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1 de abril, 2009

¿Quiénes son los dueños de las noticias?

Los diarios no pueden ya seguir comportándose como si fueran los dueños de las noticias. Esta afirmación de Gabriel García Márquez, realizada a finales de los noventa, ponía el dedo en la principal llaga de los medios de comunicación, convulsionados por la aparición de CNN, los servicios on line y el incipiente peso de los buscadores.

Transcurrido algún tiempo, tiene sentido volver a preguntarse: ¿quiénes son los dueños de las noticias? O, mejor, ¿qué parte de su valor corresponde a cada cual? ¿Cómo hacer para que ningún agente que participa en la cadena de la información se apropie de una porción de valor que no le corresponde?

La lucha contra la piratería de la información fue uno de los temas centrales que se debatieron en el II Congreso Mundial de Agencias de Noticias, en Estepona, Málaga. Acudieron 150 agencias de unos 130 países de todo el mundo: allí estuvieron representadas las anglosajonas Associated Press y Reuters a la rusa Itar-TASS, desde la francesa France Presse a la china Xing Hua. El acontecimiento fue organizado por Efe, considerada la cuarta agencia del mundo.

Se trató de una gran oportunidad para debatir y repasar la salud del mundo de la información cuyos contenidos, en sus dos terceras partes, son servidos por las agencias de noticias. Grandes y pequeñas forman una extensa red de captura y distribución de información con objetivos comunes. Cada una constituye una atalaya que permite detectar las necesidades de los medios; todas juntas constituyen, sin duda, los cimientos de la información.

Su importancia fue decisiva desde muchos aspectos. Cada una de las grandes supera la cifra de mil medios que son clientes más de 15 mil por ejemplo, tiene Associated Press incluyendo diarios, radios, televisiones y sitios web. France Presse, la que declara una red más extensa, está presente en 165 países, más del 80% del total de Estados representados en la ONU, el resto de las grandes supera una presencia directa en más de 100 países. Todas juntas, aportan redes y coberturas que se solapan en los más diversos rincones del mundo y compiten en velocidad y profesionalidad para servir la actualidad, desde su perspectiva, a los medios del planeta.

Pero es en los procesos que aseguran la credibilidad de la información donde su contribución es determinante. Y es por ello, y desde esa perspectiva, que tienen derecho a reclamar su parte de valor sobre las noticias y a vigilar que ningún agente se atribuya una propiedad que no le corresponde o se apropie de un valor más allá de su contribución.

Las agencias existen para que nadie pueda poner en duda las noticias que se ofrecen, afirmó Uffe Riis Sorensen, secretario general del Consejo Mundial de Agencias de Noticias (NAWC, por sus siglas en inglés). Pero, ¿cómo se construye credibilidad desde las agencias? En primer lugar, manteniendo una presencia permanente en cada zona, porque sólo así se pueden captar los matices de la realidad que alimentan la credibilidad. Lo creíble no puede alimentarse sólo con eventualidades, construidas de pinceladas y primeras impresiones, que dibuja cualquier desplazado a un conflicto. Precisa estar allí siempre, incluso en los muchos momentos en que los hechos contados no tienen ningún interés aparente. Medido desde la intensidad de las primeras páginas, los grandes grupos han recogido las cámaras de televisión y enfocado su interés de prime time hacia otros espacios.

Esa actividad requiere una infraestructura que incluye redes de comunicaciones y oficinas permanentes desplegados por todo el mundo, pero, sobre todo, profesionales formados que seleccionan, cada día, después de contrastarlos, los acontecimientos que merecen ser contados. Como recuerda Sorensen, no vamos a cambiar el mundo, pero queremos contarlo y necesitamos tener los medios y herramientas para hacerlo.

Las agencias son testigas privilegiadas de cómo los procesos tecnológicos y sociales que se asocian a la globalización están cambiando al mundo. En la medida en que su actividad las coloca en el centro de esos procesos y de los conflictos y oportunidades que generan, ellas mismas y sus productos se ven, asimismo, afectadas en lo más íntimo. Ese hecho las legitima para concretar un poco más las preguntas que encabezan esta reflexión: ¿de quién son las noticias en la aldea global? ¿Cuánta de la credibilidad de la red es debida al trabajo de las agencias? ¿Cómo combatir la inexactitud y cómo separar la información veraz del ruido atribuible a Internet?

La globalización de la economía afecta a la información. Al tiempo que se internacionalizan las empresas y las instituciones, se globalizan los hechos informativos, es decir, se globalizan la ciencia, la tecnología, el ocio y el deporte. La guerra, el hambre, la explotación de la infancia, el calentamiento del planeta y los malos tratos a las mujeres pasan a formar parte de los problemas cotidianos de la humanidad.

El mundo de la información se hace más extenso en territorios y más intenso en actores. Cada vez más naciones, instituciones y empresas se convierten en intérpretes relevantes. Nuevos dispositivos facilitan la posibilidad de mantenerse siempre conectado. El ciudadano es bombardeado por un exceso de noticias en todos los formatos, percibidas como un ruido que le impide quedarse con lo importante.

Cualquier grupo social, económico o político se educa y muscula para aumentar su capacidad de influir en aquello que le interesa. Como resultado, las políticas de comunicación aumentan su capacidad para contaminar y manipular. La manipulación se articula, primero, mediante un enfoque selectivo de la realidad: seleccionando la parte que interesa resaltar y dejando en la sombra la parte que se desea ocultar.

Y si no es suficiente, maniobrando sobre los datos disponibles pero presentando y sirviendo el resultado con apariencia de objetividad y una técnica depurada. El ciudadano sufre, más que nunca, los efectos de esos dos factores convergentes. Por un lado, la dificultad de gestionar el exceso de información, por otro, la manipulación interesada. Cuanto más inciden, más evidente se hace la necesidad de aumentar la fiabilidad de las noticias. Al tiempo que se trivializan o exageran los problemas del mundo, y se deforman con falsos diagnósticos y rumores, se fortalecen objetivamente los deseos de rigor de los ciudadanos.

En cualquier caso, la voluntad de ciudadanos y grupos de interés para volcar noticias en la red de redes la convierte en una fuente de información de primera magnitud. Pero su accesibilidad, una de sus principales ventajas, la hace vulnerable: cada vez es más evidente que no es posible sustituir las coberturas directas de un acontecimiento ni la labor de selección y contraste de periodistas por la descarga de contenidos de sitios Web, plagados de inexactitudes u opiniones interesadas. Ante la creciente necesidad de abastecerse de una información creíble, las agencias refuerzan su papel exclusivo: siguen siendo las únicas organizaciones globales preparadas para asegurar un caudal de noticias continuo y suficientemente equilibrado y atender las más singulares demandas de información en cualquier modalidad o formato.

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