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Meche Carreño

15 de julio, 2009
Arouet

No sé usted, pero a menudo yo tengo sentimientos encontrados, algo similar a lo que ahora se le dice como bipolaridad.
 
Por ejemplo, cuando me enteré de que Meche Carreño recibiría un homenaje por su trayectoria como actriz tuve una doble y contrastante sensación: por un lado recordé --y claro, en la web volví a ver-- varias imágenes suyas con aquel cuerpo desnudo que tanto sedujo mi tierna adolescencia, y, es cierto, cuando la miré en “La sangre enemiga” concluí que sus senos merecían el homenaje que fuera, incluso el premio nobel de literatura. Por otro lado, sin embargo, no hallé en la memoria alguna actuación suya, dentro de las cerca de 50 cintas en las que participó, donde resaltaran sus dotes histriónicas y por eso no creo merecido el reconocimiento que le harán a partir del 24 de julio en la XII edición del Festival Internacional de Cine Expresión en Corto. Otro asunto son las virtudes que la señora tenga como directora, y que ella ha presumido como muchas luego de más de diez años de estudio.
 
Uno tiene sus tribulaciones. Dígalo si no el hecho de que ahora que escribo esto, nunca me había detenido a pensar si el entrañable recuerdo que tengo de El santo se debe a la gratitud inmensa de las luchas que libró para salvar a la humanidad o si, en realidad, mi apego al luchador es porque gracias a las mujeres que le acompañaban inicié la ruta inquebrantable de hacerme justicia por mano propia. Ahí está precisamente el cuerpazo de la veracruzana en los episodios del Barón Brákola. Entiendo que por ahí podría haber quien citara a “La Choca” y al extraordinario director Emilio “El Indio” Fernández para decir que Carreño era algo más que carroña para los buitres pero no lo creo. Estoy seguro de que se trata de una buena película pero no me parece el caso de una gran actuación que desdibuje el baño de ella que todos guardamos en el armario.
 
Acepto, eso sí, que Meche Carreño jugó un papel importante para enfrentar la censura imperante en los años setenta y que, en ese sentido, sea un icono. Pero no lo es más, incluso al contrario, que antes Ana Luisa Peluffo o Ana Bertha Lepe cuyas cualidades interpretativas son muy superiores. No es más un símbolo que otros cuerpos llevados al cine, pienso en algunos de mediados y finales de los setenta como Rebeca Silva o Angélica Chain.
 
Pese a todo, para muchos, Meche Carreño es una diva, cada quién sus gustos. Yo, por mi parte, no dejo de agradecer su desenfado y su generosidad frente a las cámaras, gracias a esa firmeza con la que siempre dijo, incluso cuando ronda los sesenta, que a ella no le inhibe el cuerpo desnudo. Pero esa es su virtud principal, su denuedo por el destape. Además, estoy seguro de que no tuvo intervención alguna en los prodigios que la naturaleza supo crear en esa misma mujer.
 
Cuando se dan situaciones como éstas, no puedo dejar de pensar en Betty Page, quien con toda franqueza respondía que ella no tenía más mérito que posar desnuda en el contexto en el que era hegemónica la doble moral y las leyes que perseguían la sensualidad del cuerpo a la vista de todos. Mi homenaje a Mercedes es, entonces, uno donde expreso mi gratitud por ser ella una pieza clave en mi lucha por los encordados, en la persecución de la justicia, que desde esos años hasta la fecha no he abandonado ni lo haré jamás.

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David Mulato

2009-12-26 23:12:28

México

Maestro: Sujeto Verbo Predicado (por favor, su artículo es abstruso). Por Meche Carreño; yo tampoco la recuerdo actuando.