México: diez razones para mediar en la crisis de Honduras
1. Pugnas entre el presidente Barack Obama y la secretaria de Estado Hillary Clinton en la agenda de política exterior. El presidente de Estados Unidos ha perdido de manera sostenida una parte del enorme capital político que disfrutó en el primer semestre del presente año, capital que tuvo por la desastrosa gestión de su antecesor, George W. Bush. Sin embargo, la crisis económica más la negociación entre el titular del Ejecutivo y el Congreso para numerosos temas, demandan buena parte de los esfuerzos de Obama, por lo que la atención a los problemas internacionales no es la que esperarían las naciones del mundo. La secretaria de Estado busca, por su parte, proyectar su gestión en la política internacional, muy posiblemente con miras a objetivos personales más trascendentes, por lo que busca un protagonismo que ya le ha generado fricciones con Barack Obama. En el caso de México, no existen fricciones entre la canciller Patricia Espinosa y el presidente Calderón. La política exterior de México la dicta el titular del Ejecutivo, aun cuando carece de experiencia –y quizá también de interés-- en los temas internacionales, pero, de entrada, no hay conflicto de intereses entre el mandatario y su canciller.
2. Estados Unidos ha tardado mucho en reaccionar ante el golpe de Estado hondureño. Parte de la explicación estriba en la orientación política del depuesto presidente Zelaya, quien dio un giro hacia la “izquierda”, aliándose inclusive con países como Venezuela e integrándose a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Libre Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) que encabeza el mandatario Hugo Chávez. Son harto conocidas las tensiones entre EU y el gobierno de Chávez, aun cuando la administración de Obama y el propio mandatario venezolano han buscado la normalización de las relaciones bilaterales. Sin embargo, varios sectores influyentes en Estados Unidos simpatizan con Micheletti y los golpistas, porque temen que la “izquierdización” centroamericana impida a la Unión Americana promover adecuadamente sus intereses en la región y en América Latina, en general. Ante la falta de consenso interno en Estados Unidos, no es de extrañar que el país todavía mantenga a su embajador en Tegucigalpa –lo que implica un reconocimiento de facto a Micheletti-- mientras que la mayor parte de las naciones latinoamericanas y el mundo condenan a un gobierno considerado como espurio. Estados Unidos, por lo tanto, ha perdido credibilidad ante esta crisis. México, en contraste, al haber retirado a su embajador desde el inicio de este conflicto, goza, pese a todo, de autoridad moral.
3. La ambigüedad de Estados Unidos en torno a Honduras también tiene una explicación desde la óptica militar. En Palmerola, Estados Unidos tiene una de las bases militares más importantes de América Latina: la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo, la cual puede recibir aviones de gran tamaño. De hecho, Palmerola tiene una de las pistas de aterrizaje más sofisticadas y seguras de Centroamérica, a diferencia de lo que ocurre con el aeropuerto Toncontin de Tegucigalpa, cuya pista principal es atravesada por una carretera, de manera de que, cada vez que va a aterrizar un avión es necesario detener el tráfico de autos, amén de que es una pista corta que desemboca en un barranco, razón por la que los aterrizajes deben ser rápidos –y por lo mismo, son muy aparatosos y peligrosos. Se especula que ante la orientación izquierdista de Zelaya, Estados Unidos temiera presiones para el retiro de su base militar, algo inaceptable para Washington. En contraste, México no tiene ningún conflicto de interés con el gobierno de Zelaya en torno a este tema.
4. Incompetencia de la OEA. Al margen de las críticas que el ex canciller mexicano Luis Ernesto Derbez externó recientemente respecto a la gestión de José Miguel Insulza al frente de la OEA, considerando que el diplomático chileno ha tenido una actitud más bien pasiva, la Organización de los Estados Americanos no ha logrado contribuir a un desenlace positivo ante la crisis hondureña. Es evidente que tanto la ONU como diversos gobiernos del mundo han reposado en la OEA la solución del golpe de Estado, pero pareciera que se ha sobre dimensionado esta opción, que a todas luces, debe ir acompañada de otras medidas, como por ejemplo, el endurecimiento de las sanciones de EU contra la élite y en particular, contra los militares hondureños. La OEA, per se, carece de importancia para los artífices del golpe de Estado, por lo que, al margen de los encuentros que Insulza sostuvo o podría volver a tener con las partes en conflicto y de las sanciones políticas que se puedan decretar contra las autoridades “espurias” del país centroamericano, no hay mayor impacto ni capacidad de castigo de la institución. Cierto, la OEA tiene