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Jueves 2 de Septiembre 2010
12:31 hrs
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| día a día |
El lunes 3 de agosto, el depuesto Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, arribó a México por invitación del Presidente mexicano Felipe Calderón. Su estancia se prolongó hasta el miércoles 5 de agosto. Su llegada, ampliamente esperada, acaparó los titulares de todos los medios de información. Las fotografías de Calderón con Zelaya ocuparon las primeras planas, inclusive mostrando al mandatario mexicano dando un verdadero espaldarazo al atribulado Presidente hondureño, hasta con palmaditas en la espalda, enviando el mensaje de “no te aflijas, te vamos a apoyar.” En contraste, el miércoles, cuando abandonó suelo mexicano, su salida del país fue sombría, sin poder hacer ningún tipo de declaraciones ante los medios de comunicación, dado que el Estado Mayor Presidencial se lo impidió. Como lo refirieron algunos analistas mexicanos, Zelaya se fue de México con la cola entre las patas, dilapidando el enorme capital político que poseía cuando llegó. ¿Qué pasó en el transcurso de esos dos días?
Zelaya fue recibido como Jefe de Estado, con honores; se entrevistó con su homólogo mexicano; se produjeron encuentros entre su ministro de asuntos exteriores y la canciller Patricia Espinosa; y se le llevó al Congreso donde todas los institutos políticos cerraron filas en torno a la necesidad de su restitución como Presidente de Honduras. Su visita pintaba para una victoria política del Presidente Calderón, quien se daba cuenta de que la situación en el país centroamericano daba una oportunidad única a la política exterior de México para reivindicarse luego de tantos infortunios, algunos heredados por su antecesor, Vicente Fox, y otros más producto de situaciones que escapan de sus manos (como la crítica situación económica en el mundo). Ante los desatinos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la relativa indiferencia de la administración de Obama en EEUU, en el seno de la cancillería mexicana se llegó a discutir la pertinencia de que el tema fuera llevado al Consejo de Seguridad, donde México se encuentra en primera fila como miembro no permanente para el período 2009-2010. El Presidente Calderón, inclusive, estaba dispuesto a poner todos los recursos posibles al servicio de la mediación que encabeza su homólogo costarricense, Oscar Arias, a fin de destrabar la crisis hondureña y encontrar una solución satisfactoria.
Y de repente, ocurrió lo impensable. El Presidente Zelaya, quien parece no entender la importancia de que “calladito te ves más bonito”, declaró el miércoles, en referencia a Manuel López Obrador que “a veces es mejor sentirse Presidente que serlo”. El Presidente Calderón y la canciller Espinosa no daban crédito: Zelaya mordió la mano de quien le dio de comer. Zelaya cerró una puerta muy valiosa, porque al margen de las diferencias ideológicas que ciertamente existen entre el Presidente Calderón y el mandatario hondureño, el primero había mostrado una conducta pragmática, por razones que ya se han comentado ampliamente en este mismo espacio: los problemas de América Central son los problemas de México, porque la seguridad del segundo pasa por la seguridad de aquella región.
Pero los seres humanos no son racionales. La lógica apuntaría a que si Zelaya quiere regresar a la presidencia de Honduras, entonces debe buscar la mayor cantidad de apoyos posibles a su causa. México es una plaza importante para cumplir ese objetivo. Pero, vaya Usted a saber qué bicho le picó, Zelaya hizo un pronunciamiento que ofendió no sólo al Presidente Calderón y a la canciller Espinosa, sino al pueblo de México. Su declaración es muy violenta porque cuestiona la investidura del Presidente mexicano, con lo que de manera tácita está interviniendo en asuntos internos del país. Más grave es que su afirmación se produjo contra la persona que lo invitó, que fue su anfitrión y que quería echarle la mano. Por supuesto que cuando se dio cuenta de lo que dijo, Zelaya lo negó, pero para entonces el mal ya estaba hecho.
Por supuesto que este grave incidente no significa, en modo alguno, que el gobierno de México vaya a apoyar al “Presidente interino” de Honduras Roberto Micheletti. Tampoco cancelará los esfuerzos de México para que Honduras regrese a la normalidad democrática. Sin embargo, México seguramente asumirá en bajo perfil en la solución de esta crisis, mientras que Zelaya pierde a un valioso aliado. Seguramente que otros gobiernos latinoamericanos, después de lo sucedido con la visita de Zelaya a México, serán más cautelosos en el apoyo que le podrían brindar a este personaje. ¡Ni cómo ayudarte compadre! Correo electrónico: mcrosas@tutopia.com
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