@EfranKlerigan

La Familia Burrón y la Docena Trágica

Efraín Klerigan

13 de junio 2017

07:32

Unos ejemplares de "La Familia Burrón", regalo del amigo Marco Levario Turcott no solamente me ha recordado mis tiempos de habitante de la Unidad Esperanza, sino también me dieron una muestra gráfica involuntaria de la terrible inflación, crecimiento de la pobreza, desinversión y atraso que le llegaron a México en los años 70 y 80 los dos gobiernos populistas continuados, el de Luis Echeverría Álvarez y el de José López Portillo.

Uno de los ejemplares fecha el 1 de enero de 1982, antes del estallido del peso mexicano, muestra en la portada un precio de $8.00; el siguiente, de agosto 27 de 1982, tiene estampado el precio de $12.00, es decir, en ocho meses subió 50%: Pero uno más, de noviembre 20 de 1987, tiene un precio de $300 pesos, si no mal recuerdo, esos 300 pesos eran como unos 13 centavos de dólar.

Los precios estampados en las portadas son testigo fiel de lo que es vivir bajo el populismo. Días llenos de fervor patrio, de sentencias al tirano yanqui, llenos de promesas de arriba y adelante, pero que finalmente resultaron en que la solución NO somos todos, porque solamente unos cuantos participaban en las decisiones y fueron aquellos adalides, caudillos, iluminados, que dictaban el rumbo y se repartían el presupuesto.

En 1970 México cerró con una inflación de casi el seis%, apenas un punto debajo de la inflación en EU, por lo que había una justificación para el aumento de precios. Ese año el precio del crudo era de 6.8 dólares el barril.

Para 1976 la inflación en EU había bajado a más o menos al cinco% pero la de México había subido a 27.20% y el precio del barril era de 13.10 y México tenía dos años de que había recomenzado a exportar, aunque fueron solamente 344 mil barriles en todo 1976.

En los siguientes seis años creció la plataforma de exportación y el precio del barril llegó en 1981 a 33 dólares (Unos 100 dólares actuales) y la inflación creció 28.6%, fue entonces que la caída del precio internacional del crudo hizo que la economía mexicana tuviera que vivir su realidad, y el momento en que el sueño populista reventó.

Para 1982 el valor de la moneda se fue por la alcantarilla, la deuda externa creció explosivamente y la inflación llegó al 98.84%. El poder adquisitivo del salario que no había dejado de crecer desde 1954, inició una caída que le haría perder el 75% para 1999. Es decir, con el salario que en 1981 se podían comprar cuatro litros de leche, se compraba solamente uno en 1999, eso quiere decir perder poder adquisitivo.

De 1982, el último año del gobierno de José López Portillo, a 1987 cuando los recortes presupuestarios iniciaron junto con la apertura de la economía mexicana, la inflación subió de 81 al 159%. La paridad cambiaria que se mantuvo durante más de 20 años, durante el conservador modelo del Desarrollo Estabilizador en 12.50 por uno, en 1976 se fue a 24 y llegó dos mil 225 pesos por dólar en 1987.

En 1988 México entra al Acuerdo General de Aranceles y Tarifas, GATT por sus siglas en inglés y se comienza a desmontar aceleradamente al estado obeso que apenas si podía flotar.

Los que defienden a la economía estatista del populismo, quieren olvidarse que la banca fue estatizada cuando ya era nacional, porque solamente nacionales podían operar organismos bancarios o financieros en el país y que el Gobierno manejó tan mal a la banca que por primera vez en su historia bancos históricos como Banamex, Bancomer, Comermex, Banco de Londres y México, tuvieron grandes pérdidas.

Empresas obsoletas, tanto por su funcionamiento como por los contratos colectivos insostenibles, como Telmex, Ferrocarriles Nacionales de México, Altos Hornos de México, se privatizaron, se anularon prestaciones y la economía comenzó a flotar.

Un funcionario del nuevo Altos Hornos me comentó allá por 1992: “Había pollos. El sindicato lo permitía. Los ‘pollos’ eran trabajadores contratados por un trabajador sindicalizado para que les hiciera su trabajo, pero es increíble, había cuartos de ‘pollo”.

En 1994, cuando entra México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte era claro que la única ventaja competitiva que podía presentarse era recibir inversión extranjera a cambio de mano de obra barata, pues éramos un país que se había tenido que multiplicar por tres, debido a un explosivo crecimiento demográfico.

Bueno, todo esto rollo es lo que me ha hecho recordar el precio de esa maravillosa historieta clásica que, por su hechura, importancia social y trascendencia cultural, debe figurar como literatura en nuestro desarrollo cultural, no sólo porque retrataba la realidad, se redactaba con corrección y podía ser leída por casi cualquier mexicano. Sino también por su capacidad creativa desde el punto de vista literario.

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