Especialista en sociedad de la información por la Universidad Oberta de Cataluña (UOC). Profesor de posgrado en comunicación en la Universidad La Salle Bajío, UNIVA, UNID, UPN y UC de Aguascalientes.
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La omnipresencia tecnológica

Sergio Octavio Contreras

16 de enero 2017

09:54

Dentro del paradigma de la Sociedad de la Información, un rasgo central para entender los cambios a nivel macro –como estructuras sociales– y a nivel micro –en esferas individuales– es la omnipresencia tecnológica. Esto significa que nuestra existencia está condicionada a una gran cantidad de herramientas, máquinas y artefactos que facilitan la vida, mejoran los procesos, reducen las distancias, permiten el ahorro de recursos, etcétera. El mundo como lo conocemos sería muy diferente sin Internet.

En las últimas décadas, y específicamente desde el desarrollo de la red de redes, la omnipresencia tecnológica se amplificó. Con esto me refiero a que desde que Internet fue creado comenzó a expandirse a nivel planetario una nueva cultura, una cultura digital. Esta nueva forma de producción y representación comenzó a sustituir paulatinamente las estructuras análogas de comunicación que hasta entonces habían imperado. Por ejemplo, os discos de acetato dejaron de ser utilizados por las mayorías para ser sustituidos por discos compactos. Lo mismo se observa en la cultura cinematográfica, en los sistemas de correspondencia, en las formas de consumo, en las esferas económicas y políticas, etcétera.

La omnipresencia tecnológica implica por un lado que parte de la vida está condicionada en cierta forma a los artefactos, y por otro lado al conocimiento sobre la forma de utilizarlos. En este sentido, Winner (2008) asegura que la mayoría de los integrantes de las sociedades actuales desconocen el funcionamiento de la tecnología. Si encendemos la smart-tv, abrimos un archivo en la computadora o enviamos desde el teléfono móvil una imagen, son actividades cotidianas que realizamos sin problema todos los días. Sin embargo la sociedad conectada sabe surfear en Internet, pero ignora cómo operan los algoritmos que sostienen la red.

La época actual ha sido considerada la era de los mayores recursos tecnológicos. En el caso de la tecnología de la comunicación, esto en cierta medida es correcto. Vivimos en medio de una gran cantidad de instrumentos y canales de comunicación, tanto de medios tradicionales como de nuevos medios. Como señala Woolgar (2005), las nuevas tecnologías están gestando una nueva esfera de comunicación: el florecimiento de la sociedad virtual que complementa a la sociedad real. Otros pensadores consideran que los cambios tecnológicos han traído consigo el nacimiento de organizaciones que antes no existían debido a la fragmentación del tiempo y del espacio (Monge, 1995). Estos nuevos lugares posibilitan que las experiencias humanas transiten por una red electrónica y se conviertan en experiencias ubicadas en sitios distintos (O´Hara- evereaux y Johansen, 1994).

Espacio y tiempo en red

Uno de los efectos primarios de la omnipresencia tecnológica se puede observar en las actividades cotidianas. El uso de tecnologías de la comunicación siempre ha generado cambios en las prácticas sociales. Si damos un vistazo a la propuesta de McLuhan, podemos considerar que toda tecnología de la comunicación no tiene efectos sobre las personas por sus contenidos –por ejemplo los mensajes– sino mediante la propia tecnología. Desde esta perspectiva las nuevas tecnologías representarían un nuevo reinado sobre las prácticas sociales. Sus efectos no se medirían por lo que las personas son capaces de publicar en Facebook o las imágenes que pueden compartir en Instagram, sino porque la nueva tecnología es capaz de alterar los modelos de recepción de las personas. Siguiendo la línea de la tecnología como medio, Baudrillard (2007) asegura que los medios de comunicación cumplen la función de neutralizar el carácter vivido de los acontecimientos del mundo, para sustituirlo por un universo múltiple de medios homogéneos que a su vez se significan recíprocamente y donde cada uno remite a otros. En este sentido, Internet es un ejemplo de neutralización de la realidad física al sustituirla por una realidad posible.

La nueva tecnología y sus usos, representan formas diferentes en que las personas llevan a cabo diversas prácticas. La omnipresencia tecnológica empuja a las colectividades a configurar sus espacios, convertidos ahora en sitios no-humanos. Las personas pasan parte del día en las redes sociales donde realizan actividades que antes desarrollaban en otros sitios. Estudios recientes han demostrado que los usuarios de las redes privilegian esta tecnología como fuente para mantenerse informados. Las personas consultan las noticias en Facebook porque otros espacios informativos las difundieron o bien sus conocidos las compartieron. Los cibernautas se conforman con leer encabezados y sólo una pequeña parte consulta los contenidos. Por tal motivo, los bulos electrónicos encuentran en las redes un cómodo espacio para germinar. Esta nueva práctica está reorientando a los medios de difusión tradicionales a digitalizar sus versiones físicas y estrategias comunicativas.

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