IFE
Martes 9 de Febrero 2010
10:38 hrs
9 de julio, 2009

El adiós a Michael Jackson

Tuve la maravillosa y a la vez difícil oportunidad de asistir a las exequias y al homenaje a Michael Jackson. Puedo decir que lejos de ser un circo, como afirmaba Elizabeth Taylor al explicar su ausencia en el homenaje al “Rey del Pop” efectuado en el Staples Center de Los Angeles, California, el adiós de su familia, amigos y admiradores sorprendió por la sobriedad, el buen gusto, el respeto, y el cariño al gran artista, al filántropo y al ser humano.
A lo largo de la jornada de hoy pude observar algo que no se ve todos los días: negros, blancos, asiáticos, latinos, todos unidos en un tributo inusual, alejado de la estridencia de Hollywood, con todo y que en California reside la meca de la cultura popular estadunidense. Es verdad que el orgullo negro prevaleció: Queen Latifah, Usher, Lionel Richie, Stevie Wonder, y Magic Johnson, entre otras personalidades afroestadunidenses, hablaron y/o cantaron con gran emoción, mostrando cuánto ha progresado Estados Unidos en materia racial, aunque claro, todavía falta mucho por hacer. La Unión Americana tiene en la actualidad un Presidente afro-estadunidense, algo que hasta no hace mucho parecía impensable, y Michael Jackson ciertamente hizo una aportación a ello (por eso no deja de sorprenderme la poca atención que Barack Obama le ha prodigado al deceso del “Rey del Pop”). Pese a ello, agradezco que el evento no se haya politizado.
Llamó mi atención la unidad de la familia Jackson. A pesar de la reprochable conducta del patriarca de la familia (denunciada en distintos momentos tanto por La Toya como por el propio Michael), todos sus miembros estuvieron presentes en el cementerio Forest Lawn y en el Staples Center y eso no es común, especialmente en una sociedad donde la desintegración familiar es la norma. Michael Jackson logró unirlos. Ojalá que esa unidad perdure y que la administración de la herencia y los bienes del “Rey del Pop” no desencadene pugnas que suelen producirse en estos casos y que el patriarca de la familia, quien ya dio ciertas muestras de su codicia, sepa estar a la altura de las circunstancias.
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