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Miércoles 22 de Mayo 2013
18:59 hrs
3 de agosto, 2009

México: diez razones para mediar en la crisis de Honduras

 

El Presidente Felipe Calderón invitó al depuesto mandatario hondureño Manuel Zelaya, a una visita a México, la cual se concretará el martes 4 de agosto. Para ese momento habrán transcurrido 38 días desde que las fuerzas armadas hondureñas ingresaron a la residencia del presidente Zelaya, en Tegucigalpa, para arrestarlo y enviarlo en un avión a Costa Rica, lo que posibilitó que el Presidente del Congreso Nacional, Roberto Micheletti, asumiera la jefatura de Estado de manera interina.
A lo largo de esos 38 días se han gestado algunas iniciativas para tratar de solucionar la crisis. Una de ellas es la encabezada por el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, quien a principios de julio realizó una visita a Honduras para entrevistarse con las autoridades “interinas” sin llegar a ningún acuerdo. Acto seguido, la OEA suspendió a Honduras de la institución el 4 de julio invocando el artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana. Tres días después, el presidente costarricense Óscar Arias –a instancias de Estados Unidos-- ofreció mediar en la crisis, argumentando que Centroamérica era la región mejor capacitada para hacerlo. Su mediación, sin embargo, se enfrenta a la negativa de ambas partes –Zelaya y Micheletti-- de modificar sus posturas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea y, de manera algo tibia y tardía Estados Unidos, son algunos de los actores más destacados que han desconocido al gobierno de Micheletti pidiendo la restitución de la democracia.
Ante esta situación México ha jugado un papel secundario. Si bien casi de inmediato retiró a su embajador acreditado ante el gobierno de Honduras en apego a la Doctrina Estrada, además de que llegó a ofrecer asilo político al depuesto mandatario Zelaya, no es quien lleva la batuta en la gestión de esta crisis, a pesar de que posee atributos que sugieren que podría ser más influyente y persuasivo que, por ejemplo, Costa Rica, con todo y que el presidente Arias goza de una muy buena reputación internacional. Con todo, si sigue pasando el tiempo, los grupos que apoyan tanto a Micheletti como a Zelaya se polarizarán y se alejarán cada vez más de un escenario de reconciliación política, situación que ya ha generado numerosas víctimas por la violencia en Honduras.
Es importante entender que para cualquier negociación que se desee desarrollar con las partes en conflicto, los escenarios del “todo o nada” son inviables. Ni Zelaya podría regresar al poder castigando y “neutralizando” a sus opositores –que incluyen, nada más y nada menos que a las fuerzas armadas y a la élite económica-, ni Micheletti podría gobernar ante una sociedad civil cada vez más organizada que cuestiona su legitimidad, amén de la condena internacional que enfrenta. México, por lo tanto, podría intentar una gestión que satisfaga a ambas partes a fin de generar condiciones para el retorno de la democracia, donde las fuerzas antagonistas, coexistan.
En cualquier cálculo que se quiera hacer respecto a las posibles negociaciones a desarrollar entre Zelaya y Micheletti, no hay que perder de vista que éste última seguramente buscará permanecer en el poder, por lo menos hasta que se lleven a cabo elecciones presidenciales y parlamentarias en Honduras, mismas que están programadas para el 29 de noviembre de este año. Se buscará, por parte de la élite económica en alianza con los militares en ese país, favorecer el arribo, por canales “institucionales” –léase, elecciones-- de una figura política que satisfaga sus intereses.
Al respecto, vale la pena recordar que las dos principales figuras políticas que contenderían en los comicios de noviembre próximo son Porfirio Lobo Sosa, por el Partido Nacional –quien participó en los comicios de 2005, perdiendo a favor justamente de Manuel Zelaya-- y Elvin Ernesto Santos, por el Partido Liberal, quien, habiendo sido vicepresidente de Honduras –con Zelaya-, renunció al cargo el 18 de noviembre de 2008 a fin de alcanzar la nominación de su partido para la presidencia, venciendo, en el camino, nada más y nada menos que al ya citado Roberto Micheletti. Ésta es una ecuación política que hay que ponderar en todo momento, porque ayuda a explicar parte del problema.
México, por lo tanto, debe intentar una mediación, no sólo tomando en cuenta el contexto interno hondureño, sino también el contexto internacional y por supuesto, la política interna mexicana. A continuación se enumeran diez razones por las que esta mediación es deseable y posible.
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