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16 de diciembre, 2010

Marcial Maciel: damnatio memoriae

Fiel a su herencia romana y a su carácter de Estado autoritario, el Vaticano ha ordenado a la congregación Legionarios de Cristo que la memoria de Marcial Maciel desaparezca de la vida pública y se limite al ámbito privado. Es la aplicación, light o parcial si se quiere, de la antigua damnatio memoriae (condena de la memoria), castigo que se imponía en el imperio romano a quien el Senado consideraba perjudicial para el Estado. La pena se aplicaba post mortem y consistía en eliminar del ámbito público todo aquello que pudiera recordar el paso del sentenciado por la vida: su imagen era retirada de sitios públicos, su efigie borrada o “raspada” de las monedas y se prohibía la mención de su nombre. Treinta emperadores romanos fueron condenados a la damnatio memoriae.

Público y privado

En el caso de Marcial Maciel, el Vaticano ha prohibido a la Legión de Cristo: 1) colocar en sus centros de reunión o de culto fotografías de Maciel solo o con el “Santo padre”; 2) festejar “las fechas relativas a su persona”: nacimiento, bautismo, onomástico y ordenación sacerdotal; 3) poner a la venta “los escritos personales” de Maciel o sus discursos; 4) convertir su tumba en lugar de culto o veneración; por el contrario, se le dará un trato igual a cualquiera otra sepultura cristiana; 5) referirse a él como “nuestro padre” —trato reverencial que le daban— y mencionarlo simplemente como “fundador de la Legión de Cristo” o “P. Maciel”.

Quienes aún se encuentren obnubilados por la figura de Maciel y su forma de pensar están autorizados para conservar “de manera privada” fotografías de su guía espiritual, leer sus escritos y escuchar sus conferencias; incluso tienen permitido utilizar “para la predicación” las ideas contenidas en textos y peroratas de Maciel con la condición de “no citar la fuente”.

Desde marzo de este año, el Vaticano presionó a los Legionarios para que se aplicara a Maciel la damnatio memoriae como una condición para no disolver la Legión de Cristo (La Jornada, 14 de marzo de 2010). Evidentemente la figura de Maciel, considerado el mayor pederasta en la historia de la iglesia católica, ya era muy perjudicial para el Vaticano.

“Buenos” y “malos”

¿La peculiar “condena a la memoria” de Maciel bastará para desaparecer el recuerdo de sus abusos contra menores y su singular biografía? Seguramente no. Históricamente la damnatio memoriae nunca logró el objetivo de borrar la vida y la obra de aquellos a quienes se aplicó. Calígula y Nerón, fueron dos de los emperadores romanos condenados a esta pena; sin embargo, su nombre aún es recordado. Algo similar sucedió en otros momentos de la historia cuando variantes de ladamnatio memoriae trataron de ser aplicadas. Stalin intentó que el nombre de Trotsky fuera borrado de la historia y no lo consiguió. Los estadunidenses ordenaron tirar las estatuas de Sadam Husein y éste mantiene adeptos en Irak.

En la entrevista que hizo a Humberto Eco y Jean Claude Carriére (Nadie acabará con los libros, ed. Lumen, p.191), Jean Philippe de Tonac afirma: “La paradoja es que la obra o el hombre condenado al silencio convierte ese silencio en una cámara de resonancia y acaba encontrando un lugar en nuestras memorias”.

Efectivamente, resulta paradójico que la memoria colectiva siempre termine recordando a quienes son condenados al olvido por los detentadores del poder, no importa si esos condenados son “buenos” o “malos”. En uno u otro caso se transforman en personajes ejemplares, ya sea para promover lo que se debe hacer o lo que no se debe hacer, de acuerdo con la percepción de sus partidarios o sus detractores. Por eso no deberá extrañarnos que, pese a las disposiciones del Vaticano, la figura de Maciel permanezca en la memoria colectiva. Incluso no sería sorprendente que surgiera en algunos años un movimiento que busque reivindicar su imagen. Así funciona el pensamiento doctrinario.

Nueva paradoja

Es claro que al Vaticano sólo le interesa lavar la imagen de la Iglesia católica, mediante un aparente castigo a la memoria de Maciel. Por eso llama la atención que algunos de quienes jugaron un papel importante para que se conocieran públicamente los abusos de este sacerdote cuestionen la damnatio memoriae parcial que se le impuso y clamen porque sea absoluta. En declaraciones a MILENIO, el ex sacerdote Alberto Athié consideró “una farsa” la decisión del Vaticano porque se permitirá en lo privado a los seguidores de Maciel “mantenerle sus altares”, se les “dejará utilizar los contenidos de los escritos para su predicación” y únicamente se prohíbe exhibir fotos en las que Maciel esté solo o con el “Santo Padre” (no se habla de otras). O sea que, a su juicio, el Vaticano debió ir “a fondo” en la censura y aplicarla incluso en la vida privada.

Nueva paradoja: quienes lucharon por develar los abusos de Maciel ahora piden que se le borre de la historia, como si de ello dependiera su permanencia en la memoria colectiva.

Este artículo fue publicado en Milenio el 16 de diciembre de 2010, agradecemos al autor su autorización para publicarlo en nuestra página web.

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