad de una participación ciudadana en la gestión de las nuevas tecnologías, su comercialización y usos está tan ausente en los diarios como en las agendas de los gobiernos latinoamericanos y de los partidos políticos.
Para que una ciudad sea considerada global, según varios especialistas (Castells, Hannerz, Sassen), se necesita que exista en ella un fuerte papel de empresas transnacionales, mezcla multicultural de pobladores nacionales y extranjeros, prestigio obtenido por la concentración de élites artísticas y científicas, y alto número de turismo internacional. A esta lista podemos añadir la pregunta de si los medios de la misma ciudad, sobre todo la prensa, hablan de la cultura y de las relaciones sociales y económicas como procesos que articulan lo local, lo nacional y lo global.
La orientación de la sección “Cultura” sugiere que la interacción de la ciudad con lo que ocurre en otras naciones se limita a ciertas actividades: visitas periódicas de músicos extranjeros, de vez en cuando algún grupo teatral, pocas noticias de festivales internacionales y de las tendencias e innovaciones en los demás países. La principal relación con la cultura de otras sociedades es la que aparece en la cartelera de cine, como sabemos casi enteramente destinada a películas estadounidenses.
Los estudios sobre globalización señalan que ésta es más evidente en los medios masivos y los espectáculos y, sobre todo, en la informática, que en las artes y la literatura. Pero también revelan que la transnacionalización de la industria editorial y de las redes artísticas está reestructurando las inversiones, la comercialización y las estéticas que ordenan estos campos en casi todo el mundo (Alatriste; Yúdice, 1999). Si los diarios enfocan estos últimos circuitos con una mirada casi exclusivamente nacional cumplen un papel homólogo al de la mayoría de los gobiernos, que reducen sus políticas culturales a las bellas artes y el patrimonio histórico, y dejan las políticas de industrias culturales en manos de empresas transnacionales. Los periódicos informan como si lo global sólo fuera un proceso que ocurre en el campo mediático, y sus resortes quedaran fuera del horizonte de los ciudadanos a los que comunican dentro de cada país.
Llama la atención el hecho de que los debates sobre cultura y política cultural ocurran a escala nacional,
en tanto la globalización aparece referida, en las secciones de informática y economía cultural, pero no cuestionada en relación con las industrias comunicacionales, actores decisivos para que el mundo se reorganice en forma mundializada. Las críticas a lo global aparecen como explicación de conflictos sociales, y en la sección de cultura, en relación con el declive de lenguas indígenas, iniciado hace varios siglos. Esta manera de situar la globalización es equivalente al descuido ya señalado de los actores políticos respecto del poder transnacional de las industrias culturales y a la ausencia de polémicas sobre ellas en los foros mundiales. Aun las protestas en Seattle y Davos, observa George Yúdice, discuten la explotación a los obreros y campesinos, y la deuda de los países pobres, pero no “la forma en que intervienen la industria del cine o los grandes conglomerados de entretenimiento (...) Sólo se piensa en la explotación de la mano de obra y no en lo que es el trabajo cultural” (Pavón-Yúdice, 2000).
¿Para qué sirve, entonces, la expansión de la temática cultural a nuevas secciones de los diarios? Como vemos, sólo acompaña parcialmente los acontecimientos mundiales de la cultura. En la medida en que los diarios conforman la agenda pública, podemos decir que postulan pactos de lectura más globalizados con sus públicos en las páginas de espectáculos, economía e informática, pero en la sección titulada “Cultura”, que reúne la mayor información en estos temas, el convenio que proponen a los lectores es ocuparse sobre todo de la propia sociedad. Esta tendencia se acentúa por el énfasis dado al patrimonio tradicional en México, tanto en las políticas estatales como en los periódicos, considerándolo recurso clave para afirmar la identidad nacional. Los productos audiovisuales e informáticos casi nunca son vistos como patrimonio ni instrumentos para desarrollar diferencias culturales, o para trabajar con la diversidad y la multiculturalidad.
Los recientes textos sobre gobernabilidad y ciudadanía conciben la esfera pública y la cultura política como articulaciones de lo local, lo nacional y lo transnacional (Keane, Kymlicka). Combinar informaciones fluidas sobre estas tres escalas de la sociedad es indispensable para ejercer una ciudadanía con capacidad de participar en los dispositivos de poder económico y cultural que comunican dichas instancias. Los diarios *al tener mayor aptitud que otros medios para ofrecer información argumentada* pueden contribuir a formar en cada nación una ciudadanía dispuesta a comprender lo que desborda la política y la cultura nacionales, lo global que las atraviesa y las desafía.
Pero las estrategias manejadas en las distintas secciones parecen colocar a los diarios en una disyuntiva: en la medida en que se expanden hacia lo global considerándolo como espectáculo y como lugar de negocios espectaculares, debilitan su razonamiento sobre lo público, o lo limitan a la cultura de élite y a su repercusión doméstica. No es un problema exclusivo de los periódicos, pero tal vez sea el campo comunicacional en que se percibe con más fuerza la tensión entre la cultura como elaboración crítica y como entretenimiento.