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La Jornada, en riesgo

Marco Levario Turcott

17 de enero 2017

10:04

Las dificultades administrativas y financieras de La Jornada ya son de tal magnitud que, hace varios días, los directivos debieron notificarlo formalmente al sindicato y, también, hacerlo del conocimiento público ayer en el espacio editorial del diario. No fue en las páginas del rotativo, por cierto, donde se registró el parecer de los trabajadores; la secretaria general del sindicato independiente, Judith Calderón, dijo en el noticiero de radio que conduce Ciro Gómez Leyva, que el jueves pasado recibió la notificación de los directivos y el día siguiente, sin ningún tipo de negociación, sólo recibieron la mitad de su sueldo los trabajadores; también sostuvo que los directivos ya esperan la declaratoria de quiebra y optaron por enfrentar la situación sin el sindicato, lo cual “es una decisión unilateral”. Finalmente, Calderón sostuvo que esto se debe a una mala administración --“no se pueden tener salarios superiores a 100 mil pesos”, por ejemplo-- e incluso hizo un señalamiento delicado, sin precisar, al comentar que hay varias empresas externas en el diario, apoyadas por Enrique Galván, columnista del diario.

A reserva de que durante los siguientes días conoceremos más intersticios de la crisis de La Jornada, considero que lo primero que vale la pena hacer es lamentar su situación: hay que decirlo una y otra vez, nunca será buena noticia que un medio de comunicación pase por el trance de su desaparición. No lo es aunque no coincidamos con su línea editorial (yo disiento de buena parte de sus definiciones) y aunque, precisamente esa línea editorial, lleva varios años desdibujada, entre contenidos oficialistas, omisiones informativas para no lastimar a los anunciantes (por ejemplo Veracruz cuando fue gobernador Javier Duarte, o ahora Tabasco) y desplantes efectistas con los que sus editores intentaron mantener la impronta de tratarse de un diario de izquierda (el manejo del “gasolinazo”, el apoyo cauteloso a Andrés Manuel López Obrador y el registro del descontento social expresado durante los primeros días de enero).

La Jornada está entre los periódicos impresos que más titulares principales ha publicado para realzar las actividades del Presidente de la República y simultáneamente es de los más críticos de las autoridades federales sobre lo ocurrido en Ayotzinapa, y ello (me) remite más a criterios gerenciales que editoriales. La Jornada es también uno de los medios donde más se anuncia el gobierno federal, hace un mes, su sitio tenía más publicidad de Sermarnat o de alguna otra dependencia pública, que otros medios como La Crónica de hoy y La Razón, por ejemplo. Por eso creo que los problemas financieros de La Jornada se deben sobre todo a asuntos de índole administrativa.

Entonces, los directivos de La Jornada no podrán recurrir al cómodo expediente de culpar al gobierno de la situación que atraviesa la empresa que edita al diario, y por lo que se nota, no será posible lograr acuerdos como antaño, con el sindicato (acuerdos que pospusieron esta situación de crisis, igual que los cuantiosos préstamos de Carlos Slim, lo que determinó la línea editorial del periódico, sobre todo durante los años en que se discutió la reforma de las telecomunicaciones). Tampoco podrán ser transparentes e informar sobre los recursos que el diario ha recibido por concepto de publicidad oficial que son cuantiosos, porque eso exhibiría los errores y las distorsiones administrativas de las que se quejan los propios trabajadores del diario.

Es una mala noticia lo que sucede en el periódico, reitero. Primero por la situación de sus trabajadores que podrían perder su empleo, en efecto, sueldos de más de cien mil pesos mensuales tienden a minar el ánimo de quienes le dan sentido esencial al medio –editores, articulistas, reporteros, formadores, personal de apoyo administrativo y limpieza-- y a vaciar las arcas en beneficio de unos cuantos. Es una mala noticia porque, pese a todo, los mismos trabajadores han dado lo mejor de sí y La Jornada, entre la prensa, es de los pocos rotativos que no se han abandonado a la búsqueda del clic fácil para lograr más lectores, me refiero a la basura que abunda en diversos sitios, incluso entre los medios serios.

Ojalá que los directivos y los trabajadores encuentren acuerdos que atenúen los riesgos del despido, ventilen la situación económica y los manejos financieros y La Jornada salga avante porque, como he dicho, más allá de nuestras diferencias (y yo tengo muchas) es otra opción entre la oferta noticiosa y editorial. 32 años de historia merecen un mejor destino.

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