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Cultura organizacional, tendencias

20 de octubre, 2011
Rubén Aguilar Valenzuela

Hay consenso en señalar que el desenvolvimiento del mundo, caracterizado, entre otras cosas, por la globalización, las alianzas estratégicas, el avance tecnológico, la democracia, la conciencia ambientalista, el ascenso de la sociedad civil organizada y el nuevo papel de la ciudadanía, conforman condiciones que afectan a las organizaciones públicas y privadas.

Esta realidad exige el cambio de las instituciones, y con él, de la cultura organizacional. La naturaleza de las organizaciones implica el cambio y sus dirigentes tienen que manejarlo con actitud proactiva (Stewart, 1992). La trasformación de la cultura organizacional es un asunto no sólo relevante sino estratégico.[1]

El cambio trae consigo un nuevo tipo de cultura organizacional, que se define por una nueva manera de pensar y visualizar la organización, una nueva manera de desarrollar las actividades y una actitud permanentemente abierta a la innovación y la creatividad. Todo esto repercute en la efectividad general de la organización.

La importancia que ahora se da a la cultura organizacional es clara y se es consciente de que deben quedar atrás los resabios todavía presentes de una cultura burocrática y paternalista, y avanzar en una autocrítica y la democracia, como lo señala The Economist Intelligent Unit (2000). Las tendencias por las que camina la cultura organizacional de ahora privilegian los siguientes temas:

a competitividad: La globalización y la apertura económica son fenómenos a los que se tienen que enfrentar las organizaciones. La competitividad se convierte en un elemento fundamental del éxito de toda organización y exige a los líderes y sus miembros hacer mayores esfuerzos para alcanzar altos niveles de productividad, eficiencia y eficacia.

La flexibilidad: Las organizaciones deben contar con estructuras más delgadas y flexibles al cambio. Esto, para lograr una disminución de los niveles verticales y de supervisión gerencial y así obtener mejor comunicación y mayor capacidad de respuesta.

La formación permanente: El desarrollo de conocimientos y habilidades para elevar las capacidades de los integrantes de la organización resulta fundamental. La ampliación de los aprendizajes del colectivo organizacional permite a la institución contar con una fuerza capacitada y motivada, que potencia las posibilidades de competir. Las propias organizaciones deben ser generadoras de aprendizaje, con la finalidad de formar y desarrollar capacidades que les permitan capitalizar el conocimiento que ellas mismas generan. Hacerlo se convierte en una ventaja competitiva que permite ofrecer mejores resultados.

La mejora continua: El mejoramiento continuo implica –es un elemento central– la responsabilidad de sus integrantes, lo que significa no sólo estar dispuestos a realizar las tareas bien desde la primera vez sino estar siempre ocupado en la innovación. Los integrantes de la organización tienen que cuestionar lo que se hace y proponer nuevas maneras de hacer las cosas. La mejora continua tiene un impacto positivo sobre los miembros de la organización.

La conciencia medioambiental: Las organizaciones de ahora deben ser sensibles al medio ambiente en el que se encuentran y desarrollan, pero también promover prácticas institucionales que ahorren en el uso de la energía y de todos los insumos que se utilizan en el trabajo.

La comunicación intensa: La información oportuna y pertinente de lo que sucede en la organización y su entorno, y el contar con mecanismos ágiles de comunicación mantiene al conjunto de la institución y a sus miembros en una misma sintonía y permite compartir con claridad las expectativas.

El trabajo en equipos multidisciplinarios:

La visión compartida resulta indispensable para el éxito de la organización y eso requiere de equipos multidisciplinarios, que garanticen el logro de los objetivos estratégicos.

El trabajo en equipo por sí mismo genera mayores niveles de comprensión y confianza. El grupo participa en la toma de decisiones y, al hacerlo, sus integrantes se solidarizan con la organización.

La ciudadanía y la sociedad civil: Los ciudadanos y la sociedad civil organizada exigen una mejor atención y también reclaman mayores espacios de intervención en la construcción de lo público. Las organizaciones no pueden ignorar esta realidad y sus estructuras deben responder al nuevo papel que juega la ciudadanía en las sociedades democráticas.

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