etcétera. Revista sobre medios de comunicación y periodismo

jueves 31 de julio del 2014 / 22:42 Hrs.

Radiografía del porno en Argentina

01 de febrero, 2009
Andrea Recúpero

Foto: Guns

La pornografía es un gran negocio en todo el mundo y Argentina no es la excepción. Los sitios Web que ofrecen sexo explícito en todas sus variantes suman cada año más visitas y los canales codificados de cable, como Venus y Playboy TV, más clientes premium y contenidos para vender a terceros, mientras que revistas como Hustler y Penthouse apenas sobreviven en un mercado que las reemplazó sin culpa por imágenes en CD, juguetes eróticos y fiestas que incluyen sexo grupal.

Aunque la mayoría de los contenidos pornográficos que se consumen en Argentina se producen en el exterior, el porno casero y las películas realizadas en el país también cosechan seguidores. Incluso “se hacen producciones porno para exportar y mucha gente de cine, formada profesionalmente, se vuelca al tema porque se gana bien”, explicó a etcétera Fabio Zurita, creador y director del Festival de Cine de Temática Sexual, uno de los encuentros del circuito alternativo que se realiza todos los años en la ciudad de Buenos Aires.

El Festival de Temática Sexual, único en su especie en América Latina, se realiza en Argentina desde 2000 y convoca año a año a realizadores independientes que encontraron en ese espacio un lugar donde mostrar sus producciones.

Desde entonces se convirtió en una cita obligada de cinéfilos, jóvenes y curiosos, pero según Zurita, muy pocos consumidores de pornografía, pues “los que buscan excitarse se aburren”, debido a que la propuesta no gira en torno al sexo explícito ni a las consabidas recetas de la industria pornográfica. “Se trata de películas que cuentan una historia”, donde el sexo no siempre es el eje central, explicó Zurita, quien anticipó que decidió dejar la organización del festival en manos de un grupo “con ganas de renovar” la propuesta, para dedicarse nuevamente al cine documental y a la literatura.

La mayoría de las películas que se exhibieron en el Festival de Temática Sexual son de realización a bajo costo, filmadas en DVcam, MiniDV y, las más viejas, en SúperVHS, todos formatos accesibles y en común con la realización del cada vez más demandado porno amateur o casero, con el que también comparten la intención de narrar una historia.

Si es casero, mejor
El porno casero le disputa consumidores al circuito profesional pero ofreciendo “sexo real”, o al menos una ilusión de realidad, pues los protagonistas son personas del común y las situaciones y los contextos donde se realizan los encuentros sexuales cotidianos.

En Argentina, la circulación de este tipo de material es en algunos casos tan artesanal como su manufactura: por ejemplo una pareja muy conocida en el ámbito del porno amateur se encarga de filmar con un trípode sus encuentros sexuales, luego editan las imágenes en una computadora personal y, por último, ofrecen el CD a vecinos y conocidos a un precio razonable.

La revista Noticias en su edición 1577 afirma que “el sexo amateur convertido en pornografía amateur (imágenes y videos hechos de manera hogareña por el común de la gente, y después colocados en la Web) es un horizonte en vertiginosa, cómoda y cálida expansión, donde las páginas virtuales especializadas tienen un promedio de 50 mil usuarios registrados y el ‘material’ a disposición –como lo llaman los pseudomercaderes– se renueva casi a diario y desde todos los puntos del mundo y del país”.

Entre los realizadores de cine porno local, Victor Mayland ocupa, según los expertos, el centro del podio, pues filmó más de 20 películas y ahora produce contenidos para el mercado norteamericano.

Según contó en varias ocasiones, comenzó a filmar porno apostando a nuevos formatos, y así su ópera prima Las tortugas pinjas es considerada por los consumidores del género como una de las 100 mejores del cine porno de todos los tiempos y, otras, versiones de programas de televisión como Expedición Sex o la más reciente Gozando por un sueño, ya se consideran clásicos del porno local.

Mayland fue el creador de Expedición Sex, un reality show filmado en las Islas del Tigre, en la provincia de Buenos Aires, con escenas de sexo explícito, que fue pionero en el género. El reality lo puso al aire la señal de cable Afrodita y lo protagonizaron, entre otros, una maestra jardinera, un camionero, un barman, una estudiante y un abogado.

El programa fue creado como una suerte de espejo porno de un reality que se transmitió en la televisión abierta, llamado Expedición Robinson, donde los participantes tenían que superar pruebas de supervivencia en una isla e iban eliminándose entre sí. La versión porno tuvo 13 capítulos y numerosas proezas sexuales, que luego se comercializaron en video.

Las películas de Mayland son conocidas en el circuito porque relatan con mucho sexo hechos ocurridos en el país. Son películas con escenas de sexo explícito, pero que cuentan algo y apelan a la identificación del espectador con lo que la gente vive a diario.

Entre ellas, Delito de corrupción o Secuestro Express, en las que el director echa un vistazo a las bandas armadas que están asociadas a la policía, o El último suspiro, donde cuenta la vida sexual de un diputado y los delitos que comete para intentar ocultarla. El tono crítico de sus películas derivó en quejas de los directivos del canal Venus, sobre todo cuando se estrenó Cosecha de lujuria, que denuncia la compra de campos con reservas de agua dulce de parte de extranjeros adinerados.

Las películas porno con argumento son muy solicitadas por los canales codificados de cable, pues son las preferidas de las mujeres, que ya no tienen reparos en confesar que se excitan viendo pornografía. Un estudio de mercado realizado por los canales Venus y Playboy TV, que difundieron los medios argentinos, concluyó que se observa una tendencia significativa al consumo de películas porno en pareja y que las mujeres son las más demandantes de calidad y guión.

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