Rubén Cortés

Periodista y narrador. Director General de La Razón

@ruben_cortes

Con dolor de mi alma

Se llamaba Isauro, pero le decían Isaurito. Vivía con su mamá en una de las mejores casas del barrio, pintada de azul ministro, ese azul que en México le llaman colonial, con grandes candelabros en los techos y fotos familiares con marco dorado en las paredes. Le tocó vivir el infierno de 35 mil hombres más en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, unos campos de concentración ubicados en las llanuras de Camagüey, rodeados de alambradas y vigilados por soldados armados en atalayas, con un letrero en la entrada que decía: “El trabajo los hará hombres” Llevaron a homosexuales, testigos de Jehová, abakuás, adventistas del Séptimo Día, católicos, bautistas, metodistas, pentecostales, santeros lumpen, borrachines, habitantes de la madrugada, gente que había tramitado pasaporte para irse del país, rockeros, hippies y vagos. También...

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