Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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#Oscar2017: Elle: abuso y seducción

María Cristina Rosas

13 de febrero 2017

08:23

El holandés Paul Verhoeven es un cineasta con altibajos -aunque este enunciado también es aplicable a otros distinguidos directores. Por ejemplo, por "Robocop" -hablo de la original, aquella película de 1987 que la valió un Saturn Award como mejor director- saltó a la fama, aun cuando ya tenía en su currículum unas siete películas en su país natal. Si bien desde 1983 ya residía en Estados Unidos, lugar en que permaneció hasta el año 2000, su fama llevó a que Hollywood apoyara proyectos de este insigne personaje como "Total Recall" (1990), "Bajos instintos" (1992) y la película que le valió un Premio Razzie, a lo peor del cine en 1995, "Showgirls", distinción que él mismo fue a recoger en persona -cosa que las celebridades no suelen hacer.

En el año 2000, Verhoeven regresó a Europa, donde realizó unas cuantas películas, una de ellas en su natal Holanda, que ha sido también el filme más caro en la historia del país, Black Book (2006), ambientada en la época de la segunda guerra mundial y que narra la historia de una cantante holandesa que logra sobrevivir a la ocupación nazi -y que hay que decir, es una película mucho más llevadera y con mejor oficio que el bodrio que recientemente encabezaron Brad Pitt y Marion Cotillard de la mano de Robert Zemeckis, Aliados (2016).

Lo cierto es que, desde Black Book, Verhoeven se tomó un sabático y no sería sino hasta 2012 que se involucraría en un nuevo proyecto cinematográfico, Entertainment Experience del que emanaron dos películas. Sin embargo, la película de la que quiero hablarles es su producción más reciente, Elle (Elle: abuso y seducción) (2016), estelarizada por una de las grandes actrices que Francia le ha dado al mundo, Isabelle Huppert, quien es la más nominada a los premios César (16 veces) en la historia de esa nación. Es la primera película de Verhoeven rodada en francés y es una co-producción entre ese país, Alemania y Bélgica. Ganadora del Globo de Oro como mejor película extranjera, le ha asegurado a Huppert la nominación a los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood como mejor actriz, al lado de Meryl Streep, Emma Stone, Natalie Portman y Ruth Negga. Asimismo, Elle cuenta con 11 nominaciones a los premios César que se entregarán el próximo 24 de febrero, dos días antes que los premios Oscar. Y tomaría mucho tiempo detallar la avalancha de galardones adicionales que la película, Verhoeven y Huppert han recibido desde el año pasado hasta ahora por esta producción.

Con estas credenciales, procedí a ver la película, la cual se estrenó esta misma semana en México. El inicio de la película es impactante: a través de los ojos de un gato, escuchamos gritos y golpes. A continuación, la cámara nos acerca a una escena grotesca: Michèle Leblanc (Huppert) es atacada por un hombre enmascarado, quien abusa sexualmente de ella con extrema violencia.

Cuando los espectadores presencian escenas de este tipo, es normal que se sienta empatía por el caracter agredido -pienso, por ejemplo, en aquella película de Gaspar Noé, Irreversible (2002), protagonizada por Monica Bellucci, en la que se narran hechos consumados en retrospectiva, pero en que, sin importar la manera en que transcurre la narrativa, la empatía hacia la protagonista agredida y su novio vengador es natural. En el caso de Elle, cuesta mucho trabajo sentir empatía por Michèle, un caracter por demás complejo.

Michèle es una mujer acostumbrada a tener el control, no sólo sobre su vida sino sobre las de los demás. Ella es el centro de la atención y quien determina cómo relacionarse con su familia, vecinos y amistades. Ella es fría, y enfrenta con esa misma frialdad a su madre y padre -éste encerrado de por vida en la cárcel por haber sido un asesino serial-, a sus compañeros de trabajo -muchos de ellos la detestan y se burlan de ella-, a sus amigos y a sus vecinos. Ella en ningún momento se hace la víctima, al contrario. Pero tampoco es una persona vengativa que actúe sin calcular fríamente lo que hace. Tras la violación, decide no acudir a la policía, precisamente porque no quiere aparecer como víctima, máxime considerando la reputación de su señor padre. Ella no quiere y tampoco necesita esa "publicidad."

En cambio, vemos a Michèle indagando cuidadosamente quién le hace bullying en el trabajo; quién abusó de ella y termina resolviendo las cosas como ella lo desea, siempre en control de la situación. Ciertamente Verhoeven presenta en esta película con mucho humor negro a las familias modernas -el violador es vecino de Michèle. casado con una mujer mojigata que da gracias al Señor antes de consumir sus alimentos; la madre de Michèle tiene un amante, un muchacho con el que planea casarse, pero que le es infiel con otra chica, claro, más joven-; además de abordar los bajos instintos que todos tenemos -aunque de manera sumamente distinta a lo visto en aquella película del mismo título que encabezaron Sharon Stone y Michael Douglas-; y, por supuesto, las perversiones del ser humano. Todos tenemos un esqueleto en el clóset, y tratamos de mantenerlo ahí, encerrado. Verhoeven, en cambio, abre el clóset de Michèle, y nos confronta con un personaje que muy posiblemente no nos guste ver, porque dice mucho de nosotros y de las sociedades y los tiempos en que vivimos.

Con esta película, Isabelle Huppert muy bien podría decirle a la Streep: "¡toma Meryl!", porque sería más que merecido que la célebre actriz francesa se alzara con la estatuilla como mejor histrión. Claro, para las buenas conciencias de Hollywood, la temática de Elle seguramente habrá generado muchos ceños fruncidos, pero ojalá que, en lugar de lo políticamente correcto, se premie lo que histriónica y cinematográficamente vale. Y Elle, para mi gusto, es vertiginosa, compleja y muestra que Verhoeven, a sus 78 años, se ha reinventado a sí mismo. Si este es el resultado de que haya dejado Hollywood para asentarse en Europa, fue, sin duda, una buena decisión.

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