Licenciada en Literatura por la UIA. Estudió el doctorado en filología hispánica en la Universidad Complutense de Madrid

El compromiso ético

Gabriela Santana

01 de septiembre 2006

00:00

Dudar de todo o creerlo todo son dos soluciones igualmente cómodas, porque tanto la una como la otra nos dispensan de reflexionar.
Poincaré.

El actual cuestionamiento, por cierta parte del público, respecto de la veracidad con la que son manejadas las noticias en la televisión mexicana, deja ver que si bien no es desdeñable el impacto persuasivo que ésta tiene en las personas, su protagonismo no significa que la tele sea considerada el medio más fiable o el que goce de más prestigio moral.

La desconfianza nace en parte de la premisa de que detrás de una organización empresarial de esta magnitud se esconden intereses y especulaciones económicas que podrían opacar ciertos planteamientos éticos aun de los mejor intencionados.

Ilustración: Vladimir Venkov

Desafortunadamente ocurre que la televisión sí puede llegar a saturarnos con estímulos bloqueadores de la reflexión, pues siempre es más cómodo repetir la opinión preestablecida de quienes consideramos informadores responsables, que decodificar por medio de la lectura de distintos medios impresos las noticias de cada día.

El problema es que la convivencia de unos con otros se vuelve más difícil cuando se ha dejado de creer en la honradez humana y cuando se han pisado terrenos deliberadamente provocativos.

Si el lenguaje de la televisión es esencialmente emocional y en sus argumentos melodramáticos enfatiza ciertos aspectos, restándole importancia a otros, ¿cómo queremos ahora que la gente racionalice los problemas, si la tele se metió de lleno en ellos?

Es por eso que la ética se antoja como un nuevo orden en el que la virtud de la veracidad coincida también con el de la justicia, y la televisión deje de parecer ese medio vulgar, limitado por prácticas persuasivas, y se convierta en una sólida estructura que informa, educa y entretiene.

A este respecto los principales códigos deontológicos europeos y de la Unesco establecen nuevas bases de la ética en la televisión que se presentan como referentes del papel de los medios electrónicos contemporáneos.

Se trata de un acercamiento a la veracidad y la información que bien puede aplicarse a nuestro país si tomamos en cuenta que hoy por hoy la ética en los negocios ya no es ganar por ganar, sino establecer un perfil de integridad y tener voluntad para cumplir con él.

Ya no basta con que la televisión se nos muestre como una empresa generosa que destina dinero a la beneficencia. La televisión debería ser escrupulosamente honesta y basar su existencia en mensajes de calidad. Debería abiertamente comunicar su visión y valores, demostrar que entiende los problemas de México y que le interesa ganar nuestra confianza.

Después de todo, son las decisiones y no las condiciones, las que determinan a la ética.

Temas relacionados

  1. Recomendamos: El español, un compromiso ético para un periodismo lleno de futuro
  2. La frase del día: Milanés: no son dioses los dirigentes cubanos
  3. Diálogos entre el chavismo y la oposición venezolana avanza con la liberación de otro preso político 
  4. El compromiso
  5. Anillo de compromiso
  6. Recomendamos: Solo 140 caracteres de compromiso

Comentarios

Hay 0 comentarios en este artículo
Sé el primero en agregar un comentario


Todos los comentarios estan sujetos a revisión, favor de verificar Términos y Condiciones