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Desinformación: riesgo mundial

Luis Castrillón-RST

08 de diciembre 2016

12:27

Este artículo fue publicado originalmente el 16 de marzo de 2016, lo abrimos de manera temporal dada su relevancia periodística.

La manera en que la desinformación se disemina en Internet está demostrando un grave defecto de la sociedad contemporánea que ya implica un riesgo a nivel global: nuestra credulidad frente a supuestos hechos y fenómenos sociales o naturales, incluso en los escenarios más irracionales

Detener ese flujo es difícil y, lo más irónico, intentar combatirlo con información correcta puede llegar a empeorar las cosas. Una vez que creemos tener una certeza sobre algo, así sea con un mínimo de elementos que en ocasiones ni siquiera son coherentes, es prácticamenteimposible que aceptemos otra perspectiva.

De hecho, la exposición frente a los datos comprobables y verificables puede llegar a convertirse en un elemento que refuerce la posición de quien asumió la desinformación como algo real, llevándolo a tomar posiciones que pueden poner en riesgo su vida o la de otras personas.

Si ese último planteamiento parece exagerado ahí están como evidencia los grupos antivacunas o los opositores a la creación de alimentos mejorados a través de organismos genéticamente modificados que podrían ayudar a solucionar problemas de hambruna, así como el fortalecimiento de teorías de conspiración ante fenómenos socioeconómicos

Desde su consolidación a mediados de la primera década de este siglo, los medios sociales han sido señalados por sus beneficios como una plataforma de conectividad que permite entrelazar personas y datos de forma simultánea y con una estructura punto-multipunto.

También han sido el blanco de fuertes críticas, algunas menos documentadas y otras prácticamente con poco sustento, que las colocan como un peligro social. El tema sigue siendo un debate permanente que a veces se queda en la tecnología y deja a un lado el tema central: quienes las formamos y utilizamos.

Y ahí está el problema: esa capacidad de la multiconexión simultánea que, en manos de seres humanos no sólo potencia nuestros atributos sino también los yerros y fallas. Uno de estos, la tendencia a diseminar con facilidad cualquier cosa que hayamos creído, sin importar origen o fuente.

Sin embargo existe un paréntesis. Si bien el ciudadano o usuario común de medios sociales, o aquel que dice por las calles lo que le convence, no están obligados a contar con las herramientas para filtrar aquella información que enfrentan, que puede estar distorsionada de forma involuntaria, por un error humano, o ex professo, hay otros que sí: los periodistas.

Desde Orson Wells, hasta los bloggers y editores de miles de medios hoy en el mundo

Hace más de siete décadas, el 30 de octubre de 1938, la voz de Orson Wells advertía a través de la señal de la Columbia Broadcasting System sobre la invasión de extraterrestres a la Tierra. Se trataba de una adaptación de la novela de H.G. Wells a un guión de radio. Un ejercicio dramático que terminó por hacer creer a muchos que lo que escuchaban era cierto.

Hoy día, un activista, un científico o investigador sin suficientes datos comprobables, un político, un reportero o editor de un medio informativo, o un bromista, un troll en los medios sociales hacen algo similar, con otras intenciones o por error, y decenas de miles o incluso millones también lo creen y actúan en consecuencia. Pero el problema, es necesario insistir, parte de un fenómeno observable comúnmente entre la sociedad, que ha encontrado su refuerzo en social media.

De 2010 a 2014, un grupo de investigadores del Laboratorio de Ciencias Sociales Computacionales del IMT de Lucca Italia, encabezados por el Walter Quattrociochi, trabajó en el análisis de cuentas de usuarios de medios sociales, específicamente Facebook.

Del trabajo resultaron dos estudios: en uno se revisaron las cuentas de Facebook de 2.3 millones de usuarios a través de sistemas de análisis complejo de datos, durante el periodo de elecciones en Italia en 2013. En el otro se analizaron 67 páginas públicas de Facebook relacionadas con teorías de conspiración y noticias sobre avances científicos.

Los resultados demostraron la capacidad de penetración que la desinformación en medios sociales en línea ha alcanzado. De acuerdo con el estudio “La dispersión de desinformación en línea”, el asunto es tan grave que el “Foro Mundial la ha enlistado como una de las principales amenazas a la humanidad”.

El hallazgo del grupo encabezado por Quattrociochi confirma lo ya señalado en varias ocasiones por Umberto Eco y otros autores: la posibilidad que ofrece Internet para diseminar cualquier cosa que alguien diga y que sea aceptada como una verdad.

De la misma forma, confirma lo que ya en esta publicación y otras se ha referido respecto de cómo la libertad y las posibilidades de comunicar un mensaje determinado en la red, que favorecen el desarrollo democrático también pueden caer, más allá del democratismo, en un “democretinismo”, algo así como la democracia de los cretinos, en la que estos son libres de expresar lo que les parezca sin medir consecuencias o incluso sabiéndolas.

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