Recordando a Gabriel Vargas

“Desde el principio me preocupó mostrar cómo vive el mexicano. Agarré como tarea todas las noches recorrer la ciudad de México; entonces yo trabajaba a lo bestia. Todo mundo cree que sólo hacía La familia Burrón, ¡ese es puro cuento!, ¡hacía otras cosas, lo que pasa es que a nadie le han interesado! Yo me iba a los teatros, a los cafés, bastaba con caminar por San Juan de Letrán para saber cómo hablaba la gente”, decía Don Gabriel Vargas en una entrevista publicada en la revista etcétera el 1 de noviembre de 2003 (véase http://www.etcetera.com.mx/articulo.php?articulo=505).

María Cristina Rosas

26 de mayo 2010

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“Desde el principio me preocupó mostrar cómo vive el mexicano. Agarré como tarea todas las noches recorrer la ciudad de México; entonces yo trabajaba a lo bestia. Todo mundo cree que sólo hacía La familia Burrón, ¡ese es puro cuento!, ¡hacía otras cosas, lo que pasa es que a nadie le han interesado! Yo me iba a los teatros, a los cafés, bastaba con caminar por San Juan de Letrán para saber cómo hablaba la gente”, decía Don Gabriel Vargas en una entrevista publicada en la revista etcétera el 1 de noviembre de 2003 (véase http://www.etcetera.com.mx/articulo/505).

Considerado como cronista de la ciudad, Gabriel Vargas nació en Tulancingo, Hidalgo, el 5 de febrero de 1915. Algunas biografías ubican su nacimiento en 1918, lo cual es inexacto. Asimismo, subsiste la confusión en torno al día de su nacimiento, dado que el historietista solía recordar su onomástico cada 24 de marzo, que corresponde al festejo de San Gabriel –si bien en realidad, Vargas no gustaba de celebrar sus cumpleaños, y él mismo refería que no era aficionado a las fiestas.

Don Gabriel nació en el seno de una familia humilde, siendo el quinto de 12 vástagos y tenía apenas cinco años de edad, cuando perdió a su padre. Ante ello, la familia decidió mudarse a la ciudad de México. Gabriel era inteligente y vivaz, y muy pronto empezó a destacar por sus dotes como dibujante, dentro y fuera de la escuela. Tenía apenas 13 años cuando rechazó una beca para estudiar en Francia porque quería quedarse a trabajar en México y ayudar a su mamá. Así, con el apoyo de la Secretaría de Educación Pública, encontró trabajo en Excélsior, donde se le ofreció una plaza como dibujante. Asimismo, trabajó para Novedades, aunque en este último caso, al desarrollar una historieta denominada Vida de Cristo, terminó en la cárcel en tanto al afamado diario por poco lo cierran. Pero para ese momento, el talento de Vargas ya era muy reconocido, tanto así que el coronel José García Valseca –el hombre que, dicen, llegó a controlar el 22 por ciento de la prensa nacional hacia 1972-, insistió en reclutar a Don Gabriel, quien finalmente aceptó, creando la exitosa historieta Jilemón Metralla y Bomba, acerca de un ex diputado prepotente, corrupto y quien, auxiliado por su secretaria, hacía cuantas transas podía. El personaje se tornó muy popular entre la población y a partir de ahí vendría uno de los grandes retos en la carrera de Vargas: crear una historieta en que la figura principal fuera una mujer. No era una empresa sencilla, pero para un genio tan creativo como Don Gabriel, el corrupto Jilemón cedió paso a Borola Tacuche, figura central de La familia Burrón. ¿Por qué Burrón? Don Gabriel sostenía que la población, sobre todo en ciertos estratos, trabaja como burro.

La familia Burrón apareció por primera vez en 1948. Desde entonces y a lo largo de siete décadas, hizo las delicias de numerosas generaciones, fascinadas con los personajes con los que había una identificación plena. Los Burrón no eran súper héroes, sino personas comunes y corrientes, expuestas a situaciones conflictivas tan frecuentes en la vida cotidiana para el común de los mortales. Como se recordará, Los Burrón retratan a una familia de clase baja que vive en una vecindad de la ciudad de México ubicada en el Callejón del Quajo número chorrocientos chochenta y chocho. Básicamente la familia se conforma de cinco integrantes: el padre, Don Regino Burrón, su esposa, la ya citada Borola Tacuche de Burrón, la hija, Macuca Burrón Tacuche, el hijo, Regino Burrón Tacuche y otro hijo, aunque adoptado, Foforito. Tienen, además, una mascota, el perro Wilson. Se trata de una “familia ampliada” o gregaria, que incorpora a numerosos personajes, entre ellos familiares cercanos, lejanos, amigos y vecinos a la usanza latina. De ahí que las historietas giren no sólo en torno a los Burrón, sino que también los caracteres secundarios llegan a tener cierto protagonismo.

En la edición impresa de etcétera correspondiente a este mes, se analiza la manera en que las series de televisión –muchas de las cuales tienen su origen en las historietas- son cada vez más usadas en la práctica docente por considerar que posibilitan una mejor comunicación con las nuevas generaciones, además de que permiten abordar materias y temas áridos y difíciles. Pues bien, vale la pena mencionar que la obra de Don Gabriel Vargas ha merecido un uso similar en la cátedra sobre sociedad mexicana que se imparte en la Universidad de la Sorbona, en París, amén de que la colección completa de la singular familia es exhibida en el Museo de Florencia, Italia.

Los Burrón, ciertamente abonaron a favor de la cultura popular, considerando los singulares personajes que figuraban en la historieta, su lenguaje y expresiones. Los hábitos, tradiciones, problemas y alegrías de los habitantes de la Ciudad de México, fueron magistralmente incorporados a La familia Burrón.Por ejemplo, al final de cada fascículo, o inclusive en la contraportada, era ya una costumbre encontrar algún comentario mordaz sobre aspectos de la vida cotidiana, o bien, la situación del país. En uno de los ejemplares se lee lo siguiente: la mala situación por la que atraviesa el país, a todos nos tiene de mal genio. Lo bueno es que los que entienden de altas finanzas aseguran que dentro de mil años estaremos mejor. Mientras tanto y para endulzar un poco la vida, aficiónese a leer la historieta “La familia Burrón.”

Hombre sencillo y trabajador comprometido –tanto así que la embolia que padeció hace más de 20 años se explica por el arduo trabajo que Don Gabriel Vargas desarrollaba, al punto de laborar hasta por 20 horas cada día. Ello le valió la admiración y el respeto de todos los que convivieron con él, y, claro está, algunos regaños por esas malpasadas. Empero, la devoción y el tiempo que le prodigó a sus historietas –y no sólo a Los Burrón-, dan cuenta de lo mucho que le gustaba lo que hacía.

Don Gabriel Vargas falleció el 25 de mayo de 2010 a la edad de 95 años a causa de complicaciones cardiovasculares que lo afectaban desde hace varios meses, según señala su ahora viuda, Guadalupe Appendini. En su funeral, gente del pueblo acudió a dar el último adiós a Don Gabriel, siendo muy notorias las ausencias de aquellos personajes de la vida política nacional a quienes hizo alusión una y otra vez, tanto en Los Burrón y en Jilemón, como en tantas otras creaciones emanadas de su privilegiada pluma, sin importar la época. Se le extrañará, porque su genialidad creativa, su visión sobre la sociedad y sus problemas, y, sobre todo, su capacidad para plasmar todo ello en historietas, no es sencillo y a la fecha sería muy difícil identificar a un historietista que sea digno sucesor, algo grave, considerando que aunque sigue existiendo en México un núcleo duro de lectores de historietas, subsisten tendencias sobre las que advertía el propio Vargas en aquella entrevista a etcétera, incluyendo la televisión, que en su opinión, lo destruye todo, condenando a las historietas la desaparición. ¿Será? Eso el tiempo lo dirá porque difícilmente Los Burrón no serán olvidados. Por ejemplo, la editorial Porrúa ha venido publicando las compilaciones de la singular familia en varios tomos, agotando rápidamente las ediciones y debiendo hacer nuevos tirajes. Don Gabriel debe estar tranquilo, porque las nuevas generaciones seguirán disfrutando su obra y ese es el mejor homenaje que se le puede hacer. Descanse en paz Don Gabriel Vargas.

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Comentarios

Hay 1 comentario en este artículo


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Mireya Campuzano

26 de mayo 2010 23:37:19

México

Descansa en paz maestro. Yo aprendí a leer con los Burrón y te voy a extrañar mucho.